lunes, 18 de agosto de 2014

Una linda guachinanga, válgame Dios...




Mi amiga Loque no conoce Tenerife. Sí, ya sé que hay tropecientas mil personas que tampoco lo conocen, pero allá ellos. Una desea para los amigos que no se pierdan este "vergel de belleza sin par" o que se pierdan en él, que para el caso es lo mismo.


Loque aduce para justificar su imperdonable falta, aparte del vil metal (que tiene toda la razón, venir y vivir en una isla cuesta caro. No hay más que ver que los ricos del mundo, nada más hacerse ricos ¿qué es lo que hacen? Comprar una isla, que es el lujo más lujoso de todos los relujos), de lo lejos que está (por el mismo precio -¿qué digo el mismo? ¡por menos!- igual se puede uno ir a París, por ejemplo. Pero ¿qué es París al lado de Tenerife? Nada de nada, boñiga de vaca), de que su vacación, como el cirio, es corta y su obligación laboral, como la procesión, es larga... aparte de todo eso, dice que le han hablado (ya se sabe lo chismosa que es la gente) de que aquí hay... -vamos a decirlo bajito- ¡cucarachas!

Ay, Loque, si yo te contara de las... Mira, me resisto a poner su nombre. Vamos a llamarlas "guachinangas", como si fueran mocitas mexicanas (de hecho, en la canción de "La paloma", las nombran: "Una linda guachinanga, válgame Dios..."). Bueno, pues si yo te hablara de las guachinangas y de mi fobia hacia ellas, este post sería más largo que "En busca del tiempo perdido". Que digo yo que el Supremo Hacedor bien podía haber hecho que yo naciera en el Polo Norte en lugar de aquí, aunque peor lo tienen en los trópicos, en donde creo que son del tamaño de camiones.

Se supone, sin embargo, que no nací así. Mi madre me contaba que con un añito me vio una vez cogiendo una guachinanga en la mano y mirándola muy interesada. Y, mal que me pese, me lo creo porque mi nieta Julia, que también ronda el año, agarra todo lo que puede, así sea un tigre de Bengala, lo examina por todos lados y hasta puede que le dé una buena mordida, ahora que tiene 8 dientes que parecen una sierra eléctrica.

La fobia tengo que haberla desarrollado por vivir hasta los 12 años en una casa con patios y plantas, cerca del Parque, desde donde llegaban revoloteando alegremente y pegándome unos sustos de muerte. Pero en esa misma casa vi la plaga de langosta del año 59 y ¡bien que me divertí cogiéndolas y metiéndolas en frascos para llevarlas al colegio...!

Yo, que soy tan sensata, intento racionalizar y me digo que más peligro tiene una araña venenosa, una buena víbora, el lobo feroz o uno de Jazztel. Pero nada, sigo protagonizando episodios bochornosos, como cuando, de joven, paseaba con un chico y lo dejaba de pronto hablando solo mientras yo, corriendo, desaparecía en el horizonte sacudiéndome las faldas cual gacela despelujada; o aquella vez que hice un striptease, al posárseme una guachinanga en la mano, mientras ordenaba al volver de vacaciones: fui por toda la casa en un alarido aterrador hasta el cuarto en donde estaban mi madre, mi marido y mi hija Ana (que entonces tenía 2 años y me miraba con ojos como platos), mientras me iba quitando toda la ropa de encima.

Pienso que a lo mejor el origen de esta fobia está en un virus que me nubla el juicio y la sensibilidad. Después de todo, García Lorca en "El maleficio de la mariposa" habla de un guachinango enfermo de amor. Pero, por más que me gusta Lorca, no veo yo en una guachinanga ni belleza, ni poesía, ni glamour.

Están en todas partes (hasta en Madrid, Loque) y dicen que, si hubiera una catástrofe  nuclear, ellas serían las supervivientes ¿Qué hacemos, entonces, quienes no las podemos ver sin que nos dé una sofoquina? Por lo pronto -y ya que esta isla tiene sólo 2 puntos cardinales, norte y sur-, vivir en el norte, en zonas fresquitas. Así que, tranquila, Loque, puedes venir cuando los caudales y el trabajo te lo permitan, porque, por el lado de las guachinangas, por mi casa no ha aparecido ninguna en los 32 años que llevo viviendo aquí.

Aunque ahora que lo pienso y entre nosotras, ¿será porque se las han comido las ratas?




