Las novelas de Rosamunde Pilcher no suelen gustar a algunos que las consideran "literatura de mujeres para mujeres" (si es que tal cosa existe). Pero a mí me gustan y las suelo releer, después de novelas más profundas y prolijas, porque son relajantes, saben crear "ambiente" y tienen, además, la cualidad de describir escenas sugestivas y evocadoras que te hacen detenerte y recordar.
Eso es lo que me ha pasado este verano en que me he dedicado a leer como una loca y, después de "Largo pétalo de mar" de Isabel Allende (una historia muy bien documentada sobre la guerra civil española y el largo exilio en el Chile de Allende y Pinochet) y de "Emocionarte" (un libro sobre la doble vida de los cuadros), decidí leer algo más ligero, "Voces de verano", del que ya no me acordaba casi nada. Y allí estaba la escena, presenciada por Eve, una de las protagonistas, la de una madre que arrastraba de la mano a un niño que lloraba: A Eve le llamó la atención la madre. Estaba a punto de desesperarse. Eve se podía identificar con ella. Se vio a sí misma a esa edad, con Iván, un pequeño niño regordete y rubio, colgado de la mano. Podía sentir la mano de su hijo, pequeña, seca y áspera en su propia mano. No te enojes con él, quería decirle a la mujer. No lo estropees todo. Antes de que te des cuenta, habrá crecido y lo habrás perdido para siempre. Saborea cada momento efímero de la vida de tu hijo incluso si, de vez en cuando, te hace perder el juicio.
Y surgieron entonces, ya fuera del libro, los recuerdos. Yo de la mano de mi padre, pequeña y mirando hacia arriba cuando él era tan alto (luego fue menguando cada vez más con los años hasta ser un hombre bajo). Después yo llevando a mis dos niños, tan pequeñitos, de las manos, sin caer en la cuenta de que les estaba dando seguridad y de que eso iba a durar poco y, sin comerlo ni beberlo, iba a tener, como ahora, dos hijos de cerca de 50 años, uno un señor con toda la barba.
Pero los abuelos tenemos el privilegio de revivir la vida, de volver a dar la mano, de volver a regalar seguridad. Porque eso es lo que que quiere un niño. Y ahora sí somos más conscientes que cuando fuimos padres jóvenes. Ya sabemos que estos son años privilegiados, que se van como un suspiro y que, de repente, a esos niños les van a salir pelos por todas partes y les cambiará la voz y ya no serás su puerto inatacable y ni siquiera serás el que lo sabe todo.
Pero ahora, cuando corren y juegan, a veces te abrazan y gritan: "¡Aba es casita!". Y cuando se enteran de noticias terribles (como las riadas en la península de estos días pasados con su arrastre de coches y destrucción), dicen que qué suerte vivir aquí, en una isla donde no hay ríos. "¡Ni serpientes!", dice la niña. "Estamos en un sitio seguro". Y te cogen la mano por si las moscas.
Esta semana en que han empezado las clases y se encaminan a un futuro incierto, los vemos camino del colegio de la mano de sus madres o padres, y pienso, como dijo una vez Elvira Lindo, que no hay nada más emocionante que un niño de tu mano: Su tacto, tierno y mullido. Sus primeros olores escolares, el babi. Algo falla en las personas que no lo saben apreciar.
Y aquí me tienen de abuela chocha, repitiendo a madres, padres, tíos, abuelos, lo que Rosamunde Pilcher decía en "Voces de verano": Saborea cada momento efímero de la vida de tu hijo (o sobrino, nieto, hermano...) , incluso si, de vez en cuando, te hace perder el juicio.
P.D.: Después de publicar el post, algunos de mis amigos me han mandado fotos de ellos, pequeños, de la mano de sus padres. Las publico aquí como complemento y recuerdo de aquellos años:
![]() |
Clari con sus padres |
![]() |
Yo con mis padres en las fiestas del Cristo a los 4 años. |
![]() |
Chari de la mano de su padre paseando por los jardines del Asilo. |
![]() |
Rosa Marta con su madre a los casi 2 años |
![]() |
Vicente, de maguito, de la mano de su madre. |
![]() |
Melchor, de la mano de su madre en Mahón |
Lolina y Macu con su madre en Las Palmas
María Victoria y Carmen Delia en la Rambla de Santa Cruz
![]() |
Esther con su padre en una fiesta canaria en Venezuela |
![]() |
Isabel dándole las dos manos a su madre en Caracas |
![]() |
Marian, de la mano de sus padres en Santa Cruz. |
Para mí, Jane, no existe nada más bello, sobre la faz de la tierra y bajo este celaje que nos cubre, que un niño. Por eso, tu post de hoy me ha encantado y emocionado.
ResponderEliminarComo bien dices, hay que saborearlos, cuidarlos y protegerlos, aunque me vuelvan loca. Pero dan tanto, a cambio, que esa locura me parece una bendición...
