lunes, 10 de febrero de 2014

Los hijos del farero




Mi amiga Marianela es hija de un farero. Hasta los 10 años vivió una infancia extraordinaria en el faro de Alegranza, la más septentrional de nuestras islas. Abría la puerta del faro y allí estaba la isla, desierta y arropada por el sonido del silencio y el bramar del mar y el grito de las pardelas. Una isla entera a disposición de ella y su familia, con veredas, jameos y caletas para recorrer y jugar, con charcos transparentes donde bañarse, y con nombres tan exóticos como Montaña de la Rapadura o las Salinas Escondidas.


Era una vida, recuerda ella, de completa libertad y abundancia. Había gallinas que proporcionaban huevos, y cabras -que estaban sueltas por la isla y que al anochecer se acercaban al faro a beber agua-, de las que obtener leche y quesos. Y, por supuesto, todo el pescado  que  quisieran. Su padre, en menos de media hora, podía recoger un pulpo, lapas y burgados para una paella; o pescar cabrillas o viejas para el almuerzo. Muchas veces la merienda de los niños era una enorme bandeja de cangrejos rojos, grandes como flores tropicales ¡Qué suerte para una niña ser, en aquellos tiempos, la hija del farero!

Y, sin embargo, qué impresión tan distinta hemos tenido siempre ante los faros que hemos visto en la vida: el de Orchilla, que señalaba el fin del mundo; el de Punta Tostón, entre la arena blanca de Fuerteventura; el de San Sebastián de la Gomera, que en las noches claras del sur nos hace un guiño desde enfrente; el del Porís, al pie de cuyas paredes una noche, de madrugada,  vimos el Cometa Halley; la Torre de Hércules en La Coruña, poderosa frente a la Costa de la Muerte; la luz casi fantasmal de un faro desde el mar... Todos ellos nos hacen imaginar una vida  aislada y dura, solitaria y, a veces, peligrosa

Luis Cernuda empieza su poema "Soliloquio del Farero" diciendo "Cómo llenarte, soledad, sino contigo misma". Y más tarde:
"Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante
que gira advirtiendo a los hombres
por quienes vivo aunque no los vea..."

Así imaginamos a los fareros, otro de los oficios que están desapareciendo y que ha sido siempre un trabajo duro, aunque a veces se vaya a parar a sitios idílicos como Alegranza. Representa el triunfo ante las adversidades y requiere coraje. El mismo que vemos en esa imagen al pie de este escrito: un faro de Bretaña, rodeado por la furia de las olas, y en cuya puerta se ve al farero, pequeño y expuesto, pero impertérrito ante ellas y atento sólo a la luz que guía los barcos. 

También la vida consiste en batallar contra las circunstancias. Nuestros antepasados, fuertes frente a los elementos, sobrevivieron a las pestes, las guerras y las catástrofes en un mundo mucho más duro que el actual y en el que un número muy elevado de niños no llegaron a la edad adulta. Pero ellos sí, y concibieron hijos, nietos, biznietos y, siguiendo la línea de los siglos, a nosotros que, por ellos, estamos aquí. 

Como dijo Jostein Gaarder ("El misterio del solitario"), somos boletos ganadores, somos descendientes de los fuertes. Tal vez, al final, va a resultar que todos somos también los hijos del farero.

(Para Marianela y para su padre Agustín, que a sus 85 años conserva el espíritu y la curiosidad de los antiguos fareros. Con mi gratitud por compartir sus experiencias)




(Imagen inicial, el faro de Alegranza, foto cedida por mi amiga Marianela. Imagen final, el faro de Bretaña)

32 comentarios:

  1. Bella entrada. Yo creo que da para mucho más, me quedé con ganas de escuchar de escuchar también esas "experiencias compartidas", porque es un mundo tan ajeno al que vemos a diario...hay algún libro de fareros?
    Un saludito
    AD

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  2. Los faros siempre tienen ese extraño poder de atracción que potencián nuestra imaginación y nuestros sentidos. Sin duda son lugares mágicos. ¡¡Que se lo pregunten, entre otros, a Harry Potter!!

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  3. "Faros españoles de ultramar", este era el título de un libro que maqueté ya hace muchos años. Un libro lleno de fotos antiguas, dibujos a plumilla e historias de Cuba, Filipinas, Puerto Rico… es un libro que no me canso de mirar, de leer, que consigue transportarme como un buen documental.