(Las fotos las hice en mayo, subiendo al Teide, cuando la retama está florida y el aire, limpio, y una no piensa en las serpientes ni guachinangas que todo paraíso esconde)




(Este marcador con una guachinanga me lo mandó mi amiga Flor. que es una artista como la copa de un pino. Me dice que fue uno de los últimos que dibujó antes de jubilarse y que espera que no me dé repelús y que me sirva de terapia. La prueba de que de la realidad al arte hay mucho trecho es que no me da nada de repelús. Gracias, Flor.
El cuento es de otra amiga y compañera de labores de Biblioteca, Lola Suárez)

32 comentarios:

  1. Isa, como siempre tan ingeniosa y con una capacidad de recordar las anécdotas pasadas en tu vida. Es el segundo comentario que te hago, porque el que ya te escribí en facebook, cuando le di a publicar... desapareció!!!! Gajes del oficio...jajajajaja. Te decía que las guachinangas me producen más que miedo, asco!!!!! Un beso.

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    1. Gracias, Ligia, por tus piropos.
      Ya sabes que, como dije el otro día, nada es eterno y todo cambia rápidamente: tan pronto está como no está.
      Y lo del miedo yo lo tengo clarísimo. Asco también, pero dicen que el miedo es una respuesta primitiva frente al peligro y que es buena porque te hace correr como un rehilete. Y yo ante una guachinanga podría hacer la carrera del otro día Santa Cruz-Candelaria. Vamos, y coronarme como ganadora en el podio.
      Otro beso para ti.

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  2. José Antonio Díaz18 de agosto de 2014, 17:23

    Lindo, me gusta, y ya sabemos, que la razón se desarrolla a expensas o encima de la sensibilidad, y esta siempre gana, si ello es bueno o malo, francamente no lo se.

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    1. Y sabemos también, José Antonio, que somos animales irracionales, que, por más que digamos que la razón acabará por tener razón (D'Alembert), nada puede reclamarse cuerdamente a la vida (Savater). ¿Que ésta nos hizo con fobias, miedos, sofoquinas y desmelenes? Pues qué se le va a hacer: lo asumimos y nos aceptamos, que el conocerse a sí mismo también es una máxima filosófica.
      Un abrazo y gracias por pasarte por aquí.

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  3. No tienes ni idea de lo que me he reído con lo de tu striptease. Yo creía que eran las ratas las que sobrevivirían en caso de desastre nuclear, pero vamos a lo nuestro: a mí tampoco me gustan las cucarachas. En general no me gustan los insectos. Estando en Cuba de luna de miel pasamos unos días en un hotel precioso al borde de la selva. Era un lugar espectacular con todas las comodidades pero las habitaciones semejaban cabañas de dos pisos y tenían las paredes de madera. Yo comenté que ese detalle me intranquilizaba porque si había bichos sería difícil verlos con los nudos de la madera, etc y para tranquilizarme antes de ir a dormir deshice la cama echando la ropa hacia atrás. Aun hoy recuerdo perfectamente las antenas moviéndose del bicho (unos 5cm) que estaba entre las blanquísimas sábanas. Mi grito se oyó tan alto y tan claro que no hubo que llamar al servicio de habitaciones que estaba en otro bungalow y aquello fue...la guerra.
    Un abrazo

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    1. ¡Qué episodio de película de terror me has contado, Utopía! A mí me pasa eso y me quedo sin luna sin miel y sin marido por haberme llevado a semejante sitio. El hermano de una amiga mía vivió un episodio parecido (con más guachinangas entre las sábanas) en otro Hotel caribeño. Creo que no durmió en toda la noche. Yo no hubiera hecho lo mismo, yo hubiera emigrado a Vladivostok.
      Y sí, lo de mi striptease todavía se recuerda en los anales de mi familia. Fue un poco sui géneris, más bien a lo bruto, sin nada de sexappeal, pero striptease al fin y al cabo.
      Un abrazo.

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  4. Fernando Uzigalnik Suazi18 de agosto de 2014, 17:52

    Me parece que experimenté el mismo tipo de catarsis metafísica después de que me pusieran internet en mi piso de Nuevo Delhi. ¡Que Zaratustra zoroástrico bendiga al gran martilleador!

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    1. Fernando, me encanta que ahora lo podamos llamar "catarsis metafísica", porque para mí siempre fue un miedo acojonante.
      Que los muchos caminos recorridos por esos mundos te hagan ir perdiendo miedos y ser más sabio.
      Un abrazo.

