martes, 4 de agosto de 2026

Toda una vida



     Toda una vida.

  • Una infancia feliz de único hijo, nieto y sobrino. Mañanas gloriosas haciendo trampas para pájaros, acompañando al abuelo a la siembra y recogida de trigo, cabalgando en la yegua hasta los Pinos de la Fuente, oyendo historias, mientras desfajinabas piñas de millo en las noches alrededor del fuego del hogar...


  • Dos años de emigrante en Venezuela, llamado por un padre a quien no conocías. Otra realidad distinta y a veces difícil, pero también luminosa y colorida en la mente y la memoria de un niño de ojos asombrados.


  • Los años adolescentes: los amigos que duran para siempre, los primeros amores que no duran nada. Una afición eterna, las palomas mensajeras, para cuidarlas y mandarlas a explorar tierras lejanas.


  • Las grandes decisiones: forjarse y prepararse para la vida, a quién querer a tu lado, dónde vivir, a quién amar. Cultivar la amistad y asumir trabajos y responsabilidades. Elegir.


  • La paternidad: aquellas dos horas abrazando a tu hijo de un año, para que el niño se calmara después de una operación; la madrugada que volviste del Teide, casi nevando, después de trabajar toda la noche en el Astrofísico, porque tu hija tenía fiebre; las idas y venidas sin protestar para ir a buscarlos a dónde quiera que estuvieran; tus pacientes explicaciones de matemáticas y física cuando necesitaron ayuda, su convicción de que siempre podían contar contigo.


  • Les hiciste una canción para dormir que decía así: "Son mis dos hijos, / abeja y miel,/ trigo y espiga,/ Ana y Daniel./ Son tan pequeños, /chatos los dos, / ojos de alpispa, /querida voz." Y años más tarde tu hija, Ana, te correspondió con un poema que empieza así:

  • "Mi padre era un árbol.

  • No lo digo como metáfora.

  • Lo era.

  • Un árbol con manos,

  • con raíz en la garganta

  • y sombra donde a mí me nacía crecer.

  • Tenía corteza en la espalda

  • y la voz de la madera

  • que no se deja doblar."


  • Los años tranquilos, después de la jubilación. La felicidad en la paz de las tardes, en la conciencia tranquila al dormir, en las reuniones con amigos de antes y de ahora, en la música compartida, en la complicidad con quienes más te quieren.


  • Esta semana, el día 8 del mes 8, cumples 8 décadas, un momento irrepetible como todos los cumpleaños. 80 años siendo un hombre bueno. ¿Qué importa que los días a veces se confundan, que se desdibujen los sitios y los recuerdos, que ni siquiera puedas leer esto, si has dejado una huella en quienes te han conocido? Que lo hayas hecho y te quieran es un buen balance. Nadie está solo y tu vida se ha entretejido con la mía, la de tus hijos y nietos y futuros descendientes, con la de amigos, alumnos y parientes. Incluso ahora, que te vas yendo poco a poco. El poema de Ana también dice:

  • "Pero sigue en pie,

  • porque aún saluda a los amigos,

  • aunque ya no sepa quiénes son."


  • Por toda una vida y por esos 80 años, que no cambiaría por nada, muchas felicidades, mi amor.

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