En los últimos años del siglo XX, aquellos tiempos en los que daba clase y ya habíamos terminado el programa del curso, ponía a mis alumnos un trabajo voluntario de una o dos páginas para subir nota sobre lo que más les había impactado del siglo que estaba a punto de terminar. Tenían que buscar una buena imagen, explicarlo, exponerlo y, claro, relacionarlo con la filosofía. Prácticamente toda la clase participaba y eran curiosas las imágenes elegidas. Hace poco mi alumno Alex García, el actor, me recordó que él lo hizo sobre la Coca Cola. Pero también recuerdo, de otros, internet, el teléfono, el cine, las guerras mundiales, la Declaración de los Derechos Humanos... Yo pienso que, si este trabajo me lo hubieran puesto a mí, yo hubiera elegido la llegada del hombre a la Luna.
Para los que no nos perdimos ni un momento del primer alunizaje, fue algo mágico, algo casi difícil de creer. Tan difícil que todavía hay algunos que no se lo creen. Pero aquel 20 de julio de 1969 estábamos todas las familias reunidas frente a la tele asistiendo, emocionadas, a aquel "pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad". Armstrong, Aldrin y Collins permanecen en la memoria colectiva desde entonces. La Luna, el objeto de canciones, cuentos y poemas, el disco de luz que inspira a los amantes, la acompañante, siempre cercana, siempre lejana, de la Tierra se había convertido en un sueño realizado, tal vez en el futuro del hombre.
Y ahora, 53 años después de que el hombre abandonara la Luna, ha vuelto a pasar. Y sabemos más. Sabemos que las utopías sirven para caminar hacia delante, que gracias a esos macroproyectos tenemos materiales ignífugos que salvan vidas, escáneres médicos, chips, tratamientos para enfermedades como el cáncer, sensores de las cámaras de nuestros móviles, toda una tecnología que puede aplicarse aquí abajo. Los medios de comunicación de todo el mundo han añadido humanidad a la proeza, mostrando a cuatro astronautas (Reid Wiseman, Victor Glover, Jeremy Hansen y Christina Koch) que se han jugado la vida en la cápsula espacial Orión (hasta el nombre es bonito, el del cazador de las estrellas), que han ido más lejos de casa que ningún ser humano, que lloraban y se abrazaban sin cortarse un pelo y que hasta le han puesto el nombre (Carroll) de la mujer fallecida del comandante a un cráter lunar. Y muchos han destacado que, mientras aquí abajo el presidente Trump amenazaba con que "una civilización entera va a morir esta noche", ellos defendían la Tierra. Con palabras de Christine Koch, "exploraremos, construiremos naves, volveremos a visitarles. (...) Pero en última instancia, siempre elegiremos la Tierra, siempre nos elegiremos los unos a los otros".
J.R.R.Tolkien acuñó el término eucatástrofe en una ponencia titulada Sobre los cuentos de hadas en 1939. Una eucatástrofe es una catástrofe buena, cuando parece que va a pasar algo terrible y se produce un giro repentino y alegre. Es el alivio, la euforia, el rayo de sol en la oscuridad. Y también están las discatástrofes, las catástrofes malas que todos sabemos qué son (y no quiero señalar).
¿Cómo no pensar que en un viaje espacial todo puede acabar mal, cuando sabemos que la nave atraviesa la atmósfera a casi 40.000 kilómetros por hora como una bola de fuego con temperatura de más de 2.500 grados? Pero afortunadamente fue una eucatástrofe y el mundo entero suspiró de alivio cuando el comandante comunicó que todos estaban como punchas.
¡Cómo me gusta ser testigo de las maravillas que el hombre puede alcanzar! ¡Cómo me gusta ver esa imagen azul de la Tierra, nuestro hogar, nuestro planeta, en cuarto creciente ("La manera de ver lo bella que es la Tierra es verla como la Luna", decía mi Úrsula K. Le Guin)! ¡Cómo me gusta recibir noticias buenas y no malas! ¡Cómo me gustan y me emocionan las eucatástrofes!
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Hola Jane. Yo también me acuerdo con emoción cuando el Apolo XI llegó a La Luna. Recuerdo que nos ponían imágenes de unas antenas que estaban en Maspalomas y que permitían seguir el viaje espacial. En aquella época era adolescente e iba a buscar la leche con mi cántara a casa de un matrimonio mayor (D. Antonio y Dª Antonia). El estaba enfermo y apenas salía de su casa (no tenían televisión) y me decía que era imposible que los humanos llegasen a La Luna ...y yo con mis pocos conocimientos se lo expliqué...no creo que lo haya convencido ....pero es que en 1969 había demasiada pobreza en estas islas.... Un beso Jane. Juan
ResponderEliminarYo también me acuerdo de una tía de mi marido que me quería convencer de que era imposible porque "la Luna regía los movimientos de las mareas y la menstruación de las mujeres, y si el hombre iba a la Luna todo eso se estropearía". Falta de ignorancia, que diría el mago. Yo espero que ante esas espléndidas imágenes de ahora, hasta los terraplanistas se convenzan de algunas cosas que la ciencia ya ha demostrado con creces.
