lunes, 3 de julio de 2017

Mr. Chips y yo




La gente de ahora no la conoce, pero "¡Adiós, Mr. Chips!" de James Hilton fue una novela clásica escrita en los años 30 que nos encantó a muchos en nuestros años mozos y que fue llevada, por lo menos en dos ocasiones, al cine. Sus protagonistas (Robert Donat en 1939 y Peter O'Toole en el 69) fueron candidatos al Óscar y el primero lo ganó.

Mr. Chips es un profesor jubilado de latín y griego en la escuela inglesa de Brookfields que, a la altura de sus 80 y pico años, rememora los 50 cursos que le ha dedicado a la enseñanza. Vive enfrente del colegio y mide sus días por los signos de antaño, prefiriendo la hora de Brookfields a la de Greenwich. Es "un buen viejo, blanca la cabellera, un tanto raleada, vivo y activo para sus años, muy aficionado al té, cariñoso con sus visitantes, ocupado siempre de reunir datos para las memorias anuales del colegio (...) Había adquirido el derecho a esas excentricidades que son frecuentes en los viejos profesores y los antiguos sacerdotes. Usaba sus capas hasta que estaban tan remendadas, que apenas se tenían unidas. Y cuando pasaba lista a los niños, después de los juegos del mediodía, parecía entregarse místicamente a un ritual.". Mr. Chips es un profesor severo en la disciplina, pero también bondadoso, cercano, ocurrente y entrañable.

En épocas especiales -como esta de fin de curso- a muchos jubilados de los que hemos disfrutado con nuestra profesión nos da el síndrome Mr. Chips, "un estado introspectivo, lleno de niños, de rostros y de voces".  

Como él, recordamos todavía el susto del primer día en que empezamos a dar clases a los 22 años: "Cuando entré en el Gran Hall y vi todos esos niños, me temblaron las piernas. Creo que no he estado tan asustado en mi vida. Ni siquiera cuando nos bombardearon los alemanes. Pero ese malestar no duró mucho. Luego me sentí aquí como en mi casa.".

Como él también todavía medimos el tiempo por cursos y, si pasamos cerca de nuestro centro de trabajo y oímos el timbre entre clases, nos da un estremecimiento, como pasa ante un hecho conocido, asumido y vivido como en otra vida.

Como él, el recuerdo, en estos años de jubilación, mezcla rostros con esas listas que recitábamos a diario (formando hermosos hexámetros y combinaciones rítmicas, según Mr. Chips), y que servían sobre todo en mi caso para, desde el primer día, poder retener sus nombres y dialogar en clase.

Como él, recordamos anécdotas -divertidas, evocadoras, trágicas a veces-, y sobre todo, recordamos caras. Y es un placer irte encontrando ahora con muchos de aquellos alumnos con los que compartimos un tiempo y un espacio en la vida. Eduardo, Ana, Víctor... son médicos que me tratan, Antonio es mi notario, a Belén la veo en el mercadillo vendiendo flores, Pablo es profesor de Derecho en la Universidad, Alfonso se metió a político... Hasta tuve un alumno, Alex García, que es actor de cine y que igual ahora ni se acuerda de Platón. Hay un montón de ex-alumnos en Facebook  -Susana, Vero, Yasmina, Pedro, Beatriz, Fernando, Jorge, Saray, Elena, Tamara, Berta, Alicia, Domingo, Carlos, Isabel, Fran, Mónica, Juan Carlos, Javi, Estefanía, Daniel, Carmina, Sabina...- que, de vez en cuando, entran en este blog para dejar un comentario o un "me gusta", un contacto virtual pero que me dice que no están lejos. Y están los que siguieron mi camino -José, Rosario, Santi, Gabriel, Toni, Dani, Rocío, Isaac...- y que ahora son profesores de filosofía, hecho que me hace sentir muy orgullosa.

