martes, 31 de enero de 2012

La Calle de la Amargura




A lo largo de la vida hay personas, situaciones o cosas que nos pueden llevar por la calle de la Amargura, pero hoy voy a hablar de una calle de la Amargura real, aunque bautizada por las autoridades –sin que nadie hiciera ni caso- desde 1883 como “General Morales”. Era más bien un callejón que ahora sólo permanece en el recuerdo de los que lo conocimos y que formó parte del paisaje familiar de mi infancia.

Partía desde enfrente de mi casa, en la calle del Pilar, hasta la calle de Santa Rosalía, en donde estaba mi colegio (el de las Dominicas, otro hermoso edificio desaparecido), por lo que fue una calle que recorrí cuatro veces al día, desde los 6 a los 12 años. Era estrecha, empedrada con callaos de playa y llena de socavones en los que, los días de lluvia, se formaban charcos en los que chapotear alegremente con las botas de agua. Recuerdo en ella a una viejita, siempre asomada a la ventana de una de aquellas casas terreras y descoloridas, y, una vez, a un gato tiñoso, cosa de la que me avisó una de las compañeras con las que iba al colegio cuando se lo señalé, intrigada: “¿Qué le pasa a ese gato?” “¡Tiene la tiña! ¡No lo toques! ¡No lo toques!”.

Era una calle pequeña y humilde y, sin embargo, ¡tenía tantos centros de interés! Había una cerrajería que congregaba a los niños, que miraban, fascinados, las chispas de la fragua. Estaba también el Frente de Juventudes, que luego pasó a llamarse Ciudad Juvenil, y adonde todos los chicos del barrio iban a jugar al fútbol o al baloncesto o a formar grupos de teatro o música. Estaba el local de Radio Juventud, la radio que animó, hizo compañía e informó (dentro de lo posible en aquellos años) a todas las familias tinerfeñas. Allí fui una vez a llevar a los 8 años un dibujo de un drago para un concurso que no gané (seguro que hubo tongo porque me quedó precioso).También daba a la calle la trasera del Parque Recreativo, donde vi mis primeras obras de teatro, cuentos dramatizados de héroes y villanos, que me dejaron con la boca abierta de admiración. Pero lo mejor de la calle, para mí y mis coetáneos, era que en ella había ¡una fábrica de caramelos! Yo, como Charlie, el protagonista del libro de Roald Dahl, “Charlie y la fábrica de chocolate”, tuve la increíble suerte de ir y venir del colegio, cada día, envuelta en una nube de dulces olores.

Años después, cuando ya hacía mucho tiempo que hacía mi vida lejos del callejón tantas veces caminado, pasé por la calle del Pilar y descubrí que la calle de la Amargura había desaparecido, así tal cual. En donde empezaba, justo donde antaño estaba la impoluta tienda de Don Cándido y Doña Rosario, con su mostrador de mármol y sus tarros de cristal, había un edificio de 8 plantas; y el antiguo trazado había sido sustituido por el Parque Bulevar y su Parking.

¿Cómo las ciudades se tragan las calles? ¿Por qué murió la calle de la Amargura? Luego supe que no fue sin pena ni gloria. El viento que se llevó a la Ciudad Juvenil, un solar muy apetitoso en el corazón del viejo Santa Cruz, arrastró de paso a toda la calle, a pesar de los encierros de los chicos del barrio que demandaron –sin conseguirlo- una zona para deportes y ocio. La calle de la Amargura murió por la ambición de bancos y empresarios que deseaban poner sus garras sobre una golosina tentadora –y no me refiero precisamente a la fábrica de caramelos-. Pero, sobre todo, murió por la ceguera e incompetencia de muchos de los políticos que entonces gobernaban Santa Cruz. La calle de la Amargura murió... de amargura.

Y no debería haber sido así. En otras ciudades europeas este tipo de calles se ha cuidado y conservado como calles con encanto. Pero a nosotros sólo nos quedan apenas 15 metros del antiguo trazado (en una minicalle peatonal que lleva su nombre), esta imagen color sepia en la memoria y una frase para la posteridad, que Dolores, una vecinita mía de aquellos tiempos a la que he vuelto a ver hace poco, siempre le decía a su madre: “¿Cómo puede llamarse “de la Amargura” una calle que huele a caramelo?”. 




