lunes, 16 de septiembre de 2019

Búscate una tribu




Hace unos días mi marido me leyó en voz alta el titular de un artículo que aparecía en la primera página del periódico: "Más de 600 españoles son superricos, un 74% más que en 2011". Yo le contesté: "¿Y nos nombran en esa lista?". Él se rio, claro, pero yo lo decía en serio. Porque ¿qué es ser superrico? ¿Ser el Tío Gilito y revolcarte en monedas de oro? Me pega que no. Ser rico es tener lo necesario para vivir con dignidad y saber que no te va a faltar ni alimento ni vivienda ni lo básico para pasar por este valle de lágrimas sin que lo sea más de la cuenta. Ser rico es que te puedas permitir algún capricho de vez en cuando, como ir a cenar en un restaurante que te traten bien, recorrer en un viajito alguna parte de este mundo que nos rodea, hacernos y hacer un regalo que te apetezca. Ser rico es también poder afrontar una emergencia y poder ayudar a otros que lo precisen. Pero sobre todo ser rico es tener una tribu.

Esto último, no solo lo tengo, sino que lo veo a cada rato a mi alrededor. En la radio hace poco, madres jóvenes que viven en ciudades sin el apoyo de sus familias contaban que podían salir adelante gracias a la tribu: sus vecinos, sus amigos, los "papamigos" (los padres de los amiguitos de sus hijos que se empiezan a conocer en la puerta del colegio)... Hasta el portero de la casa formaba parte de la tribu de una oyente. La tribu siempre estaba ahí para echar una mano, socorrer y contar con ella.

También muchas de mis amigas, que son viudas y sus hijos campan ya cada uno por su lado, no se sienten solas gracias a la tribu, en este caso, las amigas del chat que cada día generan un bucle de comentarios sobre lo divino y lo humano; o las llamadas por las mañanas (alguna las llama "fe de vida") para saber que están bien y para compartir los planes que tengan para el día. La tribu no te deja sola.

Y como en la vida no solo hay risas y jolgorio, personas que pasan una crisis de esas que tanto abundan confiesan que el salir con los amigos, el contar con hombros para llorar, el sentirse queridos les ayudó a salir del hoyo. Casi como para decir "más tribu y menos Prozac".

El "Ciudadano Kane" de Orson Welles era dueño de un imperio y un superrico de esos de los que habla el periódico, pero ¿lo era realmente? ¿El dinero le servía para algo encontrándose al final de su vida solo y desgraciado? No, al volver la vista atrás solo encontró la añoranza por el tiempo en que de pequeño sentía el calor de la familia.

Por eso si estás triste, decaído, deprimido, en crisis; si te ha pasado alguna de las inevitables majaderías que ocurren en toda existencia; si te sientes infeliz... búscate, si no la tienes, una tribu. Una tribu de amigos, familiares, camaradas, vecinos, colegas, compañeros. Una tribu de afines a la que pertenezcas y con la que sepas que puedes contar. Ni tío Gilito, ni loterías, ni parientes perdidos que te nombren heredero ni mandangas. Una tribu.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Tengo una muñeca vestida de azul...




No sé qué tienen algunas muñecas que dan repelús. Esos ojos de cristal y esa expresión mirando al tendido como si con ella no fuera la cosa... Hace poco, en los trabajos de derribo y restauración de la casa de los abuelos, apareció entre los cascotes una muñeca despelujada, fané y descangallada, que parecía la niña del exorcista, quita, quita. También recuerdo a otra muñeca que le regalaron a mi hija, la Rosaura. Era más grande que ella, con brazos tiesos y piernas grandes y, para mí, con una sonrisa siniestra. Entrabas en una habitación a oscuras, encendías la luz y ¡hala! allí estaba ella, mirándote fijamente y haciéndote dar un respingo, cuando no un salto mortal. Gracias a Dios, en alguna mudanza desapareció sin más, camino a asustar a otros lares.

