lunes, 10 de junio de 2024

La abuelez



¿Ustedes se han fijado que no existe ningún sustantivo que hable en general de la condición y la virtud de ser abuelos? Y mira que es raro porque la función que tenemos es múltiple y supernecesaria. Si de sincero, deriva sinceridad, de grato, gratitud y de honrado, honradez, ¿por qué no decir abuelidad, abuelitud, o abuelez? Pero ninguno de estos conceptos los recoge la RAE, así que podemos considerarlos neologismos y usar el que más nos guste. Me cae bien abuelidad por eso de completar la familia con paternidad, maternidad, fraternidad... Pero abuelez es más rotundo y me pega más aquí, así que ahí va.

La abuelez es lo que nos conduce a los sufridos abuelos a recoger a los niños en el colegio cuando los padres no pueden, a llevarlos a las actividades extraescolares y a esperar pacientemente a que terminen.

Por la abuelez los ayudamos con las tareas o los exámenes, estén en la básica o en la universidad. 

A causa de la abuelez les voy a hacer a mis nietos mayores por sus cumpleaños y por petición expresa de los dos mi tarta sacher, aunque sea latosa de hacer.

Por la abuelez me encanta alegar con ellos, que me cuenten cosas, que me pregunten y contarles batallitas cual abuelo cebolleta.

Y la abuelez es lo que me ha llevado a La Palma este fin de semana pasado al Campeonato de Canarias Premini femenino, en el que mi nieta de 10 años, Julia, participó en el equipo de las Dominicas Vistabella, el Santa Catalina de Siena.

Sí, ya sé que los mal pensados dirán que, con la excusa del deber ¿abuelil? (otro neologismo inventado),  a lo que fui era a pasármelo pipa haciendo turismo. Y es verdad, tengo que reconocerlo, que en medio de los partidos que jugó, me di algún que otro garbeo por esa isla preciosa, la de mis ancestros, aproveché para ver a mi querida amiga Nievitas en su casa de Argual y comí estupendamente en sitios maravillosos ¡Ay, esas papitas rellenas de conejo en salmorejo de Casa Osmunda! ¡Ay, esos alfonsiños fresquísimos comidos a la orilla del mar en el Puerto de Tazacorte! ¡Ay, el vinito Vega Norte albillo criollo que nos recomendó un amigo que sabe! ¡Ay, el bienmesabe de los Llanos!...

Pero se engañan, no fui a eso. Por la abuelez a los que fui fue a sufrir. A gritar como una posesa hasta quedarme ronca junto a todos los padres que fueron a animar a sus retoñas en los 8 partidos que jugaron (¡¡¡DOOO... MINICAS, plas, plas, plas!!!, o ¡¡¡VAMOS, VAMOS, VAMOS, VENGA,VENGA, VENGA!!!, o ¡¡¡GUERREEEEERAS!!!, o el riquirraca de siempre); a decirles, como está mandado, a los árbitros lo que tienen que hacer (¡¡¡Eso no es falta, que es luchaaaa!!!); a hacer de ayudantes del entrenador gritándoles a las niñas las tácticas (¡¡¡Defensa, defensa!!!, o ¡¡¡Entra al reboteee!!!, o ¡¡¡Tira, tira, tiraaaa!!!)... Agotada quedé. Y los últimos partidos fueron de infarto viendo que las otras -que, a veces, eran una cabeza más altas que mi nieta y que seguro que tenían más de 10 años, por lo menos, 15- metían aros y se acercaban peligrosamente a las nuestras. Pero al final ¡ganamos! y nuestras niñas quedaron Campeonas de Canarias. Mi hijo, mi nuera y yo, cuando vimos el minuto 0, nos abrazamos casi llorando, sin creérnoslo.

Sufrimos, padecimos, dijimos el "¡Qué necesidad! y estuvimos a punto de un infarto cuando en la final solo ganamos por 6 puntos. Pero ninguna emoción es tan grande para la abuelez como ver a tu nieta, tan menuda y entregada, corriendo como un rehilete y haciendo un triple que nos levantó, jubilosos, a todos del asiento. Quien lo probó lo sabe. ¡¡¡DOOO...MINICAS, plas, plas, plas!!!

lunes, 3 de junio de 2024

Viva la diferencia



No sé si lo he dicho alguna vez pero me encanta ser mujer, pertenecer a esa mitad de la humanidad con los cromosomas XX.. Es verdad que tenemos el handicap de la regla, esa tortura, y la sentencia bíblica de "parirás con dolor" y el rollo de la menopausia, pero aparte de eso, hoy, en el siglo XXI y en el primer mundo, es un disfrute ser mujer. Y al fin y al cabo, no tenemos que afeitarnos todos los días, como ellos, pobres criaturas.

