lunes, 27 de junio de 2016

Un cuento del futuro




"Había una vez una criatura monstruosa y letal, llamada Nicotina, que, despertada y manejada por hombres despiadados, se infiltraba entre las gentes y les quitaba la voluntad y la vida. A cambio de dinero, el monstruo repartía sus infinitos dedos entre las personas, que los quemaban y aspiraban sin darse cuenta del veneno que encerraban. Y así pasaron muchos años en los que cada vez más la humanidad enfermaba mientras los despiadados engordaban sus fortunas. Hasta que llegó el día en que los hombres cayeron en la cuenta de que el tributo que pagaban- enfermedad, molestias, dinero, dependencia- no compensaba el efímero y cada vez más adictivo placer, y se fueron apartando poco a poco y con gran esfuerzo de Nicotina. Tras una lucha larga y feroz, en el que muchos cayeron pero otros muchos la vencieron, llegó el momento de dormirla para siempre y de hacer de este mundo un lugar más sano y más libre".

Así podría ser un cuento del futuro, aunque todavía no lo es. Muchos de nosotros crecimos en un mundo de humo. En mi casa, casi todos -mi padre, mis tíos, mis primos, mi hermano...- fumaban, y mucho. Era el tiempo de Sarita Montiel y su "Fumando espero al hombre que más quiero tras los cristales de alegres ventanales y mientras fumo mi vida no consumo...", que todo el mundo cantaba sin fijarse en la mentira de ese "mi vida no consumo". Era el tiempo del jinete de Marlboro, mirando las anchas planicies del oeste, mientras se fuma un cigarro al fin de la jornada, para engañarnos con la unión cigarro-vida sana-descanso del guerrero. Era el tiempo en el que Clint Eastwood o Humphrey Bogart no se quitaban el cigarrillo de la boca, o en el que, cuando la actriz principal de una película iba a fumar su pitillo (a veces con una larga boquilla para darle más glamour), aparecía la mano del galán (o de dos galanes) con un mechero para encendérselo ¡oh, oh, ligue a la vista! Y todo gracias al insidioso monstruo.

Cuando yo estudiaba, todos las residentes en mi Colegio Mayor, menos yo, fumaban. Aunque claro, aunque no lo sabía, yo también fumaba. Mi ropa, mi pelo y supongo que también mis pulmones estaban impregnados del humo del tabaco. En clase, profesores y alumnos fumaban y, hasta si ibas al médico, no era raro que la ceniza de su cigarrillo te cayera encima mientras te auscultaba y te decía: "Diga 33".

¿Por qué empezaba a fumar la gente? Por sentirse mayor cuando eres adolescente, me decían; por tener algo en la mano (que ya podían tener un lápiz, digo yo); por romper el hielo con alguien que te interese (¿fumas, vida?); por sentirse parte de una comunidad y no el bicho raro; sobre todo, porque aunque la primera calada no suele gustar, luego en las siguientes Nicotina te capta y crea adicción. Y es el momento en que sus tentáculos te agarran tan firme que ya no te ves sin un cigarrillo en la mano.

He conocido la lucha de todos mis amigos por zafarse de la presa. Y casi todos lo han conseguido (hasta Lucky Luke cambió su eterno cigarrillo por una ramita). Ahora, cuando hacemos una fiesta en casa, ya no hay necesidad de tener al día siguiente todas las puertas y ventanas abiertas para que se vaya el olor pestilente y entre, desde el huerto, el aroma del tomillo y el azahar, limpiando la atmósfera. Ya no vacío, después, ceniceros repletos de colillas. Ya todos los que lo han conseguido me dicen que no se han arrepentido nunca, que no tosen por las mañanas, que pueden saborear mucho mejor los alimentos, que sienten el aire fresco oreándoles los pulmones, que tienen la piel más suave, que aspiran olores olvidados...

