lunes, 17 de noviembre de 2014

Historias de Los Sauces: los nombretes




Dicen que en los pueblos antiguos a cada persona se le imponía un nombre y, luego, el brujo de la tribu añadía otro sobrenombre, secreto y esencial, que nadie podía conocer. En Los Sauces ocurre justamente al revés: todos tienen el nombre con que sus padres los bautizaron y, además, un sobrenombre, apodo, o, como decimos aquí, nombrete, que no solo no es secreto sino que muchas veces es más conocido que aquel que figura en el Registro.

Hay una leyenda urbana -no sé si cierta o no- que cuenta que, cuando en Los Sauces hubo por fin teléfonos para casi todo el mundo, allá por los años 60, y les dieron la Guía Telefónica, los sauceros, para poder aclararse y saber de quién era cada número, la cambiaron por una Guía telefónica propia que, en los nombres, podría haber sido tal que así:





Detrás de cada nombrete hay, por supuesto, una historia. Algunas son muy obvias, pero de otras su origen puede perderse en la noche de los tiempos y sería un arduo trabajo de investigación buscarlo (de hecho, Don José Pérez Vidal estuvo intentándolo). Yo sé, por ejemplo, que a mi tío Manuel lo llamaban La Gata Parda porque tuvo una mula que se llamaba así (que ya es rebuscamiento ponerle ese nombre a una mula), pero ¿de dónde habrán salido el Salta si puedes, los Solilunas, Medio barril, Cascabullo o los Calandracos?

Cada una de estas personas tiene a gala su nombrete. Es su signo de distinción, su blasón nobiliario, su toisón de oro. Significa que eres alguien en el pueblo y que ese nombrete muchas veces desterrará el apellido y dará nombre a familias enteras (los Cañuelas, los Mazapanes, los Rancheritos...).

Francisco Lorenzo Concepción es un profesor saucero, catedrático de Instituto, del que el pueblo se siente orgulloso, tanto que le encargaron hace dos años el Pregón de las Fiestas. Pero para todos es Francisco Sonámbulo. Él mismo, muy ufano, contó en este Pregón el origen de su nombrete. Decía que, cuando era chico, siempre iba apurado corriendo a la clase del Maestro Cándido por si llegaba tarde, y siempre hacía dos gestos inconscientes y seguidos: mirar la hora al pasar por el Ayuntamiento y santiguarse al pasar por la iglesia. Y un día que iba más zumbado de la cuenta lo hizo al revés: se santiguó ante el Ayuntamiento y miró la hora en el reloj inexistente de la iglesia. Los viejos, que estaban al quite todas las mañanas sentados en el banco de la Plaza, se rieron y le dijeron: "¡Francisco! ¿Vas sonámbulo?". Y Sonámbulo se quedó para siempre.

¿Ven lo que les digo? Así empiezan las historias, las dinastías y el orgullo de ser de Los Sauces, el pueblo con más nombretes que conozco.

28 comentarios:

  1. Buenas tardes Jane: Creo que en casi todos los pueblos pequeños han existidos los motes desde hace, posiblemente siglos. Yo los he conocido y todavía quedan familias a las que se les sigue conociendo por ellos. En parte es una costumbre entrañable, pero también a veces muy cruel y ofensiva. Un saludo cariñoso.

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    1. Es verdad, Rosa María. De todas formas, no sé si es porque en este pueblo hay mucho sentido del humor y muchos saben que, a pesar de lo burleteros que son, ponen motes con cariño, muchos se me han presentado diciendo, por ejemplo, "yo soy..." y aquí va el nombre y el nombrete.
      Si te fijas en la relación que he puesto, hay nombretes que hablan del sitio del que proceden ("Manos de Oro", por ejemplo, es un barrio de Los Sauces), otros aluden a oficios ("sastre", "recovera", ...), otros a características físicas ("Chico", "Grande", "Hermoso"...) y otros a sucedidos, como el que cuento de "sonámbulo". Pero realmente no se ve ninguno ofensivo (o por lo menos yo no lo conozco)
      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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  2. Francis Reyes Rodríguez17 de noviembre de 2014, 15:40

    Coincidí con algunos de los que se nombran en la Universidad. Gran amigo de Francisco el sonámbulo , compañero de clase (Quimicas) y de otros como de Pepe el chico (Matemáticas) o Paco el Chimenea (Medicina).

