lunes, 21 de septiembre de 2015

Espejito, espejito...




De todos los chismes, objetos y cachivaches de una casa el más filosófico y metafísico es, sin duda, el espejo. Él te acerca cada día, si es que te atreves a mirarte en él, al conocerse a sí mismo que los antiguos griegos propugnaban como el primer y último objetivo del hombre. Él es el que te dice, por las mañanas, la verdad de la vida.

Que ya podría, digo yo, enseñarte otra cosa... El espejo de Alicia, cuando Lewis Carroll la hace pasar a través de él, la llevaba a encontrar sueños, disparates, galimatazos y momentos mágicos. El espejo de Erised, del que habla J.K.Rowling en "Harry Potter y la Piedra Filosofal", mostraba "el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón" (por ejemplo, poder vernos con 10 kilos menos sin dietas ni ejercicios). El espejo de Galadriel que Tolkien nombra en "El Señor de los Anillos" revelaba "cosas que fueron, y cosas que son, y cosas que quizás serán."...

Pero no. Los nuestros, por más antiguos que sean -como el del tocador de mi cuarto de niña, en el que me vi de uniforme tantas veces o vestida de novia solo una vez-, se empeñan en mostrarnos la dura realidad del día a día ¿No sería conveniente desaparecerlos? Como en aquel cuento en el que había una vez un país (Muy-muy-lejano) en el que no se conocían los espejos. Un hombre encontró uno en una feria y le pareció tan bonito, con aquella lámina de plata brillante en la que se reflejaba la vida, que lo compró para regalárselo a su mujer en su cumpleaños. Cuando llegó a su casa, lo escondió para que fuera una sorpresa, pero las mujeres estamos al quite de todo y rebuscamos por todas partes, así que la mujer lo encontró. Cuando se vio en el espejo se echó a llorar desconsoladamente y su madre la encontró así. "¿Qué te pasa, hija?", le preguntó, alarmada. "¡Ay, madre, que mi marido me engaña con otra. Mire lo que le he encontrado, un cuadro con el retrato de otra mujer". La madre cogió el espejo, se vio reflejada en él, se echó a reír y dijo: "Ni te preocupes, hija ¡Es más fea que un pecado y vieja como Matusalén!".

También es verdad que hay personas que se gustan tanto -el padre de Anne Elliot en "Persuasión" de Jane Austen, por ejemplo- que tienen la casa regada de ellos. Y miren a Narciso, que se quedó prendado de sí mismo cuando por primera se vio, hecho un pincel, en el espejo de las aguas. 

Pero nuestros espejos son crueles como el de la madrastra de Blancanieves ¿Qué más le daría darle el gusto a su dueña y decirle que sí, que estaba divina de la muerte? ¿A qué viene decirle que la otra es más guapa? Los nuestros no lo hacen pero ahondan en la herida, mostrándonos las arrugas como surcos que el tiempo va haciendo en caras antaño lisas, las canas que las nieves del tiempo platearon en la sien, los descolgamientos, los pelos engrifados de por la mañana, las ojeras post-juergas... No los estrellamos contra el suelo porque dicen que da mala suerte, que si no, aquí estaríamos como en ese país Muy-muy-lejano.

Pero ya que los tenemos y en profusión (yo tengo hasta uno pequeñito que agranda un montón la imagen y se llama "¡¡¡Oooooohhhhh!!!", ya imaginan por qué), yo propondría prescindir de los desperfectos, tachas y majaderías de la edad, hacer como si no estuvieran, y mirarnos solo al fondo de los ojos, donde dicen que habita el alma intemporal. Entonces, tal vez con miedo, preguntarle: "Espejito, espejito... ¿sigo siendo yo?".

(En la imagen, la "Venus del espejo" de Velázquez, filosofando)

36 comentarios:

  1. Bueno, mi espejo de tantos y tantos años, es mi mejor amigo. De tanto coquetear con él no me dice realmente como soy en ese momento en el que estamos frente a frente. Me veo diariamente como siempre, y así van pasando los años y yo, tan pancho.
    Lo que sí me duelen son las fotos antiguas, donde un calvo como yo lucía un pelo estilo Beatles y, la sonrisa era diáfana. Sin rastros de dolor alguno, a los que me empecino hay en llamar líneas de expresión.
    Mi espejo no me habla porque somos cómplices en el transcurrir de los años porque él, que es inteligente, sabe que también se deteriora. Y yo, lo mantengo por eso a mi lado.
    Un abrazo.