Pero también, como le pasa a Mr. Chips con todos los que desde Brookfields pasan a nutrir los batallones ingleses durante la Gran Guerra, en mi recuerdo están aquellos que ya no veré más, que sé que no encontraré por casualidad ni a la vuelta de una esquina ni en un aeropuerto ni en una fiesta: Inés, Adrián, Santiago, Luis, Pilar, Walter, José Luis, Alejandro... Rostros que permanecen jóvenes para siempre: "Yo tomé las instantáneas para mi memoria en la clase, en el patio, en la cancha de juegos, y allí siguen siendo siempre niños, con las miradas brillantes, las risas y los cabellos al viento, ingenuos y alegres".

Y es que Mr. Chips nos dio una gran lección a todos los que nos dedicamos a la enseñanza. El gran secreto para que nos guste tanto esta profesión es que, como él hizo, por encima de todo queramos a nuestros alumnos.




14 comentarios:

  1. ¡Qué bonito! Cuando disfrutas de tu profesión eso se nota y en tu caso se notaba mucho! �� ¡Un abrazo!

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    1. Cuando se tienen tan buenas alumnas como tú, se notaba más :-D Ya puse tu nombre (lo tenía en el borrador pero no sé por qué se me escapó) en la lista de esos contactos virtuales pero que saben a tanto. Cuando ya se llega a estas edades, como le pasa a Mr. Chips (bueno, él era mayor que yo un rato), la nostalgia borra los malos momentos (tanta corrección de exámenes, qué horror) y deja los buenos, el contacto con ustedes, los diálogos, las preguntas inteligentes y curiosas y todo lo que ustedes me enseñaron a mí. Gracias por todo ello y un abrazo grande.

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    2. Yo recuerdo tus clases tan entretenidas e ilustrativas que con releer los apuntes ya bastaba para el examen. Sobre todo nos hacías pensar. Desde antes me había interesado la Filosofía pero después de COU mucho más��

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    3. De eso se trataba, Carmina. Sé que les exigía mucho con responder cada día a una pregunta, pero el resultado siempre fue muy bueno. Y a mí ustedes también me hacían pensar. Esas son las cosas que pasan si las clases se basan en el diálogo. A veces alguien hacía preguntas que abrían caminos insospechados. :-D
      Besos.

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  2. ¡Vasito de agua para la profesora jubilada de Filosofía! Seguí tus pasos pero todavía estoy a kilómetros del peor de tus momentos. Qué lo sepas. :-)

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    1. ¡Anda ya! No olvides que también hiciste las prácticas conmigo. Recuerdo que eras tímido al principio, igual que nos pasó a todos, pero que tenías la mejor cualidad para ser un buen profesor: la empatía con el alumno. Por eso estoy segura de que lo eres y de que, por tanto, disfrutas de tus clases como un cosaco en carnavales. Que lo sepas :-D

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  3. También las hice ciertamente, tú eras la tutora y el profe el andaluz aquel que llamaban en el nocturno "Osé Luis". En el bachillerato era muy tímido pero me estaba poniendo la máscara de "estoy bien, todo controlado" que no era cierta. Loa años después, en esas prácticas, ya era un echado para delante. Y ahí sigo aunque dé muchos pasos para atrás. Besos. :-)

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    1. Yo creo que la timidez es común a todos el primer día de clase, cuando no conoces a tus alumnos, cuando no sabes qué te van a enseñar ni conoces sus reacciones ni su personalidad. Pero dura exactamente 3 minutos, el tiempo en que pasas lista despacio asociando el nombre a una cara y empiezas ya a quererlos y a saber que en un par de días ya te estarás divirtiendo con ellos.
      Creo que hemos elegido tú y yo una profesión muy gratificante y una asignatura que es más interesante que ninguna. Siempre me acuerdo de un recreo por la tarde en que iba a tomar un café con un compañero de geografía y que me preguntaba: "¿Y de qué has hablado hoy en clase?" Y yo le decía: "De la libertad" (o de la felicidad o de las utopías...). Entonces él decía: "Jo, y yo hablando de la cordillera carpetovetónica (o un tema así de fascinante). ¡Así sí se puede!".
      Besos, Santi.