No he encontrado ninguna foto de la calle de La Amargura antigua. Pongo esta de la calle de La Luna que desembocaba en La Amargura. El estilo de las calles es el mismo (Foto enviada por cortesía de Juan Antonio Núñez. Me informa Carlos García que el autor de la foto es Justo Molina)

Otra foto de la calle de La Luna en la que al fondo se ve la puerta de la fábrica de caramelos



47 comentarios:

  1. ¡Qué bien la recuerdas! Yo no la transité tanto como tú, pero un poco mayorcita mis padres me dejaron ya subir desde el colegio en el transporte público y varias compañeras de curso nos íbamos a la Plaza del Príncipe a cogerlo. Bueno, pues en la esquina de abajo de la calle había un carrito con unas regalías... que desde luego no eran como las de hoy. La desaparición de la calle antes creíamos que era por el progreso, hoy ya sabemos que era especulación. Qué pena.

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    1. Pues mira, otra ventaja de la calle. y es que, como ya dije en otra ocasión, aquellos carritos de antes, con aquellos pirulines, las regalías, las melcorchas y otras exquisiteces no resisten la comparación con los de hoy. ¿O somos nosotros, que ya no tenemos las papilas gustativas de la niñez? ¿O tampoco resistimos la comparación con los niños de hoy y sus "chuches" ?
      PD: Creo que el carrito al que te refieres es el que aparece a la izquierda de la fotografía antigua.

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  2. A mediados del 68 mis padres decidieron, pasar de vivir en la capital de España a un pueblecito norteño donde mis abuelos tenían su casa de verano, la cual habían reformado y ampliado, y por causas del destino de mi padre, nos vinimos a vivir todos a La Esperanza. Yo que nunca me costó adaptarme a nuevas formas de vivir (pero si de pensar y actuar) la casa de La Esperanza nos daba toda la libertad que requiere un niño a los 10 años, huerta, patios con flores, árboles a los que subirse y caminos sin asfaltar, donde lo único que transitaban eran rebaños de ovejas y vecinos con olor a humedad en su manta esperancera con su cigarro Kruger bien torcido en un lado de la boca y de la que emanaba un gran tufo a caña. Pero eso me fascinaba, igual que la venta de Casimiro y Domitila ( que hoy todavía aparece en mis sueños) con su gran mostrador de granito y sus bancos apoyados a las paredes, para que las lecheras pudieran descansar. Lonas de mujer negras y azules, colgadas de una cuerda, sombreros...garbanzos que se vendían en cartuchos a granel y medios paquetes de mantequilla, aceite de soja para freir, y aceite de"la buena" para no se que guisos. Hoy la venta de Casimiro es una "Caja de Ahorros", pegado un Asesoría Fiscal, y enfrente una Autoescuela. Y la plaza donde antaño habían séis taxis, hoy además se ha convertido en aparcamientos a diestro y siniestro. La calle Romeo Gorría hoy llamada Agrícola Quintana, en recuerdo de un sargento de la policia, todo un personaje de nuestra juventud, es lo único que no añoro de aquellos años que por jóvenes e inocentes fueron hermosos.

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    1. Persiguiendo ese tipo de niñez feliz para mis hijos, nosotros nos vinimos a vivir al campo cuando ellos tenían 9 y 6 años. Había que adaptarse a coger el coche más de la cuenta, pero nunca nos hemos arrepentido.

      En mi niñez la venta como la de Casimiro y Domitila era la venta de Matías. La de Don Cándido y Doña Rosario, que nombro aquí, era más fina, nada de cartuchos de papel.. Pero ya no están ninguna de las dos, ni las casas terreras en que se ubicaban.

      Da pena ver desaparecer lugares entrañables y ver cómo el paisaje de la ciudad se ha transformado tantísimo, incluso la parte antigua que en otros sitios tienden a conservar. Sin embargo, La Esperanza sigue siendo un hermoso pueblo. Que lo disfruten por mucho tiempo.