Pero sin embargo no se puede negar la fascinación que producen las muñecas y la ternura que despiertan. Fíjense en la expresión de alegría contenida y en esa sonrisa a lo Mona Lisa de la niña de la imagen inicial. Es mi madre a los 3 años y la muñeca no es suya sino del fotógrafo y me imagino que costó separarla de ella al final. Pero está tan privada como si acabara de descubrir el tesoro de Tutankamón y nadie le pudo quitar ese momento de goce. También yo recuerdo la emoción cuando en unos Reyes encontré al lado del zapato mi primera muñeca: rubia, ojos azules, sonrisa eterna, y lo mejor, vestida de bailarina de ballet, con sus zapatillas, su tutú, su collar y sus zarcillos de perlas. Me parecía preciosa, una princesa compañera de aventuras.

Por eso tampoco me ha extrañado la pasión de mi nieta pequeña por su nueva muñeca (o muñeco, no sé bien el sexo). Se lo regalaron en su 6º cumpleaños y es un Ksi merito que se llama Suzikín. Al pie del post les pongo una foto para que vean el espécimen: una cabeza enorme como si fuera una cabeza de ajos, calva con un rizo amarillo por únicos pelos, ojos también grandes y saltones, sin nariz y cuerpo raquítico. La creadora dice que se le ocurrió la idea en una pesadilla que tuvo durante unas turbulencias en el avión, y no me extraña nada ¡Cuidado que es feo! Y sin embargo mi nieta lo adora y va con el bichejo a todas partes: al cine, a la playa, a la cama, a mi casa... 

Porque además en el paquete en que se lo regalaron le dicen que ¡es un ser vivo! y que tiene que cuidarlo y amarlo como a tal: darle de comer papillitas, vacunarlo con jeringuilla especial, ponerle en la boca una bolita minúscula que dice que son vitaminas, darle un suero por si le ves cara de hambre (????), ponerle un pañal si piensas que se va a hacer pis... Cuando mi nieta me porfía que es un ser vivo, yo le digo que no lo es y le muestro a todos los seres vivos que hay alrededor: los saltamontes, los pájaros, los árboles, las personas... y le pregunto: "¿Suzikín se mueve como ellos, respira, se alimenta?". Ella se ríe y dice que sí y se pone a moverlo y a respirar y a hablar como si fuese él.

Total, que los Ksi meritos de las narices se han multiplicado por todo el mundo y los hay de varias clases y familias con todos los accesorios necesarios. Hay Ksi meritos Primer diente, Micromeritos (más pequeños, claro), Ksi meritos Impuntuales, Makitos (con olor a café), Lumi con luz propia cuando se les acaricia la espalda, y hasta Kakitos que hacen caca (son tres: Pop, KKKatalina y Poposchka). No se encuentran porque los niños se los rifan como si fueran lingotes de oro y se han convertido en un oscuro objeto de deseo.

Y te quedas pensando en cómo es posible con lo feos (y caros) que son, en el enorme negocio en que se ha convertido todo, en el engaño a los niños con el concepto de "ser vivo", en que para jugar, ser responsable y amar a un ser vivo podía hacerse con un gatito o un perrito, y para jugar simplemente no hace falta tanta parafernalia. Pero el marketing manda y ya mi nuera me dijo que a ver si lo encuentra en Madrid porque mi nieto de 4 años quiere para Reyes otro que se llama Kchito.

Ksi me da más repelús que la Rosaura.



