Una de las expresiones canarias que más me gustan es la de malimpiadito. En el Diccionario básico de canarismos de la Academia Canaria de la Lengua lo ponen como malimpiado o malimpriado, pero yo siempre lo he oído como malimpiadito, por esa querencia cariñosa que tenemos los canarios hacia los diminutivos. Deriva, claro, de la expresión mal empleado y el Diccionario lo define como un adjetivo que se usa en frases interjectivas para denotar lástima, pena o desconsuelo. Como ejemplo pone (hay que decirlo con cara de pena): "Milimpiadito chico, con lo buen estudiante que era".
"¡Malimpiadito!", decían desconsoladas mis amigas cuando se enteraban de que el buenorro de Rock Hudson era gay.
"¡Malimpiadita!" me dicen los taxistas cuando pasamos bajo la obra peatonal del Padre Anchieta, que costó un dineral y no soluciona, como pretendía, el problema del tráfico de la Autopista del Norte en las horas punta.
Y confieso abochornada mi "¡malimpiadito!" personal que recuerdo ahora que estamos en época de visitas papales: yo lloré a moco tendido cuando se murió el Papa Pío XII. Tenía 10 años y por la radio (no había tele) se pusieron tan tremebundos y sensibleros que no me quedó más remedio que hincharme a llorar y moquear. También es verdad que soy de natural llorón y que lloro con el anuncio del turrón en Navidad o con la muerte de la mamá de Bambi y otras historias. Oh, una vez mi marido me encontró llorando con una novela histórica delante y cuando me preguntó alarmado que qué me pasaba, le dije jipiando: "¡Es que mataron a María Antonieta!". Pero en la vida real, ¡mira que llorar por Pío XII, un señor al que no conocía de nada y con él que luego descubriría que no tengo mucha afinidad...!
Así que mi deseo, para este verano que ya se presiente y para la vida, es que si nos esforzamos, que sea por objetivos claros y los cumplamos; si nos gusta alguien, que por lo menos lo conozcamos bien; si nos gastamos los cuartos, que sea en algo que valga la pena (o que nos merita la pena, otro canarismo); y que si lloramos por alguien que sea por quien lo merece...
Porque si no, ¡malimpiaditos estamos!