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    1. Yo, la verdad, tanto como llamarlo amigo-amigo, como que no. Somos compañeros de toda la vida, eso sí. Lo miro todos los días por lo menos 3 o 4 veces, cada vez que me lavo los dientes. Si paso por uno en la calle, sí que le echo una mirada a ver si una va aparente. Pero no me lo llevo conmigo cuando me voy a divertir, como hago con los amigos de verdad.
      Sé que es sincero, pero es más o menos como una señora que me venía a ayudar en la casa y que siempre me decía: "Usted está muy bien... pa la edad que tiene". El espejo es igual; es como si te dijera: "Pero ¿qué esperas con 67 años?". Yo se lo agradezco mucho, pero hay algo entre él y yo que no nos lleva a intimar :-D
      Un abrazo,

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  2. se ha dicho que la cara es el espejo del alma hoy es la piel tatuada hasta la saciedad el espejo no solo del alma sino del cuerpo atormentado.
    te doy el tema para que la jubilada ,que tiene mas tiempo que yo le dedique su agudo y filosófico saber a la proliferaron desmesurada de los Tatuajes, Los indios caduveos, bororos y nanbikuaras de la amazonia del Matto Grosso que estudio Claude Levi-Strauss en la selva brasileña no solo se tatuaban sino que se escarificaban brutal y ritualmente la piel.
    sera un residuo arcaico y arquetipo? te dejo abierto el tema

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    1. Las modificaciones corporales -los tatuajes, los piercings, las escarificaciones, el alargamiento de cuello en las mujeres.jirafa o de labio en muchas tribus de África- tienen su sentido en los llamados pueblos primitivos porque responden a historias y a reconocimiento social entre los suyos. Las mujeres Chin de rostro tatuado de negro en Myanmar lo hacen como protección, en recuerdo de una joven Chin abandonada por un rey; los tatuajes de los maoríes proclamaban el estatus social, más alto cuanto más complicado; las escarificaciones de los hombres-cocodrilo intentaban parecerse a las escamas del cocodrilo, de quien ellos creían descender... En ese sentido, su cuerpo es espejo de sus creencias y mitos.
      Ya más complicado resulta explicar eso mismo entre los jóvenes occidentales ¿Por qué lo hacen? ¿Moda, esnobismo, rebeldía, un "culo veo, culo quiero"? No le veo mucho sentido pero si a ellos les gusta verse así...
      ¿Y qué es eso de que los jubilados tenemos más tiempo? Como digo siempre, la vida de una jubilada es una vorágine, te lo digo yo.
      Un abrazo, Álvaro.

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    2. Repuesta de una culta antropóloga que pasa de puntillas sobre los tatuajes actuales, que responden no a modas coyunturales ,sino en mi opinión al ancestro cavernario y selvático instinto primigenio que llevamos dentro de simular a animales míticos, reales y/o imaginarios, o refrendar el nombre de su amada, hijos o amores pasados y futuros, elegiendo zonas que no ven para no cansarse, o eróticas para estimular y/o estimularse.Dentro de poco no quedarán cuerpos inmaculados y virginales en la que sólo queden las huellas de las heridas de la vida, las intervenciones quirúrgicas o de la flor que olió una madre supersticiosa durante el embarazo, y que ,según la tradición, queda impresa de por vida en la
      piel del nacido. No consigo que la jubilada le haga un canto o desencanto a la proliferación de los tatuajes que tenían fama carcelaria,marinera y legionaria y que han calado en los deportistas, futbolistas sobre todo, los de basket bastante menos y los tenista apenas , Tema sociol-antropologico de los que nuestra jubilada sabe bastante. Enhorabuena por tu bloc Da mucho juego a opiniones diversas no unánimes ni dogmáticas que es lo que lo hace interesante.
      desde Las Castras en El tanque, recóndito lugar de medianías y cumbres neblinosas ,, que no borrascosas y que tu también conoces