lunes, 2 de septiembre de 2019

En defensa de las brujas




No hay historias que se transmitan mejor de boca a boca que las de las brujas y brujerías. Siguiendo esa sana costumbre hoy les cuento una historia que me contaron, la de Don Antonio, un señor que ya no está entre nosotros pero que estuvo mucho tiempo, aunque algo tocado por culpa de una brujería. Don Antonio, en sus años juveniles, era un real mozo, alto, guapo, de ojos oscuros y rientes, sonrisa ancha... Vamos, que estaba como un tren. Además, tenía su buen empleo y sus buenos dineros, lo que lo hacía más apetecible si cabe. Una vez tuvo que ir a Las Palmas por cuestiones de trabajo y se quedó en una pensión cuya dueña tenía tres hijas. Pronto notó que la madre siempre mandaba a la más pequeña a servirle, como queriendo metérsela por los ojos, y que a él le iba gustando la cosa, para qué nos vamos a engañar. Pero de repente empezó a sentirse mal: náuseas, hinchazón, acidez y un dolor en la boca del estómago que no le dejaba pegar ojo. No pudo más y se volvió para Tenerife, medio averiado y dejando tras de sí lo que pudo ser un gran amor que se quedó en nada.

Aquí visitó médico tras médico sin que dieran con la causa, hasta que, desesperado, se le ocurrió ir a un curandero de La Guancha que le dijo muy cariacontecido: "A usted le han hecho daño con menstruación, uno de los peores, y esto no se le va a quitar en la vida". Y efectivamente nunca se le quitó y vivió toda su vida delicadito del estómago y con un régimen estricto de una dieta sin picantes, sin vino, sin frutas, sin café, sin chocolate... o sea, privándose de todas las cosas ricas y pecaminosas que hay en esta vida y echándole la culpa a aquella bruja que le echó ese brebaje infernal en el café.

Cuando le conté la historia a mi hija, que, como saben, es médico, se rio y me dijo: "¿Sabes cómo se llama ese "daño" tan asqueroso? Helicobacter pylori, una bacteria que infecta el estómago y de la que antes no se sabía nada pero que ahora se sabe que puede estar presente en la mitad de la población mundial y que se puede combatir con antibióticos".

Sirva este relato para romper una lanza a favor de tantas mujeres a las que personas con prejuicios, confundiendo como en este caso las causas con los efectos, tildaban de brujas sin serlo. A las brujas de Salem, a las que vivían solitarias, a las feas, miopes o bizcas que solo por serlo ya se suponía que echaban mal de ojo, a las que tenían la nariz ganchuda (a una de mis amigas, maestra de infantil, que tiene una nariz con personalidad, uno de sus alumnos pequeñitos le preguntó: "Seño ¿usted es bruja?"), a aquellas de las que se desconfiaba por lo que fuera, a las que se les tenía manía... Pero sobre todo a las que conocían el uso de las hierbas y preparaban ungüentos y bebedizos y a las que la farmacopea les debe tanto.

Hay canciones, como la "Habanera embrujada" del grupo Mestisay, en la que la protagonista vendió su alma "por la receta que usan las brujas pa la ocasión" y que permitía un vuelo mágico de Canarias a Cuba: Jugo de tuno, ojos de baifo, / cola lagarto y poquito e ron, / tres oraciones a Santa Marta / pa que nos firme la absolución" . Pero la brujita que aparece hoy en mi imagen de introducción yo diría que define mejor lo que las brujas usaban. Me la mandó mi amiga Lali, que es bióloga, con la siguiente explicación: 
"Los zapatos son escamas de una piña de un pino; la escoba, infrutescencia de Umbelífera; el cuerpo, el fruto de un melocotón; la cara, el hueso de una aceituna; la nariz, una espina de rosal; los cabellos y manos, restos de vegetales; el gorro es una flor de las Tubifloras...".

Eso eran realmente las brujas, mujeres que vivían en contacto con semillas, flores, hierbas y frutos y que con ellos componían remedios, pócimas, ungüentos y filtros de todo tipo. He conocido brujas buenas que calmaban el dolor hasta con el contacto de la mano. Y he conocido brujas malas que no son como las de los cuentos pero que sí embrujan y hacen verdadero daño. Esas son a las que hay que temer y de las que hay que huir.

lunes, 26 de agosto de 2019

Ramos, chácaras y mangos




La semana pasada fui a pasar unos días -del 17 al 20- en La Gomera, en Valle Gran Rey, y, cómo no, me encontré con mi amiga Gomeira, de la que ya les hablé hace algún tiempo (aquí y aquí). Como dije entonces, Gomeira (igual que el Pereira de "Sostiene Pereira" de Antonio Tabucchi) es de las que sostienen ideas, opiniones y argumentos y te los suelta nada más verte, después de los abrazos, casi sin tomarse un tiempo para respirar.