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    1. Es que sauceros de pro, Francis, hay por todo el mundo. Yo coincidí también con Pepe el Chico en los Tribunales de Selectividad. Será chico pero es una gran persona.

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  3. Hola Jane. Todos tenemos nombretes familiares. Yo soy descendientes de Cirilos, Gatos, Barretes y Herreras (se debe decir Jerreras con jota). Tengo amigos que son Corujos, Truenos, Rancheritos, Lomos, ..... Conocí Patasrajadas, Cagalagavetas, Hurones (se decía Jurones), Esporteros, Peludos,Cuervos y no digo más por si acaso me olvido y se enfadan conmigo.Así que como verás no está mal el catálogo.
    Cada uno tiene una interpretación que puede ser cierta o no: De Patasrajadas me contaron que como no había alpargatas tenía los pies agrietados y de Cagalagavetas me dijeron que siendo niño le dió un apurón y lo primero que encontró fue una gaveta de una cómoda abierta y allí se alivió.
    Así que el pueblo es pequeño pero tiene anécdotas y nombretes para llenar un tomo del Espasa Calpe. Un beso jane. Juan

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    1. Jajaja, muy bueno, Juan. Sí que conocía el "Cagalagaveta", pero son tantos... Yo soy descendiente de "Los Brujos", por mi bisabuela paterna. Realmente, muchos apellidos actuales empezaron siendo motes, sobre todo los relacionados con los trabajos, como el Herrera tuyo.
      En los pueblos pequeños, donde los nombres y los apellidos coinciden muchas veces, es una buena manera de identificar a las personas para que no haya ninguna confusión.
      Hace un tiempo publicaron los motes de Santa Cruz y hubo quien escribió después para que incluyeran el suyo que, oiga, se habían olvidado, como va a ser eso, por Dios...
      Un beso, Juan. Gracias por aportar "material". Después de esto hacemos una tesis.

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  4. Saludos Jane. Verás, también en mi gente, por parte materna, existen los motes, alias, sobrenombres o nombretes. Mi abuela materna era de La Esperanza y a su familia le decian Los Garza: todos eran muy altos y más flacos que un suspiro. De tal manera, que a mi me preguntaban, ¿ y, tú, eres nieto de María La Garza?. La respuesta era obvia. Respecto a mí, debo decir que me "bautizaron" al inicio del Bachillerato y ese mote ha perdurado en el tiempo y tiene que ver con mi origen y cierto personaje de las tiras cómicas. Por estos lados, los nombretes son para coger palco. U(n abrazo y a cuidarse, pues.

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    1. Ya me dejaste intrigada, Agroteide, con el apodo que te dieron ¿Popeye, el Capitán Trueno, el Pájaro Loco...?
      Los niños también éramos propensos a poner nombretes. Me acuerdo de haber puesto a un chico "El alirongo", porque era "longo" y cantaba eso de "Alirongo, alirongo, alirongo, el sombrero me lo quito y me lo pongo". Y a otro que era tartamudo lo llamábamos "Pepedro". Claro que era entre nosotras, no algo público, y ellos jamás se enteraron
      A ver si me cuentas algún mote de esos que son para coger palco.
      Un abrazo.

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  5. Aquí y allá los nombretes sirven para presentarse....tienen eso de positivo. A mi al menos en más de una ocasión me ha servido diciendo: "soy hija de Antonio el tejeringo y de Teresa la colorá". Me dicen, ¡¡ ah, ya se!!....y yo me siento bien porque el apodo o nombre de mis padres no es ofensivo ni les descalifica. ...hacen alusión a su aspecto físico y a su profesión ( en Andalucía a los churros se les llama tejeringos).
    Ya ves.....y en este medio soy lugrueda. Saludos.

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    1. Sí, es el medio de identificación ideal, Sobre todo porque en los pueblos los nombres y los apellidos se repiten mucho. Si te fijas en la lista que puse hay un montón de Antonios, Manueles, Pepes y Pacos. Y por el aspecto físico (Delgado, Rubio, Crespo, Hermoso, Feo...) y la profesión (Pintor, Herrero, Carnicero, Maestre...) empezaron los apellidos.
      Un abrazo.