Desgraciadamente, algunos de mis seres queridos perdieron la batalla, y en este momento uno  de ellos está peleando por su vida con los pulmones destrozados. Por eso, mi escrito de hoy va dirigido a aquellos que aún están a tiempo de librarse, para que lo hagan ya y recobren su libertad y su vida. Y para que la humanidad derrote de una vez por todas al monstruo y a los despiadados y haga realidad presente ese cuento del futuro.

(Para Ani, Agur, Marisita...)

22 comentarios:

  1. Soy bastante sensible para los olores. Incluso los que son agradables para la mayoría , si son muy intensos, me molestan, así que no soporto el olor a tabaco. Creo que cuando era adolescente era tan reacia a salir porque eliminar ese olor de la ropa que no se puede lavar (como un abrigo) era un tormento. No fumo por eso. Puede parece hasta frívolo, pero ahora viene la razón seria. He visto morir gente a causa del tabaco y no es comparable a alguien que muere con el mismo problema y que no ha fumado. Por eso en mi casa no hay ceniceros. Si viene alguien que fuma y quiere hacerlo tendrá que ir a la calle. No quiero ser cómplice (y víctima, tampoco).

    Un abrazo Jane. Y mucho ánimo a todos los que lo están dejando.

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    1. ¿Sabes que hay un Museo de los Aromas en Santa Cruz de la Salceda (Burgos)? Igual que hay aromas que sanan (eucalipto, menta...) o que seducen (jazmín, violeta, azahar...), los hay que repelen, como, para mí, el de la mantequilla caliente (puaf) y este del tabaco. Me pregunto cómo pude aguantarlo durante toda mi infancia. Afortunadamente, ni mi marido, ni mis hijos han fumado nunca, así que en casa los ceniceros se han usado hasta para poner unas almendritas con el aperitivo.
      Eso es precisamente, Dorotea, lo terrible del tabaco: que es una costumbre que mata. A mí me ha pasado lo mismo.
      Un abrazo.

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  2. Hola Jane. Por desgracia es un vicio bastante difícil de superar. Casi siempre se comienza porque te da sensación de que si fumas pareces mayor...Ay la baja autoestima cuanto daño ha hecho.Muchos luchamos porque la gente joven no fume, pocas veces lo logramos. En mi casa mi mujer fuma, sabe que le hace daño pero el vicio le puede: La he visto con 39º de fiebre, con bronquitis y fumando... así que ya abandoné la lucha. Lo malo es que mis hijos han comenzado a fumar, y eso que antes lo criticaban con fervor, y claro eso lo llevo fatal. Espero, confío en que nunca me tenga que arrepentir de no haberles hecho comerse la caja de cigarros...Un beso Jane. Juan.

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    1. Ay, cómo comprendo tu impotencia, Juan... Y tienes razón, hasta que el "prisionero" no se conciencie de que lo es y quiera voluntariamente dejarlo, no hay nada que hacer. El padre de una amiga murió con un enfisema y fumó hasta el último día. En cambio mi padre (2 o 3 cajetillas diarias) lo dejó radicalmente en cuanto tuvo un cáncer de laringe.
      Uno de mis amigos que lo dejó hace 6 meses pidió ayuda psicológica y le va muy bien. A veces no se puede luchar solo. Díselo a tu mujer.
      Suerte y un beso, Juan.

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  3. Yo era exfumadora, nueve años sin fumar. Vine a Austria y con el estrés y la depre volví a caer. Ahora fumo unos puritos, unos cuatro a veces diez al día. Lo quiero dejar, pero no encuentro el momento porque mi vida ahora es difícil... lo sé , excusas.
    Lo que me parece hipócrita es que los gobiernos no prohiban que metan el veneno que meten en el tabaco.
    Besos

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    1. Hay muchos intereses económicos, Celia, y ese veneno es el que crea adicción. Yo todavía me asombro de que se haya conseguido tanto como una ley antitabaco y de que avisen en las cajetillas eso de "fumar mata". Comparado con el mundo en que yo viví esto parece ahora un paraíso.
      Una de las amigas a las que dedico el post estuvo ¡12 años! sin fumar. Y volvió a recaer. Bastó un solo cigarrillo en un momento de debilidad para que los 12 años se fueran al garete. Y eso que se sentía divinamente. Recuerda tú esos 9 años e inténtalo. Merece la pena.
      Besos y ánimo.

