lunes, 26 de enero de 2026

La siesta por devoción



Los españoles podemos presumir de haberle dado al mundo inventos tan útiles como la fregona, el submarino, la minipimer, el toallero de barra larga, el primer ebook, la navaja... Pero hay una cosa que muchos creen que fue invento español (tal vez persuadidos de ello por el entusiasmo con el que se aceptó y arraigó) y no lo fue: la siesta. 

La inventaron, cómo no, los romanos, que eran más listos que el hambre. La palabra misma viene de la hora sexta, que coincidía con el mediodía, ese momento en que uno para del trabajo y hace calor y el cuerpo dice que ya está bien y que no hay nada como echarse un ratito en la cama mientras leemos un libro que de repente se te cae de las manos, abierto sobre el pecho; o como ponerte en el sillón viendo los documentales de la 2, mientras te quedas traspuesto; o como en el verano tumbarse en una hamaca bajo una higuera con el airito musitando entre las ramas...

La siesta es el complemento de una sobremesa perfecta (café, copa, puro y siesta), una realidad asumida y  gozada por millones de españoles. Ahora ya no se ve tanto, pero en los pueblos en los que viví en mi niñez (Granadilla, Los Realejos, Los Sauces...) a las 2, 3 o 4 de la tarde, si te asomabas a la calle, no se veía ni un alma. Mi padre toda la vida se pegaba la gran siesta como un señor, hasta con la camisa del pijama puesta. Y tengo una amiga que, cuando hacemos una comida en casa de alguna otra, después del café desaparece discretamente y se tumba en un sillón del salón con la cara tapada durante una media horita hasta recargar pilas.

Durante mucho tiempo, los extranjeros (esos envidiosos) decían que era una síntoma de nuestro carácter perezoso e indolente. Y no, señor. Ahora sabemos que la siesta nos mueve las neuronas y enciende la creatividad. De una siesta al lado de una estufa salió El discurso del método de Descartes; Kekulé, tras una cabezada junto a la chimenea, imaginó una serpiente que se muerde la cola y descubrió el benceno como molécula circular; Dalí defendía el momento fronterizo en el que después de un rato traspuesto ("dejarse invadir por un sentido del sereno sueño vespertino", decía él), volvías al mundo real y ahí saltaba la creatividad e imaginabas hasta relojes derritiéndose... Y en el mundo de la imaginación, una siesta llevó a Alicia a internarse en un mundo de maravillas y hasta un fauno tuvo una siesta envuelta en música.

La neurociencia ha demostrado que sestear es saludable, que nos levantamos como una rosa y eso es bueno para la persona y la comunidad. Y claro, a lo mejor por eso empresas de China, Japón y EEUU han caído en la cuenta de lo que nosotros llevamos siglos practicando (y que a lo mejor por eso somos tan listos) y han comenzado a imponer la siesta energética a sus empleados para hacerlos más eficientes y productivos. En Huawei, todos los trabajadores duermen la siesta de 1 a 2 de la tarde, los de Nextbeat Co. en Japón duermen 30 minutos en habitaciones insonorizadas, los empleados de Google en Nueva York lo hacen el tiempo que quieran en una estructura-cama con cortinas: la siesta impuesta como un signo más del capitalismo. La pela es la pela.

Y tampoco es eso, oye. Esa siesta no es una siesta como es debido, es más bien de morondanga. La siesta siesta, la de verdad, es como la define Miguel Ángel Hernández en su ensayo El don de la siesta: la siesta de baba y barriga colgandera, la del sudor y el ventilador, la siesta como parada y freno. Pero sobre todo, como decisión propia, como tiempo perdido, como un acto sin más fin que el placer. La siesta no por obligación sino por devoción. Esa es la siesta que creo yo que nos merecemos. A disfrutarla.


