lunes, 20 de junio de 2016

Dominando los finales




El domingo pasado, en la Romería de Guamasa, a la que hospitalariamente nos invitan cada año Mingo y Marian, contamos con la compañía y maestría de un amigo llegado de Venezuela, Leonardo Quijada, que nos alegró la tarde. Leonardo es un virtuoso del cuatro, ese pequeño instrumento de cuatro cuerdas que suena como la brisa en la ribera del Arauca vibrador. Cuando lo toca, ni se le ven los dedos pero la música fluye, serena y alegre, acompañando a las guitarras y timples, como si siempre hubiera estado ahí.


En un momento de esa tarde memorable, nos hizo gracia su teoría de los finales. Él, que está en una orquesta en Caracas y que sabe mucho de eso, nos dijo que si terminábamos las canciones arriba, en notas altas, y como si nos fuera la vida en ello, el éxito estaba garantizado. Lo comprobamos repetidas veces y ¡oye, es verdad!. No es lo mismo terminar, por ejemplo, "Amalia Rosa", cantando, como quien no quiere la cosa, "esa es la que yo me llevo por ser la más buena moza" (todo el mundo pasando) que terminar con "¡¡¡esa es la que yo me llevo por ser LA MÁS BUENA MOOOOOZAAAA!!!" (aplausos encendidos y enfervorizados).

Dominar los finales es una buena táctica en la vida. Manuel Rivas comentaba hace un par de años que una eurodiputada, Carmen Fraga, que nunca hizo nada mencionable en los 20 años en el Parlamento Europeo, se despidió diciendo: "Llevo aquí más años que la orilla del mar", y ese adiós la consagró. Por eso me gustan tanto los buenos finales de las historias. En las películas, ese "Nadie es perfecto" de "Con faldas y a lo loco", ese "Después de todo, mañana es otro día", de "Lo que el viento se llevó", ese "Este es el comienzo de una hermosa amistad" de "Casablanca"...

O en los libros. García Márquez es un maestro de los finales: el "Mierda" de "El coronel no tiene quien le escriba", el "Toda la vida" de "El amor en los tiempos del cólera" o el de "Cien años de soledad": "...todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra". Me gusta el final melancólico de "Memorias de Adriano" de Yourcenar ("Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos"); el final resignado y aliviado, después de 7 libros de violencia y magia, que J.K.Rowling nos brinda en las historias de Harry Potter ("La cicatriz llevaba diecinueve años sin dolerle. No había nada de qué preocuparse"). Y por supuesto, el final, irreal y gastronómico, de todos los cuentos: "Y fueron felices y comieron perdices".

Dado que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar (qué hermoso y salado final), propongo que, cuando ya fluyamos perezosamente hacia esa fusión con el todo, vivamos las últimas etapas dando, como decía nuestro amigo Leonardo, la nota más alta: despedidas gozosas (como la de Truman en "El show de Truman"), momentos memorables de disfrute,  piruetas dignas de buenos equilibristas... Hagamos todo aquello que merezca un aplauso apoteósico.
Que no se diga que no dominamos los finales.



28 comentarios:

  1. Emilio Méndez Herzog20 de junio de 2016, 13:22

    Fui testigo y participe de esos apoteosicos finales y doy fe del éxito que se obtiene. Entonces hay que tener finales parriba.

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    1. El entusiasmo es el mejor adobo para una canción, pero también para el final de una buena historia y, sobre todo, para la vida ¡A por el éxito, Emilio! Y que sigamos participando muchos años en esos apoteósicos finales.

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  2. Qué me encanta hoy tu post. Llevo meses con un nudo en el estómago con las dichosas oposiciones y parece que ayer vi una luz al final del túnel de alguien, mi hijo, que heredó la negatividad de su madre. Puede que la semana que viene te escriba un gran final. Ahora toca esperar pacientemente, la madurez me ha dado mucha paciencia

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    1. Hoy, que me levanté filosófica, te envío un proverbio chino: " "No puedes guiar el viento, pero puedes cambiar la dirección de tus velas". Implica esa paciencia que te ha dado la madurez, pero también el ser positiva, el adoptar miradas nuevas sobre las cosas, la serenidad de saber controlar...
      Te deseo suerte. Un abrazo.

