lunes, 9 de marzo de 2026

Del Teide, la tea y un arcón antiguo que ya no lo es


Las carreteras más bonitas de mi isla son las que suben a Las Cañadas y al Teide: la Dorsal desde La Laguna por La Esperanza, la de Aguamansa desde La Orotava y las de Vilaflor y los montes de Chío. Todas serpentean hasta la cumbre entre el verdor exuberante de los pinos, el negro de la tierra volcánica y las vistas espectaculares a las islas vecinas, siempre vigiladas por "la rotunda poesía del padre Teide nevado", que diría Braulio en su canción Tenerife.

De esos pinos canarios se extraía la tea, el corazón del pino, la madera oscura y resistente (no hay carcoma que la pique) que sustentaba el entramado de la mayoría de las casas canarias en los siglos pasados. De tea se han hecho hasta puentes, como los construidos en Garafía en los años 50, testigos de la enorme fortaleza de la madera, que permitió el paso de guaguas y camiones. En Garafía, ese pueblito palmero perdido durante tiempos (allí pasó mi padre la guerra y nos contaba que la comunicación era sobre todo por mar) probé también por primera vez un vino de tea, guardado en barricas de esa madera, que tenía un gusto fuerte y amargo. Y de tea son también los techos, el suelo, el balcón y el lagar de la casa de los abuelos de mi marido en El Tanque, en el norte de Tenerife. 

En el vestíbulo, una habitación grande a la que dan las habitaciones, había un arcón enorme, también de tea, de unos 4 metros de largo, muy raro en Canarias. Según un amigo antropólogo, solo había visto otro igual en Lanzarote. Al de aquí la abuela lo llamaba "la cebadera" porque "cebaba" a los niños, que buscaban en él almendras, higos pasados, granos y otras exquisiteces que se guardaban en el fondo.

Contra esa maravilla, uno de los parientes cometió el pecado de romperlo para hacerse con la madera una mesa de carpintería, mesa que nunca existió.  Y hoy la madera de ese arcón, casi único en Canarias, es el portón de entrada de mi casa. Ahí está, oscuro, brillante y elegante, como tiene que ser. No guarda golosinas para los niños pero guardar la entrada de una casa también es un papel digno para una madera antigua, parece decir.

La palabra madera viene de materia y esta de mater, que para los romanos no solo significaba madre, sino también la cualidad de lo material, el origen, la materia prima. La madera es la materia con la que se hacen las cosas. Y dura, vaya que sí dura. Aunque se recicle y tenga otro fin distinto al que se pensó. En el fondo, como decía Heráclito, todo cambia y nada permanece inmutable para siempre. Ni siquiera un arcón de tea de más de 100 años. Ni siquiera el Teide gigante, que (siguiendo con la canción de Braulio) estos días está moviendo más de la cuenta "sus perfiles airados", haciéndonos saber que, aunque no lo parezca, está vivo y activo, gobernando sobre el monte verde que respira a sus pies. 

23 comentarios:

  1. Me ha encantado.
    Gracias, narradora de la realidad pasada y presente.💝

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    1. Gracias a ti por ese nombre que me has dado. A veces, porque tenemos imaginación, también pretendemos narrar la no-realidad futura.
      Un beso.

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  2. Hola Jane. Cuando era pequeño viví tres años con unos tíos que tenían una caja de tea en un patio cubierto. Allí guardaban las almendras con cáscara y los higos secos (que venían de Garafía o de Puntagorda). Junto a la caja de tea había una piedra plana cogida en el barranco y un azulejo grande que había sobrado cuando se construyó la casa. Muchas tardes usábamos la piedra para cascar las almendras sobre el azulejo . Las almendras las usaba mi tía para hacer quesos de almendra (riquísimos). Muchas veces metía almendras en los secos y era una golosina (me trae muchos recuerdos). No sé que habrá sido de la caja.
    También recuerdo cuando se lanzaban a la basura muebles de tea para poner muebles de formica!!!!! que al segundo verano se despegaban las planchas de formica...un desastre. Pero había que ser "modernos" y cambiábamos tea por formica....que ignorantes éramos. Un beso Jane. Juan

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    1. En casa también había una piedra con un hueco encima para cascar nueces y almendras. Y cómo sabían aquellas nueces y aquellas almendras...
      En la casa de los abuelos de mi marido también había una cocina de leña con un banco alrededor en el que sentaban a comer. Mi marido recuerda con nostalgia lo acogedora y calentita que era. Hasta que un día sucumbieron, la echaron abajo e hicieron una cocina de formica moderna y fría. Y todos siguieron recordando la cocina primitiva. En fin...
      Un beso, Juan.