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    3. Vale, Álvaro, recojo el guante y a ver si escribo sobre ese tema en un próximo post. La verdad es que es interesante esa manía que tenemos de pintar, herir, traspasar, tatuar... el cuerpo ¿Instinto primigenio, como piensas, o hecho cultural? Vamos a pensarlo un poco.
      Gracias por tus ideas y comentarios. Son un toque refrescante y divertido.
      Un abrazo desde Tegueste, cuna de tradiciones ancestrales, según rezan los carteles.

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  3. Buenas tardes Jane: lo que a mi me ocurre no se, si es filosófico o tal vez curioso. Cuando me levanto y voy a mi cuarto de baño que está orientado al sur y tiene una gran claridad, a veces casi me dan ganas de ponerles cortinas a los espejos y sin embargo, cuando ya voy a salir a hacer los recados o lo que sea, justa al lado de la puerta hay un espejo grande y oye Jane, como que ya no me veo tan mal...
    ¿Será que ya he dado gracias a Dios por un nuevo día? o ¿ qué después de hacer casi todo lo que tenía programado me apetece quedar con una amiga para tomar un café y charlar un rato? o ¿qué ya tengo tantos años que no doy la más mínima importancia a otra arruga?.
    Un saludo cariñoso.

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    1. Ay, sí, Rosa María, a mí me pasa lo mismo por días. Hay días en que no hay nada que hacer pero otras veces una se levanta con el guapo subido y ya pueden caer chuzos del cielo que nos creemos la reina de la fiesta. No nos decimos ante el espejo el "¡Mecachis, qué guapa soy!" pero casi.
      De todas formas, es lo que dices: la paz, la tranquilidad contigo misma, los momentos agradables, los pequeños placeres, la sabiduría que nos da la edad... todo eso aflora en la cara, te hace sonreír y el espejo te devuelve lo que ve: una persona que se quiere como es.
      Un abrazo, Rosa María.

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  4. Qué bueno, Isabel. Me encanta el final. Yo soy una obsesa del espejo, jamás salgo de casa sin comprobar si el pelo está bien, si tengo buen aspecto, etc.
    Buena meditación la de la vida sin espejos, a veces me he preguntado, cómo sería el sentimiento del yo sin espejos. Cómo fue cuando no existían. Una cosa está clara, nos liberarían de parte de la confusión que supone el envejecimiento.
    Un abrazo

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    1. ¿Qué haríamos sin espejos? Oye, pues es una pregunta curiosa ¿Nos querríamos más a nosotros mismos? ¿No daríamos tanta importancia al paso de los años, a la pérdida de la belleza y de la juventud? Por lo pronto, no nos pintaríamos los ojos (¿para qué?), no dudaríamos tanto en ponernos un atuendo u otro antes de salir (no sabríamos cuál nos queda mejor), la raya del pelo nunca quedaría derecha...
      Pero tampoco nos conoceríamos a nosotros mucho. Mira este párrafo de Amy Tan en "El club de la buena estrella": "Aquella noche, antes de acostarme, me miré en el espejo sobre el lavabo, y al ver mi propio rostro devolviéndome la mirada, pensé que siempre tendría aquella cara ordinaria y me eché a llorar. ¡Qué niña tan triste y tan fea! Emití unos sonidos agudos, como un animal enloquecido, e intenté arañar el rostro del espejo. Y entonces vi lo que parecía mi elemento prodigioso, porque nunca hasta entonces había visto semejante rostro. Contemplé mi imagen reflejada, parpadeando para poder verla con más claridad. La niña que me miraba estaba furiosa, llena de energía. Aquella niña y yo éramos la misma persona. Tuve nuevos pensamientos, unos pensamientos obstinados, o más bien cargados de negativas. Me prometí que no permitiría a mi madre cambiarme. No sería lo que no era."
      Así que ya ves, un espejo puede ser también un ayudante hacia nuestra esencia y más barato que un psicoanalista.
      Un abrazo.

