lunes, 15 de octubre de 2018

Nadie me quiere



En aquellos lejanos tiempos en los que no me perdía la lectura de "La Codorniz", leí un relato en ella que me impresionó , aunque lamento no acordarme del autor. Se titulaba "Nadie me quiere" y contaba los hechos de un día en la vida de un hombre. Se levantaba, se duchaba, se desayunaba, se iba a la oficina, salía al mediodía, se comía unos espaguetis en el bar de enfrente, volvía al trabajo, hablaba con los compañeros, salía a las 7 a tomar una copa con algunos amigos, llegaba a su casa, comentaba el día con su mujer y sus hijos, entraba en el baño, se miraba al espejo ¡y se veía un espagueti en el bigote! Todo el día, todo el santo día, desde el mediodía hasta la noche, con un horrible espagueti pegado al bigote, y nadie ¡nadie! lo había mirado detenidamente para darse cuenta y decírselo. Era un relato real de la vida y sus zarpazos. No me digan que no tenía toda la razón en su conclusión -¡Nadie me quiere!- y que no es para compadecerlo.

Y no es un caso único, no. Cada día todos estamos expuestos a la indiferencia general. Que no se fije en ti el tendero de la esquina, pase, pero ¡los hijos de tus entretelas! ¡o la madre que te parió! ¡o el amor de tu vida! Una mirada de arrobo no estaría mal ¿no? Yo hace poco llevé una blusa a la costurera (ya saben que la costura no es lo mío) para que me cerrara un escote sugerente que llevaba días con un discreto imperdible detrás. Ella en un pispás me solucionó la chapucería y yo al día siguiente anduve con la blusa puesta paseándome por aquí y por allá. Al final del día me di cuenta de que mi costurera, tan honrada ella, no se había quedado con el imperdible sino que lo dejó bien visible en el cuello de la blusa, y yo, ¡venga a pasearlo como si fuera la joya de la corona! Ni me miraron ni se fijaron en el imperdible, como nadie vio el espagueti del de "La Codorniz".

Y peor lo tuvo una amiga de mi hija. Es una escritora a la que, nada más llegar a la presentación de un libro, la invitaron a cupcakes y se comió uno azul. A resultas, se le quedaron los dientes, la lengua y los labios de un precioso tono azul pitufo y de esta guisa habló con editores, escritores y asistentes al acto, hasta que mi hija, que sí la quiere, se lo dijo. Casi le da un yeyo.

¿Qué nos pasa a los humanos que no nos fijamos en los demás, como si tuviéramos unas orejeras que nos hacen ir solo a lo nuestro? Es para deprimir a cualquiera. Yo no digo que caigamos en la desesperación de un Bécquer cuando decía aquello de "de qué pasé por el mundo ¿quién se acordará?". Tampoco digo que cada vez que nos encontremos con alguien nos miremos a la cara con encendida pasión. Pero sí que por lo menos constatemos que la persona que está enfrente no lleve un espagueti en el bigote o un imperdible en el cuello de la blusa o la lengua azul ¡qué menos! Y que, además, si lo lleva, se lo digamos.

Menos mal que para no ponernos demasiado trágicos y con el "¡nadie me quiere!"a rastras, todos tenemos otros amigos que, cuando nos ven, nos dan el gran repaso de arriba a abajo. Por lo menos yo tengo un par de ellos que se fijan: "¿No necesitas teñirte ya el pelo?" "A esos zapatos les hace falta una buena limpieza ¿Dónde te metiste?" "¿Y esa no es la rebeca que llevaste hace 10 años al cumpleaños de tu hermana? ¡Bien te duran las cosas!"... A esas personas, aunque me digan "¡Y además has engordado lo menos 5 kilos desde la última vez que te vi!", las perdono de todo corazón, porque aunque sean unas desgraciadas, mezquinas y miserables, ellas al menos sí que me quieren.

30 comentarios:

  1. Buenos días Jane: mis hijos salian de párvulos a las 12 del mediodía. A las 11,50 me puse un vestido camisero color salmón y sali de casa disparada, al cruzar el paso de cebra me extrañó que me mirara la gente pero segui deprisa y por la acera dos señores se volvieron, ésto ya me pareció demasiado y me mire: solo llevaba abotonado el vestido hasta la cintura.
    YO SI QUIERO A LA GENTE.
    Un abrazo muy cariñoso.

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    1. Jajajaja, yo también vi una vez a una señora con la falda remangada por detrás hasta las bragas. Seguramente había ido al water y se le trabó. Pero antes de que yo le dijera nada, otra alma caritativa se la bajó. Son gajes del oficio.
      Me pega que sí, que eres de los que miran a los demás mientras hablas con ellos. Yo, aunque a veces me despiste, también los quiero.
      Un abrazo grande.

