lunes, 16 de febrero de 2015

Todo el mundo tiene secretos



Todo el mundo tiene secretos. De esta premisa parte "No te lo vas a creer", un libro de una de las escritoras que mejores ratos me ha hecho pasar, Sophie Kinsella. La protagonista, Emma Corrigan, tras una desastrosa reunión de negocios y 3 vodkas de consolación en el aeropuerto, hace un turbulento viaje en avión en el que, convencida de que va a morir, le empieza a contar a su desconocido compañero de asiento sus más íntimos secretos, desde que su bolso de marca es falso a que no sabe si tiene punto G, desde que falsificó la nota de matemáticas en su curriculum a que no soporta el tanga. Todo el tiempo en el que el avión va dando terroríficos bandazos, ella deja escapar un torrente de frases de su boca, sin medida ni prudencia, como si fuera agua de una catarata: "... peso 61 kg., no 56 como cree mi novio... no conseguí acabar "Grandes esperanzas" pero actué como si lo hubiera leído... él se sabe de memoria los diálogos de todas las películas de Woody Allen y me saca de mis casillas...". El hecho de que, después, el hombre al que le suelta toda la perorata sea precisamente el superjefazo de la compañía internacional donde Emma trabaja, es un ingrediente más que salpica de situaciones cómicas la historia.

Algo deben de tener los aviones para que a la gente se le suelte la lengua , porque en la película "French kiss", la protagonista (Meg Ryan), que tiene pánico a los aviones y a quien no le queda más remedio que subir a uno, le cuenta también, en el momento angustioso del despegue, toda su vida sexual al acompañante desconocido que le ha tocado, un desvergonzado Kevin Kline.

Se me dirá que ese tipo de cosas sólo pasa en la ficción. Pero el caso es que a mí también me ocurrió algo por el estilo en un viaje en avión. Me tocó sentarme al lado de una ex-alumna mía a la que apenas conocía y, durante el viaje, sin más ni más, me contó de pe a pa una vida tremebunda, digna de un culebrón. Había sufrido abusos de niña por parte de un tío suyo; su hermano había sido raptado por las mafias y liberado después de un suculento rescate; su madre se había ido de viaje por el mundo en el barco de su último amante, dejándola bajo la tutela de sus tíos (el de los abusos), que a su vez querían quedarse con la herencia que a ella le había dejado su abuela; tenía un novio divorciado y con hijos adolescentes (a los que ella tenía que cuidar), que no quería que trabajara o estudiara... ¡Señooooor! Y eso que no soy de naturaleza preguntona... -si acaso le dije al verla al principio un cortés ¿qué tal te va?- Si llego a ser como mi yerno que no se corta ni un pelo en preguntar a la gente dónde viven, en qué trabajan y a qué dedican el tiempo libre, igual me hubiera contado más batallitas, tipo "El secreto de Puente Viejo" (que, según me cuentan las amigas que lo ven, lleva más de mil capítulos desvelando secretos).

¿De verdad todo el mundo tiene secretos? La fórmula de la Coca Cola, la manera de deslizarse por el suelo de las mujeres en el baile tradicional ruso de la bereska o el baile de los Enanos en la Bajada de la Virgen en La Palma son secretos clásicos. Pero ¿lo son? ¿O lo son a voces? A lo mejor sólo existen realmente los secretos -ese "no se lo digas a nadie"-, para contarlos y darle más emoción a la cosa. "Que no salga de la isla" decimos cuando en un grupo de amigos hablamos de un asunto truculento y del que se pide discreción.

Y, aparte de eso ¿qué tienen los aviones para desatar lenguas? ¿Será el temor que produce estar suspendidos entre el cielo y la tierra, que hace que en ese momento todo te importe un pito? ¿Será que no hay mejor terapia que desembuchar todo, y gratis, sobre un infeliz que está atado y no puede moverse de su asiento?

Por si las moscas, a partir de aquel vuelo del culebrón, en los viajes me pongo en el asiento de pasillo o ventana y dejo a mi marido que se siente al lado del pasajero desconocido. Y si éste, por un casual, siente la imperiosa necesidad de  endilgarle a alguien su vida y milagros, ¡que se lo cuente a él!

