lunes, 17 de julio de 2017

¡Huy, qué miedo!




Anda mi nietita Julia, de 3 años, armando jaleo a la hora de acostarse porque dice que tiene miedo. Cuando le preguntamos que de qué, nos habla de la bruja Piruja que viene a pincharle los deditos. Y no hay manera de que acepte que la bruja Piruja no existe y que se duerma de una vez. Solloza y sigue, erre que erre, pidiéndonos en su mejor papel dramático que no la dejemos sola a merced de los monstruos.

Y ahí nos ven arropándola, tranquilizándola, razonando con ella, mimándola... porque en el fondo nos corroe la culpa. Y no es para menos si lo pensamos bien. Empezamos, cuando era pequeña, cantándole el arrorró con esa letra tan apropiada como quitamiedos de "duérmete, mi niña chica, duérmete que viene el coco, y que se lleva a los niños, los niños que duermen poco". Después seguimos con cuentos truculentos, pero que a ella le encantan y que nos pide una y otra vez que le contemos: el de la "Casita de caramelo", en la que yo la pongo de protagonista junto con su hermano, en lugar de a Hansel y Gretel. Y sí, hay una bruja pero, al final, ella la empuja dentro de la chimenea y luego se quedan los dos con toda la casita para montar fiestas de cumpleaños con los amigos, que mejor final, imposible; el de "Los siete cabritillos", con ese lobo tomando yemas de huevo para afinarse la voz y metiendo las patas en harina para parecerse a Mamá Cabra y poder comerse a los cabritillos; el de "Caperucita roja", donde también hay un lobo que se come a abuelitas y nietas, pero con un cazador antilobos al acecho; el de Pulgarcito, con ese ogro comeniños... Y, al final, además, terminamos llevándola al cine y dejándole ver películas en la tele: "Monstruos S.A.", llena de bichos horrorosos en forma de cangrejo de mil ojos o de serpientes viscosas; "Vaiana", que se la sabe de memoria, con Te Ka, un monstruo del tamaño de una isla, que vomita fuego (en la imagen); o "El libro de la selva", con el tigre Shere Khan rugiendo a todo rugir... Julia se conoce a todas las brujas: la de la Bella Durmiente, que le debe haber inspirado lo de los dedos pinchados; la de Blancanieves, más fea que Picio; la madrastra de Cenicienta, tan ruineja ella; la Cruella de Vil de "101 dálmatas"... Vamos, que si a mí me someten a todo ese visionado, me pondría al lado de Julia a llorar también y a implorar que alguien venga a quedarse con las dos porque ¡tenemos miedoooo!

Pero, después de meditar un poco, se me pasan los remordimientos. Cuando sea mayor, le explicaré, como han hecho todos los padres y abuelos del mundo, que lo hicimos por su bien. Que los miedos nos preparan para la vida y nos enseñan que no vayamos solos a un bosque infestado de lobos, que no hablemos con desconocidos, que no nos fiemos de las apariencias porque un lobo con voz dulce y patas enharinadas sigue siendo un lobo. En los cuentos aprendemos que las casitas de caramelo pueden no ser buenas para vivir en ellas; que sí, que las brujas existen, y que el bien es distinto del mal. Le diré que conocer el peligro la hará más fuerte y, en todo caso, la preparará para la huida. Los miedos son, aparte de un estimulante de la imaginación, un excelente mecanismo de defensa.

En el fondo, lo que estamos haciendo entre todos es convertirla en una mujer valiente, que seguro que estará de acuerdo con la frase de mi abuela: "Del hombre bueno líbreme Dios, que ya del malo me libro yo". Y que, si alguien, un presidente de una Generalitat, por ejemplo, dice algo así como "Damos miedo, y más que daremos", ella podrá decir, gracias a esa perfecta educación que le hemos dado: "¡Mieditos a mí! ¡Que te zurzan!".