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  2. Carmen María Duque Hernández15 de octubre de 2018, 9:42

    Buen día! Gracias, me encantan tus escritos, salud y besos para todos

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    1. Buen día también para ti, Carmelita. Muchas gracias, mi niña.

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  3. Jacqueline Zamora Zamora15 de octubre de 2018, 9:45

    ¡Yo sí, amiga!

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    1. Es grato en este mundo cruel recibir una abrazo virtual tan cariñoso. Gracias, guapa.

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  4. Me encantó. Además es una de mis palabras preferidas im-perdible ��������������


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    1. ¡Y qué buen uso hacemos de ellos, Eva! Sirven "pa to", desde tapar un canalillo (que ya una no está para esos trotes) hasta subir un vuelto o trabar un pañuelo. Antes, tropecientos años antes, fueron fíbulas pero dónde va a parar la palabra: mucho mejor, imperdible (aunque se pierdan).
      Gracias y un abrazo grande.

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  5. Si, Yo te quiero. Embraso muy forte.

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    1. Jajaja, tú sabes que yo también a ti, Suzi. Y puestos a "embrasar", otro para ti.

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  6. buenos días, jefa
    tengo una cuñada adorable que pasó toda la mañana de director de banco en director de banco solicitando ampliación de aquellas pólizas-oxígeno de pymes, con un espléndido lazo de regalo que se le había pegado en el pelo al dejar a sus hijos en el colegio... y mira,consiguió lo que pedía!
    a veces un espagueti causa ternura... mil besos.

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    1. Yo me acuerdo que una vez mi madre apareció a buscarme al colegio toda guapa y elegante... con un rulo en el pelo. Efectivamente, me causó ternura y todavía me acuerdo de su risa cuando se lo dije.
      Un beso grande, mi amiga.

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  7. "porque aunque sean unas desgraciadas, mezquinas y miserables, ellas al menos sí que me quieren."

    Dí, que sí. Que se fijan en nosotras.

    Gracias por la entrada. Me has animado la mañana (y me has hecho ir al espejo ;) )

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    1. Jajaja, prefiero mil veces a las que no se fijan. Como decía Aristóteles, ni tanto ni tampoco.
      Me alegro de animarte la mañana.
      Un besote.

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  8. Mi padre (epd) se puso un zapato negro y otro canelo con el traje negro de la Esclavitud del Cristo. Nadie se dió cuenta, salvo el limpiabotas que se los estaba limpiando después de la procesión de madrugada.

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    1. Ese es un fallo muy común, Jose. Zapatos y calcetines son intercambiables. Yo tengo un amigo que, como encuentre zapatos cómodos, se compra 2 o 3 pares iguales de distinto color y confiesa que se ha equivocado un montón de veces y nadie se fija ¡No se fijan en un espagueti en el bigote y se van a fijar en los pies! Se da cuenta él cuando llega a su casa y se los quita. En las mujeres es distinto ¿Te imaginas con un tacón en uno y en el otro no? :-D

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  9. Hola Jane. No creo que sea un problema de que no nos quieran.
    Más bien es que vamos como motos pensando que nos vamos a comer el mundo (aunque generalmente, el mundo nos come a nosotros). Otras veces es por ese pudor a llamarle la atención a otra persona que nos da mucha vergüenza ajena.
    Luego están los peores casos: Esa moda de ser políticamente correcto y/o moderno que muchas veces nos lleva al ridículo (no hay que ver más que la "bronca" que se ha montado en OT por una palabra en una canción). Vivir para ver.... Un beso Jane. Juan

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    1. Juan, tuve que preguntar lo de la bronca. Se ve que no estoy muy puesta en la actualidad. Lo de ser políticamente correcta lo he vivido esta semana en que he estado de viaje (por eso contesto tarde). En una iglesia había un cuadro en el que se veía a San Cosme y San Damián curándole la pierna a un blanco con la de un negro que yacía en el suelo. La guía que nos lo enseñó decía que habían protestado del cuadro. Pero después nos fijamos en que cerca había una estatua de Santiago Matamoros (con dos moros asaetados en el suelo por el apóstol Santiago) y de esa no se había dicho ni mu. Lo políticamente correcto nos lleva a desvirtuar la historia y en muchos casos a la cursilería.
      Y si fuera verdad que no nos quisiera nadie, sí que sería un problema, Juan.
      Un beso.

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  10. La verdad, Jane, no sé si los que te dicen los de los kilos de más y las canas es porque te quieren o te quieren dañar. Avisar de esas cosas a veces da mucho corte, imagínate decirle a alguien que ha engordado, que se ve fatal. Hay que tener mala leche. :D

    Un abrazo.