Así, sostiene Gomeira que a esta tierra bendita no se debe venir por solo tres días y que, ya que atravesé los mares procelosos a bordo del "Benchijigua", lo menos que podía haber hecho es venir por todo el mes de agosto, que es mes de fiestas y parrandas y de bailes en las plazas. Que ya me perdí los festejos de julio a San Buenaventura y a la Virgen de la Salud ¡pero los de agosto...! Que el primer domingo bailó e hizo sonar las chácaras -chacachacacha chacachaca chacachacacha chacachá...- en la de Los Chorros de Epina alrededor de San Isidro, que sí, que el santo no abulta nada pero, sostiene Gomeira, que hay que ver la cantidad de gente que convoca. Después, hace apenas dos semanas fue la fiesta del Ramo a San Salvador en Arure y que menos mal que los veraneantes han tomado partido por él y aquello se llena porque antes parece que iba ganando la Virgen de la Salud pero que ahora están casi empatados. Ah ¿que no sabes que es el Ramo? Sí, mujer, si se ha hecho hasta famoso, que le han dado la medalla de Oro de Canarias y todo. Pues la cosa es que una familia hace una promesa y es ella la que se va a encargar de todo antes de la fiesta: de arreglar la iglesia, comprar los voladores, reunir el material para el Ramo, encargárselo a Cheo Porro, que lleva haciéndolo hace unos 50 años, y abrir su casa desde por la mañana para convidar a todo el que vaya con manises, tortillas, carne cabra, ñames, roscos y bollos, galletas de manteca, almogrote y todas las cosas buenas que da esta isla. Y no es porque yo lo diga, sostiene Gomeira, pero el Ramo es una verdadera obra de arte, tan colorido y coronado con una piña tropical y flores de mundo. Antes se llevaba en una caña de azúcar y no se le ponían berenjenas como ahora, que es algo,  sostiene Gomeira, que nunca conocimos de chicos, la verdad, sino las verduras y los frutos de siempre, higos, plátanos, mangos y esas cosas. Después del convite, se lleva el Ramo hasta la Iglesia entre tambores, chácaras y cantos -Quítate de alante, Arure, que quiero ver a Chipude, chacachacachá chacachaca chacachacachá chacachá...- y allí se pasa el Ramo para que se lo coman a los que van a invitar el año que viene.

Y que si te has perdido todo eso, sostiene Gomeira, lo mejor que podrías hacer es quedarte a la fiesta de la Virgen del Buen Viaje en Taguluche el último domingo de agosto en que hacen ¡otro Ramo! Ah ¿que no, que solo has venido por tres días, que además no coinciden con fiestas? Pues qué se le va a hacer. Aprovecha para pegarte unos buenos baños, que en Valle Gran Rey ¡será por playas! Puedes bañarte en Vueltas, o en La Puntilla, o en La Calera, pero no te aconsejo el Charco del Conde donde solo puedes darte baños de asiento ni la del Inglés que es para nudistas y tú ya no tienes edad para eso.

Y aprovecha también para llevarte un buen recuerdo de nosotros, pero, sostiene Gomeira, no te compres unas chácaras porque estas donde suenan bien es en los aires puros de La Gomera (y además creo que los precios están por 150 euros). Mejor te llevas un par de kilos de mangos, que no hay nada más rico a media mañana que comer un mango pelado y troceado que esté esperándote en la nevera. Todo eso sostiene Gomeira.
Y aquí me ven, de vuelta, saboreando mangos.