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  3. Jane, en este artículo has mencionado un lugar para mi entrañable íntimamente ligado a mi niñez. Me has traido muchos recuerdos de mi infancia como la cerrajería de Zamorano en la que muchas veces me entretenía viendo trbajar a sus operarios y , como no, la olorosa fábrica Yumbo. Seguro que también recuerdas al Tio Pepote, el programa infantil de Radio Club que patrocinaba la fábrica Yumbo. El Tío Pepote era un personaje que encarnaba el que fuera director del TEU y de La Carátula y más tarde Jefe de Protocolo del Cabildo, Eloy Diaz de la Barreda.Recuerdo que al final del programa, el tío Pepote “enviaba” por las ondas hertzianas caramelos (obviamente Yumbo) qué mágicamente aparecían detrás del aparato de radio.
    Pero si la calle de la Amargura era uno de los puntos más frecuentados de Santa Cruz por los chicos de los años 50 y 60 es porque allí se encontraba el local de las Falanges Juveniles de Franco que era el pomposo nombre que se abreviaba en el de Frente de Juventudes ( más tarde pasaría a llamarse Ciudad Juvenil de la OJE, Organización Juvenil Española, nombre este mucho más aséptico políticamente). Pero en el barrio lo conocíamos, simplemente, como “El local”. Tenía una gran cancha central, (al menos, la recuerdo grande) rodeada de edificaciones que acogían, un gimnasio, salón de actos, los locales de Radio Juventud, salas de juego y reuniones, oficinas etc. Aquel era un lugar único Y digo único porque, no recuerdo que hubiera en la ciudad otro similar. Allí se podía jugar baloncesto (el equipo del Hernan Imperio fue el gran rival del Náutico junto con el Canarias de La Laguna), balónmano, balón volea (todavía no se llamaba voleybol), futbol…. Se podía jugar Ping Pong, a los bolos, hacer aeromodelismo, teatro y no se cuantas cosas más..
    También en el patio central se llevaban a cabo distintos espectáculos populares. Recuerdo el concurso de “Lo mejor está en mi barrio” cuyas pruebas cara al público se celebraban allí.. Y también allí se organizó alguna vez la cabalgata de Reyes. Pero lo que de verdad era “el local”, es el punto de encuentro de centenares de chicos de todo Santa Cruz.
    El Frente de Juventudes creo que fue uno de los grandes fracasos del franquismo. Por sus locales pasaron muchas generaciones de niños, probablemente millones en toda España, a los que se pretendió adoctrinar políticamente, pero con el más rotundo de los fracasos. No existió juventud franquista, salvo grupúsculos muy minoritarios. Es cierto que a veces teníamos que tragarnos algunas cutres charlas de adoctrinamiento, pero era el precio que había que pagar por usar aquellas instalaciones. Y valía la pena aguantar el rollo.

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    1. Muchas de tus vivencias también son las mías. Yo no me acuerdo ni de qué iba el programa del Tío Pepote y tampoco sabía que éste era Eloy Díaz de la Barreda, pero nunca se me olvidará el ruido emocionante que hacían los caramelos al caer detrás de la radio, y mi intriga, porque nunca vi a mi padre tirarlos por detrás ni nada ¡Bendita ceguera de la niñez! Recuerdo también oír desde mi casa la música de las bandas que acompañaban a los Reyes Magos (¡Ya están aquí!), cuando estos llegaban a la Ciudad Juvenil.

      Tus recuerdos de "el local" son mucho más precisos que los míos. La Ciudad Juvenil era para los chicos y nosotras no íbamos allí sino a ver algún partido ocasional. Y es verdad lo que dices del adoctrinamiento. Nos pasó también a las chicas con los albergues y las actividades y charlas de las integrantes de la Sección Femenina: hicimos deportes, aprendimos danzas y cantos... pero los rollos nos resbalaban. Nuestra juventud no fue franquista, no, y tal vez eso hizo posible la Transición.

      Gracias por compartir tus recuerdos aquí. Me han gustado mucho.

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  4. Los acontecimientos recientes de los pelotazos urbanísticos en Santa Cruz me confirman que más que ciegos e incompetentes, los políticos locales formaron parte de la trama que acabó con la Ciudad Juvenil.

    Esta calle inspiró a Nijota unos versos que dicen:

    "Mi morucha me miró
    con infinita dulzura
    anoche, cuando cruzábamos
    la calle de la Amargura"

    Me ha gustado mucho el post.