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  3. Qué ganas de ver ese arcón que guarda la entrada de tu casa…¿ una foto ? Nunca vi nada de tea, ni sabía de su existencia. Saludos desde Cantabria.

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    1. No me expliqué bien al parecer. Lo que guarda la entrada de casa es un portón hecho con la madera de tea del arcón. Este fue destrozado por el pariente al que le pareció una gran idea romperlo para hacerse una mesa de carpintería que al final no hizo. Aprovechamos entonces la madera para hacer el portón.
      Aquí todavía hay muchos objetos de tea, no solo arcones y vigas en algunas casas antiguas, sino también objetos pequeños, como cuencos o bandejas. Pero su uso está restringido por el daño que se hace a los pinares. Aparte de que muchos carpinteros no quieren trabajarla porque es una madera muy dura y es trabajoso tratarla.
      Saludos desde Canarias.

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    2. Te explicaste muy bien, como siempre, he sido yo la que no he leído con atención. Bueno, pues foto del portón, jeje…ya que el olor no lo puedo pillar, que será peculiar, como ocurre con la madera buena, que siempre huele bien, por mucho tiempo que pase.

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  4. Hola Isabel
    Muchas veces me sorprendes con tus entradas, me admira que seas capaz de hablar y escribir de cosas tan diversas
    Un fuerte abrazo

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    1. Jajaja, ya sabes lo que dice mi marido, que qué rollo tengo. La verdad es que nunca pensé llegar a 871 entradas hablando de lo divino y lo humano. En realidad de la vida a nuestro alrededor que es la que es diversa. Y a veces bastante curiosa.
      Un abrazo grandote, Isabel, y gracias por tus palabras.

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  5. Gracias , Isabel!
    Muy interesante y evocador hablar de los arcones...
    Me recordaste uno de cedro q había en casa de mi abuela. Nos referíamos a ese elemento del mobiliario como "la caja de cedro"... ahí se guardaban cosas de poco uso porque levantar la pesada tapa costaba un montón...y te podía aplastaruna mano o la cabeza...
    Cuando se abría por algo era una novelería porque dentro se conservaban cosas q no recordabas q existían...
    Recuerdos de la infancia...
    Buena semana.
    Un abrazo. 🥰🥰

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    1. Una de las cosas buenas que ha tenido la emigración canaria a otras tierras es los recuerdos que conservamos de ella. Muchos de los emigrantes al volver traían sus cosas en baúles de cedro (otra madera que no se pica) que ahora adornan nuestras casas. Yo conservo tres baúles de cedro que son preciosos (tienen hasta un escanillo en un lado y una llave antigua y repujada) y perfuman la ropa guardada en ellos. Sobre todo, guardo ahí los edredones, almohadas y colchas mientras no las uso. Y también alguno de los regalos de Reyes los he escondido en ellos :-D
      Buena semana y un abrazo grande para ti también.

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  6. Gracias por tus maravillosos relatos.

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    1. Lo bueno de tener amigas que te quieren es que de vez en cuando te suben la autoestima. Gracias, Mingui, por ello y por estar cerquita.

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  7. Isa, me ha encantado tu relato. Yo he heredado de mi madre, un arcón de madera de cedro, que ella heredó de su abuela. Hoy luce en la casa de mi hija, convertido en una consola. La obra la realizó un tío mío, ebanista. Es una madera resistente y mi hija la tiene como una joya heredada de su tatarabuelo materna.

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    1. Hay que valorarlas así, como una joya. Los míos eran de sus tatarabuelos que habían estado en Cuba y ya mis hijos se tienen repartidos los dos baúles grandes para cuando yo falte. Y es que aparte de decorativos son grandes y ahí cabe de todo. A mi hija le regalé una vez una caja de tea pequeña hecha por el padre de una amiga mía, que era un excelente ebanista en La Palma. Supongo que no hay muchos que las hagan y es una pena.
      A tu hija, que la disfrute.