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  5. Hasta para escribir de las "guachinangas" tienes ingenio. Yo, a ellas mucha mucha fobia no, pero a los ratones.....no quiero ni que me los nombren. Mi nieta tiene uno de peluche y me "erizo" toda cuando la veo jugando con él. Besos. Me gusta la nueva cabecera

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    1. Lo de las fobias es muy curioso. Tengo amigos que han dejado de ir a su casa de campo porque apareció una rata en el jardín.
      Te entiendo perfectamente el "erizamiento". A mí me regalaron una guachinanga gigante en un amigo invisible y ni la toqué y eso que era de plástico. Fue con papel de envolver y todo a la basura derechita. Y de los cebos que puse en la casa del sur no puedo ni ver las cajitas, en donde hay el dibujo de una.
      Entonces, ¿no te habrá gustado nada "Ratatouille", verdad?

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  6. Muchísimas gracias!!! Yo soy la amiga Loque y digo llena de orgullo, que ella es mi amiga Jane.

    De verdad que me ha encantado, estoy súper contenta, con cara de "ahora mismo me voy a Tenerife" ¡Y que me den a mí guachinangas!!

    Oye que tengo un amigo que dice que es verdad, que son muy grandes, pero que en Canarias no pasa nada, porque parecen como más silvestres (y él mismo ponía cara de "buenooo, es un decir").

    Pues sí, en Madrid también tenemos, y sin embargo no estás tú (chulapa mía), así que salís ganando porque además tenéis el mar y muchas cosas bonitas como las de esas fotos.

    Lo dicho, que cada vez me siento más Helene Hanff ¡¡ tengo que ir!!

    Gracias de nuevo!

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    1. Di que sí, Loque. Ese es el espíritu. Mira a los intrépidos que ha habido por el mundo ¿Livingstone se achicó por los cocodrilos? ¿Amundsen por los osos polares? ¿Hillary por el Yeti? Pues tú no vas a ser menos, no señor.
      Aunque, entre nosotras, lo de "silvestres" me dejó flipando.No le veo yo a las guachinangas ese toque eau de champs. Más bien, tienen un aire a obreras siderúrgicas.
      Pero te olvidas de ellas y ya sabes, Heléne ¡Te esperamos!
      Un abrazo.

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  7. Te veo con sombreo mexicano, dándole al tequila y gritándole al viento:¡ándale

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    1. No creas, de ahora en adelante cada vez que en los tenderetes con los amigos cantemos "La paloma" y eso de "una linda guachinanga, válgame Dios, que se vino tras de mí, que sí señor...". me acordaré de "ellas" y tal vez me vean, manito, mirando alrededor por si acaso.

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  8. Holaaa, la entrada está muy divertida. Te envié un correo con una imagen que quiero que veas. Muchos besosss

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    1. Ya la vi, Flor. Está estupenda. Voy a ver si la puedo subir y ponerla al final del post. Eres una artista. Hasta a mí podrían llegar a gustarme... (Borra eso, ni con tus preciosos dibujos podrían llegar a gustarme ¡Demasiado trecho entre la realidad y el arte!
      Un montón de gracias y muchos besos.

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  9. Tuve el placer de vivir en Tenerife durante 6 meses allá por los 70 cuando el sur no existía. Y seguiría allá disfrutando del drago gigante y el Teide milenario - ¿o es al revés?- si no fuera por las guachinangas. Porque en Madrid donde vivo, haberlas haylas pero ¡no vuelan!. Y ese vuelo tan tonto que en vez de huir se chocan con uno. Pero no pienso decirle nada a LOQUE para que no se pierda todas las demás maravillas. Un saludo

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    1. Creo que en Venezuela tienen hasta vuelo teledirigido. El vuelo es el horror de los horrores y el origen de mi fobia, pero la verdad es que sólo se ve por esos sures (y en Santa Cruz) y que los ayuntamientos fumigan bastante. En mi infancia y en esos 70 que tú viviste era otra cosa.

      Espero que vuelvas de vez en cuando y recuerdes (sin guachinangas) esos meses. Hay mucho de lo que disfrutar.
      Un saludo.

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  10. Isa, la película "Ratatouille" ni la he visto ni la pienso ver. Besos.

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    1. Ja, ja, ja, pues es muy bonita.
      Pero yo tampoco pienso ver una que se llama "El cuchitril de Joe" donde ellas son las protagonistas. Y en "Víctor o Victoria" cierro los ojos en la escena de la cucaracha que ayuda a pagar la cena a Julie Andrews y a Robert Preston. Las fobias son las fobias.