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  5. Y dime, cuando en esos días que estás llena de energía, eufórica, ilusionada por cualquier cosa, sintiéndote como si tuvieras 20 años, pasa por delante de uno y te miras.......ohhhh. Me quedo con un dicho, griego creo, que dice: el mejor espejo es un ojo amigo. Abrazos

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    1. Yo también me quedo con ese dicho, Úrsula. Los ojos de los que te quieren te dicen más sobre ti que un espejo. Por ejemplo, cuando un nieto nos pide que juguemos con ellos nos está viendo como un igual, sin lumbago ni problemas para agacharnos y tumbarnos en el suelo cuan largas somos. Y por un rato, así nos vemos también.
      Un abrazo.

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  6. Ay Isa, tengo que enfrentarte a una realidad. Algo que tu no puedes comprender por tu "belleza canaria" tan proverbial en los años mozos. Habrás de saber que la maldad del espejo no es tan enorme en todos los casos. Mira, las que pusimos escasa confianza en la belleza de la cara -por razones obvias- nos atrevemos mucho más con las arrugas y el deterioro. Y nos enemistamos poco con el espejo.
    Anda, pregunta quienes son las que se estiran y se empeñan en rejuvenecer; pues las guapas. Lo siento pero te veo, con tu espejo ohhhhh en alguna consulta lujosa haciendo tu blog mientras esperas.
    Ja, ja, ja Esto es la fatal venganza de la envidia cochina!!!
    Besos, como siempre me divertí un montón con el artículo

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    1. Me pega, Ana, que no me verás en tu vida en una consulta lujosa y menos para hacerme estiramientos. Como le leí una vez a Pilar del Río, la mujer de Saramago, en un artículo sobre las cartucheras: "¿Tenemos que ser todas iguales como un ejército de botellas o podemos encontrarle gracia a nuestros imperfectos tipos?". Y ya tú ves, me encanta cómo eres y cómo soy, independiente de modas y cánones de belleza que son menos duraderos que un jaboncillo. E independiente de la pila de años que tenemos, por supuesto. Lo nuestro no es vejez, es un reciclaje continuado.
      Un besote.

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  7. Gracias espejito por no engañarme!!!Un abrazo Isabel.

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    1. Jajaja, sí, a veces es de agradecer, Sole. Sobre todo cuando una se mira medio en la penumbra :-D
      Un abrazo.

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  8. El espejo, que tanto nos gustaba tener cerca cuando éramos jóvenes, se vuelve un chivato de surcos y michelines llegada esta etapa...
    Ese instrumento indispensable en nuestro bolso para pintar nuestros labios perfectos, hoy dibuja una línea imaginaria alrededor de una boca que se esconde.
    Recuerdo que mi padre cuando se miró al espejo tras su intervención de cataratas dijo ¡por Dios qué viejo estoy!... Son el reflejo de la cruda realidad pero también nos devuelven lo que una vez fuimos y cada línea de expresión y cada mancha seguro que atesoran risas de auténtica felicidad y momentos de sosiego irrepetible.

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    1. A mi madre le hubiera encantado lo de "líneas de expresión" en lugar de "arrugas". Una de sus amigas (lo he contado muchas veces) le decía siempre que no se riera a carcajadas, que se iba a arrugar. Y ella más se reía. No dejó de hacerlo nunca y ¡claro que tenía líneas de expresión! La amiga, menos, pero también una cara avinagrada que tiraba p'atrás.
      Lo de llevar el espejo en el bolso nunca lo he hecho, la verdad. Bueno, es que tampoco me pinto los labios...
      Un abrazo y gracias por tus comentarios.

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  9. Gracias por este momento que pasé....recordé a mi madre que siempre con lo mayor que era, me decía "si no me veo al espejo no me siento mayor". Me tengo que poner a día, pues me falta algunos que tengo que leer. Un abrazo.

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    1. Jajaja, Marilu, tu madre practicaba lo de "ojos que no ven, corazón que no siente". La madre de un amigo mío, una mujer muy vital y simpática que era ciega, siempre le decía con sus 80 y largos años: "Si vieras, que, como no veo, yo me siento igual que cuando tenía 18 años...". Somos lo que somos sin necesidad de espejos.
      Un abrazo.