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  3. Carmen María Duque Hernández20 de junio de 2016, 13:46

    ¡Guapísimo! Gracias, besitos para todos.

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    1. Gracias a ti, Carmelita. Ya sabes que, con los años, hemos aprendido algo más de los finales. Y nos siguen gustando las buenas historias y las alegres canciones.
      Un beso.

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  4. No hay nada como una buena parranda para unir corazones, cuerpos y arreglar el mundo. Me encanta un fin de semana así. De hecho, cada vez que puedo... "cúando nos conocimos te dije , que yo era parrandeeeeeeeeeero, y tu me contestaste eso no importa yo así...."

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    1. Yo conocí al que es mi marido, Guille, en una parranda. Cuando lo vi con la guitarra en la mano, me dije: "Este es de los míos". Yo también cada vez que puedo me apunto, de hecho el jueves que viene tengo otra alrededor de la hoguera de San Juan.
      "¡¡¡Echa ron, ventorrilera, turronera, pon turróóóóónnnn!!!"

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  5. ¡Como siempre,magnífico! ¡Muchas gracias!

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    1. Gracias, Begoña, a ti por estar compartiendo estas elucubraciones.
      Un beso.

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  6. ¡Hola Isabel! Tardo en venir, pero cuando lo hago me lo paso muy bien leyéndote, y me digo a mí misma que he de hacerlo con más asiduidad.
    Me ha encantado cómo has hilado todo para llegar a tu certero y animoso final/conclusión. Hasta me he reído imaginando cómo es eso de cantar "como si nos fuera la vida en ello", ¡buenísimo!
    Y es totalmente cierto que un buen final lo salva todo, porque es el sabor con el que te quedas (te confesaré que lo que más me cuesta es cómo acabar un post).
    ¡Un beso, y hasta pronto!

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    1. Una profe de literatura que tuve siempre nos decía que, al escribir, cuidásemos el principio y el final. A lo mejor por ello siempre que voy a escribir algo sé por dónde empezar y por dónde terminar. Y tienes razón, los principios son bocados para empezar a catar un tema pero los finales dan sentido a las historias.
      Me alegro de que te pases por aquí de vez en cuando. Yo también te visito.
      Otro beso y hasta pronto.

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  7. Buenísimo tu post de hoy,como siempre, enhorabuena y un abrazo.

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    1. Gracias, Ursulita. Esta mañana todavía no sabía bien de cuál de los temas que me rondaban iba a hablar. Pero me llamaban los finales y esa anécdota tan buena de Leonardo Quijada. Me alegro de que te haya gustado.
      Un abrazo.

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  8. Me ha encantado, este es de los que llevan al lector a reflexionar. Me ha parecido curiosa tu selección de finales cinéfilos porque los tres, de algún modo, son finales abiertos. Incluso ese de "vivieron felices y comieron perdices" sugiere que hay mucho después del beso. A veces, cuando estamos terminando un ciclo, nos parece que todo se acaba y no, queda mucho por delante. Sólo el final absoluto acaba con todo.
    Un abrazo

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    1. Pues no me había dado cuenta, Dorotea, de que eran finales abiertos, pero tienes toda la razón. Debe ser que todos deseamos que la vida continúe incluso aunque se tuerza la historia. Por eso hay tantas secuelas. "Orgullo y prejuicio" termina con el matrimonio de Darcy y Elizabeth y su felicidad. Pues bien, ya me he leído 3 continuaciones de lo que pasó después, incluida una en la que Elizabeth se muere. Y es que, si seguimos las historias, todas acaban mal porque todo el mundo se muere.
      Pero, si seguimos la teoría del bubango de mi marido, ni siquiera eso acaba con todo, porque, apelando al ciclo biológico, él dice que todos acabaremos convertidos en un bubango o una berenjena o vete a saber qué.
      Un abrazo y seguiremos filosofando.

