Hay muchas cosas que no me gustan en este mundo y que tengo en la lista negra: la mantequilla, las cucarachas, las novelas de terror, las canciones con metáforas ("Yo soy el colibrí si tú me quieres, mi pasión es el torrente y tú la flor...". Aaaaargh), los mosquitos, los culichiches, los espaguetis, los salvapatrias... Es una larga lista a la que ahora añado otro nombre: la adaptación al cine de una novela que me guste y que no respete más o menos cómo era. Me ha pasado esta semana con la miniserie de 3 capítulos basada en la novela de Agatha Christie, "El misterio de las siete esferas".
Ya les he contado que soy fan de Agatha; que tengo todas sus novelas y sus libros autobiográficos, Ven y dime cómo vives y su deliciosa Autobiografía; que, cuando estudiaba la especialidad en Madrid, cada vez que terminaba un examen, cogía la guagua desde la Ciudad Universitaria hasta la Gran Vía y me compraba una de sus novelas en La Casa del Libro. Me la leía esa misma tarde y ellas me ayudaban a despejar la mente y olvidarme un rato del ente en cuanto ente y hasta del imperativo categórico. Le debo mucho a la gran señora del crimen.
Me encantaban las novelas de sus años jóvenes no protagonizadas por Poirot o Miss Marple, sino por otros personajes como ella, con una ligereza y sentido del humor que cautivaban: la pareja Tommy y Tuppence (Matrimonio de sabuesos), Anne Beddingfeld (El hombre del traje color castaño) o Bundle Brent (El misterio de las siete esferas). Por eso, cuando hace un tiempo anunciaron una adaptación de esta última que se estrenaría el 15 de enero en las redes, me lo apunté en la agenda para verla ese mismo día. Y como un reloj, el 15 me apoltroné en el sillón, mantita incluida, para pegarme las 3 horas que duraba.
No me gustó nada. Esta no es mi novela que me la han cambiado. Bundle Brent no es la chica alegre y resuelta que imaginé, cosa que no me extraña porque le inventan un hermano al que mataron en la guerra, y a su padre, Lord Caterham, que en la novela es un despreocupado aristócrata muy aficionado al golf, que me recordaba a alguno de los personajes cómicos de P.G. Wodehouse, en el vídeo es un agente al que matan nada más empezar; su final feliz en la novela, en el que encuentra el amor en uno de sus amigos, también lo cambian porque aquí le gusta otro al que también matan de entrada (así está la pobre con cara de angustia todo el tiempo); la historia, ambientada en Inglaterra en los años 20, en la tele empieza en la plaza de toros de Ronda, que no pega nada (¿Ronda?, me dije ¿Me habré equivocado de película?); la emocionante escena final cuando ella descubre el Club secreto de las Siete Esferas, 7 personas con la cara tapada que una a una le revelan quiénes son, nos la birlan porque solo se quita la careta uno y a los demás no los conocemos; hasta cambian la autoría inicial de poner los 7 relojes en el cuarto del difunto... Pero lo peor de lo peor para ser una novela policiaca es que la persona responsable final de los asesinatos es alguien que ni siquiera aparece ni existe en la novela original y el móvil también es distinto.
¿No les parece que es para enfadarse? Es como si en una película , en vez de Jack el Destripador pusieran como responsable de sus crímenes a la Madre Teresa de Calcuta, como cambiar a Caín por Perico de los Palotes, como cambiar a Judas por San Martín de Porres. ¿Les ha pasado alguna vez con la versión en cine de una novela que les haya gustado?
Supongo que la gente que comenta en las redes que le ha gustado la serie no ha leído la novela. Los realizadores dicen que querían innovar y hacer una versión más moderna, adaptada a nuestros tiempos. Pero yo me siento estafada y, si Agatha Christie levantara la cabeza, le daría un patatús al ver lo que han hecho con su criatura. Así que ¡hala! ¡A la lista negra!

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