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    1. Dorotea, pensé que se notaba (por lo que digo que son personas desgraciadas, mezquinas, miserables y me quedé corta en los calificativos) que esas personas,aparte de que no te quieren en absoluto, van a atacarte en la yugular. Parece mentira pero algunos se complacen en hacer daño y en herirte donde más te duele. Lo mejor es pasar de ellas completamente y procurar no tenerlas cerca. Quita, quita, aves de mal agüero.
      Un abrazo grande.

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  11. José Antonio Díaz Díaz20 de octubre de 2018, 16:39

    -¡Caramba, don Jerónimo! Está usted muy cambiado.
    -Es que yo no soy don Jerónimo.
    -¡Pues más a mi favor!
    Este chiste de Tono ilustró la portada del primer número de la revista, en junio de 1941

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    1. ¡Qué revista más buena y cómo nos alegró aquellos años tan oscuros! Mihura, Tono, Gila, Mingote, Serafín, Perich... Y el Damero Maldito de Conchita Montes. No me la perdía nunca.

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  12. Carmen Paz Gutiérrez Arienza20 de octubre de 2018, 17:09

    Siempre hay alguien que te quiere Isabel, aunque sea la impertinente que te dice: estás algo más gordita...
    No sabía Bécquer cuando hizo ese comentario cuanta gente le iba a querer y a leer, acabo de estar en el Parque de María Luisa y me he quedado impactada con su escultura (todavía quedamos muchos románticos), siempre depositan ramos de flores en ella.
    Bonito tu relato como siempre.

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    1. Síííí, estoy segura de que me quieren mucho, igual que yo también lo hago. El post de esta semana era un poco irónico, ni se me ocurriría quejarme de verdad :-D
      Siempre pensé eso mismo, Carmen Paz, cada vez que leía el final de la Rima LXI:
      "Cuando mis pálidos restos
      oprima la tierra ya,
      sobre la olvidada fosa
      ¿quién vendrá a llorar?
      ¿Quién, en fin, al otro día,
      cuando el sol vuelva a brillar,
      de que pasé por el mundo,
      quién se acordará?"
      Si él supiera la cantidad de personas que lo han leído emocionadas, los honores que se le han hecho, lo importante que ha sido en nuestra literatura y en nuestra cultura... Si pudiera volver y verlo por una rendija, se quedaría impactado. Grande entre los grandes.

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  13. ¡Habría que haberte visto con tu blusa paseando!

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    1. Bueno, después de todo solo era un imperdible pequeño. Para alguien que no esté muy ducho en la moda, igual podía pensar que era el último grito. Peor lo puede tener quien va con la blusa abierta enseñando sujetador (y más si es el que se decoloró en el último lavado) :-D

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  14. Tú misma llegaste a la conclusión de que a veces es mejor callar. El otro día me encontré con una buena amiga que ha salido de un cáncer, se ha engordado mucho y lo primero que le dije es que hiciera ejercicio para bajar peso. Otra amiga común que estaba con ella, expresó éstas palabras: Jesús, mira éste!!! Yo para arreglarlo le di un achuchón. A veces no conviene fijarse tanto. Y si te fijas, ya sabemos que en boca cerrada no entran...
    Me recuerda un chiste malo que contaba Harald, un compañero del colegio Mayor San Juan Evangelista, danés pero que hablaba un andaluz perfecto (vivía en el Rincón de La Victoria, Málaga). Era así: Un señor va por la calle con un plátano en la oreja izquierda y se cruza con un amigo que lo ve y se le acerca por ese mismo lado para decirle bajito: Pepe, tienes un plátano en la oreja. Y Pepe le contestó con voz alta: ¡Háblame por el lado derecho, porque por el izquierdo tengo un plátano en la oreja!. Chiste malo, malo.

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    1. Y además de malo, conocido. Pero a mí me gustan esos chistes tontos. Y este viene a cuento.
      ¡Claro que es mejor callar y no decir nada desagradable! Me recordaste a una señora de La Palma, amiga de mi madre, que vino a verme cuando di a luz a mi hija. Lo primero que se le ocurrió decirme cuando la vio a ella tan blanquita fue: "Tu hija, con perdón, es mucho más fina que tú". De todas formas, siempre cuento esta anécdota muerta de risa. Estos palmeros...
      Un abrazo, Enrique.

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  15. ¡¡¡YO SÍ TE QUIERO!!!

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    1. Y yo a ti, mi querida Agur. Y estoy segura de que siempre te fijas en mí, como mi buena asesora de estilo. Un besote.

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