Ahí está la mejor cualidad de los niños, todo lo que te dan. Gracias a ellos no envejecemos, captamos cosas que de otro modo permanecerían ocultas, no perdemos el sentido del juego ni de la risa, estamos abiertos a mundos nuevos. Yo, que crecí en una casa siempre llena de niños (mis hermanos, mis primos), me sigue gustando que en mi casa los siga habiendo. Y, cuando no están, los llamo por teléfono y me explican lo que han hecho y lo que van a hacer. Una bendición, como dices.
EliminarEn casa nos hemos aficionado, como excusa para la relajación, a algunas de las películas de Rosamunde Pilcher. Hay quien se avergüenza, pero Gales, con su colorido, las edificaciones, los viales, la vegetación, los paisajes,... son tan placenteros que hasta le dan vida a la siesta.
EliminarEs verdad, Antonio, las películas son muy agradables, pero los libros las superan con creces. Las descripciones de los paisajes, del entorno, de las casas son tan vívidas y minuciosas que te parece que estás allí. La historia es lo de menos y no se puede evitar, después de un libro suyo, mirar alrededor e intentar captar lo mismo. A mí me gustan mucho.
EliminarY felices siestas admirando Gales, Escocia o Cornualles, sus típicos escenarios.
Los fines de semana, en la 1, ponen muchas películas sobre obras de esta señora. Por paisajes, historias blancas y desenlaces felices merecen ser vistas, para pasar un rato relajado y alejados de la agresividad y descontento generalizado que nos rodean.
EliminarConozco a muchos aficionados a esas tardes de sábado en la 1. Yo las veo de vez en cuando y más de una vez las he grabado para otro momento en que venga bien alejarse del ruido y la furia. :-D
EliminarDespués de Buscadores de conchas me pasé al deleite indolente de sus versiones filmicas entre españolas y del satélite
EliminarPara mí, la mejor de ella junto con "Septiembre", que es continuación.
EliminarBuen deleite es ese. :-D
¡Qué bonito!
ResponderEliminarGracias, Carmelita, sé que a ti también te gustan los niños. Disfruta de los tuyos.
EliminarIsa, tu post, de hoy me encantó, esto no quiere decir que los anteriores no me hayan gustado. Me vi identificada, y me alegré mucho. Un beso
ResponderEliminarCreo que todas las que hemos tenido niños recordamos ese instante en que nos dan la mano para ir a algún sitio y sabes que se sienten seguros y no querrían estar en otro lugar. Luego se sueltan y hacen su vida pero nosotras no nos olvidamos de su manita en la nuestra.
EliminarUn beso.
Me encanta todo lo que escribes, y tienes toda la razón hay que aprovechar cada momento cuando los niños son pequeños
ResponderEliminarSí, Rosa, que luego se hacen mayores y les da vergüenza hasta que te vean con ellos por la calle. :-D Muchos de mis amigos, cuando llevaban a sus hijos al Instituto, los tenían que dejar una calle más allá porque les daba corte que los amigos los vieran con su padre.
EliminarY además irrepetible. Adoro esa etapa de la vida. Un saludo
ResponderEliminarEn el artículo de Elvira Lindo que nombro hace referencia a esa cualidad de irrepetible, que captamos al pasar los años. Es esa edad, dice, en que el niño anda y habla, pero aún conserva todo su pensamiento mágico: usa palabras recién aprendidas, coloca mal otras, disfruta señalando cosas que quiere que le nombres... Es una esponja aprendiendo y todos los que hemos tenido niños sabemos que son momentos únicos y que los vamos a añorar toda la vida.
EliminarBesos, Rosa.
Es super bonito disfrutar d ellos y ellos jamás lo olvidan. Al menos, los míos y están super agradecidos por ello ❤️
ResponderEliminarCreo que los míos tampoco olvidan los momentos bonitos, las vacaciones, las salidas a comer fuera que les encantaban, las risas... Yo por lo menos no los olvidaré nunca.
EliminarYo espero que los míos no lo olviden aunque me vean loca alguna vez…
EliminarSeguro que no. Los niños aceptan todo hasta las chifladuras de las madres. Creo que es ese punto de locura el que hace mágica la infancia.
EliminarMi foto preferida de siempre (mi padre caminando y llevándome de la mano, yo pequeña y vestida de maga) es clavada a tu post de hoy.
ResponderEliminarLástima, Esther, que no pueda publicarla en los comentarios porque es preciosa. Lo más que me gusta es la enorme sonrisa de los dos y la naturalidad de la escena porque no están posando: un padre y su niña caminando por la plaza. Alguna tengo yo parecida por el parque.
EliminarMuy sentido, emociona y lo comparto. Tus recuerdos son los míos.
ResponderEliminarPues sí, Carmen. Además aprendimos a ser madres casi al mismo tiempo (y lo seguimos siendo) y a que se nos cayera la baba con los nietos. Es lo que hay.
EliminarLos abuel@s tenemos muchísima suerte de poder repetir esta maravillosa experiencia....hermoso relato Jane....
ResponderEliminarGracias, Jesús. Yo doy gracias a la vida por disfrutar de la experiencia de ver crecer a los nietos. Es, como dices, una gran suerte. y una fuente de risas y diversión.
EliminarBesos para ti y los tuyos.