Y es que somos diferentes. Recuerdo leer un texto de Javier Marías en el que contaba que escuchó en la calle a unas mujeres que salían, riendo y de buen humor, de una chocolatería y una de ellas dijo: "Qué bien estamos las mujeres", y otra: "Y que lo digas", y una tercera apostilló: "¡Y nos lo pasamos genial!". Podríamos haber sido mis amigas y yo. Él se quedó pensando que estos mismos comentarios sería raro oírselos a los hombres y que ellas, ante una viudedad, por ejemplo, disponen de mayores recursos vitales y son más conscientes de la suerte de disfrutar con las amigas. Y tiene toda la razón, yo lo he comprobado con las mías. Y se sabe que las mujeres leen más y van más al cine, al teatro, a los conciertos y exposiciones, a los viajes... Javier Marías pensaba que, por encima de todo, mantienen la juventud a la que muchos varones renuncian al mínimo achaque.

Y aunque, como decía Mafalda, las mujeres, en vez de jugar un papel en la historia de la humanidad, han jugado un trapo, no hay duda de que han recorrido un largo camino, desde aquellos tiempos en que Aristóteles decía que ellas eran inferiores a los hombres porque tenían menos dientes (???) o cuando Tomás de Aquino le reprochaba a Dios el habernos creado porque éramos ocasión de pecado.

Ha sido un largo camino, sí, porque, aunque hemos trabajado igual que los hombres, nos han apartado del conocimiento y de la notoriedad profesional. Por eso ha sido tan importante la lucha por la igualdad en el trabajo. Me viene a la mente un cartel que había en una manifestación hace algunos años: "Somos las nietas de todas las brujas a las que no pudisteis quemar". Y recuerdo el paro en Islandia en 1975. El 27 de octubre las islandesas decidieron no trabajar para reivindicar la igualdad y ese día no pudieron ni imprimir los periódicos porque la mayoría de los que trabajaban allí eran mujeres. Ni escuelas, ni guarderías, ni tiendas, ni fábricas, ni comida en casa, ni colada tendida. Las islandesas demostraron que si paran las mujeres, se para el mundo.

Hoy la situación es distinta y, en palabras de Jardiel Poncela, el sexo débil ha hecho gimnasia. Los primeros dioses fueron maternidades, figuras femeninas de vientres anchos que nos señalaban como generadoras de vida. A lo largo de la historia, a pesar de la marginación, mujeres extraordinarias, escritoras, físicas, pintoras, matemáticas... han cambiado todo con sus ideas y creatividad. Estamos más cerca de la igualdad, pero a la vez somos diferentes.

En la película "La costilla de Adán" de George Cukor, los personajes de Spencer Tracy y Katharine Hepburn discuten sobre la igualdad de género. Él dice: "Los hombres lloramos, como las mujeres". Ella contesta: "Eso demuestra que tengo razón, no hay diferencia entre los sexos. Es igual ser mujer que hombre, o casi igual. Puede que solo exista una pequeña diferencia, pero muy pequeña". A lo que él termina diciendo: "¡Viva la diferencia!".

Reivindiquemos también esa diferencia que nos hace ser mujeres y que, como decían aquellas que escuchó Marías, hace que nos lo pasemos genial.

martes, 28 de mayo de 2024

Un guiño a Galicia



Les juro que Galicia, el lugar donde he estado la semana pasada, es mágica. Ya solo sumergirnos en un paisaje de bosques umbrosos y casitas aisladas con tejados negros de pizarra nos conduce a relatos antiguos de hadas y brujas, contados en voz baja al lado de la lumbre. Pero también hay caballos sueltos entre la niebla en la Sierra de Capelada; cruceiros en los cruces de caminos para despistar y ahuyentar a las brujas; enormes construcciones de piedra entre la arena y las olas furiosas a lo lejos en la Playa de las Catedrales; caminos, caminos y caminos con la concha dorada de los peregrinos señalando hacia Santiago de Compostela; y la maravilla de la Ribeira Sacra vista desde un barco por todo el cañón del río Sil: el reflejo del sol y las montañas en las aguas quietas y profundas, los regatos y pequeñas cascadas cayendo entre el verdor, las rocas gigantes semejando figuras -allí la cabeza de un hombre, más allá un león, o un búho, o un caballo...- , las viñas en sitios imposibles arrancando a la tierra un vino delicioso... La magia hecha piedra.

