lunes, 13 de septiembre de 2021

Niños de la mano



Las novelas de Rosamunde Pilcher no suelen gustar a algunos que las consideran "literatura de mujeres para mujeres" (si es que tal cosa existe). Pero a mí me gustan y las suelo releer, después de novelas más profundas y prolijas, porque son relajantes, saben crear "ambiente" y tienen, además, la cualidad de describir escenas sugestivas y evocadoras que te hacen detenerte y recordar.

Eso es lo que me ha pasado este verano en que me he dedicado a leer como una loca y, después de "Largo pétalo de mar" de Isabel Allende (una historia muy bien documentada sobre la guerra civil española y el largo exilio en el Chile de Allende y Pinochet) y de "Emocionarte" (un libro sobre la doble vida de los cuadros), decidí leer algo más ligero, "Voces de verano", del que ya no me acordaba casi nada.  Y allí estaba la escena, presenciada por Eve, una de las protagonistas, la de una madre que arrastraba de la mano a un niño que lloraba: A Eve le llamó la atención la madre. Estaba a punto de desesperarse. Eve se podía identificar con ella. Se vio a sí misma a esa edad, con Iván, un pequeño niño regordete y rubio, colgado de la mano. Podía sentir la mano de su hijo, pequeña, seca y áspera en su propia mano. No te enojes con él, quería decirle a la mujer. No lo estropees todo. Antes de que te des cuenta, habrá crecido y lo habrás perdido para siempre. Saborea cada momento efímero de la vida de tu hijo incluso si, de vez en cuando, te hace perder el juicio.

Y surgieron entonces, ya fuera del libro, los recuerdos. Yo de la mano de mi padre, pequeña y mirando hacia arriba cuando él era tan alto (luego fue menguando cada vez más con los años hasta ser un hombre bajo). Después yo llevando a mis dos niños, tan pequeñitos, de las manos, sin caer en la cuenta de que les estaba dando seguridad y de que eso iba a durar poco y, sin comerlo ni beberlo, iba a tener, como ahora, dos hijos de cerca de 50 años, uno un señor con toda la barba.

Pero los abuelos tenemos el privilegio de revivir la vida, de volver a dar la mano, de volver a regalar seguridad. Porque eso es lo que que quiere un niño. Y ahora sí somos más conscientes que cuando fuimos padres jóvenes. Ya sabemos que estos son años privilegiados, que se van como un suspiro y que, de repente, a esos niños les van a salir pelos por todas partes y les cambiará la voz y ya no serás su puerto inatacable y ni siquiera serás el que lo sabe todo.

 Pero ahora, cuando corren y juegan, a veces te abrazan y gritan: "¡Aba es casita!". Y cuando se enteran de noticias terribles (como las riadas en la península de estos días pasados con su arrastre de coches y destrucción), dicen que qué suerte vivir aquí, en una isla donde no hay ríos. "¡Ni serpientes!", dice la niña. "Estamos en un sitio seguro". Y te cogen la mano por si las moscas.

Esta semana en que han empezado las clases y se encaminan a un futuro incierto, los vemos camino del colegio de la mano de sus madres o padres, y pienso, como dijo una vez Elvira Lindo, que no hay nada más emocionante que un niño de tu mano: Su tacto, tierno y mullido. Sus primeros olores escolares, el babi. Algo falla en las personas que no lo saben apreciar.

Y aquí me tienen de abuela chocha, repitiendo a madres, padres, tíos, abuelos, lo que Rosamunde Pilcher decía en "Voces de verano": Saborea cada momento efímero de la vida de tu hijo (o sobrino, nieto, hermano...) , incluso si, de vez en cuando, te hace perder el juicio.

P.D.: Después de publicar el post, algunos de mis amigos me han mandado fotos de ellos, pequeños, de la mano de sus padres. Las publico aquí como complemento y recuerdo de aquellos años:

Clari con sus padres

Yo con mis padres en las fiestas del Cristo a los 4 años.

Chari de la mano de su padre paseando por los jardines del Asilo.

Rosa Marta con su madre a los casi 2 años

Vicente, de maguito, de la mano de su madre.

Melchor, de la mano de su madre en Mahón



Lolina y Macu con su madre en Las Palmas

María Victoria y Carmen Delia en la Rambla de Santa Cruz


Esther con su padre en una fiesta canaria en Venezuela



38 comentarios:

  1. Charo Borges Velázquez13 de septiembre de 2021, 9:26

    Para mí, Jane, no existe nada más bello, sobre la faz de la tierra y bajo este celaje que nos cubre, que un niño. Por eso, tu post de hoy me ha encantado y emocionado.
    Como bien dices, hay que saborearlos, cuidarlos y protegerlos, aunque me vuelvan loca. Pero dan tanto, a cambio, que esa locura me parece una bendición...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahí está la mejor cualidad de los niños, todo lo que te dan. Gracias a ellos no envejecemos, captamos cosas que de otro modo permanecerían ocultas, no perdemos el sentido del juego ni de la risa, estamos abiertos a mundos nuevos. Yo, que crecí en una casa siempre llena de niños (mis hermanos, mis primos), me sigue gustando que en mi casa los siga habiendo. Y, cuando no están, los llamo por teléfono y me explican lo que han hecho y lo que van a hacer. Una bendición, como dices.