    Por otro lado, me ha sorprendido la visión y los recuerdos de Marianela de niña, más allá de la soledad imperante en la isla.

    ¿El paralelismo entre el faro y la propia vida? Real. Mejor exponerse y curtirse, que permanecer escondidos…

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  4. Yo también tenía la idea de que vivir en un faro sería algo muy aislado y triste, pero lo que cuentas suena francamente bien, claro que el faro en cuestión es importante y lo de poder estar con la familia, también, supongo.

    Qué fotos más maravillosas, por cierto.

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  5. A mi me hubiera encantado ser hija de un farero y vivir en un faro aunque le tengo un respeto al mar increíble pero me chifla y me parece que la vida de tu amiga, su infancia al menos, tuvo que ser preciosa. Besos.

    www.sobrevolandoloscuarenta.blogspot.com

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  6. Vivirenflorida:
    Agustín, el padre de Marianela, escribió hasta el año 2011 un blog donde habla entre otras cosas de su experiencia en Alegranza. Hay post sobre las plantas de la isla, o sobre sus animales, y algunos que hablan de los nombres de cada montaña, cueva, punta o barranco y del porqué de tales nombres. Hay una entrada sobre la caza de la pardela que es impresionante. Y otro que habla de los "jallos", de las cosas que el mar va arrastrando a la isla, botellas incluidas. En estos comentarios no salen los enlaces, pero lo puedes buscar tú misma. Es:
    http://agustinpallares.blogspot.com.es/

    Un poco más arriba Estrellas de Lana pone un libro que maquetó, "Faros españoles de Ultramar" y cuenta que le gusta mucho. Si lo consigues, puede ser un libro muy bonito.
    Un beso.

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  7. Guille:
    No me acuerdo en qué libro de Harry Potter aparece un faro. Sí que me acuerdo de uno en las novelas de Septimus de Angie Sage, concretamente en "Septimus en la Isla Encantada". El faro se llamaba La Luz de la Roca del Gato, "un faro precariamente asentado sobre una roca que sobresalía en medio del mar y cuya parte superior se parecía a la cabeza de un gato, ya que incluso tenía orejas y dos brillantes haces de luz que salían por sus ojos".
    También hace poco leí una novela de Camilla Lackberg, "Los vigilantes del faro", en el que el faro de la isla de Graskar esconde secretos y crímenes.
    Tienes razón, los faros despiertan la imaginación y nos hacen crear ficciones.

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  8. Hola Jane. Yo también conocí a algunos "fareros", aunque su nombre oficial era el de "torreros". Se llamaban D. Vicente y D. Ángel. El primero también fué mi profesor de Dibujo Técnico, y luego de Matemáticas durante un verano. Me hizo estudiar muchísimo, cosa que con el tiempo le agradecí profundamente.
    El segundo, D. Ángel, lo traté como padre de uno de mis mejores amigos y teniá con él otro tipo de relación.
    D. Ángel era una persona que parecía seria, pero muy amable. Además sabía un montón de cosas y nos hablaba como si fuésemos de su familia.Recuerdo que hacía unas paellas con cangrejos, burgados,etc...que estaban para chuparse los dedos, hechas en una paellera con leña de tarajales.
    Alguna vez subí con sus hijos a la parte más alta del faro. Allí estaba la lente que proyectaba la luz durante la noche. Además algunas fuí con mi padre a pescar morenas(de fondo y con cañas de pescar de bambú), en las rocas que estaban bajo el faro. Era un espectáculo ver los rayos de luz proyectándose sobre el horizonte oscuro.
    Hace unos años, toda la óptica del faro estuvo en el edificio de embarque del muelle de Santa Cruz. La gente lo veía y yo pensaba: "Esa lente forma parte de mi pasado, cuando todavía era un niño", y a veces me hizo soñar con aventuras marinas..,,
    Algunos días,varios amigos pasamos unos momentos muy felices con las familias de los torreros. Sólo oíamos el viento y el ruido del mar. Eran momentos distintos y nos hacían sentir bien. Un beso Jane.
    PD. No lo he dicho. El Faro de mi historia es el de Puntacumplida (Barlovento) en La Palma.