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    1. Me encanta la copla. Ya la había leído (pero no la recordaba) en el poema que Nijota llamó "Pequeños contrasentidos de la ciudad" y que empieza con "Resulta un poquillo absurdo, / aunque eso a nadie le importe, / que una familia del sur / viva en la calle del Norte". La calle de la Amargura es el ejemplo más típico de esos contrasentidos. ¡Tan dulce, con aquellos efluvios tan embriagadores de los caramelos y, sin embargo, con ese nombre!

      Y tienes razón. Visto lo visto, nos hemos hecho desconfiados y suspicaces. Cada vez que vemos una operación especulativa tan gorda como ésta, en la que además hubo una gran protesta ciudadana, creemos menos en la honradez de los políticos. Y, desgraciadamente, el tiempo suele darnos la razón.

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  5. Preciosos recuerdos los tuyos, Jane, de aquel entrañable callejón que tantos años recorriste. Los míos son más de situaciones puntuales, como las de acompañar a una tía mía, vecina de la zona, que compraba habitualmente en la tienda de D. Cándido y Dña. Rosario y que, además, era muy amiga de su hija.
    Muchos años después que tú y por razones deportivas, lo frecuenté todas las noches, para ir a la Ciudad Juvenil. Pertenecí a un equipo de baloncesto al que, sorprendentemente, se le autorizó a entrenar y jugar los partidos oficiales en aquel feudo machista y la nota discordante, dentro de ella, la representábamos nosotras y el Santa Cruz, de balonmano femenino, ilustre campeón de Canarias por mucho tiempo.
    Llegábamos, a diario, a las 8 y terminábamos más allá de las 10, cerrando, prácticamente, las actividades de aquel enorme centro cultural. Sólo Radio Juventud acababa un poco más tarde que nosotros.
    Lo que siempre recordaré, además de aquellos pocos años de visitante esporádica, es el aroma a caramelo que inundaba el lugar y que conducía, inequívocamente, al callejón y a la fábrica Yumbo.
    Como bien reflexionas, es lamentable que rincones con tanto valor sentimental y arquitectónico, para los habitantes de una ciudad capital de provincia, hayan ido desapareciendo para satisfacer las ansias de enriquecimiento y de poder de unos pocos que se dicen dirigentes del bienestar social y común. Se han comportado, haciendo gala de su cultura y su generosidad política, como lo que son: auténticos provincianos, en el peor de este significado.
    Gracias, como siempre, por hacernos partícipes de tus recuerdos y, a través de los tuyos, evocar los nuestros.
    Un abrazo muy fuerte.

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    1. ¡Qué bueno ver que hay gente que conoció aquel Santa Cruz y que lo recuerda con cariño! Y mira, fuiste de las pocas mujeres que usaron en aquellos tiempos la cancha de la Ciudad Juvenil. Ya más tarde, en los 80, sí había chicas que iban a los grupos de teatro, y supongo que habría más equipos femeninos de deporte. Pero, cuando yo era pequeña, era como si hubieran puesto a la entrada el cartel de "¡Chicas, no!".

      Este es, en realidad, un pequeño homenaje a una calle humilde que muchos recordamos y recorrimos. Gracias por participar en él con tus recuerdos. Otro abrazo igual de fuerte.

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  6. La operación urbanística que destruyó la Ciudad Juvenil, se llevó por delante también el Parque Recreativo (el primer cine de Tenerife) y el antiguo Garage Vandewle, pero todavía hemos de dar las gracias a Dios y al PERI de Adán Martín, entonces ConcejL de Urbanismo, porque el proyecto inicial llevaba el actual bulevar hasta la calle de Méndez Nuñez a costa de cargarse las Casas Amarillas. Hubiese sido el remate.

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    1. Tienes razón. No sabía que también pretendían arramblar con las Casas Amarillas. Igual hasta seguían por el Parque...

      Estamos acostumbrados a la desaparición de lo que formó parte de nuestro horizonte familiar en ese entonces: los cines de nuestra juventud -el Parque Recreativo, el primero, pero también en el barrio el Royal, el Rex, el Toscal, el San Martín...-; el barrio del Cabo donde estaba la Caseta de madera; la muralla de la Plaza de España, donde íbamos a ver romper las olas... Ya sólo existen en fotos antiguas y en nuestra memoria. La especulación y la ambición arrasan con todo.

