lunes, 11 de septiembre de 2017

Irma y los tres cerditos




Hay gente que piensa que habría que censurar los cuentos infantiles, por ejemplo, "Pippi Calzaslargas" porque incita a la desobediencia, o "Charlie y la fábrica de chocolate" porque puede animar a tomar drogas, o "Caperucita roja", que en la Guerra Civil fue transformada en el bando falangista en "Caperucita azul". A pesar de eso, no hay que olvidar que los cuentos avisan a los niños de los peligros del mundo, como no fiarte de desconocidos (sobre todo si son peludos y tienen dientes enormes), no ser muy codicioso como el hermano de Alibabá o huir de las labores de aguja como "La Bella Durmiente".

Uno de los cuentos preferidos de mis nietos pequeños es el de "Los tres cerditos", en el que la casita de piedra que se hace el cerdito más listo es la que resiste a los soplidos del lobo, lo que no le pasa a la casita de paja ni a la de madera de sus otros dos hermanos, que vuelan por los aires. Entre nosotros, yo creo que a mis nietos les gusta tanto que se lo cuente, no por la enseñanza moral, sino porque se parten de risa de verme soplando a carrillo inflado imitando al lobo feroz. Pero a lo que iba es a que la moraleja de este cuento ha calado hondo en las sucesivas generaciones que lo han oído. Por ejemplo, en mi padre, que aunque no era consciente de la influencia del cuento, lo seguía a rajatabla cuando construía una casa. Era aparejador y contratista de obras y, cuando hace 37 años hizo la casa en la que vivo, fueron tan fuertes los cimientos que, una vez que hubo un terremoto de madrugada del que todo el mundo se enteró, en mi casa no se despertó ni el perro. Ya puede el lobo soplar y resoplar ahí fuera que a nosotros, como al barco de Chanquete, no nos moverán.

He recordado a mi padre y a este cuento cuando he visto, sobrecogida, los desastres del huracán Irma, el mayor que se conoce en la historia del Océano Atlántico, un nuevo lobo feroz que, como una maldición bíblica, ha venido acompañado de dos tifones más, de un terremoto cercano y hasta de una plaga de langostas, por si fuéramos pocos. El resultado se resume en islas que fueron paradisíacas destruidas totalmente, en muertos y heridos por doquier, en 7 millones de personas evacuadas y dejando sus casas atrás sin saber si volverán a verlas igual, en grúas volando por los aires, en compañías aéreas subiendo abusivamente en cuestión de minutos los precios (por ejemplo, Delta Airlines, de 457 dólares a 3500... ¿Cómo los dejan?): el miedo y la impotencia en la mirada de muchos ante la fuerza poderosa e indiferente de los elementos. "Es la madre naturaleza, no hay nada que discutir con ella. Viene hacia aquí", decía, asustado, un turista. Aunque también una camarera entrevistada, Azucena Mayorga, decía: "Yo en nombre de Dios espero que solo sea una lluvia fuerte". ¡Ay, Azucena, lo mismo dijeron los parientes de Noé!

Y lo peor es que muchas casas eran de madera, que para un tipo de huracán como este de nivel 5, es como si fueran de papel. Muchos americanos dicen que se las hacen así por muchos motivos: son baratas, por allí hay mucha madera, son acogedoras, pueden cambiar su distribución más fácilmente que las de piedra... Pero yo me pregunto: ¿A esta gente nadie les ha contado nunca el cuento de los tres cerditos?

10 comentarios:

  1. Buenas tardes Jane: esa pregunta, (bueno por mi parte no tan poética ya que jamás me he acordado de "Los tres cerditos", y mira que me gustaba ese cuento), me la he hecho cuando por desgracia tienen tornados o huracanes. Pero esa misma pregunta me la hago cuando en alguna ocasión he visto unos programas canadienses de decoración y arreglos de viviendas. En mi cabeza no entra que las paredes de las habitaciones sean de madera y algo parecido
    al cartón. En el Caribe que creo que hay casi siempre calor, pero en Canadá...
    Un abrazo muy cariñoso.

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    1. Como siempre, Rosa María, la pela es la pela. Son países en los que la madera es la materia prima fundamental con todos esos enormes bosques recorriéndolos de punta a punta. Así que es un sistema más barato para fabricar y para transportar materiales que el ladrillo o el hormigón. Hasta los impuestos son menores.
      También el cedro, el pino o el alerce, que son algunas de las coníferas que más se emplean, son especies longevas, duraderas y resistentes. Ellos dicen que la madera es cálida y un buen aislante.
      Pero también hay una razón cultural. Los americanos no ven la casa como un bien duradero para toda la vida (eso de dejarla para las futuras generaciones como que no va con ellos), suelen mudarse 5 o 6 veces en su vida adulta y prefieren algo más barato.
      Lo que sí hacen muchos es hacerse un sótano de obra y, cuando aparece el Irma de turno, se refugian allí y a esperar que pase.
      Es otra manera de pensar y de vivir. Y además no han leído "Los tres cerditos".
      Un abrazo.