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  6. Hola Isa, nosotros a los apodos los llamamos "mote", al menos en el pueblo de mis antepasados. Cuando alguien pregunta de quien eres, y le dices tu nombre y el nieta de Gregorio Navarro, siempre hay un espabilado que sin dejar pensar, aclara rápido "sí mujer, nieta del empalmado",pues sí señor, esa soy yo. Debo deciros que ese mote se debe a la gran altura de mi abuelo, ¿ qué habiais pensado?.
    A mí me divierten estas situaciones, pero hay quien se enfada. En una ocasión, a un paisano le dije, eres un rata? Me contestó de mala forma que era José...... y me dió sus apellidos. Me quedé un poco cortada, pero verdaderamente era un "rata", eso sí, con mal caracter. Un beso.

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    1. Pues vaya mote que le pusieron a tu abuelo, Esperanza. Igualito que como se llamaba a sí mismo el Duque de Palma. La verdad es que mirando el significado original de "empalmar" (unir una con otra por sus extremos dos cosas alargadas) y no el vulgar, es un apodo bastante original.
      Y entiendo que el pobre José no quisiera ser un "Rata". Hay apodos con los que nadie querría cargar.
      Un besote.

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  7. Lo que he admirado siempre de los nombretes es con que "puntería" retrata al destinatario, son geniales.
    Un abrazo amiga.

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    1. Es verdad. Si no lo fueran y no dijeran nada del "nombreteado" no tendrían éxito.
      A mí también me asombra que se hereden, porque está bien que a uno, por ejemplo, lo llamen Jaime el Largo, pero que luego todos sus familiares sean los Largos, aunque sean retacos... como que no pega. Pero así son las cosas en los pueblos. Y si a uno no le gusta, como decía Gila, que se marche de este pueblo.
      Un abrazo grande, mi amiga.

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  8. Pues mira, estos apodos están bien porque tienen sentido y son amables, porque hace años hicieron un reportaje en televisión sobre un pueblo donde todo el mundo tenía un sobrenombre y les preguntaban
    - ¿Por qué le llaman el noséqué?
    - Porque así llamaban a mi abuelo/padre/bisabuelo

    Vamos, un apellido en toda regla.

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    1. Mejor razón, imposible. Si los ancestros apechugaron con el sobrenombre de "El Ojeroso", "ojerosos" serán también el resto de la familia.
      Me acordé ahora de Jardiel, que en "Los ladrones somos gente honrada" tenía un apodo (no me acuerdo cuál) para uno de los ladrones. Pero el actor que lo iba a interpretar era pelirrojo y entonces Jardiel, acertadamente, lo cambió y se quedó "El Pelirrojo". En los pueblos eso no pasa.
      Y, por cierto, ese jovencito actor pelirrojo que interpretó a uno de los ladrones y del que Jardiel se llevó una buenísima impresión, se llamaba Fernando Fernán Gómez.

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    2. Es verdad "El Pelirrojo" que le debía ese nombre a FFG y desde entonces ha obligado a que todos los mayordomos ladrones tengan que teñirse en la escena española :-)

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    3. Es verdad, Loque. Repasé ahora las "Circunstancias en que se ideó, se escribió y se estrenó "Los ladrones somos gente honrada" y vi que el mayordomo se tendría que haber llamado "El chino". Pero al cambiar de actor dice Jardiel: "Con la nueva combinación, el apelativo de Chino ya no tenía base, y la circunstancia de ser pelirrojo Fernangómez me movió a bautizar de Pelirrojo al mayordomo, con lo cual los actores que más tarde hicieron la comedia por provincias tuvieron que ponerse peluca, y al pasar la obra al cine, pintarse el pelo de amarillo".
      Me encanta Jardiel.