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  9. Qué reflexión la tuya tan curiosa. Es verdad que las frases cortas y profundas, en los finales, revalorizan las historias. También es verdad que cuando quieres garantizar el aplauso basta con sostener la nota. No importa que no hayas entendido la palabra que cierra la última estrofa porque lo que se premia es el esfuerzo de aguantar el aire con esmero.. Algunos finales son sentencias y otros dejan una puerta abierta sin cerrar para imaginar cada uno la continuación que le convenga. Sin duda la de Gabriel García Márquez es de las que te marcan, "Y hasta cuándo vamos a estar en este ir y venir del carajo". Y contestación fulminante pese al corto tiempo que se supone les resta, "toda la vida". Ahí no importaba si el final estaba cerca. Yo cuando quería poner fin a una conversación que no conducía a ninguna parte, siempre decía "chimpún"... Jajaja.

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    1. A mí los que no me gustan son los finales que te dejan con la intriga, de tan abierta que dejan la puerta. En una novela de Agatha Christie, "El tren de las 4,50", Lucía, la protagonista, está dudando entre tres hombres. Y, aunque es una subtrama amorosa dentro de la trama policiaca, una está intrigada. Pues mira cómo termina:
      "- ¿A cuál de ellos va a elegir? -preguntó Dermot Craddock.
      - ¿No lo sabe usted? -dijo la señorita Marple.
      - No lo sé -contestó Craddock- ¿Y usted?
      - Oh, sí, me parece que sí.
      Y le guiñó un ojo."
      Y nos deja cogiendo peras la muy Agatha. Menos mal que en "Los cuadernos secretos" se encontró una anotación donde ponía "Lucía se queda con Fulanito". Si no, in albis.
      Gracias por tu comentario y por el chimpún. Un beso.

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  10. ...y que todos los finales son principios.
    acabo de ver "a propósito de schmidt" de jack nicholson, y es de los finales/principios que más me ha emocionado.
    felicidades, jefa, como siempre!!!!!!!!!(me vengo arriba) Nati

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    1. Tengo que verla, Nati. Me encanta emocionarme en los finales y terminar diciendo eso de "¡¡¡qué bonitaaaaa!!!.
      Sigamos viniéndonos arriba (que para irse para abajo sólo hay que seguir la ley de la gravedad).
      Un abrazo grande.

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  11. Victoria Marti Cartaya24 de junio de 2016, 18:28

    Estupendo consejo. Yo tengo una lista de cosas que hacer antes de...y ando en ello.

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    1. Yo ya no hago listas, Victoria. Simplemente, me dejo llevar por la vida, que te va ofreciendo suficiente entretenimiento. A seguir andando en ello.
      Un beso.

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    2. Victoria Marti Cartaya27 de junio de 2016, 23:06

      Totalmente de acuerdo, pero mis listas son de cosas que hacer antes de...morir: Un paseo en globo, terminar de conocer todos los rincones de mi isla ...y otras cuantas cosas. Y mientras me dejo llevar por la vida, también busco los momentos para ir borrando cosas de la lista. Ya llevo unas cuantas y cada tachadura es un logro.
      Hay cosas de la lista que no están en mi mano. Esas las espero pacientemente. Para mi, el final apoteósico sería sentarme en mi mecedora y poder decir: estoy en paz con mi vida y con la Vida.

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    3. ¡Qué bueno, Victoria! Cosas para hacer, cosas para ir tachando, cosas que no dependen de ti. Qué buen programa de vida. Me convenciste y voy a estar más atenta a todo eso. Que no me pase aquello de lo que avisaba John Lennon. "La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes".

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  12. He leído tu blog y comparto contigo y con otros de tus amigos la importancia de los buenos finales. Se lo repetía con frecuencia a mis alumnos: un buen principio para atraer la atención del lector, una estructura original y un final que sea el mejor remate posible para una obra de arte. Un abrazo.

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    1. Y ya añadía también una buena presentación. Les decía que así como un plato bien presentado dan ganas de comerlo de principio a fin, un escrito así también dan ganas de leerlo y disfrutarlo.
      Siempre fuiste una excelente profesora y me siento orgullosa de haber compartido docencia contigo.
      Un abrazo.

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  13. Totalmente de acuerdo amiga. ¡Fluyamos pues hacia ese mar salado a lo grande!

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    1. Eso, Luisa. Igual que si fuéramos un barco adornado para una romería marina. Con flores, banderas y toda la pesca; con cánticos, bucios y guitarras; hasta con fuegos artificiales... Que no se diga que queremos pasar desapercibidas.

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