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  9. Estrellas de Lana:
    Siempre me llamó la atención esa idea filosófica de Gaarder, la idea de que la vida es como una gran lotería en la que sólo son visibles los boletos ganadores: nosotros. Y que nos lleva a pensar en el gran empeño del hombre como especie por sobrevivir.
    A mí me llaman mucho la atención los faros. Cada vez que viajo y veo uno lo fotografío y leo la información sobre él. Y además recorto cualquier noticia relacionada con ellos. por ejemplo, sobre el faro de Alnes en Noruega que guiaba a los pescadores de bacalao y ahora es un museo con un café donde te ofrecen galletas y tartas caseras. O sobre los 180 faros que se yerguen sobre los acantilados de Nueva Inglaterra. O un artículo que describe al faro de Santa Catalina en Lekeitio, Vizcaya. Me encantan.

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  10. Loque:
    La verdad es que a mí también me sorprendió cuando Marianela me empezó a hablar de su infancia. Supongo que también es verdad que Alegranza es un sitio especial. Sabrás que también el abuelo de Marianela fue el farero de Alegranza y su padre pasó en el faro también su infancia. Cuando ya de mayor quiso seguir los pasos de su padre e hizo las oposiciones en Madrid para ser farero, no paró hasta que pudo ir, por una permuta, al paraíso de su niñez. Y convenció a su mujer y llegaron los dos a la isla en un barco que lo llamaban "El Bartolo", con Marianela con dos años y su hermano recién nacido. Recuerda ella, tan pequeña, que ese día los trasladaron al faro en camello y que su abuela que también iba con ellos se resbaló y casi se cae.
    Eran dos fareros, o sea que se turnaban y pasaban 2 meses en la isla y 2 meses libres. Pero Marianela dice que siempre estaban deseando regresar. Que allí tenía de todo, juguetes pero también muchos libros. Y la isla a su disposición.
    Hay muchas circunstancias a su favor.

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  11. Lola:
    Al mar hay que tenerle un enorme respeto. Estos días me ha sorprendido la inconsciencia de aquellos que se acercan a él cuando hay unas olas impresionantes que pueden arrastrarles. Hace un par de años vi a un grupo haciéndose fotos sobre unas rocas con un mar muy bravío. Al día siguiente leí en el periódico que a uno de ellos se lo llevó una ola.
    La vida en un faro se nos antoja muy romántica ¿verdad? Yo recuerdo que de chica soñaba con la vida en un barco o en una cueva. Y hacía dibujos e inventaba historias sobre eso.

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  12. Juan:
    Este verano me acerqué al faro de Puntacumplida en Barlovento y estuve sacándole fotos. También vi la linterna a la entrada del pueblo. Sentía curiosidad por él porque también conozco al hijo del farero (o del torrero) y uno de mis más queridos amigos también me había comentado que su primera paella la comió allí.
    Muchas gracias por compartir tu experiencia, que a todos nos hubiera gustado tener. Tuviste suerte de vivir esos momentos. No hay nada mejor para entusiasmar a un niño que enseñarle otras vivencias.
    Algún día me tienes que contar algo más de esa pesca de morenas de noche a la luz de la linterna del faro. Tiene que haber sido una experiencia memorable.
    Gracias, Juan, y un beso.

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  13. PRECIOSO. Lleno de tu sensibilidad. Me encantó la dedicatoria. Mis recuerdos están llenos de caricias de sol y brisas. De paz y armonía con la naturaleza. Eso es para mi Alegranza. Un abrazo.

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  14. Afortunada Marianela, que tienes tanto que atesorar. Nadie te puede quitar la luz de esos momentos.
    Hay una frase de Camus que dice: "El sol que brilló sobre mi infancia me libró de todo resentimiento". Tal vez por eso tú también eres tan especial.
    Gracias y un gran abrazo.

