Este fin de semana he recogido las "navidades": el árbol, el nacimiento, los centros de mesa, los machanguitos navideños que una va soltando por todos lados, las coronas de las puertas y todas esas fruslerías que alegran la casa en este tiempo tan frío. Es un trabajazo, no crean. Y siempre, siempre se queda algo por detrás (esta vez fueron unos posavasos con ramas de muérdago) que hay que colocar otra vez en las tronjas, venga a sacar otra vez la escalera. Y después la casa se queda como un poco más vacía ¿no?. Por eso, no me extraña que haya quien deje los adornos y el árbol y toda la parafernalia hasta Semana Santa. Incluso, me contaba una amiga profesora, hay casas, como la de un alumno suyo, en la que la dejan todo el año, ahí con lucecitas y todo, sin cansarse.
Pero para mí lo especial que tiene la Navidad, aquello que la hace mágica para mucha gente, es que es una vez al año y se termina, es algo pasajero, que se repetirá, sí, pero que también siempre incorpora algo nuevo: esta vez, por ejemplo, bolas nuevas traídas de viajes, como el reno que me trajo mi nieto de Laponia o la bola con nieve y un autobús de 2 pisos de un viaje a Londres, o el corcho con las acuarelitas con las que mi hermana me felicita cada año y que siempre es distinto... Cada Navidad es distinta y no me veo contemplando todo el año lo mismo. ¡Y qué gusto da de pronto sentir espacios, no ver tanta servilleta adornada con campanas ni tanta vela roja! Es la hora de cerrar la puerta a todo eso y abrir la del tiempo por venir, el tiempo normal, el de las dietas, la fruta y las verduras, sin el añadido del turrón y el mazapán.
Por algo enero es el mes de Jano, una deidad primigenia de la Roma original, de quien toma su nombre, derivado de janeiro, el january inglés. Su nombre nos cuenta su historia porque viene de una antigua palabra indoeuropea que significa "puerta". Y es que Jano es el dios de las puertas y los umbrales que se abren y cierran, el de los comienzos y los finales capturando así la naturaleza circular del tiempo, el de las transiciones. Se le representa siempre con dos caras (bifronte lo llaman), una anciana mirando al pasado sellándolo y otra joven al futuro dando la bienvenida a lo nuevo. Todo final es también un comienzo.
Atrás se quedan las tronjas y armarios donde se guardan los brillos de las fiestas pasadas y, tras cruzar el umbral del nuevo año, tal como quería el dios, hay 365 días (bueno, menos 12 cuando esto escribo) nuevecitos y a estrenar y a llenar de lo que nos parezca mejor: nuevos proyectos, nuevos viajes, nuevos descubrimientos, nuevas conversaciones... Como si queremos ir comprando ya nuevos gorros de Papá Noel, porque, como hubiera dicho mi amigo Juancho, la próxima Navidad está ahí mismo.

No solo he leído el rollito de hoy que me gustó mucho. Yo este año me he perdido esos momentos mágicos porque me recordaban a esas mañanas del Concierto ,o Reyes que jamás voy a vivir.
ResponderEliminarPero gracias a ti no sólo he vivido el concierto también me he releído los conciertos, los Reyes de años pasados. Preciosos.
Haces que ya tenga deseos de vivir la siguiente Navidad 🎄,Año Nuevo y Reyes.
Mi madre murió 11 días antes de nochebuena y mi padre años después, 6 días antes. Nunca dejamos de celebrar la Navidad, y en la mesa esos años se habló mucho de ellos, de lo que les gustaba y de cómo disfrutaban. No podemos volver atrás, pero en cierta manera siempre están presentes aquellos que quisimos y que compartieron tanto con nosotros. Si te gustan las fiestas, no dejes de celebrarlas y vivirlas.
EliminarUn abrazo, Esther.
Tu relato captura perfectamente esa mezcla de nostalgia por los brillos navideños y la frescura de los comienzos, con el toque mitológico de Jano que le da profundidad poética. Evocas tus tradiciones canarias y esa calidez personal que impregna tus textos .Gracias.
ResponderEliminarGracias, Francis. Ese es el encanto del dios Jano: hace que sepamos lo que hemos dejado atrás y nos invita a cruzar el umbral y a conocer lo que nos espera en el año que nace. Por algo se encomendaban a él todos los que iniciaban un momento especial en sus vidas. No estaban muy locos esos romanos...
EliminarMe encanta ver con que ilusión afrontas colocar todos estos adornos navideños y con la resignación que los vuelves a su sitio hasta las próximas Navidades. Nunca la verdad he tenido ilusión por realizar ese trabajo. En mi caso yo sacaba las cosas y alguien las colocaba. Ahora la mayoría de estos adornos permanecen guardados en el trastero. Un Nacimiento y una flor de Pascua son mis actuales adornos. El Nacimiento ya en su caja y la plantita conservada.
ResponderEliminarA mí lo único que me queda fuera son precisamente las flores de pascua, que duran de pascua a pascua (de resurrección). Una en el salón, 2 en un repartidor y tres pequeñas fuera en el jardín. Y cuando se vayan estropeando, normalmente las siembro. Pero pienso que tus dos adornos, el nacimiento y la flor, ya son suficientes para pensar que estás en Navidad.
EliminarHola Jane. A mi siempre me gustó adornar el árbol, poner un pequeño pesebre pero llegó una gata "escaladora" (no descansaba hasta que tiraba todas las bolas del árbol , incluyendo la estrella), además jugaba con las figuras del pesebre. Para colmo además hay una perra "adolescente" que se come todo lo que se mueve o está a su alcance,....así que ahora "luces en alto" y alguna figura de tela colgada. Así que mi gozo en un pozo...la verdad es que lo echo en mucha falta.....A ver si la próxima Navidad llega pronto. Un beso Jane. Juan
ResponderEliminarA mi hija le pasa algo parecido. Tiene 4 gatos y eso la obliga a poner todos los adornos bastante alejados del suelo. La solución mía es no tener animales y, cuando tuve un perro, no entraba en casa. Claro que era un verdino y cuando se me subía a los hombros, era más alto que yo, hubiera arramblado con todo. Me da que en el mundo animal no se celebra la Navidad, por mucha mula y buey que hubiera en el pesebre.
EliminarUn beso, Juan.
Hola Isabel. Lo acabo de leer y me gustó mucho. Yo siempre le digo a Nena que se deje de trabajos inútiles, que cubra el árbol con una sábana bonita y que la quite en la próxima Navidad, que está ahí mismo. Besos😘😘😘
ResponderEliminarJajajaja, pues no está tan mal tu solución, Juancho. Es decorativa y no exige ningún trabajo. Igual alguien la ve y se hace viral. No me extrañaría que, en ese caso, se acabaran las sábanas bonitas en "El Kilo".
EliminarBesos.