lunes, 12 de agosto de 2019

Dos adolescentes en verano




El abuelo, verano de 1959

Entonces tenía 13 años y vivía en Vistabella. El mismo día en que terminaban las clases me iba yo solo a casa de mis abuelos en El Tanque. Tardaba 5 o 6 horas en llegar. Cogía la guagua de Buenavista y me bajaba en Ycod, donde esperaba a la guagua que hacía el último trayecto de Ycod a Guía de Isora. Sobre la 7 de la tarde me bajaba en la Cruz Grande  en El Tanque y mis abuelos, aunque no sabían que yo llegaría ese día (no había teléfonos. Tampoco mis padres sabían si había llegado o no), me recibían como al Santo Advenimiento. Me querían mucho y me asignaban la habitación donde nací, separada de la casa y con ventanas sobre las higueras del arrife y con la vista del verde del monte y de los Pinos de la Fuente a lo lejos. Para mí eran veranos largos y gloriosos.
Ayudaba a mi abuelo en todo, en llevar abonos a las huertas conduciendo la yegua, en ordeñar las vacas, en moler en la era el trigo secado en los mollos -yo, sentado sobre el trillo- y en aventarlo después, en la vendimia cargando las raposas repletas de uvas... Cazaba mirlos para que no se comieran las uvas, escondido entre las vides con escopeta de balines. Luego mi abuela los desplumaba y los freía de merienda y mi abuelo sacaba vino de su barriquita especial y nos ponía un vaso a cada uno. Pero lo que más me gustaba era cazar canarios y guardarlos en una jaula grande que yo había hecho con cañas. Antes, preparaba las trampas, un falsete también de cañas y un cedazo puesto boca abajo con un palito que lo levantaba y que llevaba atada una cuerda fina que llegaba hasta mi escondite. Machacaba luego ramas secas de flor de col y las ponía como reclamo en la higuera del arrife con montocitos de colinos en torno y dentro de las trampas.  Después solo quedaba estar en silencio, tirar del cordón cuando el canario entrara en la trampa y guardarlo en la jaula. Cuando a los dos meses volvía a casa (otra vez en guagua) llevaba, en una caja con agujeritos, a veces hasta 30 canarios, que me apresuraba a vender en un puesto de aves vivas en la Recova. Me pagaban, creo, por cada canario hasta 2 pesetas. Un dineral.
Fui, muy, muy feliz en mi adolescencia.


El nieto, verano de 2019, 60 años después

En verano me despierto a las 11 y, por las mañanas, estoy un rato wasapeando con el móvil y, si tengo wifi, juego a la play. A lo más que juego es al Fortnite que consiste sobre todo en matar e impedir que maten a tu personaje. Pero no hay sangre, no te creas. Si te matan solo desapareces y se acaba la partida para ti. El juego es online con 100 personas de todo el mundo jugando a la vez. A ver cómo te lo explico. Las 100 personas van en un autobús volador y saltan en paracaídas a una isla, en donde no solo te tienes que enfrentar a los demás jugadores sino también a una tormenta que te va cercando y haciendo más pequeños los lugares seguros. Para enfrentarte a eso puedes conseguir armas, botiquines, escudos, vehículos, materiales (piedra, madera y metal) que sirven para construir estructuras defensivas... También antes de la partida hay una sala de espera donde hay tiendas (que cambian a cada rato) y donde venden, por ejemplo, cambios estéticos de personajes. Los personajes valen desde 800 a 2000 paVos (esa es la moneda), que equivalen a unos 20 euros en dinero real. Si tienes 1000 seguidores como mínimo en una red social puedes hacerte un código y, cada vez que alguno de tus seguidores compra algo con tu código, el 5% es para ti. Así que también puedes ganar jugando. En la sala de espera hay un espacio para torneos entre gente que sabe jugar muy bien. Hace poco un chico ganó en uno de esos torneos 3.000.000 de dólares. Al Fortnite juegan millones de personas en todo el mundo. ¿Que si no prefiero ir a la playa? Alguna vez sí, pero date cuenta de que normalmente juego con mis amigos y estamos todo el rato hablando y divirtiéndonos.