18 comentarios:

  1. Tenías razón, esos cuentos no podrían ser más truculentos :) Yo tuve pesadillas durante años por culpa de la madrastra de Blancanieves, de hecho, no vi la película de nuevo hasta bien entrada mi edad adulta y no las tenía todas conmigo. Sin embargo, después, fui capaz de ver un poco más allá de lo que hay detrás de esa historia y de ese personaje hasta el punto de que me gusta mucho más que la niña dormida (que era tan cruel como la madrastra en el cuento original de los Grimm).

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    1. Hace poco leí un artículo del escritor Antonio Rodríguez Almodóvar titulado "No toquéis a Blancanieves", donde pide que no edulcoren los cuentos y explica que el papel de la madrastra es castigar o abandonar a la heroína para así darle oportunidad de que crezca y se libere. Blancanieves o Cenicienta emprenden, tras el motor del maltrato (que es el conflicto base) un duro camino de emancipación. A lo mejor está ahí la razón de que esa historia siga fascinando a los niños del mundo. Mi nieta Julia, a pesar de su miedo a las brujas, me pide que se la cuente una y otra vez. Medio masoquistas creo que somos todos.
      Un abrazo.

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  2. Carmen Paz Gutiérrez Arienza17 de julio de 2017, 16:51

    Siempre me he preguntado el sentido que puede tener el meterles miedo a los niños, supongo que es una manera de prepararlos para su juventud donde si que habrán muchos lobos y brujas vigilando, pero es evidente que todos hemos pasado miedo de pequeños con todos los monstruos que nos acechaban.
    Me ha encantado Isabel, buenas tardes.

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    1. Cuando yo era pequeña una señora de La Palma, amiga de mi madre, venía a quedarse en casa de vez en cuando. Por la noche nos contaba cuentos terroríficos de fantasmas, aparecidos y brujos espantosos. Nos daba un montón de miedo pero siempre estábamos deseando que volviera y le pedíamos que nos volviera a contar los mismos cuentos.
      Hoy queremos proteger a los niños, que no sufran, que nada les dé miedo. Pero me da, por mi propia experiencia, que los niños intuitivamente se dan cuenta de que un cuento así extiende la imaginación y nos habla de lo que no conocemos.
      Creo que, como dices, los cuentos nos preparan para vivir, y eso incluye la maldad y el peligro. Se encontrarán con cosas así o peores en su vida y es bueno que sepan enfrentarlas.
      Gracias, Carmen Paz. Un abrazo.

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  3. Buenísima y muy acertada reflexión sobre los miedos infantiles y los cuentos, pero yo, de niña, fui tan,tan miedosa y me asustaban con tantas cosas, que si veo a algún niño con miedo no puedo sino abrazarlo, consolarlo y estar con él hasta que se le pase. Un abrazo, amiga.

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    1. ¿Sabes un truco que hacía una de mis amigas? Se acostaba con la niña un ratito y le contaba un cuento donde las dos con una escoba mágica muy preciosísima barrían todos los miedos más allá de la puerta. Al final, la propia niña llamaba a la madre y le pedía que barrieran un ratito para que los miedos se fueran.
      También hace poco regalé a la hijita de mi ahijada un muñeco quitamiedos con un bolsillo grande delante donde se meten los miedos y ya no vuelven a aparecer.
      A lo mejor seguir cultivando el elemento mágico de los cuentos es una manera más de que los niños se conozcan a sí mismos.
      Un abrazo, Ursulita.

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  4. Mami Meeple (vía Twitter)17 de julio de 2017, 17:54

    Cuentos. Cuentos. Cuentos. Viejos o nuevos. Lo importante es que sean buenos. Que emocionen. Al que cuenta y a los que escuchan.

