lunes, 13 de octubre de 2014

Estar de morros




Es una verdad mundialmente reconocida que yo no me enfado (casi) nunca. Y que, si lo hago, se me pasa enseguida. Incluso mi marido, que vive conmigo y aguanta mis despistes y majaderías (y se enfada), admite ante todo dios que tengo mejor carácter que él. Aunque sigue rezongando, después, que con mi "fue sin querer" lo quiero arreglar todo.


Pero es que es la verdad de la vida ¿Para qué iba yo a querer ofenderlo, si firmé papeles con eso de que "hasta que la muerte nos separe"? Y, además, poniéndome como Neruda, ¡es tan corta la vida, y tan largo el olvido! ¿Para qué perder el tiempo enfadándose y desenfadándose? Onetti decía : "Es mejor perder una discusión que perder el tiempo", ese tesoro dorado de días, horas y minutos que se nos escurre entre los dedos sin apenas darnos cuenta.

Tal vez habría que hacer como el de aquel chiste viejo:
- Y tú, ¿de qué estás tan gordo?
- De no discutir.
- ¿Cómo va a ser por eso? ¡Será de otra cosa!
- Bueno, pues será de otra cosa...

Miren, por ejemplo, uno de los enfados más tontos de la literatura, el de Ana Shirley, la protagonista de "Ana, la de Tejas Verdes" de L. M .Montgomery. Ana es, al principio de los 8 libros, una niña huérfana de 11 años adoptada por los hermanos Marilla y Matthew en la idílica isla del Príncipe Eduardo en Canadá. Es una niña inteligente, creativa y generosa, pero también muy quisquillosa, sobre todo en lo que se refiere a su pelo, de un rojo subido ("Nadie que tenga cabellos rojos puede ser feliz", dice). Así que, cuando Gilbert Blythe intenta atraer su atención en la escuela y no se le ocurre otra cosa mejor para ello que tirarle de la trenza roja y decirle: "¡Zanahorias! ¡Zanahorias!", Ana monta en cólera y, aparte de llamarlo "niñato mezquino y odioso", le parte la pizarra que llevaba en la mano en la cabeza. Y aunque él le pide perdón enseguida, Ana decide odiar a Gilbert hasta el fin de sus días. Tuvieron que pasar 5 años para que Ana empezara a darse cuenta de que la vida no era tan atractiva si no estaba cerca su amigo el enemigo. Y otros 5 más (de hecho en el tercer libro), hasta que descubriera que él era el hombre de su vida y se olvidara definitivamente de las zanahorias ¡Cuántos ratos perdidos, cuántas risas que pudieron ser y no fueron, cuántos momentos gloriosos no compartidos, todos por culpa de una estupidez!

Así que, antes de hacer como Ana Shirley, o como el cartaginés Amílcar Barca que hizo que su hijo Aníbal jurara ante los dioses odio eterno a los romanos (y miren lo que la lió con las guerras púnicas), yo -que hoy me dio la vena consejera tipo Elena Francis-  propondría relativizar, hablar cuando hay malentendidos o hacer como mi amigo Manolo que, una vez que salió a hacer un recado y tardó en llegar unas cuantas horas, cuando vio a su mujer enfadada (¿dónde has estado?, ¿por qué no llamaste? y todo eso), le contestó con una frase que ya ha sido incorporada al léxico de los amigos para momentos así:
- ¿Pues yo robo? ¿Pues yo mato? Pues entonces...

22 comentarios:

  1. Entrañable serie la de Anne Shirley y encantadores los ocho libros que nos muestran su bucólica vida. ¡Cómo mo he reído al recordar la escena de la rotura de la pizarra! Y es que yo también tengo algún "pronto" de esos, un "ponerme de morros"..., que afortunadamente se pasa pronto. Porque es cierto que el tiempo vuela y que el que uno pasa enfadado, es tiempo perdido. No vale la pena. A veces no es fácil hablar, una quisiera y, simplemente no sabe por dónde empezar. Relativizar, bonita palabra. Voy a ver si me la aplico un poco, que no me hará daño ;) Saludos, Jane.