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  4. El consumo de tabaco ha disminuido, está prohibido su publicidad, pero esa enfermedad silenciosa del Cancer de pulmón, sigue llevándose amigos. A veces la preparacion a una pequeña operación, descubre por casualidad esa manchita y salva una vida. Mi única prima hermana, sigue con nosotros gracias a esa casualidad. Un beso Isa.

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    1. Leyendo información sobre el tabaco para hacer el blog, me encontré con una noticia espeluznante relacionada con el anuncio del cowboy de Marlboro. El anuncio era precioso, lo recordarás, con esas llanuras doradas al atardecer y un jinete guapísimo que enciende su cigarrillo mientras ve ponerse el sol. Pues bien, casi todos los jinetes que a lo largo de los años hicieron el anuncio murieron a causa del tabaco (cánceres, enfisemas, Epoc...). El diario "El Mundo" lo llama "la maldición de los hombres Marlboro".
      Ojalá, Esperanza, siga habiendo esas benditas casualidades que salvan vidas.
      Un beso.

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  5. Isa, gracias por dedicarme el post. Puedo prometer y prometo que lo dejaré un días de éstos. Ahora no puedo. Primero me buscaré un vicio más sano. Por ejemplo, el baile, que también crea adicción pero divierte y adelgaza.

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    1. Pues no es mala idea lo de buscarse un vicio más sano. Cada vez que vayas a fumar, ten preparado un disco y ponte a bailar. O el chicle que probó mi primo Mingo para dejarlo. O ponte a hacer flexiones, o tus croquetas de bacalao y batata, o te pones a ver una película (en la que no se fume, claro). Lo que sea, que tú tienes recursos.
      Estoy segura de que un día me dirás: "¡Ya lo dejé para siempre!".
      Ánimo, mi Ani.

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  6. Carmen María Duque Hernández27 de junio de 2016, 21:50

    Gracias, corazón, eso mismo le ha pasado al padre de una de mis nueras . Qué Dios ayude a tu familiar.

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    1. ¿Y a cuántos en nuestra familia, Carmelita? Yo ya perdí la cuenta. Ruega por que se ponga buena. Es una neumonía que se ha complicado precisamente porque es fumadora. Esas son las cosas que pasan...

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  7. Muy cierto todo lo que dices.Yo fui fumadora pero ya no y lo agradezco porque te sientes mucho mejor .Enhorabuena a todos los que han abandonado tan dañina adicción.

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    1. La mujer de un amigo lo premiaba cada mes que él no fumaba ya. Calculaba cuánto se hubiera gastado en tabaco y le regalaba por ese dinero discos de música que era la afición de él. A veces un premio ayuda.
      Enhorabuena a ti por haberlo dejado.

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  8. La maldita Nicotina. Ojalá sólo fuera una leyenda de fantasía que tan bien has utilizado para hacer la comparación.
    Esa sustancia nociva acabó con la vida de mi padre, limitó sus pulmones al más bajo rendimiento hasta oscurecerlos y reducirlos a dos piedras grises.
    Ese horrible monstruo dejó sin madre a una niña que quiero como si fuera otra hija, cuando no tenía edad para marchar...
    Lo malo del hechizo es que tiene memoria. No vale poner freno porque la nicotina te contamina la primera vez que inicia contacto contigo y guarda mucha memoria.
    Ánimo a los que luchan contra su poder, les deseo la victoria.