Dos adolescencias, dos modos de vivirlas, dos veranos distintos, dos formas de ser feliz ¿Qué opinas?

lunes, 5 de agosto de 2019

¡Que levante la mano el que nunca haya leído un horóscopo!




Empezamos agosto, el mes de Augusto, aquel césar que quiso ser como su colega Julio e, igual que él, se agenció un mes dedicado a sí mismo. Y no solo se lo agenció sino que le cambió el nombre (antes se llamaba sextilis) y también los días. "¡Sí, hombre! -pensaría- Julio con 31 días y yo solo con 29 ¡Hasta ahí podíamos llegar!". (Esta es la razón -el ego humano- por la que julio y agosto son dos meses seguidos con 31 días). Y no me extrañaría nada el que también Augusto pensara: "Y además voy a hacer que este mes sea el más importante del año: ¡el de las vacaciones!".

Brilla agosto, pues, con ínfulas de mes de altos vuelos, iluminado por un sol radiante que dora y chamusca pieles. Es el mes de las fiestas de los pueblos, de los traslados masivos hacia lugares diferentes, de las siestas perezosas en hamacas a la sombra, de no tomarse en serio a uno mismo. En agosto bajó del barco Bayardo San Román ("Crónica de una muerte anunciada" García Márquez) buscando una novia con quien casarse; en agosto Fitzgerald ("El gran Gatsby") contaba que "de la casa de mi vecino brotaba la música durante las noches de verano. En sus jardines azules, y entre los susurros, el champán y las estrellas, los hombres y muchachas iban y venían como mariposas...". De este mes García Lorca recordaba: "Agosto, / contraponientes / de melocotón y azúcar, / y el sol dentro de la tarde / como el hueso en una fruta.".

Y agosto es también el mes de Leo, el rey de los signos, uno de los tres de fuego (será por el calor que hace). Ya, ya sé que ustedes son gente seria y nada frívola, de las que piensan que esto de que los signos zodiacales influyen en la manera de ser según el que brille en el momento en que naciste es una paparrucha. Pero ¡que levante la mano el que nunca haya leído ni un horóscopo! Yo conozco a una que se lee cuatro o cinco cada día y elige el que más le conviene. Y una novela que leí hace poco -"Predestinados" de Minnie Darke- habla de gente que no solo cree en los horóscopos con la fe del convertido, sino que sigue las instrucciones al pie de la letra.

El caso es que de los Leo se dice que son fuertes, dominantes, seguros de sí mismos, líderes por naturaleza y difíciles de reprimir y de resistirse a ellos. Yo tengo en mi casa muchos Leo. Lo es mi marido, mis dos nietas, mi ahijado, mi primo, mi cuñado y seis amigos íntimos. ¡Demasiados mandones para mi gusto! En cambio, de los míos, los Piscis, dicen que somos gente apacible, serena, sensible, sentimental, romántica, cariñosa y amable ¡Estupenda, vamos! Y no andan desencaminados por lo menos por la parte que me toca.

Pero no se lo crean mucho. La mayoría de las veces no aciertan ni una, y según Miguel Sevilla, catedrático de Astronomía de la Complutense,"la influencia gravitatoria del Sol o de la Luna no puede trasladarse a ese tipo de predicciones.". Se pusieron 12 signos zodiacales (en realidad son 13) para que coincidieran con los 12 meses lunares y esa división no tiene ninguna base científica. Y además, somos tan diferentes los seres humanos, tan complicados,  que reducirlos a una docena de tipos no se sostiene.

