lunes, 30 de marzo de 2026

Tengo un sueño


Igual que Martin Luther King en su famoso discurso, yo creo que casi todos nosotros alguna vez hemos pronunciado esas palabras. Mi sueño fue montar entre varios, hace 50 y pico años, una librería-café. Tenía 24 años, llevaba dos años dando clase y en una reunión de amigos, todos profesores y todos lectores, descubrimos que coincidíamos en nuestro sueño. ¿Y si lo hacíamos realidad? Uno dijo que tenía un amigo de un amigo de un amigo que era editor y nos podía ayudar; otro, que podíamos hasta habilitar un rincón de libros prohibidos; otro sugirió hasta clubs de lectura que en aquel tiempo casi no había... Fuimos incluso a ver un sótano que mi padre tenía en la calle de La Rosa para ver si, arreglándolo, servía. No cuajó, claro. Si, en lugar de eso, fuéramos dueños de un gran salón con ventanales hacia un patio silencioso, si hubiéramos tenido más arranque e ilusión, si supiéramos algo del tema o de marketing (palabra que desconocíamos), si hubiéramos tenido un dinero que no teníamos...

Pero por eso, por ese sueño, me gustan tanto las novelas en las que sale una librería. Y por eso también, el otro día, nada más empezar una, Aprender a volar con las alas rotas, de Lola Giulias, reconocí "mi" librería, la de mis sueños. Se llamaba La Columbaia (hasta el nombre, El Palomar en español, me es cercano) y estaba escondida en un pasaje del Ensanche barcelonés en medio de casitas adosadas, todas con un jardín delantero. El de la librería tenía algo de japonés, con un arce y un cerezo en flor, pero también de mediterráneo, "con las paredes tapizadas de glicinias malvas mezcladas con jazmines, los pequeños bojs redondeados, las margaritas y las grandes lavandas en macetas de terracota". Tras subir tres escalones, se entraba a una estancia luminosa "con paredes forradas de estanterías blancas llenas de libros, mesas aquí y allá con las novedades editoriales y, junto a unos ventanales, butacas con mesitas entre ellas". Luego se pasaba a "una sala con salida a un jardín trasero, donde la mayor parte del espacio está dedicado a cafetería".: una barra con un aparador repleto de bandejas de repostería, una antigua vitrina con latas de té, botellas de vinos y licores, tazas, copas... Y todo adornado con detalles relacionados con la literatura. En la novela este rincón maravilloso es el punto de encuentro para que 4 mujeres hallen apoyo y empatía. Me encantó.

Ese es el poder curativo de los libros, nos ayudan a realizar sueños. Aunque eso no significa que renunciemos a ellos. Muchos seguimos teniendo, no solo sueños de ser, sino también de tener, de conocer, de recibir, de sentir, de estudiar, de vivir. Solo que ahora, después de toda una vida, son más modestos, y por eso más realizables: poder dormir de un tirón toda la noche, hacer un viajito corto en el verano, que quien me acompaña en la vida siga siendo él mismo un tiempo más, seguir disfrutando, como el viernes pasado, de una cantadita con guitarras y maracas con los amigos...Y al final, llegar, bien de salud, a la próxima primavera, como en la viñeta de Mafalda.



12 comentarios:

  1. Pues yo he tenido a lo largo de mi vida distintos sueños, según iba evolucionando y el sueño se iba metamorfoseando, adaptándose a las situaciones. Pero siempre hubo uno que tardé bastante en empezar a realizar, un sueño persistente que perdura a lo largo de la vida que es el placer de viajar y conocer lugares, sociedades, razas, culturas y maneras de vivir distintas y sentirme pequeña ante el mundo, valorar lo que soy y disfrutar, , minimizar mis temores y preocupaciones. Resumiendo, sentirme ciudadana del Mundo aunque tenga las raíces del lugar donde me crié.