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  8. En mi casa de Tegueste hay dos arcones de tea y otro de cedro, todos en buen uso donde se guardan las ropas de mago, los manteles bordados, etc. Los de tea son heredados y el de cedro lo mandamos a hacer con unas tablas que teníamos guardadas traídas de Venezuela. La anécdota está en que uno fue elegido por mí entre varios en la casa de mi abuela en Mazo, tenía unos grabados laterales formando estrellas, lo llevé a restaurar y me lo devolvieron nuevo pero no era el mismo, ya que las estrellas habían desaparecido. Es de suponer que alguien estuvo por el taller del restaurador, se lo llevó porque le gustó y a mí me dieron otro de igual tamaño, que acepté sin remedio porque había pagado de antemano 100.000 de las antiguas pesetas. La picaresca...

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    1. Qué rabia ¿no? ¿Y no le hiciste un alegato contundente al restaurador?
      Nosotros, al revés. Teníamos, aparte de los baúles clásicos, una caja sencilla de madera de cedro y la llevamos al ebanista para que le diera un toque. Le puso las patas, el machimbrado en las esquinas y nos hizo un dibujo en el frente (tres cuadrados con un aspa en el centro). Quedó bastante bien y ahora está en la sala (sobre ella está la tele) guardando mi traje de novia.

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  9. El Teide, nuestro guardián, que ruge bajito para recordar que está vivo.
    Igual que tu arcón dá la bienvenida a tu hogar, nuestro padre se alza orgulloso, saludando a todo aquel que lo visite..
    Este año, le cuesta quitarse el manto blanco y nos ha enviado un frío en condiciones hasta la capital, suerte que de esta forma hemos hecho desfile de pijamas que teníamos castigados en las gavetas.

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    1. Es verdad que parece que el Teide está un poco nerviosillo últimamente. Pero espero que no se inquiete demasiado. Y no sé si es cosa mía, pero este invierno da la impresión que ha estado nevado más de la cuenta ¿verdad?
      Me hizo gracia porque todos decimos lo mismo que tú, que el Teide con la nieve nos está mandando el frío a toda la isla. Toni siempre me corrige y dice que es al revés, que el frío que hace es la causa de que el Teide esté blanco. Es lo que tiene estar casada con un físico. :-D

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  10. Charo Borges Velázquez10 de marzo de 2026 a las 18:19

    Mira que llevo años viendo un hermoso arcón, en la entrada de tu casa, y nunca te pregunté de qué madera está hecho.
    Siempre me gustó mucho y siempre lo asociaré al bellísimo Teide que pintó el maestro de la acuarela, Guillermo Sureda, que acompaña al baúl y que con él hace un tandem precioso, para recibirnos y despedirnos.

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    1. Ay, Chari, como le dije al comentario anónimo un poco más arriba, creo que no me expliqué bien. El arcón de tea desgraciadamente desapareció convertido en tablas, fruto de la poca cabeza de un pariente que no pensó mucho en lo que hacía. También era demasiado grande para cualquier casa de ahora, cerca de 4 metros de largo tenía. Por eso decidimos aprovechar la madera para hacer el portón de entrada de la casa: una madera inquebrantable de las que sobreviven incluso a incendios forestales. Por eso digo que su papel ahora es "guardar la entrada de la casa" y que aunque no guarde nada "también es un papel digno para una madera antigua".
      Siento haberte confundido. El baúl que está en el vestíbulo de la casa al que acompaña ese bellísimo Teide pintado por Sureda (uno de los pocos del pintor) y que te recibe y despide cuando vienes, es de cedro.

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  11. María del Pilar Valenzuela García10 de marzo de 2026 a las 18:20

    Lo que más me gusta de la tea es su olor. La carpintería exterior de mi casa es de tea, comprada en el derribo de una casa antigua en Santa Cruz hace 63 años y suelta resina que perfuma las habitaciones. Aún la madera está viva... Me ha encantado tu relato, que pena de arcón!!!

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    1. También a mí me gusta su olor (aunque no en el vino de tea). Y qué suerte haber encontrado tea antigua para tu casa. La carpintería exterior de mi casa es de riga, que se empezó a importar a finales del siglo XIX cuando se empezó a prohibir la tea por el daño que se hacía a los bosques de pinar.
      Nosotros tuvimos suerte también con la carpintería interior porque encontramos una partida de caoba medio olvidada en una carpintería y nos la vendieron por un buen precio. 45 años llevamos viviendo aquí y está como el primer día.
      Y es verdad, ¡qué pena de arcón!

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