Pero es que en todos nosotros quedan tal vez vestigios de aquel pensamiento mágico que tuvimos alguna vez y que nos hace decir: "¡Qué diablos!". Y nos regodeamos cuando, por ejemplo, para agosto (según Susan Miller, astróloga estadounidense, leída cada día por seis millones de personas) me predice a mí que aproveche el fin de semana del 24 porque tendrá un magnetismo especial, que el día 8 (invito a amigos) voy a impresionar y que cuidadito con las palabras a la hora de expresarme (ya lo hago). Y esto es lo que le anuncia a los Leo:
"El universo se ha pronunciado: céntrese en el amor. La luna llena del 15 puede ser resplandeciente con una pedida de compromiso o fecha de boda. Si está casado, pasará un tiempo especial con su pareja gracias a las vibraciones románticas que le envía Venus. En esta fecha, cinco planetas iluminarán su sector económico, trayendo excelentes y duraderas noticias. Urano puede alterar los planes y la rutina en el trabajo.".

Disfruten del mes. Por mi parte me estoy preparando con expectación (y verdadera curiosidad) para las vibraciones románticas de Venus y para el magnetismo especial. Ya les contaré (o no).

lunes, 29 de julio de 2019

¿Cómo estás?




Una de las costumbres que más me llamaban la atención cuando en mi infancia y adolescencia pasaba un mes del verano en Los Sauces era la respuesta al "¿Cómo estás?". No sé si lo siguen haciendo, pero entonces allí todo el mundo contestaba: "Regular". Ni bien, ni mal: regular.

A mí realmente la contestación me parecía de sabios. La pregunta "¿cómo estás?" es puramente retórica ¿De verdad le interesa a la otra persona cómo estás realmente? Y si, en lugar del clásico "bien", le empiezas a contar el dolor de la rodilla izquierda o lo molesta que estás con el vecino porque riega sus plantas encima de tu ropa recién lavada, ¿te escuchará como quien escucha las palabras del Libro de la Sabiduría? Creo que no. El "¿cómo estás?" forma parte del Manual de Buenos Modales, igual que los "recuerdos", el "ya si eso, nos vemos" o el "sentido pésame". Y que no falten ¿eh? Todos juntos forman la red en la que se sustenta la sociabilidad.

Pero si a esa pregunta, contestas un "regular", por un lado le estás diciendo al otro que la vida no es el Paraíso Terrenal y que continuamente no se tiene por qué estar bien; y por otro lado, obligas al interlocutor a mirarte y verte e interesarse. Le puedes contar o no lo que te pasa, pero ya el "¿cómo estás?" ha cambiado de nivel.  Yo, que muchas veces, cuando me preguntan cómo estoy, contesto al más puro estilo Antonio Machín diciendo: "Como una rosa perfumada, Maringá", me vi el otro día (un día de bajona)  diciendo el "regular" saucero. Inmediatamente, "¿Es que te pasa algo?". "¿Quién no tiene un problema?", contesté. Y es que siempre hay piedritas (y a veces piedrotas) en el zapato. Y en eso consiste la vida, ni más ni menos.

La piedrota colectiva de esta semana nos ocurrió a todos los españoles cuando nuestros políticos no supieron ponerse de acuerdo para formar gobierno. Menos mal que es verano y, con los baños y la cervecita, las cosas se olvidan, pero qué espectáculo más feo. Como dice Elvira Lindo en su columna, el espectáculo "de las conversaciones insuficientes, el de las filtraciones inapropiadas, el de los políticos tuiteros (¡dejen Twitter ya de una puñetera vez!), el de las manías personales, la desconfianza, la arrogancia, las exigencias inasumibles, la falta de química escenificada ahí mismo, con vistas al público, para vergüenza de todos nosotros, que bien podíamos preguntarnos "y si se quieren tan poco, ¿a qué santo sonaron campanas de boda?"

Yo, que de deberes sé, pienso que no los han hecho. Y que estos deberes tienen que empezar desde el principio, desde el mismo saludo. En lugar de ese apretón de mano, con sonrisa profidén y falsa, mirando a la cámara, y contestando un tópico y típico "bien" al, ¿cómo estás? clásico, un saludable "regular" al estilo saucero, mirándose el uno al otro e interesándose - "Cuéntame qué te preocupa" - estaría muchísimo, pero muchísimo, mejor. Ojalá empiecen y terminen bien.
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