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    2. Gracias Jane, contigo siempre aprendo algo, mejor dicho, mucho. Un abrazo.

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    3. Y yo contigo, Rosa María. Es lo bueno del diálogo. Otro abrazo para ti.

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  2. Sí, el cuento de los tres cerditos también es uno de mis preferidos, sobre todo porque los niños suelen hacer muchas preguntas sobre la historia y las construcciones :-) Tiene su gracia.
    Sobre el huracán, leí el otro día un tuit que me hizo pensar: alguien pedía que se rezara por Florida y Miami y las zonas afectadas, y esta persona decía que menos rezar y más votar por administraciones que creyesen en la ciencia y en la lucha contra el cambio climático. Esa si es una buena reflexión. Me he acordado cuando comentabas el precio abusivo de los aviones. Menos lamentar y más prevenir, ¿verdad? Como el cerdito que tuvo paciencia e invirtió tiempo en construir una mejor casa, deberíamos trabajar por el medio ambiente y quizás, solo quizás, las fuerzas de las naturaleza no siempre serían tan catátroficas.
    O quizás no, quizás Irma era tan inevitable como que el lobo desease comerse a los tres cerditos.
    Un abrazo.

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    1. Me recordaste a una cosa que escribió Benjamin Franklin a su mujer, tras salvarse por los pelos de un naufragio: "Acaso debería aprovechar esta ocasión para prometer construir una capilla a algún santo; pero si tuviese que prometer algo sería construir un faro".
      Cuando en Ética hablamos de la libertad, todos coincidimos en que no somos libres de lo que nos pasa, y menos frente a las fuerzas de la naturaleza que son las que verdaderamente mandan en el mundo. Pero sí somos libres de decidir nuestra reacción frente a lo que nos pasa. En este caso, como dices, luchar contra el cambio climático, buscar los mejores aislantes, votar las mejores políticas... y desde luego, ser como el cerdito listo que sabe que, a la larga, lo barato sale caro.
      Un abrazo, Mónica.

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  3. Cuánta razón tienes,Isa! Los lobos cada vez serán más frecuentes,bien por el calentamiento,bien por manipulación humana.Hay que tomar conciencia y fabricar mejor las viviendas.Un abrazo

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    1. Mi nieto pequeño, que todavía no habla mucho, cuando le digo que le voy a contar un cuento, me dice: "No lobos". Porque, si te fijas, "Caperucita", "Los tres cerditos", "Los siete cabritillos"... todos tienen un lobo feroz ahí preparado para zamparnos a la primera de cambio.
      A lo mejor esos cuentos lo que hacen es avisarnos del enemigo común, el mal, simbolizado en ese lobo hambriento: las fuerzas naturales, la maldad humana, el declive físico...
      ¡Con razón mi nietito no quiere que le cuente nada de eso! Así que menos lobos y, como dices, más conciencia.
      Un abrazo, Begoña.

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  4. Yo debo ser demasiado prudente, pero hubiera cogido carretera y manta sin preguntar más. No entiendo a las personas que se aferran a sus pertenencias con tal devoción, o a sus casas de papel, como si se quedaran para sujetarlas. No hay más que ver como esas paredes de soplillo se rompen con dos martillazos en cualquier programa americano de reformas.
    Con la naturaleza no nos podemos medir, porque ella siempre estará muy por encima de nosotros. Lo único que tenemos que conservar como grandes guardianes es nuestra vida, y luego que sople el peor de los lobos.

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    1. ¿Te acuerdas, Cande, de aquella canción que decía "Qué felices seremos los dos y qué dulces los besos serán, pasaremos la noche en la luna, viviendo en mi casita de papel"? Tienes razón en que nos aferramos a nuestras casitas de papel y olvidamos lo fundamental que es nuestra vida. Por eso, cada vez que alguien pregunta "¿Qué te llevarías si se declara un incendio, o hay un terremoto, o una desgracia por el estilo?", yo contestaría lo mismo que tú: "Nada. A correr a toda pastilla".
      Es cuestión de prioridades.
      Un abrazo, Cande.

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