20 comentarios:

  1. No tienes idea de cómo me sabe ese ratito en tu sillón , tiene que ser poco tiempo porque si es demasiado ya no es lo mismo , así que los romanos tenían razón y yo no debo de ser tan tonta como parezco. De todas formas, Isa, ha sido muy didáctica tu definición de la siesta. Gracias, amiga, como siempre un placer leerte❤️

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    1. De tonta sabes que no tienes ni un pelo. Todo lo contrario, demasiado lista. Hay miradas que te siguen con envidia cuando te esfumas rumbo al sillón (entre ellas alguna vez la mía). Y tienes razón, los expertos dicen que una siesta perfecta no debe ser más de media hora. A mí con lo de leer se me alarga más.
      Un beso, Clari, y a seguir disfrutando.

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  2. Eso,eso...
    Quedarse "traspuesto" un ratito despues de comer es como subir a la gloria...
    Buena tarde!
    Un abrazo🥰🥰🥰

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    1. Subir a la gloria, encontrarse más espabilado, atreverse hasta con corregir exámenes... Los beneficios son cuantiosos. Fíjate si serán buenos que en Nueva York han surgido ya varias empresas que ofrecen sus instalaciones para que sus socios puedan ir a dormir la siesta (una media hora por 10 euros).
      Un abrazo y buena semana con siestas incluidas.

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  3. Otro invento que poca gente sabe que es español: la epidural 😉

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    1. No lo sabía, oye, con lo maravillosa que es la epidural . Después me he ido enterando de más inventos españoles: el chupa chups, el autogiro, el cigarrillo, el cóctel molotov, el futbolín, la primera calculadora digital, la guitarra española, el botijo, la jeringuilla desechable, el teleférico... ¿Y qué me dices de la tortilla española?

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  4. Hola Jane. Yo también soy partidario de la siesta. Pero eso sí: La siesta que me sienta bien es la de quedarse traspuesto unos 15 minutos...me levanto con las pilas recargadas (me siento bien). pero cuando por alguna razón: "Cansancio, mucha comida o mucha bebida,....y la siesta se alarga me levanto "sorumba" con dolor de cabeza y no de muy buen humor....
    He conocido a personas que para la siesta se ponían pijama y se metían debajo de la sábana....Hay gente para todo. Un beso Jane. Juan

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    1. Una amiga me decía siempre de su ex que era un hombre de pijama y orinal en la siesta. No me atrae nada esa siesta, pero pa gustos... Igual que a ti, si me duermo mucho me levanto mal. Hay que ir adivinando lo que a cada uno le va, no solo en siestas, sino en gustos y amores. La vida consiste en eso seguramente.
      Un beso, Juan.

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  5. Isa, has tocado mi punto débil: la siesta. Para mí la siesta no es por devoción, sino por adoración. Yo creo que la siesta no es dormir sino que es reiniciar el sistema. Es ese momento en el que, como tú amiga, la que se pierde buscando un sillón, dices “cinco minutos” y despiertas media hora después sin saber en qué año ni en qué hora estás, pero sintiéndote mucho mejor persona. Y es que yo creo que la siesta no te quita tiempo, sino que te lo devuelve con intereses. Pienso que sobre todo, la siesta es un pequeño lujo que te reconcilia con el mundo. ¡Que desgraciados seríamos si prohibieran la siesta!

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    1. Me ha encantado tu defensa apasionada de uno de los mejores momentos del día. La suscribo punto por punto, aunque para mí también es un momento para leer. Está todo en silencio y el músculo duerme y la ambición descansa, como dice la canción. A mí me da que si los grandes líderes durmiesen una siesta, el mundo iría mucho mejor.

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  6. María del Pilar Valenzuela28 de enero de 2026 a las 12:06

    Nunca fui de siesta, es más, de pequeña, por alguna travesura, me la imponían como castigo. Pero con la edad he ido cogiéndole gusto y ahora casi, casi se ha convertido en algo obligado... Nunca es tarde para nuevos placeres...

