lunes, 21 de septiembre de 2026

Muerte en el club de lectura


Hay un montón de frases que alguien pronuncia como si tal cosa y se convierten en históricas. Por ejemplo, el "Veni, vidi, vici" de Julio César, el "Pienso, luego existo" de Descartes, el "¿Por qué no te callas?" del Emérito o el "Yo he venido a hablar de mi libro" de Paco Umbral. Yo iba a inventar una para esta ocasión especial, pero para no enrollarme, aprovecho el material existente y me copio de la última, que no están los tiempos para  desperdicios. Así que, como émula de la madre de la Pantoja, les anuncio, pues, que yo he venido hoy a hablar del libro de mi hija, Ana González Duque.

El libro lo edita Newton Compton Editores y es su novela número 13, desde que en 2017 decidió dejar la medicina, la anestesia y las guardias y dedicarse a la literatura. Pero esta última novela tiene su aquel especial porque antes había escrito romántica, no ficción y poesía, pero es la primera vez que escribe novela policiaca, y para que no quepa duda el título es Muerte en el club de lectura y el subtítulo, Un misterio letal. Aunque hay que precisar que ahora se distingue entre novela policiaca (el protagonista es policía o investigador, por ejemplo, Sherlock Holmes) y, como esta, cozy mystery, un misterio acogedor en que no hay violencia gráfica, ocurre en un pueblo pequeño y los detectives son aficionados, Miss Marple, por ejemplo.

No necesito decirles de qué va el libro porque ya lo dice el mismo título. Tal vez Muerte en el club de lectura sea un guiño a Agatha Christie y su Muerte en la biblioteca, dos ideas contrapuestas porque una biblioteca, una librería o un club de lectura son lugares para el sosiego y la calma, no para un asesinato. Pero eso es lo que hay. Imagínense ustedes en la librería de un pequeño pueblo una tarde lluviosa de otoño en que 9 personas aficionados a la lectura se reúnen para comentar precisamente un libro policiaco. Los convoca Elena, la dueña de la librería, y asiste también Horacio León, el autor del libro. El ambiente es cordial y relajado, con anécdotas, preguntas interesantes y al final té y bizcocho. Y precisamente, cuando Elena va a buscar las tazas al despacho donde las guarda, zas, encuentra el cuerpo muerto de un hombre joven desconocido en el suelo.

El misterio está servido. Es a ustedes, los lectores, a quienes corresponde desentrañarlo. ¿Quién es? ¿Qué hace allí? ¿Qué busca? ¿Es una muerte natural (seguro que no)? ¿Quién lo mató? ¿Por qué? ¿Y qué pinta un gato negro en todo esto? Como pista les diré que en la portada del libro hay por lo menos 3 pistas falsas, así que no se fíen.

Ana presenta el libro esta semana. Si quieren asistir a las presentaciones, serán el jueves 24 de septiembre a las 18,30 en la librería Barco de papel de El Sauzal; el viernes 25 de septiembre a las 18 h. en la librería Agapea de Santa Cruz de Tenerife, en la que impartirá la charla Cozy mystery: Cómo se construye un asesinato literario; y el viernes 2 de octubre a las 19 h. en la Casa del Libro de Fuencarral en Madrid. Y del 8 al 12 de octubre firmará libros en la Feria del Libro de La Laguna. No son los expositores de libros de los aeropuertos, como Ana soñaba de pequeña, pero seguro que nos veremos en alguno de estos lugares.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Hay muchas formas de decir "te quiero"


A Adán seguro que no le gustaban las manzanas y también que le fastidiaba enormemente desobedecer a Dios que había mandado no comer las frutas de aquel árbol, pero se la comió porque se lo pidió Eva. Esa fue la primera vez en la historia (de los mitos) en que se dijo "te quiero" sin decirlo. Y a partir de ahí, "te quiero" ha sido la frase más sentida y repetida en la vida de los hombres.

Igual que Adán, se ha dicho millones de veces "te quiero" sin que aparezca para nada el verbo querer. Lo hace Westley en el principio de la película La princesa prometida: "Nada proporcionaba tanto placer a Buttercup como dar órdenes a Westley a todas horas. "Muchacho, abrillanta mi silla de montar" "Como desees". Como desees era lo que siempre contestaba. "Muchacho, llena los cubos de agua" "Como desees". Aquel día descubrió con asombro que cuando él decía como desees en realidad significaba te amo".

¿Quién no ha dicho ese te quiero no dicho con la persona querida? Lo ha hecho toda la vida mi marido cuando me pelaba las papas arrugadas porque a mí me daba dentera hacerlo. Lo he hecho yo cuando le leía una y otra vez a mi nieta el cuento de la zorra y la cigüeña, que era su preferido o cuando accedo a ver con ella la película Tú a Boston y yo a California, que nos sabemos de memoria de tantas veces que la hemos visto.

Pero también se dice te quiero explayándose uno en todas las explicaciones, como hace Billy Cristal a Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally: "Déjame probar de esta manera: te quiero cuando tienes frío estando a 21 grados, te quiero cuando tardas una hora para pedir un bocadillo, adoro la arruga que se forma aquí, cuando me miras como si estuviera loco, te quiero cuando después de pasar el día contigo mi ropa huele a tu perfume, y quiero que seas tú la última persona con la que hable antes de dormirme, y eso no es porque esté solo ni tampoco porque sea Nochevieja. He venido aquí esta noche porque, cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien, deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible".

O también se ha dicho por escrito, como hace el capitán Wentworth a Anne Elliot en Persuasión de Jane Austen: "Le ofrezco mi ser otra vez con el corazón más rendido que cuando casi lo destrozó hace ocho años y medio. (...) Solo usted es el motivo de que yo haya venido a Bath. Solo por usted pienso y hago proyectos ¿Acaso no lo ve?".

Y también dices te quiero cuando dejas marchar a esa persona amada de tu lado porque piensas que estará más cuidado en otro sitio. Aunque te parta el alma y te mueras de pena.

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