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  10. ¡¡¡Genial blog !!! Los espejos también te hacen pasar buenos ratos : a veces me miro y pongo caras raras y me exploto de la risa ! Hay que ser positivos , no sólo ver q las arrugas intentan posicionarse de tu rostro !! Un fuerte abrazo

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    1. Tienes toda la razón, los espejos también sirven, no sólo para conocerse a sí mismos, sino también para ver cómo nos ven los demás (a ti como a una loca que hace morisquetas).
      Conozco a gente que, si tiene dar una conferencia, la ensaya primero ante el espejo. A mí me daría la risa, la verdad...
      Un abrazo grande y gracias.

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  11. ¿No te parece aún más arriesgado eso de preguntarle al espejito si sigues siendo tú?
    ¡Qué miedo da esa respuesta!

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    1. Sí que lo es, pero la vida es riesgo y el tema del yo no hay que perderlo nunca de vista, sobre todo si seguimos el antiguo aforismo "Conócete a ti mismo" que estaba inscrito en el templo de Apolo en Delfos. Conocer nuestro yo implica saber de qué pie cojeamos, cuáles son nuestras metas y cualidades, no engañarnos a nosotros mismos, aprender a vernos como seres humanos imperfectos, comprender el porqué de nuestros actos. Y eso ayuda también a comprender a los demás.
      Esa pregunta -¿sigo siendo yo?- es autocrítica y sincera. La respuesta debe serlo también.

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  12. El problema, o lo triste del asunto, es que raro será que te contestes que sí que sigues siendo la misma, porque dependerá del momento de tu vida con el que te compares. Por ejemplo, cuando vuelvo a escuchar las canciones de Ismael Serrano siempre, siempre, me pongo muy triste, porque no encuentro a aquella revolucionaria luchadora por ninguna parte. La busco, me busco, y me localizo en una esquina muerta de miedo con solo pensar en volver a salir a la superficie. Y lo mismo pasa cuando busco a la aventurera que se fue a recorrer el desierto con un 4x4. He sido tantas, tan diferentes, que siempre echo en falta a alguna.
    Habrás oído mil veces eso de que para no llegar tarde al colegio, instituto o trabajo, es mejor dejarse la ropa preparada el día de antes... pues yo nunca he podido hacerlo, porque no sé qué Carmen va a levantarse a la mañana siguiente.
    Mira, supongo que esa soy yo, y sigo encontrándome en el espejo ;-)
    Gracias por estos artículos tan encantadores a la vez que reflexivos.
    Un abrazo

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    1. No es tanto preguntarte por ser la misma sino por ser yo. La misma nunca seremos afortunadamente (¿Te imaginas ser la misma del colegio? ¡Ufff!) porque la vida te va llenando de experiencias (el yo soy yo y mi circunstancia de Ortega) y lo que somos ahora es la unión de todas ellas: la Carmen revolucionaria, la aventurera, la reflexiva... todas son tú. Cada elección, cada vivencia nos han hecho lo que somos y en la pregunta por el yo y su respuesta todas ellas suman.
      Me ha encantado lo de la ropa no preparada por no saber qué Carmen va a levantarse. Yo siempre la dejé preparada, la verdad. No se me ocurrió nunca esperar a ver qué Isabel se levantaba y, si lo hubiera hecho, seguro que llegaba tarde siempre :-D
      Un abrazo.

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  13. Querida amiga, de todos los millones de casualidades que se pueden dar a lo largo y ancho de nuestro mundo bloggero me ha sorprendido sobremanera encontrarme hoy que el título de tu entrada de ayer coincidió con las dos primeras palabras del mío... no sé si quedarme sólo con la sorpresa o asustarme un poco también en la coincidencia en la elección del tema que tampoco es de los más comunes o habituales. Cordiales saludos desde la Península.