En Galicia las leyendas, los mitos y los rituales conviven con la vida diaria. Hay meigas -haberlas, haylas- que hacen el mal y brujas que quitan el mal de ojo, e incluso viejucas que tiene el "don" y adivinan el pasado y predicen el futuro. La queimada, la bebida que protege de los maleficios, tiene que ir acompañada del conjuro (Mouchos, coruxas, sapos e bruxas... empieza). Si pones un vaso con sal gorda y vinagre de manzana detrás de la puerta de tu casa no entra allí nadie que tú no quieras. En Lourenzá cuentan la leyenda del sarcófago que el conde Osorio se trajo de Palestina para ser enterrado en él y que el mar hundió para luego hacerlo reaparecer cerca de Foz flotando sobre las aguas. Se le atribuyen 4 resurrecciones de peregrinos y para que conceda deseos hay que meter el dedo en un agujero que hay en la parte inferior.

En Galicia las velas hablan y su lenguaje no es el mismo si se mueven, si chisporrotean o si se están quietas. Y por encima de todo hay que ir a San Andrés de Teixido (si no vivo, hay que ir de muerto). hay que llevar una piedra para ponerla en uno de los amilladoiros, hay que beber de la Fuente de los tres caños y echar un trozo de pan que, si no se hunde, nos traerá suerte, hay que comprar la hierba de enamorar... En San Andrés se hacen los sanandresiños, figuras de miga de pan que son buenas para la salud (el santo), para el amor (la flor), para los estudios (la mano), para el alimento (el pez), para el trabajo y los negocios (la escalera), para los viajes (la barca), para la protección (la corona) y para la paz (la paloma).

Por supuesto, que yo, tan racional, no creo en todo esto. Es más, puede hacernos olvidar lo fundamental: que Galicia es una tierra preciosa de montes suaves y ríos tranquilos, asomada al mar, y en algunos sitios como Orense regalada con aguas termales, una tierra generosa de gentes amables donde se come y bebe bien. Y donde llueve mucho. Como decía Aute, imagínate a Galicia como un húmedo aquelarre, / donde la mar es tumba, / donde las meigas plañen, / donde las nubes claman / con lágrimas salvajes. / Imagínate unos verdes como ríos de esmeralda...

Así que olvidemos la magia y los rituales para invocar a la suerte y pensemos que la verdadera suerte es que Galicia exista y que podamos visitarla y disfrutar en ella, como hemos hecho estos días mis compañeros de viaje y yo.

Aunque por sí o por no o por si acaso, miren en la imagen inicial la colección de los 8 sanandresiños que me traje y que he colgado en mi puerta. Nunca se sabe.


Para Lucía, nuestra guía, una galleguiña encantadora que nos acompañó, nos divirtió, nos entretuvo y nos enseñó su tierra. Ella también llevaba, por si las moscas, un colgante de oro con el amuleto del puño de la suerte.

lunes, 13 de mayo de 2024

Hablemos del amor una vez más



La semana pasada leí en la newsletter semanal de Kiko Llaneras en El País que un trío de académicos de Stanford entrevistó a miles de parejas para responder a la pregunta de cómo se conocieron. El resultado fue que en EEUU más del 50% de las parejas lo hicieron por Internet. ¿Esto qué supone?, se pregunta. ¿Serán las parejas más parecidas en su atractivo físico, en su renta, en sus ideas políticas? ¿Tendrán más éxito? ¿Escogeremos mejor así?

La verdad es que es un giro tremendo. Yo solo conozco a una pareja de mi edad que se conoció por Internet, él en Madrid y ella aquí. Se veían cada dos semanas alternando viajes y se llevaron muy bien unos años hasta que él murió. Pero mis hijos, ya de otra generación, sí que conocen a muchas parejas cuyo primer contacto fue por ordenador ¿Se convertirá esto en la norma?