      Eliminar
    2. Antonio Hernández Hernández14 de septiembre de 2021, 18:05

      En casa nos hemos aficionado, como excusa para la relajación, a algunas de las películas de Rosamunde Pilcher. Hay quien se avergüenza, pero Gales, con su colorido, las edificaciones, los viales, la vegetación, los paisajes,... son tan placenteros que hasta le dan vida a la siesta.

      Eliminar
    3. Es verdad, Antonio, las películas son muy agradables, pero los libros las superan con creces. Las descripciones de los paisajes, del entorno, de las casas son tan vívidas y minuciosas que te parece que estás allí. La historia es lo de menos y no se puede evitar, después de un libro suyo, mirar alrededor e intentar captar lo mismo. A mí me gustan mucho.
      Y felices siestas admirando Gales, Escocia o Cornualles, sus típicos escenarios.

      Eliminar
    4. Charo Borges Velázquez14 de septiembre de 2021, 18:10

      Los fines de semana, en la 1, ponen muchas películas sobre obras de esta señora. Por paisajes, historias blancas y desenlaces felices merecen ser vistas, para pasar un rato relajado y alejados de la agresividad y descontento generalizado que nos rodean.

      Eliminar
    5. Conozco a muchos aficionados a esas tardes de sábado en la 1. Yo las veo de vez en cuando y más de una vez las he grabado para otro momento en que venga bien alejarse del ruido y la furia. :-D

      Eliminar
    6. Antonio Hernández Hernández15 de septiembre de 2021, 18:39

      Después de Buscadores de conchas me pasé al deleite indolente de sus versiones filmicas entre españolas y del satélite

      Eliminar
    7. Para mí, la mejor de ella junto con "Septiembre", que es continuación.
      Buen deleite es ese. :-D

      Eliminar
  2. Carmen María Duque Hernández13 de septiembre de 2021, 9:27

    ¡Qué bonito!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Carmelita, sé que a ti también te gustan los niños. Disfruta de los tuyos.

      Eliminar
  3. Isa, tu post, de hoy me encantó, esto no quiere decir que los anteriores no me hayan gustado. Me vi identificada, y me alegré mucho. Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que todas las que hemos tenido niños recordamos ese instante en que nos dan la mano para ir a algún sitio y sabes que se sienten seguros y no querrían estar en otro lugar. Luego se sueltan y hacen su vida pero nosotras no nos olvidamos de su manita en la nuestra.
      Un beso.

      Eliminar
  4. Rosa Henríquez Fernández13 de septiembre de 2021, 14:52

    Me encanta todo lo que escribes, y tienes toda la razón hay que aprovechar cada momento cuando los niños son pequeños

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Rosa, que luego se hacen mayores y les da vergüenza hasta que te vean con ellos por la calle. :-D Muchos de mis amigos, cuando llevaban a sus hijos al Instituto, los tenían que dejar una calle más allá porque les daba corte que los amigos los vieran con su padre.

      Eliminar
  5. Rosa M. Afonso Castro13 de septiembre de 2021, 14:53

    Y además irrepetible. Adoro esa etapa de la vida. Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En el artículo de Elvira Lindo que nombro hace referencia a esa cualidad de irrepetible, que captamos al pasar los años. Es esa edad, dice, en que el niño anda y habla, pero aún conserva todo su pensamiento mágico: usa palabras recién aprendidas, coloca mal otras, disfruta señalando cosas que quiere que le nombres... Es una esponja aprendiendo y todos los que hemos tenido niños sabemos que son momentos únicos y que los vamos a añorar toda la vida.
      Besos, Rosa.

      Eliminar
  6. beatriz E. Daza Guillén13 de septiembre de 2021, 14:55

    Es super bonito disfrutar d ellos y ellos jamás lo olvidan. Al menos, los míos y están super agradecidos por ello ❤️

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que los míos tampoco olvidan los momentos bonitos, las vacaciones, las salidas a comer fuera que les encantaban, las risas... Yo por lo menos no los olvidaré nunca.

      Eliminar
    2. Yo espero que los míos no lo olviden aunque me vean loca alguna vez…

      Eliminar
    3. Seguro que no. Los niños aceptan todo hasta las chifladuras de las madres. Creo que es ese punto de locura el que hace mágica la infancia.