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    1. ¿De verdad empezaste con "espejito, espejito"? ¡Qué casualidad! Eso es transmisión de pensamiento pura y dura.
      No he podido entrar en tu entrada ni en tu blog, y no sé por qué (ya le preguntaré a los "sabios"). Mira a ver si me lo puedes mandar a ver si coincidimos en algo más :-D
      Un abrazo.

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    2. El mío era más corto pero el fondo era el mismo o muy similar en esencia.
      A ver si te deja copiando y pegando el enlace o pinchando encima... Un fuerte abrazo
      https://escribirdesdeelcorazon.wordpress.com/2015/09/21/reflejo-en-el-espejo/

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    3. ¡Ya lo vi! Mucho más poético, dónde va a parar. Y esbozas otros temas, como el ver solo lo que se quiere ver (lo que implica prejuicios e ideas preconcebidas). Me gustó.
      ¡Y sigo diciendo que estuvimos conectadas telepáticamente este lunes! A ver si nos entrevistan en "Cuarto Milenio", :-D.

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  14. Hace muchos años que he dejado de considerar "amigo" a mi espejo. Es cruel. Al menos a mi me lo parece... Aunque a veces pienso que lo que es es un buen amigo, que te dice la verdad con la mejor de las intenciones y lo que pasa es que te advierte que no te fíes del tiempo porque no es otro el culpable de eso, de que tu pelo rubio se vuelva blanco, tus ojos se velen, tu boca empiece a depender de los implantes para más o menos resultar pasable. No. Tal vez no sea tan malo el espejo porque basta fijarte un poco, asomarte a tu alma y darte cuenta de que tu interior no solo sigue intacto sino que te has vuelto más tolerante, más comprensiva, más realista, mucho más guapa que hace cincuenta años...

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    1. Alejandrina, ayer las "niñas" del colegio me mandaron una viñeta en la que se ve que una mujer le dice a otra: "¡Qué injusticia! ¡Justo en la edad en que me siento más segura de mí misma... me empiezo a arrugar!". La amiga le contesta entonces: " ¡Sí, pero por suerte justo cuando te empiezas a arrugar empiezas a perder la vista!".
      Así que ya ves, lo mejor es no mirarse demasiado y cultivar las cualidades internas, que esas sí que no se arrugan ni tienen dioptrías...
      Un beso.

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  15. Querida Jane, siempre es un lujo leer tu blog. Hoy va de espejos. Te diré que a mí me encantan. Yo los utilizo dependiendo de su ubicación (tengo varios en casa). Por ejemplo, para hacerme una limpieza de cutis voy al baño donde hay más luz natural (el más cruel). Para maquillarme, el del baño donde tengo el arsenal de correctores, pinceles, barras de labios, etc... El del recibidor, donde hay menos luz, para encontrarme monísima (ese es el más bueno porque no se fija en las imperfecciones y además está cegato por la falta de luz). En fin que tengo mis trucos para mirarme con buenos ojos. Hace unos días, comentaba en wsp que, al día siguiente de darme un atracón, me pesaba en la pesa que tiene 1,5 kg de retraso. Así me hago la ilusión que no he subido un gramo. Trucos como éstos son los que te hacen seguir viviendo tan feliz.

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    1. Tú si que sabes, Ani. Me hiciste recordar una columna del humorista Joaquín Reyes hace unos días, que hablaba sobre la felicidad, dando también trucos para conseguirla. Uno de ellos, decía: "A la mínima oportunidad, prémiate. No hace falta buscar una excusa para ser dadivoso con uno mismo. Mírate al espejo y di: ¡me lo merezco! Después, averigua lo que te gusta y cómpratelo".
      Es una buena filosofía: encontrarse monísima ante el espejo (para ti es muy fácil), saludarnos cada mañana con una sonrisa (hay que ver cuanto cambia un semblante en ese momento), decirnos lo de ¡mecachis, qué guapa estoy!... Bueno, querernos a nosotros mismos.
      PD: Oye ¿me prestas esa pesa mágica?

