lunes, 31 de marzo de 2025

Los alegres despertares



En la casa familiar de mi niñez no había despertadores. Mi abuela era nuestro despertador natural. Ella abría los ojos al alba y preparaba el café moliéndolo y, antes de las cafeteras exprés, colándolo gota a gota en aquellos coladores de tela. Si no nos despertaba el maravilloso olor mañanero del café, lo hacía mi abuela que, durante el curso, nos traía a la cama un café con leche. Y después de vestirnos, ya desayunábamos como es debido en la cocina, generalmente una leche con gofio y un trozo de los  esponjosos bizcochos que ella hacía.  Pero los días de fiesta y las vacaciones nuestro despertar era más musical. Mi madre nos despertaba cantándonos una canción sin sentido de Bonet de San Pedro que decía: "Arriba con el tirolirolílorí, abajo con el tiroriloleiro, se juntaron las dos esquinas a tocar la mandolina y a bailar el solirón, pompón". Y a veces mi padre también lo hacía, pero él, curtido por dos años de cuartel que le tocó hacer después de la guerra, lo que nos cantaba era: "Quinto, levanta, tira de la manta, que viene el sargento con el mosquetón". Otra cosa, no, pero entretenidos sí que eran los despertares en mi casa.

Y es que el invento del despertador, aunque no lo parezca es de ahora mismo. Aunque fue por el año 1787 cuando el estadounidense Levi Hutchins lo inventó, su producción masiva no ocurrió hasta 1947, un año antes de que yo naciera. ¿Cómo se despertaban antes? Con el sol, claro, igual que las gallinas, pero también con las campanas de las iglesias, que fueron la única referencia horaria hasta que las sirenas de las fábricas empezaron también a marcar la hora con sus silbidos. Antes funcionó un servicio de personas-despertadores que, por unos céntimos, hacían la ronda despertando sobre todo a panaderos y campaneros. A finales del XIX todavía quedaban en París una docena de mujeres con este oficio y, en la Inglaterra de la Revolución Industrial, los knocker-up iban con una vara larga golpeando las ventanas de sus clientes. Y había otros trucos, como poner un clavo en una vela, calculando el tiempo en que se derretía y, cuando lo hacía, el clavo caía sobre una chapa de metal haciendo que el ruido despertara al bello durmiente. Mira que el ser humano es ingenioso...

Cuando pensamos en toda esta historia, hasta nos sentimos orgullosos de haber domesticado al tiempo. Aunque siempre nos queda la duda: ¿No será al revés y es el tiempo el que nos ha poseído a nosotros? Porque, al inventarse despertadores, cronómetros, relojes que cuantificaban las horas, surge también la idea de que se podía perder el tiempo, que había que aprovecharlo bien porque era algo valioso, que se podía comprar y vender. En "Momo", el libro de Michael Ende, los hombres grises lo saben bien y toman posesión de los hombres, robándoles el tiempo como sanguijuelas. En el libro la lucha de Momo es contra ellos porque en él se concluye que el tiempo es la vida y no hay nada más valioso que nuestras horas irremplazables.

Hoy creo que los jubilados, que tenemos menos futuro que pasado, somos los más conscientes de esa idea. Y, aunque ahora los despertadores forman parte del escenario normal de cualquier casa, sabemos que el verdadero lujo está  en que podemos prescindir de ellos ¿Qué mejor despertar que hacerlo al oír a los pájaros anunciar un nuevo día, o el sonido del viento en las ramas o de la lluvia en los cristales? ¿O que quien vive contigo te despierte, si ya no con canciones como hacían mis padres, con un beso de buenos días? Es la mejor manera de abrir la mañana con una sonrisa y de hacer de cada día una obra de arte.

P.D.: Aunque me ha dado mucha rabia que este fin de semana pasado, el último de marzo, nos hayan robado una hora de nuestro tiempo ¿Serán los hombres grises?

20 comentarios:

  1. Tamara González de la Prida31 de marzo de 2025, 14:43

    Buenos días!!! Muchas gracias Isa.
    Que bonito y entrañable.
    Dios y la vida te bendigan siempre para que nos permita disfrutar de tu buen hacer con estos escritos maravillosos.
    Enhorabuena. Muchas gracias.

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    1. Muchas gracias, Tamara, eso anima mucho. Menos mal que una tiene amigas que la quieren.
      Un abrazo grande.