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    1. Todas las veces que le cuento a Julia el cuento de "Los siete cabritillos" tengo que dejarle que meta el dedo en el frasco en donde tengo la harina para que vea cómo se le queda la pata al lobo después de enharinársela. Y con "Garbancito" le tengo que enseñar un garbanzo para que sepa el tamaño real del niño del "Pachín, pachán, pachón, a Garbancito no piséis".
      Contar un cuento tiene, como dices, que emocionar, que los que escuchen vean que en toda realidad hay una porción de magia. Y el contador de cuentos, desde que los contaba en las cavernas prehistóricas, tiene que creérselos también y pensar que en ese momento un garbanzo puede ser un niño.

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    2. Mami Meeple (vía Twitter)17 de julio de 2017, 19:38

      ¡No sé cómo lo hago...pero siempre me gano una respuesta larga!
      Los niños son sabios, o sensibles, o ambas. Ellos saben sentir lo que cuentas y sobre todo cómo lo cuentas. Ojos, voz, boca, transmiten.
      A la infancia le pirran los cuentos de miedo desde que el mundo es mundo. Y los mayores sabemos usar eso. Creo. Además, no todo tiene uso.
      No todo de hace con un propósito concreto (enseñar/aprender). Eso viene solo. El ser humano cuenta por contar, por el placer de narrar...
      Yo creo que la narración, la comunicación, bajo cualquier forma: pintura, literatura, música, cine...es, ante todo, un acto de amor.
      Otra cosa que me encanta, es cómo evoluciona la interpretacion de los cuentos según el contexto histórico y social. Somos geniales.

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    3. Mami Meeple (vía Twitter)17 de julio de 2017, 19:42

      Y, por ejemplo. La historia detrás del monstruo de Vaiana, me ENCANTÓ; me emocioné mucho.

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    4. Ahora debes contarles cuentos de niñas valientes y aventureras que son capaces de superar obstáculos y miedos ej:Tarzana...

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    5. Una vez leí un cuento (creo que lo contó Rosa Montero) sobre un mercader árabe que dio a un mendigo dos monedas de cobre. Cuando lo vio otra vez, le preguntó qué había hecho con las monedas. El mendigo le contestó: "Con una moneda compré un pan para tener con qué vivir. Con la otra compré una rosa para tener para qué vivir".
      Los cuentos son esa rosa que da sentido a nuestra vida. O como dice Jung, "la llave de oro que un hada buena nos puso en la cuna". Y los cuentistas, desde aquellos tiempos en que lo que importaba era la tradición oral, eran los depositarios de esa llave de oro. Me ha encantado que lo veas como un acto de amor. Yo añadiría que es un acto de amor a la raza humana que se ha ido transmitiendo a través de las generaciones para darnos, nada menos, un lugar donde todo sea posible.
      ¿Te acuerdas de la película "El festín de Babette"? Cuando se dan cuenta que Babette se ha gastado todo el dinero en hacer un festín maravilloso y le preguntan qué va a hacer ahora que es pobre, ella contesta: "Un artista nunca es pobre". Un acto de amor.

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    6. Y a mí también me encantó "Vaiana" y el monstruo Te Ka. Una película preciosa que habla del respeto a la naturaleza y también de la valentía. Julia se la sabe tanto que el otro día me vio una servilleta en la que había dibujada una espiral y me dijo: "¡El corazón de Tefiti!"

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    7. Por supuesto que le cuento historias de niñas valientes y aventureras llamadas ¡qué casualidad! Julia. Algunas vienen de los tiempos en que se las contaba a mis hijos. Otras, de las que me contaban a mí. Pero siempre tienen su nudo y su desenlace feliz en las que la protagonista arregla el entuerto que había que arreglar. Te confesaré que yo me lo paso tan bien inventándolas como ella oyéndola.

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  5. Hola Jane. me imagino que todos tuvimos miedos de pequeño. Recuerdo que tendría 5 o 6 años y fuí al cine a ver Caperucita Roja. Cuando salió el lobo, corrí a esconderme detrás de la butaca.....A veces oyes o lees que los cuentos clásicos son poco edificantes y que enseñan a mantener las viejas costumbres,aunque pienso que los malos que dan miedo ayudan a "curtirse" y que son mucho más peligrosos esos malos vestidos con piel de cordero, y que nos cuentan que todo lo que está pasando es por nuestro bien (léase Mariano o Trump). Un beso Jane. Juan.