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    2. Añade, querida Jane, al Ideal Cinema, en la parte alta de la calle S.Francisco Javier. Muchas películas al aire libre pudimos disfrutar, en verano, todos los grandes y pequeños de aquel entonces. Muchos indios y vaqueros, príncipes y princesas, policías y ladrones vimos desfilar por aquella enorme pantalla, sentados al fresquito y con el cielo estrellado por techo.
      Y recuerda también que fue, además, una entrañable cancha de baloncesto en la que tú, yo y otras muchas amigas y compañeras nuestras nos estrenamos en eso del competir en baloncesto. Unos cuantos partidos de las ligas escolares de los años 60 celebramos allí.
      Salí del colegio y en esa misma cancha continué entrenando y jugando hasta el inicio de los 70 y aún hoy, que en su lugar existe una enorme colmena de pisos, siempre que paso por allí, no puedo evitar acordarme de todo lo bueno que vivimos en otro rincón "desaparecido" por los que dicen "conservar nuestro acervo cultural y sentimental, porque eso forma parte de la historia de las ciudades". Bla, bla, bla... una vez más y ya van ¿cuántas?...

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    3. Mira que olvidárseme el Ideal Cinema, ese "espacio multifuncional", como dirían hoy, donde tantas películas vi en las noches de verano y que fue testigo de mis minutos de gloria en el baloncesto tinerfeño, como ya conté en una ocasión... (:-D "Una canasta gloriosa" el 10-11-2009) No tengo perdón. Menos mal que tú estás al tanto y corriges mis lagunas. Mil gracias y un besote.

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  7. Quizás deberías dedicarle un apéndice al Callejón de Puerto Escondido (??), Amargura y Puerto Escondido, dos nombres y una misma suerte.

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    1. Había dos calles pequeñas que desembacaban en la calle de la Amargura. Una era la calle de La Luna (cerca de Santa Rosalía), al final de la cual y emfrente, en una casa terrera, estaba la fábrica de caramelos de mis amores. La otra era el callejón de Puerto Escondido que terminaba cerca de la calle del Pilar. Entre las dos estaba el Parque Recreativo, con la trasera hacia La Amargura y el frente hacia la Plaza del Patriotismo. Lo que más recuerdo de la calle de Puerto Escondido es que en su inicio había un puesto de churros riquísimos, nuestro desayuno de los domingos.

      No sé por qué se llamó así esta calle (tan escondida no estaba) , igual que no sé a qué amarguras respondió la otra.

      Las dos calles (La Luna y Puerto Escondido) siguen existiendo, son peatonales en parte y tienen bares con toldos en la calle donde sentarse a ver pasar el mundo. Son, claro, totalmente distintas a como eran antes, pero, por lo menos, conservaron en parte el antiguo trazado. La de Puerto Escondido se amplió a lo ancho y a lo largo. En este sentido tuvo mejor suerte que la de La Amargura.

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  8. Hola Jane. Alejado un poco de este lugar gracias al "excelente" servicio prestado por la Compañia Eléctrica de mi país. Un "incidente provocado, vaya Usted a saber por cual animalejo, causó un aumento de la tensión" - ya hubo problemas por iguanas, según dicen - que terminó con la vida de mis equipos antiguos. Pues sí, recuerdo a la Calle de La Amargura y a su fábrica de caramelos, a la cancha de Basquet localizada en el Frente de Juventudes (Falange) y a la Emisora de Radio que alli funcionaba. Una vez participé en un concurso y gané una cantidad exagerada de Flan, creo que la marca era POTAX, o algo así. Y, sí, las cosas desaparecen y qué en nombre del progreso. Aquí también ocurre. En Caracas, por ejemplo, quitaron la Estatua de Colón de donde estaba ubicada y nadie sabe donde fue a parar. Tal vez al Puerto de Palos, vaya a usted a saber. Gracias pues por esos recuerdos. Ay de mí si te contara de las trastadas que cometí junto a mis compinches de entonces en los alrededores de esa calle y del Parque Garcia Sanabria, aprovechando que el Colegio donde estudíabamos quedaba muy cerca.

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    1. Tomátelo con filosofía, Agroteide. después de todo, igual ahora tienes un equipo informático mejor y a prueba de iguanas (¡Qué exótico!)

