lunes, 16 de marzo de 2020

Fórmulas para el sosiego


Llegando a casa

Mi nieta mayor está en un instituto que también tiene internado y me cuenta que, cuando hace unos días les dijeron que lo cerraban todo y que los internos tenían que volver a sus casas, algunos de estos se echaron a llorar. Todo lo contrario de lo que le pasaba a mi marido cuando era pequeño, que estuvo un año en un internado y lloraba de desolación cuando sus padres lo dejaban allí los domingos por la tarde.

Estos días en que el "Quédate en casa" es el lema, habrá quienes lo consideren un castigo y quienes lo ven como una bendición. Todo tiene que ver con la apreciación de cada uno sobre lo que es el hogar, dulce hogar.

Para mí el hogar es el sillón que guarda la marca y el calor del cuerpo.

Es un rincón donde brotan flores.

Es la luz del amanecer cruzando la ventana. Y la que me espera encendida cuando llego de noche.

Es leer hasta altas horas y vivir otras historias, más allá de las paredes de la habitación.

Es la cena temprana y un champán para brindar.

Es ver una película e irla comentando con quien me acompaña.

Es oír música un sábado al atardecer.

Es pasar la mañana en la cocina inventando recetas ricas.

Es la ducha calmada, el agua caliente cayendo por la espalda.

Es el desayuno mirando al valle.

Es aprovechar el tiempo libre de ahora para hacer un trabajo placentero que había pospuesto. Como buscar los poemas e indagar en la vida de mi abuelo el poeta.

Es la lluvia bailando en la claraboya del pasillo.

Es mi territorio. Mi hija Ana publicó, entre otros, este poema cuando ganó el Premio Félix Francisco Casanova hace 26 años:

Esta es mi casa, 
donde trabajo,
vacilo,
siento incompletas la noche
y la mañana.
Donde descanso, 
donde respiro,
donde resuelvo penumbras.
Es mi casa de castaña, 
una bufanda de cal,
el marco de la serenidad
callada que precede al sueño.
Empecé a nacer en sus maderas,
entre sus amplias ventanas.
Fue la fresca y seca piel
sobre la que dormí. 
el alma de mi carne.
Sin edad,
sin estación,
sin raíces.
Yo tejí el aire y el agua
y el canto de sus muros
que nunca callan,
aunque no haya nadie para oírlos.
Yo labré el artesonado 
de sus cuatro cielos
con mis recuerdos
y con mis lágrimas.
Esta es mi casa,
porque si la casa es solo ajena
no significa nada.

El hogar guarda todas las fórmulas para el sosiego. Y una casa solo ajena -ahora entiendo los lloros de los compañeros internos de mi nieta- no significa nada.

Quédate en casa, quédate en el hogar.


26 comentarios:

  1. Marilu Díaz Estrada16 de marzo de 2020, 13:59

    Mi casa mi dulce hogar. Isa precioso ! Mucho sol si se puede. Un abrazo a la distancia.����

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    1. Sí, una casa luminosa donde no haya habitaciones oscuras con fantasmas incorporados.
      Cuando pienso en mi casa, me da el poético :-D
      Otro abrazo para ti y a cuidarse.

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  2. Qué bonito homenaje a nuestra casa, nuestro hogar. Lo echamos tanto de menos cuando no estamos y esperando que no lo echemos de más, en estos momentos en que nos toca hacerlo refugio ante esta situación inesperada en nuestra vida.

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    1. Creo que no lo vamos a echar de más, si verdaderamente lo consideramos nuestro hogar. Me asombra ver todo lo que está saliendo estos días para que no nos aburramos en casa. Nunca me he aburrido aquí a pesar de que lo novelera que soy, como tú sabes bien. ¡Hay tanto que hacer y que disfrutar!
      Vamos a tomarnos esta situación inesperada con filosofía y buen humor.

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  3. Isa, Que bonito el poema de Ana. Esa niña tiene la facilidad literaria de su madre y la sensibilidad enorme de su padre y luego otro montón de cosas, claro.
    Tus recomendaciones de serenidad me encantan; coincido en algunas. Pero no sabría decirlo tan bonito.
    Yo, qué prosaica, desde ayer hago 7 u 8 Km al día entre pasillo y vestíbulo distribuidor. Un distribuidor, donde llegan los ascensores, disparatadamente grande (30x 5m) en mi edificio . Un vecino se mete en su casa para que no haya más de uno o dos al mismo tiempo. El vestíbulo tan vituperado por los vecinos, quejándonos de no tener por ejemplo trastero ni otras cosas útiles. Ahora agradecida al constructor; nunca supe valorarlo. No sabía que íbamos a vivir una cuarentena.
    Estamos bien, por ahora no nos hemos contagiado, ni José Ramón ni yo. Muchos amigos, tres o cuatro, entre hospital y cuarentena estricta. Pero todos están bastante bien o mejorando.
    Salud
    Besos