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    1. ¡Es verdad! De pequeñas, cuando una es un culo inquieto, puede que el que nos dijeran lo de "¡A la cama!" se considerara un castigo. A mí me llamaba la atención que en la guardería de mis nietos, después de las comidas, pusieran a todos los peques a dormir y no había ninguno que se rebelara. Lo del descubrimiento del placer de la siesta viene después, cuando sabemos lo que vale un peine.

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  7. Charo Borges Velázquez28 de enero de 2026 a las 12:07

    De más joven, jamás hice una siesta. Ni en mis días más cansados. Pero los años no pasan en balde y ahora reconozco que, de vez en cuando, me quedo traspuesta, sentada, después de comer, y echo alguna cabezada que no dura más de 10 o 12 minutos y que es más que suficiente.
    Si se me ocurriera hacer como D. Camilo José de Cela, que se jactaba de ponerse pijama y gorro, rezar un padrenuestro y llevar un orinal, para hacer una siesta de un par de horas, además de caerle fatal a mi estómago, por la noche dormiría aún menos de lo que ya lo hago.
    Así que yo reivindico esos pocos minutos de una cabezada post almuerzo, en cómoda silla o sillón, y que me despeja y anima, para completar la tarde, aunque solo me pasa cuando he dormido poco, o mal, la noche anterior...
    ¡¡Viva, pues, la siesta corta y regeneradora!!.

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    1. Tampoco soy yo de siestas largas de esas de dormir profundo y con las ventanas cerradas. Pero sí de cama con un par de cojines detrás de la cabeza y una buena lectura. Es verdad que en medio puede caer alguna cabezadita (sobre todo si, como te pasa a ti, he dormido mal por la noche), pero generalmente no. Incluso hasta un damero maldito hago en esa hora algún día. Así que me uno a ese ¡viva! tan entusiasta.

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    2. Yo antes tampoco la hacía, pero "de viejo", doy la cabezadita en el sillón reclinable durante o después de las noticias canarias y, a continuación, sigo por la novela que corresponde, mientras mi mujer ve sus programas. Cuando me levanto.... me levanto....(iba a decir como nuevo, pero como subo la escalera,.. noto que, ya me noto).

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    3. La edad no perdona. Y cuánto placer proporcionan las novelas de sobremesa. No es mi hora de ver la tele, pero si las viera, estoy segura de que no duraría despierta ni un asalto. La tele es uno de los somníferos más poderosos. Hasta en el telediario de las 8 me he quedado dormida... Señoooor.

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  8. Ay siii. Yo soy una de sus devotas. No me importa la hora pero siempre la cumplo religiosamente como rito placentero. Digo que voy a descansar las piernas pero descanso toda yo. La disfruto sobre la cama hecha con una mantita, durante éstos días de frío, sin mas compañía que el ruido de fondo de la tele en volumen bajo, que se convierte en mi nana.
    Benditos romanos, todo lo hicieron bien.

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    1. Los sitios para sestear son variados. Tú y yo, la cama; otros, el sillón, la hamaca, sobre una toalla en la arena... El más original, Brahms, que hacía su siesta sobre el piano.
      Y sí, benditos romanos, por todo lo que han hecho por nosotros, como decían en "La vida de Brian".

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  9. Hola otra vez Jane
    Siempre que sale el tema de la siesta me acuerdo de Camilo José Cela, que era un acérrimo defensor de la misma. Se enfundaba el pijama completo y para él era imprescindible. Un recuerdo para nuestro premio Nobel que tan buenos ratos nos ha proporcionado con sus libros y artículos.
    Para ti un abrazo.

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    1. Hola, Arista. Los que hacemos siesta formamos parte de una larga lista que se pierde en el tiempo: Miguel Ángel, Margaret Thatcher, Churchiil (una siesta de 2 horas para luego trabajar un día y medio), Edison, Leonardo da Vinci (siesta de 15 minutos cada cuatro horas), Einstein, Napoleón, que dormía en medio de las batallas... Somos parte de una estirpe escogida. :-D
      Un abrazo grande.

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