      Y ¡qué bien recuerdas aquellos tiempos! Sí que hubo un flan Potax, tuviste mejor suerte que yo con el dibujo del drago. Y, mira por donde, estuvimos en colegios cercanos. Algún día tienes que contarnos esas trastadas con los compinches...

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  9. Eso mismo estaba pensando yo, que cómo podía ser ese callejón el de la armagura, con ¡Una fábrica de caramelos!

    Con que una zona de ocio y deporte para niños y jóvenes ¡qué tontería, hombre! ¡quién le importa a eso!

    A un concejal de urbanismo, no, desde luego ¡Ni que tuvieran que velar por el bien público!

    Oye, que sí que hubo tongo, seguro-seguro.

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    1. Me parece a mí, Loque, que nosotros a los políticos les importamos un pimiento pinchado en un palo. En Urbanismo, sin ir más lejos, mi Asociación de Vecinos está denunciando un plan disparatado de hacer un polígono industrial en una de las zonas más fértiles y bonitas del valle en donde vivo. Y en Educación, que es lo que yo más conozco, no se aceptan Pactos, (que serían buenos para no estar cambiando de libros, planes, programaciones... cada vez que hay cambio de gobierno), no sea que se vea como un triunfo del que lo propone. No, lo que hacen es hacer cambios que no gustan ni a profesores ni a alumnos (a los que ni les preguntan) para que parezca que se hace algo. Como dicen los "magos" de aquí: "¡Mándense una papa, oiga!"

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  10. Juan Pérez Pérez22 de enero de 2016, 13:16

    En mi pueblo no desaparecieron calles. Otro tipo de cosas, sí.
    Recuerdo que siendo un niño ibamos a jugar a una construcción de donde salían los "caños" que llevaban el agua a las casas, tenía un habitáculo donde escondernos cuando jugábamos a policías y ladrones. Unos años mas tarde pasé por allí, seguía la construcción pero ya no se usaba, y tapiaron el escondite.
    También desapareció un camino entre huertas de plátano que usábamos para ir a clase, por el que de noche cuando pasabas a, a veces, se te ponía el corazón a cien, por los ruidos que no reconocías, cuando el fuerte viento pasaba entre las plataneras. Ahora es una calle sin encanto.
    Sin embargo lo que mas extraño son "las cosas" que se llevó por delante la modernidad: Los postes de luz, la calle de tierra donde jugábamos y que en invierno nos servía para saltar en sus charcos, y los atajos entre huertas que usábamos para jugar o ir de un sitio a otro. Un abrazo Jane.

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    1. Hace años volví a Los Sauces, el pueblo en donde pasé muchos veranos de mi niñez y adolescencia, y casi no lo reconocí. La cascada de Los Tilos, que de niña me impresionó por su belleza, ya había desaparecido muy pronto, pero nunca me acostumbré a ver la piedra desnuda por la que antaño había caído, retumbante. La Verada, donde viví con mi abuela y mis tíos y donde una vez de jovencita me rondaron una noche, ya no estaba. El agua, que caía a torrentes por La Calzada, acompañándonos con su ruido al bajar por las noches a casa de mi tía Agustina, había sido reconducida. Tampoco estaban las tarjeas en las que había jugado a barcos con mi primo Mingo. Las casas terreras de la entrada del pueblo habían sido sustituidas por edificios de pisos y hasta la Plaza y la Alameda se veían distintas.

      Pero, ahora, lo que más echo de menos es que ya tampoco están mi abuela, ni mis tíos, ni mi tía Agustina, ni mi primo Mingo.

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  11. Jane, también yo debía pasar por la calle de la Amargura para ir al colegio. Recuerdo los caramelos Yumbo, al tío Pepote y el olor a caramelos, no olvido una casa baja a la derecha desde la calle del Pilar donde hacían unas papas fritas estupendas que luego vendían en un carrito con una urna de cristal cerca del cine. Qué vida tan bonita, qué mezcla de olores conservamos.!

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    1. Seguro que nos tropezamos si fue en la misma época. Me cuentas lo de las papas fritas y las acabo de visualizar y de oler en la distancia, cruic, cruic. Los olores son como la magdalena de Proust, una llave para los recuerdos.
      Gracias por compartirlos.