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    1. A mí me pasó lo mismo y tardé en poder viajar. Fíjate que hasta los 19 años no cogí el avión y lo hice por necesidad (empezar la especialidad en Madrid), no por placer. Y ya casada y con hijos, tardamos 17 años en empezar a viajar todos por el gusto de hacerlo. Pero después cogimos la carrerilla y es como dices, disfrutar y relativizar. Ahora que ya no podemos hacerlo tanto, que nos quiten lo bailado. Es un hermoso sueño, Flor.

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  2. Gracias Isa nos recuerdas que a pesar de las guerras hay mucha gente creando espacios …. Para una Vida llena de Vida.

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    1. Hay gente empeñada precisamente en crear espacios inhabitables. Me inquieta mucho oír a amigos suprimiendo viajes (a Egipto, a Chipre, a Turquía...) por su cercanía al peligro. Y es verdad, hay que priorizar la vida. Ojalá alguna vez se consiga a nivel mundial. Por un planeta libre de guerras.

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  3. Estupendo Isa, si no fuera por los sueños, hay situaciones y momentos en la vida que son muy dificiles de llevar si no tuvieras esos sueños del pasado y para el futuro. Un

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    1. Me gustó mucho en la película de dibujos animados "Enredados", la historia de Rapunzel, la escena en la que ella en la taberna pregunta a un grupo de criminales: "¿Pero es que nunca han perseguido un sueño?". El suyo es ir a ver los farolillos que en cada cumpleaños ve de lejos. Y entonces cada uno de aquellos hombretones confiesa su sueño: ser un gran pianista, estar enamorado, ser un mimo... Los sueños, como las utopías, sirven para avanzar.

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  4. Sigo en wasap. Me pasó como la otra vez, parece que admite ese contesta pocas palabras. Sigo por aquí. He leído mucho en cafeterías y bares por distintas razones, sobre todo cuando no había móvil y ,por ejemplo, habías quedado en una cafetería en Barcelona con unos amigos que venían de Madrid para ir juntos a Italia. No llegaban y no llegaban, horas y horas, leí y leí , pero en bares librerías no lo he hecho, claro que en un sitio tan bonito como el de la novela de la que hablas, seguro que sí.

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    1. Muchos escritores han hecho famosas las cafeterías donde escribieron sus obras. J.K.Rowling en Edimburgo, Frank Kafka en Praga, Galdós, Valle Inclán, Cela... en el Gijón de Madrid, Joyce en el Temple Bar de Dublín... Incluso hay en el Floridita de La Habana una estatua en tamaño natural de Hemingway en una esquina de la barra.
      Leer sí porque me meto en la historia enseguida, pero si yo fuera escritora, necesitaría mucho silencio, así que no me esperen en una cafetería. Siempre me acuerdo de Jardiel durante la guerra que vio a un miliciano mirándolo por los cristales y le dio tanto miedo que se puso a escribir febrilmente y en la hoja decía algo así como la frase "La escena ocurre en el salón de la casa del señor García", escrita unas 300 veces. A mí me pasaría lo mismo.

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  5. Muy bonito Isa, que nunca se nos vaya la capacidad de sueños que realizar, un abrazo muy fuerte y como siempre, un placer leerte

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    1. No, Clari, eso es lo que nos da vida. Mi padre tenía una frase, "P'alante con los faroles", que pa mí que iba por ahí.
      Un abrazo, mi amiga, y muchas gracias.

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  6. He leído lo de tu sueño y llego a la conclusión de que si los libros tienen poder curativo, como afirmas, a ti no te sale ni un mal padrastro.

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    1. Estoy convencida de que sí lo tienen, por lo menos para dolencias leves (en medio de un parto, por ejemplo, no creo que sirvan), que se olvidan fácilmente si te metes en una historia que merece la pena. Mi amigo Melchor se leyó los 7 libros de Harry Potter, a uno por día, los 7 días que estuvo ingresado en el Hospital, y una de mis amigas perdió el avión porque estaba leyendo "El olvido que seremos". Esa capacidad de embeberse y perderse es más eficaz que un paracetamol, te lo digo yo. :-D

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