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    1. Una de las ventajas de vivir en el campo y alejada de la civilización es tener más espacio. Nosotros tenemos una cancha que ya no sirve mucho para jugar al tenis y poco para meter balones en una canasta. Pero por lo menos estos días nos permite caminar 1 hora diaria a mi hermana, a Toni y a mí. Y la verdad, es una bendición.
      No, no estamos preparados para lo inesperado ¿Tendríamos que hacernos un bunker? Pero hay que ver lo adaptable que es el ser humano. Tres días y ya hemos acomodado la vida a este nuevo panorama.
      Por aquí también estamos bien y tocando madera.
      Cuídense. Un abrazo grande y gracias.

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  4. Mari Carmen González Zamorano16 de marzo de 2020, 16:16

    Dios mío que placer tener el privilegio de poder leerte y lo de tú hija que se me rayaron los ojos. Como la vida de un jubilado es tan activa ahora que tengo todo el tiempo del mundo estoy inventariando todo lo que hacia tiempo tenía un poco abandonado. Mucha paciencia y tranquilidad.

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    1. Gracias, Mari Carmen.
      Mi propósito de año nuevo fue ordenar armarios y apenas he hecho uno. A ver si ahora este tiempo de más me permite animarme y echar la casa abajo. Lo dudo pero todo es posible.
      Por lo pronto estoy con lo de mi abuelo con vistas a publicar algo sobre él. Vamos a ver...
      Un beso y también mucha paciencia. Y sosiego.

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  5. soledad Villalobos16 de marzo de 2020, 22:34

    Ya lo dicen los ingleses: Mi casa es mi castillo. Un abrazo ISABEL.

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    1. Y tienen razón. Es refugio, seguridad, cobijo, abrigo...
      Un abrazo, Sole.

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  6. Como siempre mi aplauso

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    1. Gracias, Elvira, pero sabes que no lo merezco. Aplausos mereces tú cuando actúas tan bien como lo haces. O los sanitarios del país ahora que se están dejando la piel.
      Esto es solo compartir experiencias y alegar un ratito entre amigos. Un beso.

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  7. Una bendición, sin lugar a dudas. Lo has descrito perfectamente... todos esos pequeños placeres del hogar. No hay nada igual.
    Cuídate Isabel, un abrazo!!

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    1. Cuídense ustedes, los cuatro, también. Hoy que mi hija le pidió al marido que aprovechara el día libre y le hiciera croquetas (otro de los placeres del hogar), me acordé de las que hace tu marido. Mmmmmm...
      Un abrazo y a disfrutar del hogar.

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  8. Hermosas reflexiones.... Yo me quedo en casa....

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    1. Como tiene que ser, Jesús. Solidaridad ante todo. Nos estamos jugando mucho y tal vez un tiempito hacia dentro, nos sirva para replantearnos muchas cosas. Hoy los canales de Venecia estaban transparentes, por ejemplo.
      Un abrazo.

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  9. Así mismo es. La casa es el refugio, la paz, la seguridad. Es el lugar conocido que huele a nosotros y nos ayuda a dormir con almohadas que tienen ya nuestro molde, con las fotos que tienen nuestra vida y las tazas que contienen nuestra historia. Como bien dice tu hija, los muros que cantan y nunca callan. Nuestro confortable regreso al hogar, tras estar lejos, no tiene precio. Estos días, seguro redescubriremos todo su esplendor.

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    1. Pascal decía: "Toda la desdicha del hombre procede de no saber quedarse tranquilo en casa". Aunque sabes que yo no estoy de acuerdo porque me encantan los viajes, es verdad que es bueno irse pero mejor todavía volver y que el hogar te dé la bienvenida. Mi marido al tercer día de estar fuera ya está suspirando por su cama. :-D
      Bendito hogar.