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    1. Sí, Juan, de esos malos "buenos" es de lo que hablaba mi abuela :-D
      Pienso que sí, que los malos nos curten y el ejemplo de los que se enfrentan a ellos es bastante edificante, la verdad. Nos lleva a imitarlo y a enfrentarnos a todas las perrerías que encontramos en la vida.
      Y además hay otras enseñanzas que extraemos de los cuentos. Por ejemplo, en "La cenicienta", la poca importancia de los bienes materiales (ella pide a su padre cuando se va de viaje una rama de avellano para ponerlo en la tumba de su madre y no joyas como sus hermanastras), que el bien termina ganando, que está muy bien un matrimonio interclasista o que lo que amamos puede ser tan frágil como un zapatito de cristal. Y en "Caperucita Roja", la importancia de no hablar con desconocidos y de contar con quien te ayude. En este cuento hay además demasiadas preguntas, no me extraña nada que te haya dado miedo sobre todo con ese lobo peludo vestido con el camisón de la abuelita ¿Por qué la madre manda sola a la niñita a un bosque donde hay por lo menos un lobo? ¿Por qué le da una caperuza roja que pasa menos desapercibida en el bosque que una verde? ¿Hay madres malas (o por lo menos tontas)? ¿Sería una madrastra como la de la Cenicienta? Los cuentos tienen largas sombras. Después de tantos años todavía recuerdas el miedo que te llevó detrás de la butaca...
      Un beso, Juan.

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  6. Los miedos, tan oscuros y necesarios, como bien explicas, para mantener nuestro sistema de alerta activado. El miedo no existe, me decía mi padre, cuando yo creía ver una sombra. Encendía la luz y me mostraba de dónde procedía, poniendo fin a mi angustia. Un silbido misterioso era el viento, que se colaba por una ventana mal cerrada, y así iba destruyendo de forma práctica mis temores. Mi hija tenía un libro de Pinocho con ilustraciones de los personajes reales de la película, y su lectura le hacía tener las peores pesadillas. Yo hoy, con más de 70 tacos, sigo teniendo miedo a las tormentas, y no será por que mi padre no me dio toda clase de explicaciones científicas.
    Tienes razón, miedo e imaginación van de la mano.

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    1. ¡Qué sabio tu padre! En lo único en que no estaría de acuerdo con él es en que el miedo no existe. Tú, yo, y él también, lo conocemos, lo hemos sentido cuando algo nos deja la boca seca y los sentidos alerta.
      Hay una película de dibujos animados que nos habla del papel de las emociones en nuestra vida. Se llama "Inside Out" o "Del revés". Se anuncia así:
      "La película tiene como protagonista a Riley, una niña de once años, y las cinco emociones que libran batallas en su mente, lideradas por la enérgica y optimista "Joy" (alegría), a la que acompañan la tristeza (Sadness), el miedo (Fear), el desagrado (Disgust) y la furia (Anger). Las cinco emociones residen en 'Headquarters', el epicentro de la mente de Riley, desde donde controlan su estado de ánimo y la ayudan a navegar cada nuevo día. ".
      Como ves, el miedo es fundamental. Su papel es proteger a Riley de cualquier peligro y mantenerla a salvo. Él busca los posibles desastres, y evalúa los posibles resultados negativos, dificultades y riesgos involucrados en las actividades cotidianas de Riley. Un buen ayudante parece ¿no?
      Pero tu padre lo hizo genial al indicarte que hay que buscar las causas del miedo y estas la mayoría de las veces son las que no existen. Como decían Les Luthiers, que no te asusten con el coco o con las brujas, sino con cosa reales, un lobo, una araña, una buena víbora :-D
      Un abrazo, Cande, y con las tormentas da gracias por vivir en una buena casa con pararrayos.

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