(La imagen inicial, como todo el mundo sabe, es de Mafalda, del genial Quino)


14 comentarios:

  1. Leí esta novela el verano pasado y me lo pasé en grande. Es perfecta para reírse un rato y disfrutar con una prota tan entrañable y estupenda como Emma. Solo he leído dos novelas de Kinsella, esta y "una chica años veinte", y las dos me lo han hecho pasar muy bien (que era de lo que se trataba), pero no se me ha ocurrido el plan precavido del avión, jajajajajaja!!! Tienes toda la razón, por si las moscas. Bss

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    1. Sophie Kinsella me ha dado muy buenos ratos en la vida. No sólo por su serie de "Loca por la compras" (de la que sacaron una película muy mala) sino por las otras, "La reina de la casa", "Una chica años 20", "Tengo tu número", "¿Te acuerdas de mí?" y esta de "No te lo vas a creer", que es genial (hay una escena en que la insoportable prima le dice cómo tiene que andar una triunfadora que me hizo saltar las lágrimas de la risa). Cada vez que sale una nueva mi hija me avisa porque sabe que soy de las fieles. Igual que me pasa con las tuyas, son novelas en las que una termina con una sonrisa. Eso en la vida no tiene precio.
      Un abrazo.

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  2. Que bueno tu post! me he partido de la risa, porque es cierto que hay situaciones u ocasiones que propician más que la gente "desembuche" todo. A mi me está pasando ahora en el insti en el que trabajo. Estoy repartiendo becas en forma de cheques, y sólo falta que me ponga la cortinita que usan los curas en el confesionario, o eso, o el diván de los psiquiatras.
    Toooooodos tienen algo que añadir cuando les doy el cheque, empiezan con "hija mía, que bien me va a venir,! y siguen con "porque resulta que...". Así uno tras otro. Supongo que uno se marcha así más desahogado, y me quedo yo con el saco lleno de las historias que, algunas hasta me hacen llorar.
    Y no puedo sentarme en otro lado como en el avión ;-)
    Y gracias por la recomendación del libro! ya lo tengo localizado.
    Besos

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    1. Ay, Chelo, las que hemos estado en la enseñanza somos casi como curas de confesionario. Más si damos asignaturas en las que hablamos del sentido de la vida, de la libertad o de cumplir el deber ético. Pero entra dentro del trabajo el saber escuchar y, si no dar consejos, que también, el saber asesorar, encaminar y, sobre todo, apoyar. Lo malo es que te quedas tú también angustiada, sobre todo cuando no puedes hacer nada, como me pasó con otra alumna a la que habían echado de la casa junto con su madre y vivían en una pensión de mala muerte. Como decía una pediatra conocida, que lloraba como una magdalena con los niños enfermos: "¡Ay, señora, es que aquí se sufre mucho!" (al final, terminaba la madre consolándola a ella).
      Ánimo y tómate con filosofía tu papel de cura .
      Besos.

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  3. Hola , Isabel.

    Gracias por los mails ...éste de hoy me ha hecho sonreir de principio a fín , lo cual viene estupendo para la salud física y mental.
    Y es que , efectivamente , en situaciones que pueden considerarse adversas o de indefensión , como es volar con mal tiempo en un avión que tú ni puedes ni sabes controlar ... o cierras los ojos y rezas o descargas con tu vecino todo el nerviosismo que el momento te provoca...jajaja

    Estoy contigo en lo de que el buen humor y la risa , si no te alarga la vida , por lo menos te la hace más grata y placentera. Así que ,¡¡a practicar !!

    Un beso

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    1. ¡Qué razón tienes, Loly! Yo pienso que incluso también el buen humor y la risa alargan la vida. O por lo menos eso dicen.
      Yo, que tengo miedo al avión (no he hecho viajes largos a otro continente, con lo novelera que soy, por eso), me como un bocadillo de tortilla del aeropuerto y me bebo una botellita de vino, hago sudokus y dameros malditos, leo a veces hasta una novela entera o veo una película... pero no le doy la brasa al pobre de al lado, que igual está peor que yo de nervioso. Si hablamos, mejor no hacerlo en plan abuelo Cebolleta. No estoy segura, además, de que todo lo que me contó mi compañera de viaje fuese verdad. Así que terminas aturdida y abrumada,con la cabeza loca, y con la sensación de que te han tomado el pelo. Pero bueno, así es la vida.
      Un beso y gracias por tu comentario.