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  2. Charo Borges Velázquez2 de abril de 2025, 13:04

    Cierto, Jane. Nuestras "despertadoras", en la mayoría de nuestras familias fueron nuestras madres. Gracias a ellas y a su insistencia, llegábamos a tiempo de coger la guagua del colegio, las que no vivíamos cerca de él. Creo que de ellas también hemos heredado el sentido de la puntualidad y el cumplimiento de nuestro deber, aunque el disfrute de nuestra jubilación también nos ha dado el privilegio de ignorar los relojes, las campanadas y las alarmas digitales, siempre que tengamos la oportunidad.

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    1. Ay, sí, Chari, si no hubiera sido por madres y abuelas que estaban atentas, creo que hubiera llegado tarde al colegio la mayoría de las veces. Yo soy de dormirme tarde y despertarme tarde. Y el mejor regalo de la jubilación es ese, decir una mañana: "No pongo el despertador y que sea lo que Dios quiera". Lo malo es despertarse y ver que son las 11 de la mañana y sin vender una escoba. :-D Pero que nos quiten lo bailado y lo dormido.

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  3. María del Pilar Valenzuela García2 de abril de 2025, 13:05

    Con esos divertidos despertares el día tenía, por fuerza, que ser también divertido. Curiosamente en mi casa tampoco se usaba despertador. Me ha encantado tu relato. Ah, no nos olvidemos del tajaraste del cabildo, lo recuerdas???

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    1. La verdad es que, cuando miro hacia atrás, reconozco que mi casa era divertida. Siempre había gente que iba y venía, primos, tíos, parientes de La Palma, amigas de mi madre... Recuerdo que se hacían varias cafeteras de café al día, porque siempre había quien pasaba por allí a tomarse una tacita (mi abuela, muy palmera, decía un "pozuelito" de café, acompañado, claro, por bizcochos, almendrados o marquesotes de los que ella hacía). A lo mejor por eso, por tanto trajín, me gusta tanto la tranquilidad de mi casa de ahora. :-D
      Sí que recuerdo el tajaraste del Cabildo, que también ahora suena en las campanas de la Iglesia de San Marcos en Tegueste (por lo menos a las 11 de la mañana que es cuando yo salgo de pilates). Me encanta oírlas.

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  4. Pues eso, que Dios y la vida te bendigan siempre para que durante mucho tiempo sigas despertándonos la semana con tus “ rollitos”
    Yo nunca he necesitado despertador ni he necesitado que nadie me despierte. Será que debo tener un despertador interior, pues no recuerdo haber llegado tarde a ningún sitio por quedarme dormido. Eso si, echo de menos las campanas de El Pilar que llevan muchos años en silencio.

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    1. Qué suerte tienes. Yo soy dormilona por la mañana y, sin despertador, nunca hubiera llegado puntual a clases (como alumna y como profesora). Desde mi casa de ahora, además, no se oyen ni los coches por la carretera (que está lejos), ni campanas de ninguna iglesia. Pero desde mi casa familiar sí oía las del Pilar y las de San José. Eran nuestra forma de poner los relojes en hora, nuestra señal horaria.
      Qué pena que estén en silencio. De noche lo entiendo pero de día es un sonido agradable por encima del ruido de la ciudad, una cadencia que no debiéramos perder.

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  5. Me encanta la forma de trasmitir tus vivencias, muy tierno y entrañable, gracias!!🩷🩷

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    1. Gracias a ti, Clara. Sin darme cuenta y casi sin planearlo, cada semana llega un momento en que me siento a escribir. Y sé que no descubro la pólvora ni hablo de nada trascendente, pero es como si estuviéramos entre amigos y comentásemos algo de lo que nos rodea. Me gusta ese momento de alegato compartido. Gracias por formar parte de ello.

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  6. Ana María Maceda2 de abril de 2025, 13:34

    Pues mi madre me vestía en la cama para despertarme. Pensar lo dormilona que yo era y ahora no duermo más de de 4 o 5 horas como mucho...

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    1. Sí, creo que la cosa va con la edad. Aunque si quieres que te diga la verdad, yo sigo siendo dormilona y, si puedo y no me da insomnio, mis 8 horas de sueño no me las quita nadie.
      A mí no me vestían pero más de una vez sí tuve que vestir a mi hijo, mientras le urgía a que se levantase (y también le cantaba el "arriba con el tirolirolí" :-D).