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  12. Marilu Díaz Estrada22 de enero de 2016, 15:18

    Yo iba a misa, cuando no había párroco en el cole muy temprano, casi de noche, lloviendo, con frío y recién bañada con agua fría, por la calle La Amargura..

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    1. Pues, Marilu, para ti sí que debió hacer honor a su nombre. De madrugada y con frío, mis dos demonios ¿Y no había olor a caramelos, que te consolaran un poco? ;-D

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  13. Precioso relato.

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    1. Gracias, Ana. Y lo bueno es que es real: una calle que forma parte de lo que yo soy.
      Un abrazo.

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    2. El caso es que estudie en el mismo colegio pero ya en Vistabella. Pero por mis primas y hermana sé del de Santa Rosalía como si hubiera estado allí. Gracias a ti.

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    3. Era un colegio precioso, con mucha luz y con un patio grande al que daban todas las clases. Sé que el de Vistabella también lo es (allí estudió mi hija), pero para nosotros el de Santa Rosalía, con sus laureles y tamarindos, tenía un encanto especial.

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  14. Me ha encantado tu entrada sobre la calle de la Amargura; nombre irónico y sin duda poco merecido si olía a rico caramelo y aún hoy ofreciendo tan entrañables recuerdos.
    Un abrazo Jane
    Berni

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    1. Gracias, Berni. Aunque ya no exista (sino ese trocito de la foto), permanece en la memoria como esos sitios entrañables y familiares de la infancia de los que entonces no éramos conscientes.
      Un abrazo.

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  15. Antonio Francisco Cáceres Duque22 de enero de 2016, 17:58

    Este sábado me pasaré por allí. Fui asiduo visitante del Frente de Juventudes pero, confieso que no recordaba esa calle. Claro que, con los añitos que tenía no me paraba a mirar el nombre de las calles. La mía y pocas más.

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    1. A lo mejor no eras del barrio, Antonio. Pero para los que vivíamos al lado e íbamos al colegio al lado era como si nos hablaran de nuestra casa, un sitio tan familiar que aun hoy, 55 años más tarde desde que me mudé, puedo ver cada rincón y cada casita de esa calle (y, por supuesto, rememorar el ya dicho olor a caramelo que lo impregnaba todo).

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    2. Antonio Francisco Cáceres Duque23 de enero de 2016, 16:09

      Efectivamente, no era mi barrio. Nací cerca de la Plaza de los Patos, barrio de Los Hoteles lo llamaban y lo llaman algunos. Pero iba al Juventudes a menudo, sin llegar a Santa Rosalía, porque no me quedaba de paso.

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    3. Tampoco estabas tan lejos, Antonio. Pero es verdad que a esas edades poco nos fijábamos en nombres de calles (Imagínate ahora que de repente le cambian el nombre y pasa a llamarse "de los sueños" o "del ojos que tevierondir"...) :-D

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  16. Hay Isa que recuerdos de mi niñez que como sabes transcurrio por todas esas calles, sabes que Clari vivia al lado de la fabrica de don Pedro, caramelos yumbo y por las tardes ibamos Clari la prima Luisa y yo a liar caramelos y todos los que tenian alguna falla nos lo regalaba, era una persona muy solidaria el donaba cajas y cajas de caramelos para todos los eventos que lo solicitaban. El frente de juventudes era mi segunda casa, allí ibamos a jugar a baloncesto, brilè y otros juegos, recuerdo toda la calle como si la estuviera viendo y los alrrededores por supuesto, innolvidable.

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    1. ¡Qué buena, Mari Carmen, la anécdota de los caramelos con fallo! No haberlo sabido yo en esa época para apuntarme con Clari y contigo... Para un niño, una fábrica de caramelos es el paraíso. Yo hacía más vida de juegos en la vecina calle del Pilar que, casi sin coches, era apta para jugar al brilé.
      Fue una buena infancia y fuimos afortunadas. Un beso.

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  17. Vidalina García Rodríguez23 de enero de 2016, 14:34

    Qué bonitos recuerdos encuentro en estos escritos,hasta he olido a aquellos caramelos,aunque no pase tanto como tú por la calle de la amargura,pues yo iba al colegio en la ruta,pero desde que tuve permiso para salir sola,me gusto perderme por todas las calles de Santa Cruz,cosa que practico siempre que puedo con sumo gusto.

