Este verano -que me ha cogido el toro y que si una cosa, que si la otra- no he ido a bañarme en el mar hasta el 15 de julio, la semana pasada, cosa totalmente inusual en mí. Pero no importa porque sé que, una vez cogida la carrerilla, puede que hasta diciembre estemos remojándonos en estas benditas aguas del norte de la isla. Y además, el primer bañito mereció la pena. Imagínenselo: 25º de temperatura, el agua a 23º, un cielo azul con alguna nube dispersa, la brisa fresquita en la cara, el mar de las piscinas naturales de Bajamar oliendo a algas marinas, y nosotros, tumbados en hamacas, respirando paz y calma y diciendo la obviedad clásica y típica de "¡pero qué bien se está aquí!". Con razón mi amigo Quique, que reposaba su humanidad en una hamaca cercana, nos contó que su padre siempre les decía, a él y a sus hermanos, que les dejaba en herencia dos cosas: una carrera universitaria y vivir en Tenerife.
Don Enrique, el padre de Quique, era un hombre sabio y no puedo estar más de acuerdo con él. Es lo que todo padre desea para sus hijos. Una carrera, sí, pero quien dice carrera puede decir también un oficio, un modo de vivir que permita tener una vida y una jubilación digna. Y ¡qué mejor sitio para vivir que en Tenerife! Yo después de 4 años en Madrid, ni me lo pensé. Y mi hija, igual. ¿Se acuerdan de aquella publicidad de Cerveza Dorada, llena de canarismos, que se veía en carteles y camisetas? Decía así: "Me alongo por la ventana y veo el mar, el sol, los pibes en la plaza, el calufo...De repente se me pasa el jareo porque lo que de verdad me apetece es ir a la playa, al monte o a un guachinche donde jartarme a lapas con mojo. Lo tengo claro, ahora mismito me voy pa la calle, chicharrero o canarión sabemos que una garimbita fresquita es lo mejor! Sea en el chiringuito, en la chuletada en la azotea del chozo, una doradita con la peñita es nuestro mejor plan. Y ahora es cuando siempre me viene esa frase al tormo... ¡Qué suerte vivir aquí!"
Yo también les he dejado a mis hijos esa herencia. Junto, claro, con unos principios morales de sentido común: ser buena persona, no hacer daño a nadie, saber que puedes dormir sin remordimiento... Ser decente. Si eres así, tienes tu medio de vida y vives aquí ya tienes medio camino ganado a la felicidad. Donde esté eso que se quiten otras herencias materiales que solo dan quebraderos de cabeza.
Y espero que ellos, mis descendientes, estén tan contentos con la herencia como estaba la semana pasada mi amigo Quique, tumbado en la hamaca bajo el sol de julio, mirando las olas del mar.



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