Antes los cauces eran muy distintos. Los bailes y las fiestas se inventaron para eso, seguramente. No por nada Romeo y Julieta se encontraron en una fiesta de disfraces y Mr. Darcy y Elizabeth Bennet se vieron por primera vez en un baile. Los abuelos de una amiga se conocieron en un baile en las fiestas de su pueblo. Él le preguntó: "¿Usted tiene novio?" y ella le respondió: "Sí, pero un amor se deja por otro".

Otros se conocían porque ella era amiga de la hermana de él (mi hermano sin ir más lejos) o él, amigo del hermano de ella. Un buen camino porque ya se tenía mucho adelantado.

El veraneo también servía. Mis padres se conocieron en un verano. Él estaba en San Andrés de alférez de las primeras milicias universitarias y ella fue a veranear con sus primos que vivían allí. Los paseos a la orilla del mar son muy románticos y productivos. En los dos años de novios solo se vieron 35 días, pero luego estuvieron 50 años juntos.

El trabajo era otro marco. Mi hija conoció así a su marido. Ella salía de una guardia estresante y se lo encontró a él que entraba a trabajar. Un amigo común los presentó. Según ella, estaba fresco como una lechuga, mientras que ella estaba muerta de cansancio, despelujada y con ojeras hasta los pies. Sin embargo, esa tarde él les dijo a sus amigos: "Hoy he conocido a mi futura esposa".

Y también el centro de estudios o la universidad propiciaban encuentros. Yo conocí a mi marido en una excursión en 1º de carrera que organizaban los de Químicas por San Alberto Magno al Puerto de la Cruz. Yo no quería ir pero mi amiga Cae, bendita sea, me convenció. Cuando subí a la guagua, él estaba en el fondo tocando la guitarra con un grupo de amigos. Me miró y me echó una sonrisa de oreja a oreja como diciendo: "¡Vaya, ya estás aquí por fin!". Fue un día mágico: baño en la Lago Martiánez, comida, música y baile al atardecer. A la vuelta nos sentamos juntos en la guagua hablando sin parar. Yo tenía 17 años y él 19. Y hasta ahora: el año que viene harán 60 años de ese día.

Y ahora, en vez de todo eso ¿se va a sustituir por un análisis de datos? La emoción, el riesgo, las expectativas, el ir descubriendo al otro poco a poco... ¿se van a perder? Que sí, que a lo mejor es un callo malayo, pero ¿y si no? Hace poco leí una novela romántica de Christina Lauren, "La ecuación de las almas gemelas". En ella una empresa va más allá de Tinder y otras apps y cree que el amor se puede cuantificar y que es posible, mediante un programa basado en el ADN de las personas, formar parejas compatibles. A lo mejor ese será el futuro de las relaciones humanas y quizás tengan más éxito. Pero no sé por qué, qué quieren que les diga, me parece muy frío y muy triste.

lunes, 6 de mayo de 2024

Carta atrevida a San Marcos



Querido San Marcos, me atrevo a escribirte a ti (ahora que las cartas vuelven a ser tendencia) porque me da que, en las fiestas de este mes en Tegueste, tú, el patrón del pueblo, estarás menos estresado desde tu sitial que la alcaldesa y demás autoridades a quienes podría dirigirme también. Pero ellas entre tantas parrandas, torneos, comidas en ventorrillos, homenajes, verbenas... y, por supuesto, la Romería, estarán derrengadas y el tiempo y el alma no les va a dar para atender mis ruegos. Así que, buscando una autoridad, me quedas tú, San Marcos, que después de todo en estos laaargos festejos solo tienes que comparecer en la bendición del ganado, en las misas, en la procesión y en la Romería. Algo más desocupado estarás, digo yo, para hacerme caso.

Y voy rápidamente al tema de mi carta, no sea que te llamen para otro evento, que todo es posible. ¿A ti te parece normal que las fiestas del pueblo duren un mes y pico? Que sí, que tu día es el 25 de abril y que la Romería de San Marcos es siempre el último domingo del mes, que este año cayó en 28, y que eso tendría que ser todo ¿no? Si acaso, dejar una semanita para probar el vino nuevo, unos bailitos y esas cosas, y ya está ¿verdad? Pero no, desde el 5 de abril y por lo menos hasta el 9 de mayo aquí se siguen celebrando fiestas como si no hubiera un mañana.