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    1. Mi nieta ha empezado a leerlos ahora (tiene 11 años, los mismos que Ana Shirley) y de paso me los releo yo. Me he reído con la imaginación de Ana, con los raptos "románticos" y pasionales, con la rivalidad con Gilbert, con los juegos con las amigas (como cuando juegan a ser Eliane), con la señora Lynde... A veces hasta me he visto pensando de alguien con quien conectas enseguida: "Aquí está un alma gemela".
      No vale la pena, no, perder el tiempo con enfados tontos. Hombre, si te hacen algo como lo que Gila contaba de su pueblo de hacerte volar por los aires, no es de recibo lo de "el que no aguante una broma que se vaya de este pueblo". Pero de resto, mejor pedir perdón si el caso lo requiere y tomarse con humor las ofensas. Viviendo entre tantos no queda otra.
      Un abrazo, Tana.

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  2. Néstor Castro Clavijo13 de octubre de 2014, 20:59

    Con lo que a mí me gusta debatir (o discutir según el caso y el tema).

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    1. Es que hay discusiones y discusiones. La que te gusta a ti (y a mí) es la discusión-debate en la que hay una serie de reglas tácitas: escuchar al otro, dar una opinión razonada, aportar datos nuevos, no insultar, no dar vueltas mareando la perdiz, no gritar... Muchas veces lo que vemos por la tele u oímos en la radio, de debate tiene poco.
      Pero, ah, no hay nada como un buen debate. Desde que Sócrates y Platón los inventaron, han contribuido a que los seres humanos nos aclaremos, nos comprendamos y nos conozcamos (incluso a nosotros mismos). Y lo bien que se pasa...

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  3. Tengo tendencias, digamos, "explosivas". Tipo globo: se infla y sube rápido, explota y se queda en nada. El problema es ese momento del estallido. Luego me arrepiento. Pero lo de estar de morros no me va, al menos no durante más de cinco minutos, diez como mucho.
    Anne Shirley, qué recuerdos. Cuánto disfruté con ella. Y tienes toda la razón, se perdió mucho en todo ese tiempo. Pero, dime, Jane, ¿qué hubiera sido de la historia si Gilbert la hubiera enamorado en el primer momento?
    Como siempre, me llevo una sonrisa en la memoria. Gracias por ello.
    Besucos.

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    1. Te pasa, Zazou, como a mi hija, que es de "explosiones". Pero a los dos minutos ya se le pasa y no le importa pedir perdón por los exabruptos. Yo prefiero a las personas así antes de a las que se callan y rumian días y días un enfado. Estas corren el peligro de que el enfado se enquiste, se infecte y las termine por enfermar. Eso no es saludable.
      La historia de Ana y Gilbert hubiera sido distinta si ella hubiera sido más generosa y lo hubiera perdonado cuando él se lo pidió, nada más salir de la escuela. Tal vez no se hubieran enamorado pero hubieran sido unos amigos excelentes porque eran almas gemelas. Pero claro, igual al libro le hubiera faltado la pugna, la rivalidad, el estar pendientes uno del otro...
      Tienes razón, preferimos la historia tal como fue escrita, qué demonios.
      Muchos besos.

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  4. Muy bueno tu escrito, como todos.Siempre hay espacio para arrepentirse, y ese es mi caso.Ahora me doy cuenta de todo el tiempo que perdí,después de una discusión,por ponerme "de morros".Ya no hay vuelta atrás, ya no tengo la oportunidad de pedir perdón si fuera el caso. Es muy cierto todo lo que dices, no vale la pena perder el precioso tiempo llamado vida en esas cosas.

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    1. Gracias, Ligia. Me hiciste recordar la canción de "Cuando vuelva a tu lado no me niegues tus besos... que el beso que negaste ya no lo puedes dar". Alguna vez se la he cantado a mi marido , no creas, que es al que le duran los morros.
      Pero también muchas parejas piensan que los enfados dan sal a las relaciones y que las reconciliaciones son más dulces después de ellos. Sea como sea, también es un milagro que con lo distintos que somos los seres humanos, con las opiniones tan peregrinas que tenemos sobre lo divino y lo humano, hayamos podido ponernos de acuerdo en lo fundamental como para convivir unos con otros.
      Piensa ahora en todos los momentos compartidos y olvídate de los enfados. Tampoco fueron tan importantes.
      Un beso.