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  15. Querida amiga, quizás no lo sepas pero a mi en Barlovento siempre me llamaron "el hijo del torrero", que es como a mi padre le gustaba llamar su profesión. Como anécdota curiosa te puedo decir que en la frontera de Alemania una vez cuando iba en coche a mi padre le dijo un policía: ¡ Oh torero! y le hizo el gesto de torear con un capote,obviamente confundiendo su profesión. Mi padre conocía al torrero de Alegranza, que debe ser el padre de tu amiga. Un saludo de mi parte

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  16. Querido Ángel, no sólo sabía que a ti te llamaban así sino que además este escrito mío, pensado hace tiempo, iba a empezar diciendo: "Yo tengo un amigo, Ángel, que es el hijo del farero". Pero, aunque te llamé unas cuantas veces, no pude ponerme en contacto contigo para que me contaras tu experiencia como niño que vivió ¡en un faro!
    Luego me encontré con Marianela en una comida y la visión de su infancia en Alegranza me maravilló. Pero sé por amigos comunes que la tuya fue también una gran experiencia. Juan Pérez ha añadido más arriba las vivencias que compartió contigo ¡Qué suerte para ti, para él, para Marianela, para los torreros y sus familias! Los demás nos limitamos a soñar con la vida en un faro. Ustedes vivieron ese sueño.
    Un abrazo muy grande y ahora ya sé cómo localizarte.

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  17. Mi querida Isa. Siempre he tenido la sensación de soledad cuando he visto un faro y veo que algunos están llenos de vida.
    Deliciosa descripción, como todas, y gracias por compartirla con nosotros.

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  18. Estaban llenos de vida, Esperanza, hasta que hace unos años empezaron a funcionar por sí solos. por ejemplo, el de Alegranza se automatizó en el año 1968. Hasta ese momento fue una casa como cualquier otra.
    Gracias a ti por estar ahí.

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  19. Me gustó muchisimo...es tan curioso percatarse que no todos vivimos igual la vida...

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  20. Curioso y enriquecedor. Tú te darás cuenta ahora que has tenido el coraje de cambiar de país y de vida. Pienso a veces en mi prima que vivió en Guinea Ecuatorial cuando aún ésta era española, o en una chica rusa que conocí y que sobrevivió a Chernobil, o en tantas personas de otros países que pasan por nuestras vidas con otras ideas y otras costumbres. Todas nos hacen comprender.

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  21. Que imágenes tan iguales y tan distintas. La primera nos hace ver la paz y la tranquilidad que describe de una infancia donde la naturaleza es la despensa familiar. Y en la segunda vemos como esta misma naturaleza nos manifiesta su fuerza infinita.
    Cuando veo un faro pensaba en la soledad del farero en días tormentosos. Hoy me has dado otra visión del farero más apacible en contacto con lo natural.

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  22. Carmen Delia, acostumbro fotografiar todos los faros que veo. Y, sin embargo, las dos fotos que he puesto no son mías. La segunda forma parte de un vídeo que vi hace tiempo y que, aparte de impresionarme, me dio la idea para este post de hoy. Esa fuerza de las olas, ese abrazo del mar a la torre, ese descontrol de la naturaleza frente a la firmeza del faro... asombran y hacen ver todavía más pequeña a la figura del farero, que parece que no pero está dominando la naturaleza. Me gustaron esas dos imágenes, tan contrarias pero tan iguales. Los dos faros han sido construidos por el hombre y los dos han salvado muchas vidas humanas.

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  23. La naturaleza es impresionante. Preciosas fotos del mismo faro.

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  24. No es el mismo, Araceli. Como ya puse al pie del post y contesté a Carmen Delia, son dos faros distintos y alejados, uno en Alegranza y otro en Bretaña (Francia). Pero los dos han cumplido el mismo fin.

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  25. Hola Isa, me encantó el artículo de los Faros. Quisiera indicarte que en la Punta del Roquete (Roque de Igüeste) que es un derrame lávico formado por un dique de origen tra­quítico, y es el inicio de un acantilado alto que se mantiene hasta la Punta de Tie­rras Caída, bordean­do la montaña deno­minada la Atalaya de los Ingleses, en su cima se encuentra el histórico y último “Semáforo de Banderas” de las Islas, bajo el cual se encuentra un marco de fondo vertical, formado por los apila­mientos de coladas de oscuro basalto en la que se intercalan vetas rojizas de almagres y piroclastos atrave­sados por diques basál­ti­cos por los que fluyeron las lavas hace varios millones de años.