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  4. Jajaja, Isabel. Me encanta levantarme un lunes por la mañana y encontrar algo que me hace reír por su ingenio y su gracia.
    Es verdad que en los vuelos largos la gente habla más de la cuenta pero eso no tiene nada que ver con un día que te desvelas y entras en internet a jugar. Siempre hay alguien que espera con impaciencia, de araña en su tela, que digas algo como "Hola ¿qué tal?".¡Prepárate a escuchar dramones o traumas de toda índole! Lo bueno es que si te hartan mucho puedes salir y luego echarle la culpa a la conexión al despedirte y decir que en otro momento seguiremos. ¡Cosa que ya intentarás que no ocurra!
    Supongo que la gente necesita desahogarse con alguien que no sea un psicólogo que sale más caro, Lo malo es que a veces te absorben tu energía.
    Haces bien en evitarlos. Empatía la justa con los que nos rodean. Ampliar el círculo puede ser algo demasiado estresante. Pero los maridos, en un caso así, sirven de mucha ayuda. Ellos sí que saben escaquearse en caso necesario ¡Aprendamos de ellos!

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    1. ¿Pero qué necesidad tendrán de contar intimidades a los cuatro vientos, como si el pudor se hubiera ido de vacaciones? En esta época de redes sociales, da la impresión de que queremos contarlo absolutamente todo, incluso hasta los "secretos de alcoba". Por lo menos, yo he escuchado por la radio (también en alguno de esos desvelos) escenas disparatadas entre parejas, que dan ganas de decir eso de ¡Qué necesidad!
      Y por supuesto, no estoy en contra de los desahogos (que son muy sanos y te dejan el alma como una seda) sino de no airearlos fuera de oídos amigos ¿Para qué, si no, están los amigos?
      Y tienes razón en lo útiles que son los maridos en casos así ¡A él en la vida le han contado dramones!
      Un beso, Conchi.

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  5. Muy bueno el post. Que no falte la risa ni el buen humor por supuesto. Hasta en la guagua, me han contado cosas de su vida gente que no conocía de nada, y tu ahí, sentada, sin saber que decir y deseando llegar a tu parada. Tomo nota del libro

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    1. Creo, Úrsula que tú y yo tenemos cara de buenas oyentes y lo somos. A mí también me cuentan cosas gente que no me conoce de nada. A veces hasta me pregunto cómo habrán seguido las historias: un chico en un tren que me contó que estaba metido en una secta y que no sabía cómo salirse, la señora en la guagua con problemas con un hijo, otro chico que me contó toda su vida en un trayecto (no tremebunda, menos mal)... Si te fijas, la gente tiene necesidad de hablar y de sentir que alguien la escuche. Si es un desconocido al que nunca más volverá a ver, mejor.
      Si quieres, te presto el libro.
      Un beso.

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  6. Jajajaja, Isa qué gracia tu aventura con culebrón incluido. A mí que recuerde no me ha pasado nunca, y eso que como sabes viajé en avión todos los fines de semana durante dos o tres años seguidos. Tormentas, sustos, huelgas, niños berreando o dando patadas en el asiento y demás inconvenientes sí que los sufrí pero nadie me contó sus venturas y desventuras por el mundo. Cosas del destino supongo.

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    1. Pues mira, Flor, igual hasta fue bueno que me contara todo el dramón. La verdad es que durante ese viaje ni me enteré de vecinos, ruidos raros, turbulencias ni niños llorones. Iba totalmente embebida, escuchando a aquella muchacha con los ojos como platos y preguntándome que qué más desastres podrían haberle ocurrido.
      Un beso.

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  7. Madre mía, sí que da de sí un viaje en avión. Con todo el drama que te estaba contando la chica, ha habido un momento en el que he pensado "ahora dice que se estaba quedando con ella, que era el argumento de una película". Por lo menos te tuvo entretenida.
    Cuando viajo suelo aislarme con mi libro de turno, así que me he perdido pasar por esa aventura.
    Besucos.

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    1. Sí, eso sí, entretenida estuve. Normalmente yo también en un viaje voy a lo mío: mi copita de vino, mi bocata de tortilla, mi libro, mi damero maldito... Pero en este caso es que la conocía (aunque no para confesarla, la verdad) y tenía que escucharla. Yo también al final pensé que iba a pasar como en algunos argumentos: es una peli o es un sueño.
      Otra vez me pasó en la pelu (y no me pude poner al día con las vicisitudes de Carolina, la Pantoja, o isabel Preysler). Una señora me contó toda la historia de amor con su marido, desde que lo conoció hasta que se murió, incluyendo enfermedades, medicinas, tratamientos y últimas palabras. Estuve a tantito así de echar la llorada con ella.
      Hay que reconocer que la vida es sorprendente.
      Más besucos.

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