      Eliminar
  7. Mi foto preferida de siempre (mi padre caminando y llevándome de la mano, yo pequeña y vestida de maga) es clavada a tu post de hoy.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lástima, Esther, que no pueda publicarla en los comentarios porque es preciosa. Lo más que me gusta es la enorme sonrisa de los dos y la naturalidad de la escena porque no están posando: un padre y su niña caminando por la plaza. Alguna tengo yo parecida por el parque.

      Eliminar
  8. Muy sentido, emociona y lo comparto. Tus recuerdos son los míos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sí, Carmen. Además aprendimos a ser madres casi al mismo tiempo (y lo seguimos siendo) y a que se nos cayera la baba con los nietos. Es lo que hay.

      Eliminar
  9. Los abuel@s tenemos muchísima suerte de poder repetir esta maravillosa experiencia....hermoso relato Jane....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Jesús. Yo doy gracias a la vida por disfrutar de la experiencia de ver crecer a los nietos. Es, como dices, una gran suerte. y una fuente de risas y diversión.
      Besos para ti y los tuyos.

      Eliminar
  10. Clara Delgado Martín14 de septiembre de 2021, 18:20

    Me gusta especialmente este post, porque es verdad lo que dices, sobretodo lo de la seguridad que da una mano de unos padre o unos abuelos tan necesaria para ellos y pienso lo mismo cuando les digo disfruten de ellos ahora todo lo que puedan que en un pis pas crecen y se acabó, todo será de otra manera, continua el amor y la ternura pero ya no necesitarán la mano….. y como siempre me encanta leerte y ser tu amiga, besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo siempre me acuerdo de mis padres que venían a quedarse a mi casa o a la de mi hermana los fines de semana, y siempre venían contentos porque se sentían necesarios. Lo mismo nos pasa a nosotros ahora cuando ayudamos a los hijos quedándonos con los nietos. Es una gozada planificar las "quedadas", que si un rato de piscina, que si vamos a ver tal película, que si vamos a jugar a tal cosa... Revivir.
      Besos, mi amiga.

      Eliminar
  11. Blanca Martín Torres14 de septiembre de 2021, 18:21

    Nada más maravilloso que saborear y disfrutar cada momento de los niños. Si te vuelven loca, tanto mejor , eso nos aporta energía !

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad es que tengo que reconocer que muchos días de los que estoy con ellos acabo "pal arrastre". Demasiada energía en ellos y no tanto en nosotros. Pero me gusta, ya descansaré cuando se vayan. Y son momentos en los que, como dices, se disfruta. No me los perdería por nada del mundo.

      Eliminar
  12. Qué verdad más grande. Una sensación hermosa. Poder llevar a nuestros hijos y luego nietos de la manita. Esa mano nueva y blandita que aún no tiene marcadas en la piel, las experiencias.
    Es cierto. Es una segunda oportunidad la de poder llevar a los nietos, sin prisas, desde la templanza y el disfrute del orgullo, mezclado con el aporte de seguridad y sabiduría que ellos nos regalan.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y hay padres, Cande, que por comodidad llevan a los niños siempre en cochitos y no saben lo que se pierden. Es tanto lo que te enseñan que en la distancia los lentos paseos (ellos siempre van despacito y despistados) con los niños de la mano se añoran un montón. Una sensación hermosa, has dicho bien.
      Gracias, Cande.

      Eliminar
  13. Es curioso, Jane. Esas fotos de la mano de los padres eran muy típicas. En los álbumes familiares tenemos varias de muchos familiares y parientes, pero ninguna mía con los míos. :S Me ha encantado ver las que has publicado, por cierto. El complemento perfecto a la entrada.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, una de mis amigas quiso mandarme la suya pero, cuando fue a buscarla, encontró cogida en brazos, abrazada por los hombros o sentada en las rodillas, pero ninguna de la mano. Esas están en su memoria.
      Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo.

      Eliminar
  14. Hola! Me encantó el post “ Niños de la mano! Me vi identificada con todo lo que dices. Todos son muy buenos, pero este es algo que estás viviendo ahora mismo y te llega muy cerca. Enhorabuena. Besitos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Marisa, Este escrito es de una abuela para abuelos. Los nietos dan sentido a la vida y nos recuerdan cuando fuimos madres más atolondradas. Ahora lo disfrutamos todo con más calma y conciencia.
      Un abrazo grande y a seguir disfrutando.

      Eliminar
  15. Me encantó el blog, Isa. Ternura de ida y vuelta. Padres, hijos , nietos ❤️❤️❤️

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Rosi. Si una se pone a pensarlo hay una cadena ininterrumpida de manos que se aprietan desde las primeras abuelas hasta ahora.
      Un abrazo grandes y a seguir disfrutando de esos nietitos.

      Eliminar

google-site-verification: google27490d9e5d7a33cd.html