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    1. Mi hermana se prometió no fumar nunca la primera vez que, haciendo Medicina, vio el espectáculo de los pulmones de un fumador. Dos piedras grises o negras, muy bien descritos.
      Recuerdo a una amiga sueca que tuve en la carrera. Estaba superdisgustadísima porque su hijo adolescente fumaba. Otra amiga le preguntó si no lo estaba más porque el chico se acostaba con su novia (era en los tiempos de represión sexual en España y eso se veía como un pecado mortal). Siempre recuerdo su contestación "¿Por qué? Acostarse con alguien que quieres es sano. Fumar no lo es".
      Así que sí, Cande. Maldita Nicotina.

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  9. Tendré que invitarte a algo por las asquerosas nicotinas que te contagié en tu hermoso pelo y tu elegante ropa.
    Te prometo que, si no lo dices nunca más, te llevaré a un estrella michelin cuando vuelvas por Madrid, chulapa mia. Que ya sé yo de qué pie cojeas ...!
    Besos

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    1. Jajaja ¿te acuerdas cuando todas en nuestra habitación común fumaban como chimeneas y yo me tenía que poner un gorro de ducha para que luego el novio no me oliera el pelo (entonces bastante largo) con tufo a cigarro? Mucho sufrimiento hube de soportar en aquellos tiempos ¿Qué menos que que me invites a una estrella michelin (o a dos) para resarcirme de tanto sacrificio?
      Besos.

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  10. Qué buen post, y qué bonito cuento para futuras generaciones. A los no fumadores nos cuesta entender el 'enganche' pero creo que si se produce, aún a sabiendas de los daños, es porque tiene que ser terrible.
    Yo tampoco fumé nunca, pues mientras mis amigas empezaban a hacerlo (por eso de 'ser mayor' primero, y luego por lo de 'tener algo en las manos'), pues yo me apunté a un equipo de baloncesto y entendí bien pronto que deporte y Nicotina eran un mal tándem.
    En mi casa mi padre fumó hasta hace 15 años en que fue operado del corazón, y sí o sí, tuvo que dejarlo, y yo recuerdo que no soportaba el olor a tabaco que hoy día me molesta más si cabe. En mi casa, prohibido, y en mi coche ya ni te cuento...
    Y ya me da hasta igual que me miren mal por molestarme.

    Me ha encantado esta entrada tuya, Isabel, ¡un beso!

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    1. Mi marido se acuerda con horror de ir toda su familia en coche, a veces con los cristales cerrados, y su padre fuma que te fuma. Ni él ni sus 2 hermanos han fumado nunca.
      Cuando te subes al coche de un fumador el olor te tumba para atrás, es la verdad. Mi enhorabuena por esa vida sana.
      Yo hoy estoy contenta porque el familiar de quien hablo en el post está mucho mejor. Todavía en la UVI (después de un mes y pico) pero ya consciente. Es un alivio. Pero ¡qué necesidad!
      Un beso y gracias, Chelo.

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  11. Muy acertado, como siempre, tu post de hoy.
    También yo quise demostrar lo mayor que era a mi llegada a La Normal y que mejor manera que tener la caja de cigarros y sacarla en situaciones "especiales". Lo intenté con ganas hasta que afortunadamente me di cuenta de la tontería que era.
    Posteriormente cuando empecé a dar clase observaba en mis alumnos como llegaban sin ser fumadores y en poco tiempo ya muchos fumaban. En ese entonces ya yo les advertía, pero casi sin éxito. Eran los años 70. Hoy aplaudo la conciencia de los efectos perjudiciales del tabaco. Campañas en Institutos necesarias y constantes.

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    1. Creo que son válidas no sólo las campañas antitabaco sino que cada uno en nuestras clases tratemos el tema. Yo lo hacía en el tema de la libertad, tanto en ética como en filosofía. Por lo menos se insistía en que la libertad es tener opciones y que evitaran todo aquello de lo que pudieran depender. Es triste no poder decir "no" a algo que sabes que te está perjudicando.
      Como siempre, la clave es la educación.
      Un beso y gracias, Carmen.

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