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  4. Ya sabes que yo sí que conozco a Mr. Chips pues le invité a tomar el té en Serendipia hace algún tiempo ;-)
    Buena reflexión la que nos traes hoy, por estas fechas de final de curso. Sentimientos universales que comparten todos los buenos docentes del mundo. Y sí, recuerdo con tristeza las pérdidas de Mr. Chips entre sus filas, trágico como la vida. Bss

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    1. Ahora que releí el libro, hice lo mismo con tu magnífica reseña. No puedo poner un enlace en los comentarios (no sé por qué), pero sí añado un párrafo:
      "¡Adiós, Mr. Chips!" no es una novela sobre enseñanzas o métodos didácticos, ni mucho menos, ni tampoco una oda al trabajo del profesorado inglés a principios del siglo XX, tampoco. Es la historia de un profesor que, pese a no ser el mejor de los profesionales, supo tender una mano a sus alumnos y hacerles sonreír pese a la dureza de los tiempos que corrían en la Inglaterra de la Gran Guerra". "... porque los niños que se saben queridos serán los hombres fuertes del futuro".
      Me encantó tu invitación al té en Serendipia a James Hilton, y en ese momento te puse un comentario donde te decía que, cuando vi la película de Peter O'Toole, me hinché a llorar (y a reír). Es una buenísima historia.
      Besos.

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  5. Juancho Aguiar Clavijo4 de julio de 2017, 12:06

    Siempre intenté imitar a Mr. Chips y al profesor del "Club de lo poetas muertos". No lo conseguí, pero el intento fue enriquecedor y mereció la pena. Un abrazo Isabel.

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    1. Son dos estilos distintos. Mr. Brown es muy tradicional (de hecho en el libro hay un intento de echarlo por parte de un director "moderno" precisamente por considerarlo "anticuado" hasta en la pronunciación del latín) mientras que Keating, el profesor de Literatura de "El Club de los Poetas muertos", es un transgresor que usa nuevos métodos pedagógicos y que tiene una manera de ver la vida más liberal y abierta. También un libro que me gustó, protagonizado por una profesora, es "Historia de una maestra" de Josefina Aldecoa.
      Yo creo que todos ellos son distintos pero tienen en común lo que he dicho aquí: todos son profesores que quieren a sus alumnos, que no abusan de su poder, que buscan enseñar "sin sangre" y encuentran que sus alumnos le responden.
      Esta cualidad empática también la has compartido tú con ellos. Fuiste un excelente profesor y para mí fue un privilegio haber sido tu compañera de claustro.
      Un abrazo.

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  6. Qué bonita lectura, Isa.
    Cuántos Mr. Chips y Mrs. Chips nos hemos encontrado en esta vida. Maestros y maestras de vocación que se emocionan al asistir a los logros académicos de sus alumnos con el más sincero amor en sus ojos. Reconocen a cada discípulo, no solo en sus rostros, sino en sus debilidades y sus fortalezas , y hacen del final de curso un momento muy intenso donde la despedida se carga de alegría y paz, pero que deja una nostalgia, y silencio seguro de todos los que integran esa gran lista de clase, porque de cada uno de ellos también los profesores han aprendido, si han sabido aprovechar el curso.

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    1. Tienes razón, Cande. Y afortunados somos todos los que hemos tenido un Mr. Chips en nuestras vidas, un profesor con vocación y cuyo principal objetivo era ayudar a los más jóvenes.
      Hay un libro-homenaje a todos esas personas que se han dedicado a la profesión más hermosa, al oficio de enseñar, y que se llama "Mi infancia son recuerdos...". Lo edita y prologa Josefina Aldecoa. En ese libro diferentes personajes de la vida pública rinden homenaje con sus recuerdos a quienes los marcaron en las diferentes escuelas. Hay artículos de Emilio Aragón, Ainhoa Arteta, Severiano Ballesteros, Caballero Bonald, Ángel González, Gemma Nierga, Fernando Savater, Rosa Regás... Y también del profesor que me marcó a mí, Don Emilio Lledó. Este y todos los protagonistas de sus recuerdos sentían pasión por lo que hacían y nos la contagiaban.

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