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    1. No hay nada tan grato como perderse por las calles por el mero placer de pasear sin prisas. Una de mis amigas cada mañana camina por Santa Cruz y manda por wasap lo que le va llamando la atención: un balcón, una planta florecida, el nombre de una calle, un cartel... ¡Lo que daría yo ahora por tener una máquina del tiempo y perderme por aquel Santa Cruz, sabiendo como sé ahora que no iba a perdurar!

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  18. Gabino Pedro Negrín Fajardo23 de enero de 2016, 14:41

    La fábrica de caramelos se llamaba"Yumbo", y la regentaba Don Pedro Rodriguez, hermano del Médico Pediatra Don Pedro Rodríguez Trujillo.Yo fuí muchas veces con mi madre, para comprar caramelos por paquetes, para vender.

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    1. Hay que ver la cantidad de personas que la recuerda y que recuerda a Don Pedro. A mí me queda en la memoria el olor y el sabor de los caramelos.
      Gracias por traer tu recuerdo.
      Añado otra foto de la calle de La Luna en la que al fondo se ve la puerta de la fábrica de caramelos.

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  19. Te diré que me encantó tu comentario sobre la calle de la Amargura. Yo recuerdo perfectamente esa calle porque la transitaba mucho y también la de La Luna donde vivía mi novio de entonces, y recuerdo muy bien todo lo que describes. Del Frente de Juventudes tengo mal recuerdo porque mi cuñado se puso a jugar con un artefacto que se encontró y resultó ser una granada que explotó y le hizo perder 2 dedos y un ojo.
    Recuerdo también el carrito de la esquina del Parque Recreativo con La Luna en el que vendían unos fritos riquísimos rellenos de crema y las chuches de antes que no son como las de ahora: los chochos, los tamarindos, los chicles Bazooca, las chufas, que las tenían en agua y nosotras les decíamos "chuflas", las "regalías" como llamábamos al regaliz...
    Que sepas que me ha encantado y que me hizo recordar la infancia nuestra.
    Un abrazo fuerte y, como siempre, tan genial escribiendo.

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    1. Muchas gracias, Ani, como siempre tan cariñosa.
      Me ha dejado impactada lo de la granada en el suelo como quien no quiere la cosa, en un sitio tan público y lleno de niños como estaba entonces. Si es ahora, le hubiera caído una denuncia como la copa de un pino.
      Y cuánta razón con las chuches de antes y las de ahora ¿Y los pirulines? ¿Y los refrescos, que eran aquellos polvitos en los que mojábamos las "regalías"? ¿Y las melcorchas? Mmmmmmmmm...
      Lindo haberlo vivido pa poderlo contar, como decía Cafrune.

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  20. ISA, qué bonito y que recuerdos.... Sabes que yo vivía en esa calle, justo al lado de la fábrica de caramelos, yo iba mucho y nos poníamos con algunos chiquillos y empleadas a liar los caramelos y disfrutabamos mucho, la puerta de mi casa estaba justamente al desembocar la calle de la Luna, donde hoy está la puerta de Mac Donalds y justamente es la puerta que se ve en la foto q dices que es la fábrica de caramelos que es la que está al lado pena que no se puede ampliar, me gustaría tener esa foto. Besos
    La fábrica se llamaba Caramelos Yumbo y vivía una Sra que se llamaba Doña Sinda y nosotros por la amistad y la confianza la llamábamos Titi Sinda , era la madre de Pedro.
    Además, en la calle de La luna, al lado de la famacia Évora, había otra fábrica de caramelos que pertenecía a la familia Baena Ibars.

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    1. Gracias, Clari, ya te pedí el otro día que entraras a ver el post porque sabía que tenías información de primera mano. Tú eras la privilegiada que, no solo como yo estabas envuelta en el aroma del caramelo cuando ibas al colegio, sino ¡todo el día! Era como para tener pensamientos positivos de la mañana a la noche :-D
      Y lo de que había otra fábrica en la calle de la Luna, primera noticia. El Santa Cruz de entonces debía tener mucha necesidad de dulzura.
      Un beso y muchas gracias por la aportación.

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  21. Una foto antigua de la calle de la Amargura.
    https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1588965404454311&set=gm.1183936691672647&type=3&theater

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