Y es que ha habido de todo: paseo ganadero, feria de coches clásicos, encuentro de bandas de música, patio de vinos, Día de la juventud, concierto entre viñedos, exposiciones de perros de caza, de ganado, de palomas buchones, de motos, de carretas; ha habido torneos de lucha canaria, de bolas, de minibasket, de balonmano; parrandas, festival folklórico, noche del sombrero, procesiones, verbenas y brindis por doquier, concursos de postres y de manejo de yuntas, galas de la Romera Mayor ¡y las dos Romerías!, la del día 28, que es la grande (¡10.000 personas vinieron este año!), y la del día siguiente, el Día del carretero, que es igual: carretas, ventorrillos, bailes, fuegos artificiales... y gente, mucha gente. Y aunque parezca que eso es el broche de oro, no te lo creas porque después, y ya en mayo, vienen los bailes de magos que tampoco tienen desperdicio ¿Es eso normal?

Y tú dirás: "Pues estupendo, mujer, que se diviertan, que bastantes desgracias hay en el mundo". Y no te digo que no, querido San Marcos, pero ¿era necesario, además, acordonar todo Tegueste durante tanto tiempo? El parking grande que hay a la entrada, en donde aparco cada vez que voy al pueblo, está ocupado con los cochitos locos, las norias y el tiovivo del increíble Hulk. Las calles principales están cerradas al tráfico. El otro día se me perdió mi marido durante una hora y fue porque estaba buscando aparcamiento. Aparcar en Tegueste este mes y pico ha sido más difícil que acertar el gordo de la lotería.

¿Y qué me dices del día de la Romería en que se cerraron al tráfico unos 5 kilómetros de la carretera general desde las 10 de la mañana a las 12 de la noche? Unos amigos me invitaron a celebrar la romería en su casa y no me atreví a enfrentarme a la masa y a las colas de coches ¡Y encima vestida con los refajos y enaguas del traje de maga, quita, quita!

Ya sé que puedes hablar del componente lúdico y novelero del ser humano en general y del teguestero en particular, y que esta romería es la primera del año y la que da pistoletazo a todas las demás. Pero ¿no te parece que, si cunde el ejemplo, nos vamos a pasar el año de romería? ¿No es pasarse un pelín? ¿No podrías pedir, ya que el tinglado es en tu honor, que fuera algo más tranquilito? Piénsatelo un poco, porfa.

Con todos mis respetos, un gran abrazo.

lunes, 29 de abril de 2024

El género epistolar


"Mujer leyendo una carta" Vermeer

De todo el ruido mediático esta semana alrededor de La Carta, me quedo con la frase que puso el filósofo Javier Gomá Lanzón en X (antes Twitter): " Algo bueno de todo este follón es que vuelve el género epistolar". Aparte de hacerme gracia, eso fue precisamente lo que más me ha llamado la atención y me ha gustado: que todas las razones aducidas (gusten o no) se han expresado por carta, cuando parecía que ya estas habían muerto definitivamente, fulminadas por las redes sociales. Y mira por dónde, una carta, un objeto que se decía de museo, tan vivo en mis tiempos mozos y ahora tan obsoleto, copa todo el interés de la actualidad.

Y me parece bien porque creo que las cartas no deberían pasar a la historia. Deberían ser un instrumento de comunicación tan válido o más que los wasaps, los e-mails, los post y la santa parafernalia de Internet. Las cartas -más que un comunicado oficial o una nota de prensa-  reflejan el lado humano de la persona que la escribe, enganchan a los lectores, nos acercan más a lo que el escribiente quiere reflejar y representan la oportunidad de ponerse en su lugar. En ellas, siempre el tema a tratar es importante, grave o serio. Si mi abuela, cuando explotó el volcan de San Antonio en La Palma en el año 49, hubiera escrito un e-mail en lugar de una carta, aparte de perderse la información, yo no habría captado su miedo, su preocupación por si la corriente de lava pasaba cerca de su casa,su indefensión e incertidumbre.

Por eso hoy que el tema está de moda, yo reivindico el género epistolar que tanto cultivé y que tantas satisfacciones me ha dado en mis lecturas. El poder de las cartas creó este género, cultivado por clásicos como Cadalso (Cartas marruecas), Goethe (Las penas del joven Werther), Jane Austen (Lady Susan), Gustavo Adolfo Bécquer (Cartas literarias a una mujer), o Jardiel Poncela (El libro del convaleciente).