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  9. ¡Anda que en Santa Cruz de La Palma!. Hoy día parece que eso de los nombretes se acabó. Pero en los tiempos en que era yo chico, la calle completa donde residía o mejor dicho todas las familias vecinas, incluso la mía, disponían del primer apellido no registrado pero aceptado por propios y extraños. Los cagafuegos, los trincaelculo, etc, etc
    Te voy a contar un nombrete que le pusimos a un profesor y que tuvo graves consecuencias:
    Inauguración del curso 62-63, yo en quinto de bachillerato. El elegido para el discurso fue el nuevo profesor de francés, que procedía de la península y que se pegó todo el tiempo enumerando y describiendo los múltiples países que había visitado en sus viajes. La parrafada fue tan aburrida y larga, que un alumno que estaba en las filas últimas gritó: ¡Adiós Magallanes!. El regocijo fue tal que el resto del discurso se tornó en un cachondeo generalizado, por lo que tuvo que abreviar y salir del paraninfo entre risas. Y así se quedó el hombre para el resto de su estancia en el Instituto: Magallanes.
    El profesor nunca aceptó semejante sobrenombre (lo consideró siempre un insulto) y, enterado que procedía de un alumno de quinto cuya identidad fue siempre secreta por nuestra parte, la tomó con todo el curso, incluido las chicas, vejándonos, riéndose de los que tenían algún defecto, ridiculizándonos ante los demás, hasta que hubo un levantamiento salvaje contra él. Todos, absolutamente todos, fuimos penalizados con la pérdida del curso oficial y nos tuvimos que presentar a un único examen final de todas y cada una de las asignaturas para salvar el año. Por supuesto, sólo estuvo ese curso, entregó las notas en un sobre sellado que se abrió después de ausentarse de la isla y no vino en septiembre a examinar, por miedo a que recibiera alguna "caricia" por parte nuestra.
    Al recordar el incidente, siempre he dicho que si hubiera pasado hoy día, habríamos salido en todos los medios de comunicación regionales y nacionales tachándonos de golfos y sin embargo fue un curso ejemplar, muy recordado por todos nuestros profesores.
    Para que veas lo que supuso un nombrete puesto a alguien que nunca lo aceptó. Los detalles del suceso creo que te lo conté hace tiempo.

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    1. Increible lo que cuentas, Enrique. No sólo por el poco sentido del humor del profesor (después de todo "Magallanes" no tenía nada de ofensivo y es un mote muy simpático para alguien que ha viajado mucho), sino también y sobre todo por la prepotencia y abuso de poder del profesor a la hora de imponer castigos y de relacionarse con el alumnado en acciones totalmente injustas.
      Nosotras en el colegio llamábamos a una profesora "La Goda" y a otra "La Pascala" (nos hablaba de Pascal) y, aunque seguro que lo sabían, nunca les vimos tomar represalias por ese hecho.
      Los alumnos son buenísimos a la hora de poner nombretes. Ya conté en una ocasión (en "Somos nombradores") que una vez un profe se presentó a sus alumnos diciendo que se llamaba Manuel Berenguelo pero que, por favor, lo llamaran Manuel ¿Cómo lo llamaron desde ese momento? Acertaste: "El Berenguelo".

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  10. Es evidente que Los Sauces es un pueblo lleno de motes o apodos... unos muy curiosos y hasta con un origen anecdótico como el que comentas, pero la mayoría nacen de la crueldad de algunos y de la burla de una gran parte de los vecinos... por ello algunas veces no son tan aceptados, aunque como no son personales sino familiares son más fáciles de sobrellevar... Sería muy curioso saber el origen de cada uno de ellos... por supuesto sin tratar de que nadie se molestase demasiado, pero me temo que no siempre encontraríamos toda la colaboración necesaria... especialmente en los personales... Me gustó mucho el enfoque, pero lo mejor de todo los comentarios porque todos tenemos entre los nuestros... amigos y familiares muchos, muchos apodos.

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    1. Gracias, Jesús, por tu aportación.
      Si pudiéramos saber el origen de cada apodo, tendríamos la historia de Los Sauces, una historia alejada de las crónicas oficiales, pero más real. Así Pérez Vidal estaba interesado en ellos...