Me gusta especialmente este post, porque es verdad lo que dices, sobretodo lo de la seguridad que da una mano de unos padre o unos abuelos tan necesaria para ellos y pienso lo mismo cuando les digo disfruten de ellos ahora todo lo que puedan que en un pis pas crecen y se acabó, todo será de otra manera, continua el amor y la ternura pero ya no necesitarán la mano….. y como siempre me encanta leerte y ser tu amiga, besos
ResponderEliminarYo siempre me acuerdo de mis padres que venían a quedarse a mi casa o a la de mi hermana los fines de semana, y siempre venían contentos porque se sentían necesarios. Lo mismo nos pasa a nosotros ahora cuando ayudamos a los hijos quedándonos con los nietos. Es una gozada planificar las "quedadas", que si un rato de piscina, que si vamos a ver tal película, que si vamos a jugar a tal cosa... Revivir.
EliminarBesos, mi amiga.
Nada más maravilloso que saborear y disfrutar cada momento de los niños. Si te vuelven loca, tanto mejor , eso nos aporta energía !
ResponderEliminarLa verdad es que tengo que reconocer que muchos días de los que estoy con ellos acabo "pal arrastre". Demasiada energía en ellos y no tanto en nosotros. Pero me gusta, ya descansaré cuando se vayan. Y son momentos en los que, como dices, se disfruta. No me los perdería por nada del mundo.
EliminarQué verdad más grande. Una sensación hermosa. Poder llevar a nuestros hijos y luego nietos de la manita. Esa mano nueva y blandita que aún no tiene marcadas en la piel, las experiencias.
ResponderEliminarEs cierto. Es una segunda oportunidad la de poder llevar a los nietos, sin prisas, desde la templanza y el disfrute del orgullo, mezclado con el aporte de seguridad y sabiduría que ellos nos regalan.
Y hay padres, Cande, que por comodidad llevan a los niños siempre en cochitos y no saben lo que se pierden. Es tanto lo que te enseñan que en la distancia los lentos paseos (ellos siempre van despacito y despistados) con los niños de la mano se añoran un montón. Una sensación hermosa, has dicho bien.
EliminarGracias, Cande.
Es curioso, Jane. Esas fotos de la mano de los padres eran muy típicas. En los álbumes familiares tenemos varias de muchos familiares y parientes, pero ninguna mía con los míos. :S Me ha encantado ver las que has publicado, por cierto. El complemento perfecto a la entrada.
ResponderEliminarUn abrazo.
Sí, una de mis amigas quiso mandarme la suya pero, cuando fue a buscarla, encontró cogida en brazos, abrazada por los hombros o sentada en las rodillas, pero ninguna de la mano. Esas están en su memoria.
EliminarMuchas gracias por tus palabras. Un abrazo.
Hola! Me encantó el post “ Niños de la mano! Me vi identificada con todo lo que dices. Todos son muy buenos, pero este es algo que estás viviendo ahora mismo y te llega muy cerca. Enhorabuena. Besitos
ResponderEliminarGracias, Marisa, Este escrito es de una abuela para abuelos. Los nietos dan sentido a la vida y nos recuerdan cuando fuimos madres más atolondradas. Ahora lo disfrutamos todo con más calma y conciencia.
EliminarUn abrazo grande y a seguir disfrutando.
Me encantó el blog, Isa. Ternura de ida y vuelta. Padres, hijos , nietos ❤️❤️❤️
ResponderEliminarGracias, Rosi. Si una se pone a pensarlo hay una cadena ininterrumpida de manos que se aprietan desde las primeras abuelas hasta ahora.
EliminarUn abrazo grandes y a seguir disfrutando de esos nietitos.
Querida Jane: ¿sabes que existe un grupo que se llama (en inglés) "quiero vivir en una novela de Rosamunde Pilcher"? Yo no soy miembro, pero no me importaría viajar a Los buscadores de conchas, a Septiembre o a Solsticio de invierno. Hablando de niños: una de las cosas que más me gustan de Rosamunde es la mirada atenta y considerada que dedica a niños y a ancianos... para ella no son personas menos interesantes que las demás, y tienen tantos matices como otras, si no más.
ResponderEliminarNo sé si te has leído El Regreso. Para mí, su obra maestra.
Un abrazo ��
No sabía de la existencia de ese grupo, Alicia, y, si supiera una pizca de inglés, me apuntaría en él. Y tienes razón en lo de los niños (el Henry de "Septiembre", por ejemplo) y en los mayores ("Solsticio de invierno"). Sí me he leído "El regreso", que me gustó mucho (ya me diste ganas de releerlo), de hecho creo que he leído todas sus novelas traducidas. Un abrazo.
EliminarQue bonito Isa !! ����A ellos les da seguridad llevarlos de la mano y a nosotros nos da una paz !! Es maravilloso �� es verdad que se pasa tan pronto , hay que disfrutarlos ❤️
ResponderEliminarA mí cada vez se me pasa más rápido el tiempo. Cuando menos te lo esperes, te ves hablando con ellos de filosofía (me pasó con el de 16 este fin de semana). Disfrútalos tú que los tienes más pequeños.
Eliminar