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  5. Buenos días Jane: totalmente de acuerdo con lo que expones. En la mayoría de las ocasiones los motivos para el enfado son nimiedades y bastante amor propio por la parte que se siente ofendida. ¡Con la de cosas bonitas que se pueden hacer a lo largo del día y el enfado no te deja disfrutar de ellas!. Cuando hace ya muchos años que me quedé viuda me propuse dar prioridad a la personas y cosas verdaderamente importantes, (mis hijos, mi aita, mis amigos y en segundo lugar personas conocidas ó desconocidas), y dar importancia relativa a las acciones de esas personas. Cuesta, pero merece la pena. A mi también me gustó la serie de "Ana, la de las Tejas Verdes", ¡que paisajes!. ¿Sabes de dónde era el camarero más amable que encontramos en Austria?, de Lanzarote. Un saludo cariñoso.

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    1. ¡Qué buena idea, Rosa María! Estoy totalmente de acuerdo contigo. Afortunadamente no somos perfectos (sería insufrible vivir con la perfección) y nos equivocamos a cada rato: no decimos lo que el otro quiere oír, metemos la pata, pensamos distinto, nos levantamos un día antipáticos (con el culo destapado, decía mi abuela)... Pero lo importante es la persona y todo lo que compartes con ella. Lo demás es anecdótico.
      Qué pena no haber conocido al camarero conejero. Pero me he dado cuenta de que los canarios están en todos los sitios del mundo. Mi hermana se encontró uno de Las Palmas en Nueva Zelanda.

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  6. Isa, estupenda filosofía, ¿te imaginas si todos, todos la pusiéramos en práctica?

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    1. Pues a lo mejor el mundo sería mucho mejor, si no suprimimos discrepancias y debates, que siempre son interesantes y que sirven para que avancemos y conozcamos otros puntos de vista. Pero claro ¿de qué hablarían los periódicos? Porque últimamente no veo en ellos sino malentendidos, enfados, acusaciones, guerras...

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  7. Es verdad, esta Ana estuvo muy tontina con Gilbert, pero eso es para que el público esté en su casa diciendo "Ay, qué tonta, si este es el chico que te conviene".

    Está muy bien lo de no discutir pero si lo hiciera todo el mundo, no si fueras tú el único que cede en el mundo y todo el universo abusa de ti ¿no?

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    1. La verdad es que yo abogo, más que por lo de no discutir (que me encanta), por no enfadarme por tonterías. Por ejemplo, porque llegues tarde a una cita. Hay un libro de P.G. Wodehouse ("Dinero molesto") en el que el protagonista, Bill Dawlish, ante esa tesitura (esperando a su novia que solía tardar un buen rato) se dedica a jugar al golf mentalmente en medio de las calles de Londres "Era un alma sencilla, capaz de divertirse con cosas sencillas también". A lo mejor, haríamos bien en ver el lado positivo de algún contratiempo, como Bill Dawlish, al que en una ocasión le dio tiempo de hacer nueve hoyos mentales.

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  8. Hola Jane. Creo que casi todos, a toro pasado,estamos de acuerdo en que no merece la pena enfadarse por cosas que no llevan a ninguna parte: Esas discusiones estériles como si fuéramos adolescentes, retándonos a ver "cuál escupía más lejos". Lo que ocurre es que a algunos le funciona. Me acuerdo de un amigo que se le hizo tarde, se puso a beber con un colega, y claro a las 2 de la mañana estaba "bonito". Cuando regresó a su casa y se dió cuenta que su mujer lo estaba esperando levantada, comenzó a gritar: "Ese no me lo vuelve a hacer", "Siempre me está engañando"... y claro su mujer se preocupó y se creyó la milonga que le contó. Pero repito eso lo vemos a toro pasado, y a veces, ya es tarde para rectificar. Un beso Jane. Juan

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    1. Lo que tendría que hacer tu amigo es como Manolo con el "¿Pues yo mato?...".
      Y también es verdad que algunos son fosforitos que se encienden enseguida y sólo se dan cuenta después de que perdieron los papeles y, de paso que armaron la bronca, se cogieron un berrinche que les duró 3 días. Y al final concluyen que no mereció la pena tanta sofoquina.
      Volvemos entonces al eterno dualismo del ser humano ¿Razón frente a pasión? El viejo consejo de nuestras abuelas de contar hasta diez (o veinte) antes de saltar por cualquier cosa tal vez no vendría mal.
      Un beso, Juan. Cuídate.