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  26. Lo he visto desde el mar hace poco, una vez que fuimos en barco hasta la playa de Antequera. Como es normal, también lo fotografié y después busqué información sobre él. En "Lo que las piedras cuentan" también hubo un reto sobre este Faro de señales, el último que queda en Tenerife y que tan bien situado está. Gracias por recordármelo, Antonio.

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  27. Hermosa y sencilla esta semblanza sobre El Faro y los fareros, estimada Jane. Por estos lados conozco uno, he pernoctado al píe de su torre y sobran las palabras para expresar tantos sentimientos. Se trata de uno localizado en el Cabo de San Román, el más septentrional de Venezuela, en la mísmisima Península de Paraguaná. Está más o menos a 30 km. de Aruba y en noches claras es posible divisar luces en la costa antillana. La información que tengo me indica que es operado por la Marina y ya no dejen acercarse tanto. A fin de mes estaré por esos lados y trataré de confirmar si sigue operativo. Lástima que con tanta tecnología en uso, los faros terminen en desuso. A cuidarse, pues.

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  28. Sí que es una pena, Agroteide, aunque me imagino que no para los antiguos torreros que tenían que estar atados a un sitio sí o sí. Supongo que alguna vez les apetecería salir a cenar con amigos, ir a un espectáculo y esas cosas que se hacen en lugares civilizados. Menos mal que había faros cercanos a pueblos (como el de Barlovento), pero en el caso de Alegranza los dos meses seguidos en una isla desierta de 12 Km. cuadrados no te los quitaba nadie, a pesar de que Marianela y su padre reconocen que para ellos era el paraíso. Y supongo que no están en desuso, que siguen cumpliendo su función, avisar a los barcos de los peligros. Sólo que ahora el farero no está presente.
    Ya me contarás si vas por Aruba y te puedes acercar al faro. Un faro sigue teniendo ese atractivo de los lugares mágicos.
    Un abrazo.

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  29. Aclaro: El Faro de Cabo de San Román está en la Península de Paraguaná, Estado Falcón, Venezuela. Desde allí pueden divisarse, en algunas oportunidades, las luces de Aruba. Ah, otra cosa, como está la situación por estos lados va a ser una odisea conseguir pasaje para la isla antillana, a menos que me vaya con algún amigo en un "peñero" y de varas lo estoy pensando. A cuidarse, pues.

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  30. Gracias por la aclaración. Me fui a un Atlas y ya me situé,
    No te arriesgues a lo del peñero que ya uno no está para esos trotes.
    Otro abrazo.

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  31. ¡Qué casualidad! Me estoy leyendo precisamente ahora "Los vigilantes del faro", y por lo tanto estoy inmersa en el ambiente que describes (con sus diferencias,claro).
    Resulta fascinante una vida tan distinta, aunque yo reconozco que no la soportaría más de una semana.
    Me vienen a la memoria situaciones espeluznantes como lo de La Posada de Jamaica, que leí en la juventud y que todavía me acuerdo de los sentimientos que me produjo.
    También me evoca una poesía que me recitaba mi madre. Decía así: "Guarneciendo de una ría / la entrada incierta y angosta,/ sobre el peñón de una costa,/ que bate el mar noche y día,/ se alza solemne y sombría,/ ancha torre secular, / que un rey mandó edificar / a manera de atalaya,/ para defender la playa / contra los riesgos del mar". No parece que sea un faro lo que describe, pero se me apareció de repente al leer el post . Nunca la había escrito, ni la he visto escrita, así que discúlpame cualquier error. Me apeteció ponerla aquí. Gracias

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  32. Muchas veces los faros sirvieron de atalayas de aviso "frente a los riesgos del mar", que no sólo son olas y temporales sino también piratas y ejércitos. Así que igual tu atalaya también era un faro, ahí tan bien situado sobre el peñón de una costa.
    Yo creo que a mí también me costaría adaptarme un poco, sobre todo de mayor (¡y soy bastante adaptable!) Echaría de menos las reuniones con amigos, la libertad de ir a otros sitios cercanos, la cercanía con el resto de la familia... Por eso nos resulta tan fascinante la vida de los que no sólo se adaptan sino que también la disfrutan.
    Espero que te guste "Los vigilantes del faro". Aunque me he leído todas las de Camilla Lackberg, esta me resultó muy truculenta. Ese niño, por Dios...

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