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  7. Cuando era muy pequeña tenía un xilófono, era un libro de tapas muy duras y dentro el pequeño instrumento y dos palitos con bolas en los extremos para tocarlo, no sé si la única canción era "Quinto levanta", pero es la única que recuerdo, mi madre también me la cantaba para despertarme. Tenía mucho sueño a esa edad, cuando empecé a ir al colegio, después también, y mi madre me ponía el uniforme en la cama, como la madre de Ani. Muchos años después tuve un, "pongamos novio", que me despertaba tirando de la ropa de la cama, odiaba eso, me gustaba más el "Quinto levanta" de mi madre.
    Aunque yo también me desperté con el "arriba con el tiroliloli" y también con "sardinas frescas", no sé qué más cantaba el de las sardinas 😛

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    1. Se ve que somos de la misma generación, Cae. La gente de ahora no se sabe esas canciones. De hecho, hace poco me preguntó una amiga jovencita que cómo estaba y le dije: "Como una rosa perfumada, Maringá", y no tenía ni idea. Si Antonio Machín levantara la cabeza...
      Y por supuesto que eso de que un novio te despierte tirando de las ropas de la cama ya es material suficiente de ruptura. Donde esté un "Quinto levanta", que se quiten los demás gestos de amor.

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  8. Me encantan las campanas desde pequeña. Yo, que sigo viviendo en un pueblo, las oigo a pesar del ruido de los coches. Para mí, como cristiana, es la voz de Dios. Todavía aquí, sobre todo en Tazacorte, cuando se muere alguien, doblan y todo el pueblo sabe que alguien se murió y preguntan.
    Sobre todo ahora que no puedo ir mucho a misa, las oigo y me emocionan. Sigo oyendo ese sonar indiscutible de las campanas.
    Gracias, Isa, por tu escrito. Te quiero.

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    1. Las campanas de los pueblos tienen un sonido especial y entrañable, Nievitas. No me extraña que te encanten. Yo recuerdo cuando en los veranos de mi niñez iba a Los Sauces y tocaban tres veces anunciando la misa. La última vez todos decían: "Vamos ya, que están tocando "dejar'". Siempre me hacía gracia esa expresión que significaba "dejar todo lo que estabas haciendo para ir a misa".
      Gracias, Nievitas, por estar siempre ahí cerquita. Sabes que también te quiero.

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  9. Hola, Jane:
    Qué buen invento y qué mal invento al mismo tiempo porque mira que da rabia que suene por las mañanas. Pero sin él no llegaría a ningún lado.
    Me ha parecido muy curioso lo de las personas-despertadores, tiene toda la lógica del mundo.
    Un abrazo enorme.

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    1. Mira lo que dice la Wikipedia de las personas-despertadoras:
      "La persona-despertador disponía de una lista de direcciones y horas en la que tenía que acudir a despertar, recorría las calles antes del amanecer con una vara larga con la que golpeaba en la ventana de los dormitorios de las personas que les habían contratado. Otras herramientas usadas eran también las cerbatanas con las que lanzaban guisantes secos o piedrecitas contra las ventanas, mazos para tocar en las puertas etc. Antes de retirarse se aseguraban de que la persona quedara despierta.
      Eran necesarios y útiles en ciudades donde la industria, la minería o los puertos, por ejemplo Londres, el trabajo se realizaba por turnos y con horarios estrictos.
      ​El oficio de despertador lo realizaban hombres mayores, mujeres y las personas que hacían la ronda para apagar las lámparas de gas de las calles (con la misma vara que apagaban el gas de las farolas despertaban a sus clientes) o algunos policías que patrullaban las calles y querían conseguir algún dinero extra.
      El fotógrafo John Topham fotografió en pleno trabajo a la despertadora Mary Smith y “recordó que la señora se despertaba cada día, incluso los domingos, a las tres de la mañana para golpear las ventanas de los trabajadores usando un tirador de guisantes”.​
      Las personas despertadoras cobraban y establecían las tarifas en función de cuánto tuviera que andar para llegar a la casa del cliente y también de la hora acordada, así antes de las cuatro de la mañana era la franja más cara y a partir de las seis el precio era el más bajo. Estas personas podían ser contratadas por las empresas o por los propios trabajadores.".
      Curioso ¿verdad? Un oficio desaparecido más.

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    2. La canción militar que nombras es una diana que en mis tiempos de niño oía con mucha frecuencia. Era muy habitual como pasacalle en Santa Cruz de La Palma, sobre todo en fiestas... Pero su letra no era tal como la escribes, al menos yo la escuchaba así: Quinto levanta, tira de la manta, quinto levanta tira del mantón, que viene el sargento con el cinturón.
      Al leerte me vino el recuerdo de mi madre como despertadora de los unos de mayo de todos los años. Ella tenía la creencia de que había que levantarse muy temprano ese día porque si me quedaba en la cama se me podía meter en el cuerpo "el Mayo". Era capaz de tirarme de la cama con tal de estar bien despierto. Al "Mayo" lo describía como un ser gandul, vago, flojo...

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    3. Muy curioso e interesante. :) Me imaginaba que los mismo serenos podrían hacer el trabajo. Gracias por el apunte.

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