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  9. Es muy cierto lo que dices, Jane. Soy de las que enfada con facilidad pero se me olvida en el momento y por muy rápido que se pase el enfado, es un tiempo valioso que se pierde que juntados a los tantos otros, es mucho tiempo inútil desperdiciado. Que buen paralelismo haces y muy acertado, cuán sensible puede ser uno ante una expresión dicha sin pensar. Lo malo que se aprende con la edad, a ser más paciente y a pensar mejor las cosas antes de decirlas y/o enfadarse por naderías.
    Un saludito :)

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    1. La edad tiene esas cosas. Aparte de que nos liberamos de horarios, nos damos cuenta de cuáles son las cosas verdaderamente importantes de la vida, por las que vale la pena preocuparse. Una vez le preguntaron a Michele Pfeiffer por sus recetas antiedad y contestó que no molestarse con nada ni con nadie, comer bien, querer al marido, bañar a los niños, un poco de deporte y unos vaqueros bien cortados.
      Es verdad que aprendemos con la edad, la experiencia nos da una cierta sabiduria (pero, claro, a cambio nos da achaques. Como decía El Roto, lo peor de la vejez es que llega a muy mala edad).
      Un abrazo.

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  10. Me hiciste recordar a mi suegra, que era muy bajita pero con unos... bien puestos y propensa a los morros, se le notaban enseguida. Una vez, estando en Tenerife (vino muchas veces a pasar las Navidades), pasó varios días de morros y luego me contó que se había enfadado con el marido porque él quería comprar un bloc para pintar acuarela que era caro y ella, ni hablar, que un papel era igual a otro. Se fueron hasta casa, me contaba, ella delante y él como 10 metros atrás. A los tres días se fue ella y le compró el bloc caro. Hicieron las paces. Y pienso yo que qué tontería, con casi 70 años.

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    1. Para hacer tonterías, Esther, no hay edades. Si me pongo a recordar las pocas veces en que mi marido y yo nos hemos enfadado, ni siquiera recuerdo el motivo. Si dos personas bien avenidas se enfadan suele ser por una tontería, un día que nos levantamos de mal humor o queremos, vete tú a saber por qué, imponer nuestro criterio. Los humanos somos así.

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  11. La lectura de tu entrada de hoy, Jane, me hizo pensar si soy yo, persona que se enfada fácilmente y llegué a la conclusión de que no suelo hacerlo y, cuando sucede, se me pasa en el acto. No tiene mucho sentido caer en ello y, mucho menos, mantenerlo.
    Si lo piensas bien, resulta hasta cansado, porque supone un doble trabajo que, además, ocupa tiempo: uno, el de enfadarte, y otro, el de apearte del enfado, porque no te puedes pasar, todo lo que te quede de vida, enfadado con alguien.
    Sé lo que cuesta conseguirlo, para alguien que, como yo, tenga mucho carácter y un genio dispuesto a saltar, sobre todo, ante lo injusto. Cuando me veo ante situaciones de esta clase, manifiesto mi desacuerdo, con mayor o menor vehemencia, pero de ahí no paso. Procuro soltarlo, para no estallar, y rara vez, el enfado continúa.
    Lo bueno sería aprender a que la llama no se encienda y, así, evitar la explosión, pero no siempre se logra. El recurso de contar hasta diez (o, mejor, hasta veinte, como tú bien dices), puede ser muy efectivo. Incluso, darte la vuelta, irte en retirada, puede ser más una victoria que un fracaso.
    Sin embargo, apelar a que la edad contribuye a que seamos más pacientes (o más pasotas), en mi caso no es lo que más me ayude a evitarlos. Incluso, yo diría que voy contra corriente. Me recuerdo más tranquila, en mi primera y segunda juventud, pero ahora, que estoy en la tercera, me cuesta más aplicar esos recursos tan recomendables.
    Qué le vamos a hacer... Serán cosas, precisamente, de la edad, ¿no te parece, querida Jane?.
    Como siempre, mi enhorabuena, porque sigues manteniendo tu nivel de calidad.

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    1. Me alegra, Cehachebé, que esta propuesta mía te haya llevado a la reflexión y a compartir lo pensado. Yo tampoco creo que la edad nos haga más pacientes. "Genio y figura hasta la sepultura". Si tienes el genio vivo, la llama se encenderá siempre que veas situaciones que no te gustan. A lo mejor en tu primera y segunda juventud no encontraste muchas situaciones susceptibles de encenderte (o a lo mejor es que ya no te acuerdas :-D )
      A mí me cuesta más que a ti el encendido. Lo sé porque ante un mismo hecho hemos reaccionado distinto, tú más vehemente, yo más tranquila. Yo creo que se lleva en los genes.
      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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