Y aprovecho esto y que todavía no ha terminado el mes del Libro, para recomendar otras novelas epistolares que me han encantado, a ver si se animan. Ahí va una lista:

Carta de una desconocida, de Stefan Zweig (conmovedora y sorprendente)

Donde termina el arcoiris, de Cecelia Ahern  (fresca y entretenida)

La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender (muy divertida)

Paradero desconocido, de Kressmann Taylor (instructiva y curiosa)

La Sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows (enternecedora)

El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta (poética)

Papá Piernaslargas de Jean Webster (tierna)

Las cartas de Papá Noel, de J.R.R. Tolkien (entrañable)

Contra el viento del norte y Cada siete olas, de Daniel Glattauer (románticas. La 2ª, en La Gomera)

En una casa blanca a orillas del mar, de Abril Camino (bonita y desgarradora)

El blog de la Doctora Jomeini, de Ana González Duque (divertida. Esta no podía faltar).

¿Imaginamos ya un mundo sin cartas? Salinas contestó a eso en los años 40 diciendo: " ¿Por qué ustedes son capaces de imaginarse un mundo sin cartas?  ¿Sin buenas almas que escriban cartas, sin otras almas que las lean, sin otras almas terceras que las lleven de aquellas a estas, es decir, un mundo sin remitentes, sin destinatarios y sin carteros? ¿Un universo en el que todo se dijera a secas, en fórmulas abreviadas, deprisa y corriendo, sin arte y sin gracia?".

Es bueno, creo, que a veces lleguen cartas, que nos recuerden su papel en la historia y todas las veces que las hemos esperado con ansiedad. Que nos recuerden que somos humanos.

lunes, 22 de abril de 2024

Abril, el mes más cruel



Sí, sí, ya sé que abril tiene una fama que no veas, desde los refranes que lo ven como "abril, aguas mil" hasta las canciones que lo tildan de "abril para sentir, abril para soñar, abril la primavera amanecióóó...". Pero no se fíen: ni lluvioso, porque ha hecho un calor de tres pares de narices, ¡más de 30º!, con el polvo del desierto todo el día sobre nuestras cabezas, ni tan soñador ni primaveral como dice la canción. Abril es, como dijo T. S. Eliot en su poema "La tierra baldía", el mes más cruel, se lo juro.

Y es que en este mes, a lo tonto a lo tonto, no han dejado de pasar descalabros varios. Por una parte, los periódicos y los medios no paran de alegrarnos los días lanzándonos noticias maravillosas, que si Ucrania y Rusia, que si Israel y Gaza, que si Irán y su base nuclear... Por otra parte, los agoreros avisan de que nos preparemos, armándonos hasta los dientes, para hecatombes y juicios finales. Y en tercer lugar, y lo que más siento por estar cercano a mí, es que este mes, sin comerlo ni beberlo y como si fuera un virus contagioso, ha descalabrado a un número elevado de amigos míos.

Mi consuegro se cayó y se escachó una vértebra, que no veas lo que duele. Tres de mis amigas también se cayeron y una se rompió el cúbito y el radio, otra, el peroné y otra el coxis, más un chichón en la cabeza. Una ex-alumna se rompió un dedo; mi nieta pequeña, saltando en una cama elástica, se cayó de mala manera y se dislocó la muñeca; a mi amiga Carmen hubo que operarla de un dedo en martillo; a otro le cayó la tapa del contenedor de la basura en la cabeza y tiene en la frente una herida que ni el Zorro... Y no cuento a los tres amigos que tengo hospitalizados este mes. No me digan que no hay materia para desconfiar del mes de abril, tan risueño en apariencia y de tan mala uva en realidad.

Y menos mal que hay alegrías que me animan: mi primer baño del año en el mar, tan placentero; buenas comidas con los amigos; el campeonato de rummy con los nietos pequeños; los alegatos por teléfono con mi hija al anochecer; los nueve libros que me he leído hasta ahora en el mes y que me transportan a otros lugares y a otras historias... 

Pero sigo sin fiarme de este abril (y seguro que a T.S.Eliot también le pasaron cosas). Así que vayan con cuidado, en casa y en la calle, no sea que tropiecen, y no miren demasiado las noticias catastróficas de los medios, no sea que se depriman. Y tranquilos, que mayo está ahí mismo.

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