      Ante este tema hay dos valores fundamentales: el respeto a la persona y el sentido del humor. El primero, por parte del que pone el apodo. No es de recibo que se ponga un apodo insultante ni uno que haga daño. Por ejemplo, que a una chica fea se le llame "La fea" puede provocarle un complejo enorme (a no ser, claro, que se sea Rossy de Palma que ha hecho de la fealdad su bandera y su orgullo). Y por parte del apodado, es importante el sentido del humor (por ejemplo, en el caso del profesor que cuenta Enrique, que no solo no lo tenía sino que, además, usó su poder para la venganza). Creo, de todas formas, que hay mucha gente que se siente cómoda formando parte de un grupo familiar con apodo propio. En La Laguna, se me han presentado diciendo: "Yo soy fulanito, un Popeye" (por ejemplo). Y en Los Sauces lo he vivido también.
      Un abrazo.

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  11. Qué bien describes y explicas la situación, que parece que nos adentramos en ella... Calandracos, Solilunas, Sonámbulos, Salta si puedes, etc, todos simpáticos y bien sonantes. Yo también como lagunera que soy, ahí se usa mucho el nombrete... Campanero, Asadura etc. Mi padre tenía un tío que era zapatero y le conocían por su mote, Bruno el Zapatero... No hacían falta apellidos.

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    1. Claro que no, era la mejor identificación.
      Te voy a contar una anécdota de La Laguna, sobre dos hermanas a las que llamaban "Las Caballas" y, en el baile del Leal, va uno a invitar a una de las dos a bailar y le dice:
      - ¿Bailas?
      - Nosotras no bailamos que somos viejas.
      A lo que contestó él:
      - Una cosa es que sean viejas y otra, que me cambien de pescado.

      Un besote y gracias por tu comentario.

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  12. En Los Llanos ponen las esquelas en las esquinas de la plaza con el nombre y apellidos del fallecido y, entre paréntesis, el apodo. Y así te ves a Francisco (el Puntal) o, como uno que había el otro día, Fulanito (el Acoñao). Aquí y en Tazacorte también hay un montón de apodos: los Pulguitas, las Oscuras, Jesús Cagapoquito...

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    1. A eso me refería, Nieves, cuando hablaba del orgullo que se tiene por tener un apodo. Porque llamarse "el Acoñao", no es para tirar cohetes. Y sin embargo, lo ponen en la esquela a la mismma altura que los apellidos. Eso es ser gente sin complejos.

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  13. Jubilada Jane, aunque de bandas distintas, pues tu naciste y viviste en Los Sauces y yo en Los Llanos de Aridane con el volcán y las cumbres de La Caldera por medio, comparto contigo cuna e infancia palmera y cada vez que comentas cosas de allí siento que revivo los años inolvidables de la niñez y primera juventud.
    El tema de los "nombretes" me resulta especialmente simpático y si los de tu pueblo son muy ocurrentes los del mío no se quedan atrás. Por allí todavía quedan morrongos y morrongas, tuertos y tuertas, bubangos y bubangas, perejiles, chicharros, cuervos, gatos y ratones... Pero los que de niña más me hacían reír eran los que tenían connotación escatológica y no veo en la lista de tu foto; los comparto por si se lo quieres contar a tus nietos: en Los Llanos vivieron personajes como Julián el peo y Rafael cagapoquito.
    Sin embargo, no era necesario acudir a los apodos para encontrar curiosidades, pues recuerdo vecinos cercanos llamados Dióscora, Fridolino, Alberón, Urdarico...

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    1. Querida Ana Nelly, siento decirte que no soy saucera sino lagunera. Mis padres se vinieron nada más casarse a La Laguna y ahí nací yo. Pero sí es verdad que mi familia por los dos lados es saucera y que muchos veranos de mi infancia y juventud los pasé allí. Mi casa en Santa Cruz era también "un consulado" de Los Sauces por la cantidad de parientes y amigos sauceros que se quedaron allí, incluso temporadas largas. Soy saucera de corazón.
      El comentario anterior, el de Nieves, es el de una paisana tuya de Los Llanos y ella, fíjate qué casualidad, también habla de un Cagapoquito, que por lo que se ve ha formado dinastía.
      Y de los nombres palmeros ya hablé en una ocasión. Mi abuela, sin ir más lejos, se llamaba Marina Horacia ¿Cómo la llamaban de siempre? Horacia, por supuesto.
      Un beso y gracias por la aportación.

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