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  10. ¿Sabías, Jane, el origen e historia de la tan popular "Hogar, dulce hogar"? Recurrimos a ella, siempre que estamos lejos y volvemos a él.
    Esta famosa locución se la debemos a la canción ‘Home! Sweet Home!’ compuesta en 1823 por John Howard Payne, la letra, y por Henry Rowley Bishop, la música. Esta canción formaba parte de la ópera ‘Clari, or the Maid of Milan’ (Clari o la doncella de Milán). Además, se convirtió en casi un himno, para los soldados americanos del ejército de la Unión, en la guerra de Secesión, ocurrida en la segunda mitad del s. XIX, y fue prohibida, porque provocaba la deserción de aquellos militares, que sólo deseaban regresar a sus casas.
    Hoy sigue vigente y es, quizá, esta extraña situación que estamos viviendo, forzadamente, la que hace que la tengamos más presente. Es en nuestro hogar, dulce hogar, donde nos sentimos realmente protegidos, tranquilos y a salvo del maligno virus que, fuera de él, nos acecha y acosa.
    Reconozco que en situaciones normales sigue siendo mi confortable y cómodo refugio, cuando yo elijo, libremente, estar en él. Pero en estas circunstancias que nos obligan a que sea nuestro amparo más sano y seguro, para mí, la famosa locución se convierte en "Hogar, duro hogar", porque me siento apresada y ahogada en él, a pesar de tener y contener todo lo que necesito y me gusta. Se está convirtiendo en una jaula, una prisión, sin barrotes físicos y muy acogedora, pero en la que poca libertad encuentro, desde el momento en que no puedo salir y entrar en ella, cuando a mí me plazca o necesite hacerlo.
    Sólo el sentido de la solidaridad, la responsabilidad y la disciplina están haciendo llevadero mi encierro en esta cárcel dorada y a la que, seguramente, terminaré cogiéndole gusto.
    Espero, por mi bien y por el de todos, que más pronto que tarde, vuelva a pensar que mi casa vuelve a ser mi hogar, mi dulce hogar...

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    1. Gracias, Cehachebé, por tu información. No conocía la historia del hogar, dulce hogar. Cada día se aprende algo nuevo.
      Me imagino que mucha gente se siente como tú. Mis nietos mayores mismos, acostumbrados a estar todo el día por ahí, se sienten enjaulados y ansiosos. Qué se le va a hacer. Les han mandado tareas pero así y todo echan de menos a sus amigos y salir. A mí por ahora no me ha pasado, aunque es verdad que estamos privados de la libertad que teníamos.
      Pero tener amigos con los que hablar, a mi marido y hermana acompañándome, a hijos y nietos a golpe de wasap y tantas cosas que hacer, compensan y convierten la casa en un refugio protegido y agradable.
      Ánimo y a adaptarse.

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  11. Me encanta Isa!! Yo tampoco me aburro en casa , tengo tanto que hacer .

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    1. A mí por ahora me ha venido muy bien. He marujeado, leído, ordenado armarios, preparado lo de los poemas de mi abuelo con vistas a publicarlos... Además, por verle otra ventaja, con esto de no salir hasta se ahorra jeje.
      Un beso (virtual), Nina.

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  12. Hola Isa

    Cuanto me gusta lo que escribes

    No soy muy dada a la poesía pero este poema es precioso

    Gracias por compartirlo

    Un beso

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    1. A mí también me gusta mucho. Lo escribió hace 20 años, cuando todavía esta era su casa, y ver el sentimiento hacia ella me emociona cada vez que lo leo.
      Un beso grande y gracias a ti.

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  13. Hola Jane!
    No podía faltar, hay que hablar del "quédate en casa".
    Todo lo que dices es muy bonito y muy placentero, sin duda.
    Ahora bien, a mi, en esta circunstancia, lo que me sorprende es la imaginación y el humor de la gente que juega al bingo o al paddle a través de las ventanas, que improvisa conciertos desde los balcones, que se las arregla para dar/recibir clases de gimnasia o pilates por YouTube, que inventa parques recreativos, manualidades, juegos de todo tipo para que los niños se entretengan, que aplaude al anochecer a los sanitarios, etc etc, y, sobre todo, me angustia pensar en la cantidad de viviendas, pisos pequeños, sin ventilación, o con ventanas que dan a patios interiores donde apenas llega la luz, familias numerosas en unos pocos metros cuadrados... ¿cómo se las arreglan? En fin, nosotros somos unos privilegiados que no creo que lleguemos ni a un 1%
    Yo he aprovechado para poner en orden mi correo electrónico y me he encontrado con tres de tus posts de hace más de un año, que no pude leer en su momento, y ahora me dispongo a hacerlo ¡qué bien! Ya te contaré/te contestaré.
    Y ya van tres días.

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    1. Sí es verdad que muchos de nosotros tenemos la suerte de tener un hogar en condiciones para soportar hasta un asedio. Lo de venirme al campo, por ejemplo, yo siempre lo he visto como una bendición. Pero es verdad que hay mucha gente en malas condiciones de vida y tiene que ser terrible no poder salir de esas casas. El ser humano de todas formas es adaptable y fuerte. Si hemos llegado hasta aquí, lograremos superar esto también. Hay que ser optimistas.
      También me asombra, como a ti, todo lo que se inventa para pasar los días entretenidos. El humor que no falte, desde los que alquilan el perro hasta los que se pelean para sacar la basura. A mí me gustó una página de "¿Dónde está Wally?" en la que se veía a Wally solo, sin nadie alrededor, en medio de una playa :-D
      A seguir disfrutando del hogar y sus tareas.
      Un beso.

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