EliminarUn beso, Juan.
Leyendo el comentario de Juan he retrocedido en el tiempo a una situación tan parecida, como que yo también iba a comprar leche a una casa en la costa de Galicia y el padre de familia aseguraba que era falso lo que vimos en televisión, que todo era un teatrillo y no salía de ahí, pero tengo que decir que él no comía ningún alimento que hubiera estado dentro del frigo. Pienso que todo esto ya está superado.
ResponderEliminarPero volviendo al escrito de Jane, a mi me parece maravillosa la experiencia vivida por los cuatro astronautas, pero no puedo dejar de pensar en que una parte del planeta ande en estos menesteres y otra parte grande esté muriendo por carecer de lo mínimo necesario para subsistir, por carecer de todo, por ser explotados, muchos masacrados, arrasados, torturados.
No me salen las cuentas... Si el hombre pisó la luna en julio de 1969 y estamos en abril de 2026, serían casi 57 años la distancia entre ambas fechas y no 53 años como dices.
EliminarQue quieres que te diga..., pero hubiera elegido como lo más impactante del siglo para mí el mayo francés de 1968, porque fue el inicio de una revolución juvenil que cambió el pensamiento y me trancó con 20 añitos.
Sí, tienes razón. Pero realmente puse 53 pensando en las misiones Apolo de las décadas de los años sesenta y setenta del pasado siglo y siguiendo las palabras de Amit Kshatriya, administrador asociado de la agencia espacial que en la conferencia de prensa tras la llegada de los astronautas dijo: "Hace 53 años, la humanidad dejó la Luna, esta vez regresamos para quedarnos". Debí haber puesto "53 años después que los hombres dejaron la Luna". Te agradezco tu corrección.
EliminarYo también tenía 20 años cuando el mayo francés y me "trancó" estudiando en Madrid, un año convulso también allí. Fue también uno de esos hitos del siglo XX también digno de reseñar.
Flo, tienes razón cuando comparas las grandes e injustas diferencias que hay en nuestro planeta. Esa es una eterna pregunta, por qué mirar hacia arriba cuando hay tanto que arreglar aquí abajo. Pero aparte de que esos menesteres son parte de lo que hoy es ciencia y muchos de ellos están ayudando al hombre incluso a sobrevivir, la curiosidad es una parte integrante de la naturaleza humana. Por ella, los primeros homínidos partieron desde África a destinos inciertos y un tal Colón pensó que habría una tierra desconocida al otro lado del mar. Los humanos somos así.
EliminarYo respeto todo alabo,aplaudo,y creo que es casi increíble toda ésa tecnología que lleva al ser humano a la luna y todo lo conlleva...pero viendo tantas miserias, guerras, hambre, pienso que es tremendo que sólo un water de esta última misión...cueste 23 millones de dólares!!,Gracias Isa y perdona por dar mi opinión! Un abrazo.
ResponderEliminarMe encanta que des tu opinión. Un blog tiene sentido por eso, porque realmente es un diálogo en que cada uno añade, opina, discrepa, aplaude... Si no fuera así, ni me molestaría en escribirlo.
EliminarY lo del water de 23 millones de dólares me recuerda a Fernanda del Carpio, la mujer de Aureliano Segundo en "Cien años de soledad", que tenía un orinal de oro (que al final era bañado en oro).
De todas formas, en el caso de la nave espacial supongo que cualquier elemento tiene que tener un coste extraordinario para poder afrontar una misión tan peligrosa.
Hola, buenas tardes!
ResponderEliminarPues sí q ha sido importante este viaje , de ida y afortunadamentetb de vuelta, pero q no nos distraiga de todo el gran sufrimiento q sabemos existe en muchos rincones de nuestro planeta y q parece q nadie quiera ,pueda o sepa resolver...
Buena tarde!
Un abrazo🥰🥰🥰
Creo que nada puede hacernos olvidar ese sufrimiento. Si tenemos un mínimo de humanidad y empatía, diríamos como Terencio: "Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno". El problema es que hay individuos que de humanidad y empatía tienen poco. Y muchos de esos gobiernan el mundo.
EliminarIsa, cuando el alunizaje del Apolo XI, yo estaba estudiando en Sevilla y viví esos momentos con emoción, como la mayoría. En el 92, estuvimos en Washington, y visitamos El Museo del Aire, y el Espacio, y tengo que decir, que el Apolo XI, me pareció de juguete, allí no podían caber los tres astronautas.
ResponderEliminarEs para tener claustrofobia estar tantos días en esos cubículos. ¿Y las misiones de los que estaban más de 9 meses pululando por ahí arriba? ¡Ni por todo el oro del mundo me trancaban ahí! Ya me da un poco de repelús ir de aquí a Madrid, imagínate meses y meses ahí encerrada.
EliminarYo estaba estudiando en Madrid pero en el alunizaje del Apolo XI eran vacaciones y estaba en casa en Tenerife.