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  16. Querida Jane, los espejos no sólo nos dan la medida exacta, del paso del tiempo, por nuestros rostros y figuras, sino que también se emplean para conseguir efectos especiales muy utilizados, sobre todo, en las Artes Visuales y en las Escénicas. Tú misma, para abrir tu tema de hoy, te has valido de un cuadro grandioso, que incorpora la presencia de un espejo que deja ver, precisamente, el rostro de la venus recostada.
    Desde los flamencos, con sus pequeños espejos convexos, estratégicamente situados en las escenas reproducidas, hasta el maestro que pintaba el aire, Velázquez, ese trozo de superficie espejeante ha sido una herramienta fundamental para que hoy, por ejemplo, sepamos cómo eran, por detrás, los vestidos del matrimonio Arnolfini, que Jan Van Eyck pintó tan magistralmente, así como quienes les acompañaban y hasta cómo era el resto de la sala donde se encontraban...
    Igualmente, nuestro pintor de pintores, en sus Meninas, utiliza un espejo rectangular para demostrar y mostrar que los padres de la infanta y sus damas, se encontraban en el mismo recinto que su hija. Y gracias, también, a otro espejo que no vemos, podemos conocer cómo era su propio rostro y, a la vez, todo lo que contenía aquel prodigiosos taller suyo. Son muchos los estudiosos que achacan al uso sabio de los espejos, el logro de los distintos planos espaciales de esta maravillosa obra de arte.
    Sin la ayuda de un espejo, hoy no sabríamos cómo eran, por ejemplo, los rostros de Alberto Durero, Picasso, Rembrandt, Goya, Leonardo da Vinci, Monet, Degas, Manet, Frida Kahlo o Vincent Van Gogh. Todos, con sus extraordinarios autorretratos y, algunos de ellos, con varias decenas de versiones de sus rostros, en distintas épocas y momentos de sus vidas, nos han permitido conocer a las estrellas del arte pictórico de todos los tiempos.
    En las Artes escénicas y, concretamente, en el cine, hay célebres escenas frente a uno o varios espejos, que van desde la de un histriónico Groucho Marx, enfundado en una camisola y con su sempiterno puro, en Sopa de Ganso, pasando por la de un Robert de Niro, muy joven, que en Taxi Drive, se pregunta, ante un espejo, si es su imagen la que le habla, y terminando con la de un matrimonio, en aquel entonces, en la vida real y en la ficción, personificado por Nicole Kidman y Tom Cruise, que, desnudos frente al espejo, protagonizan, en Eyes wide shut (Ojos bien cerrados), un brevísimo momento erótico en un film que, seguramente, sólo por obra y gracia de ese espejo, pasará a la historia del séptimo arte.
    Quizá, mi de-formación profesional haya hecho que yo vea más la vertiente artística y práctica de los espejos, que la filosófica, aunque no creo que la una sea impedimento, para la otra, en muchas situaciones.
    Pero, este, sería tema para otra ocasión, así que, de momento, lo aparcamos, y me retiro en busca de mi espejo particular. Ese que me dice que ya se me cierran los ojos de sueño, que mi cara muestra el cansancio del día y que ya toca reponer fuerzas para mañana.
    Como siempre, mi ilustre amiga, se ha marcado usted un nuevo post lleno de gracia y reflexión. Enhorabuena.

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  17. Precioso tu comentario como suele ser, Cehachebé, Ese repaso al espejo en el arte me ha encantado.
    Estuve dudando entre poner como imagen los otros dos cuadros que nombras, el juego de espejos de las Meninas o ese maravilloso cuadro del matrimonio Arnolfini. Elegí "La Venus del espejo" porque conectaba más con ese "conócete a ti mismo" de los filósofos. Todo el mundo alguna vez ha pasado unos minutos ante el espejo preguntándose por el yo.
    En el cine hay un montón de escenas frente al espejo, y muchas en las que la imagen del espejo actúa por su cuenta. En "Mary Poppins", por ejemplo, cuando ella canta y la imagen del espejo entona una nota distinta y Julie Andrews le dice: "¡Descarada!". A veces el espejo no es reflejo de la realidad, parece decir.Pero eso sería también tema para otra ocasión.
    Muchísimas gracias por tu reflexión, Interesantísima, como siempre.
    Un abrazo.

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