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  11. Saben los dioses, Jane, que si esta vez llegué al final del post es por la gracia y el salero conque cuentas esta suerte de historias.
    Saben los dioses, también, que yo viví un par de momentos, tan terroríficos como los tuyos, y que ya me bastó con sufrirlos. Por eso, no te los voy a contar.
    Lo que sí te cuento es que, poco a poco y a fuerza de no tener a quién recurrir, no me ha quedado más remedio que irme trabajando la superación del asco atávico que me producen esos seres innombrables.
    Mientras anduve por la casa familiar, siempre pude recurrir a mi madre o a algún hermano, para que me defendieran de tamaños monstruos. Lo malo llegó cuando me independicé y, en más de una ocasión, tuve que hacer frente, yo sola, a la invasora de turno.
    Por suerte, la primera vez, tuve a mi alcance un aerosol de esos que las matan y, armándome de valor, descargué más de medio bote sobre la interfecta. Ni que decirte tengo que casi muero yo con ella, por culpa de la atmósfera tóxica que se instaló en mi piso.
    Desde aquel entonces, mi casa está perfectamente dotada de un arsenal de aerosoles repartido por todas las habitaciones y a mi fácil alcance. Por suerte, también, muy pocas veces he tenido que hacer uso de él. Pero, por si acaso, ahí siguen.
    La segunda parte del proceso tampoco es de mi gusto, pero, claro, alguien tiene que retirar el cadáver resultante, y hete aquí que, con pala de mango telescópico y un largo escobillón, hago del corazón tripas y, asqueada hasta las trancas, la recojo a duras penas y, ¡zas!, a la taza del váter sin miramiento alguno. Después, una buena avalancha de agua y "si te vi, no me acuerdo". En el contenedor de la basura ni se me ocurre, no vaya a ser que la resistente a la bomba H, "resucite"...
    Ah, y por último, la regla de oro número uno: en verano, en cuanto se encienden las luces, se cierran las ventanas. No hay atractivo mayor, para estas innombrables voladoras, que pulular por la oscuridad y encontrar en sus caminos, cuadrados y rectángulos muy luminosos. Desvían sus trayectorias y allá, cuál balas, van. Si hace calor, se encienden los ventiladores o climatizadores y en mi casa paz y tranquilidad y en el cielo, lo que quiera haber...

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    1. Gracias por tus sabios consejos, Cehachebé. Yo ya te digo de entrada que ante tu tesitura lo mejor es mudarnos a Vladivostok. O al Polo Norte. Habrá un frío de cuando el grajo vuela bajo, pero seguro que no hay ninguna guachinanga dando la lata.
      De todas formas, bienvenidas sean todas las formas de combatirlas: cajitas-cepos, enchufes-disuasorios, bolas de cañón, aerosoles, zapatazos, embrujos... ¡¡¡Es la guerra!!!
      Tú que también eres una artista, fíjate al final de la entrada, el dibujo de Flor, que he añadido. Hasta parece otra cosa ¿verdad?
      Un abrazo.

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  12. Veamos, apreciada Jane. ¿ Porqué carrizo, llamas de esa manera a las cucarachas ?. Un guachinango (a) es una persona zalamera, astuta y de buen carácter, al menos en América Central y en Cuba. Para los mejicanos, un guachinango es un pez de color rojo, conocido por estos lados como pargo, de carne muy apreciada y muy pero muy caro. Ah, por estos predios, cuando decimos que alguién es pargo queremos significar que es sarasa, marica, maricón o que es del otro lado. Pero hasta en eso de la Entomología hay diferencias. La cucaracha o "guachinanga" de Ustedes, es la Blatta orientalis y la que se desenvuelve en el continente americano fue clasificada por Linneo como Periplaneta americana. Pero igual, ambas nos friegan la vida. Como casi todo el mundo, también tengo mis fobias. Esas bichas me provocan un asco terrible. Y pensar que resisten a todo. ¿ Verdad que es raro que los japoneses no hayan inventado un video juego o comiquitas de cucarachas ?. A cuidarse pues. Un abrazo.

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    1. Una vez, Agroteide, fuimos a tomar una copa después de cenar en el Puerto de la Cruz. En el sitio al que fuimos había un grupo tocando y cantando. Cantaron "La paloma", en donde están los versos del título y de los que hablo más arriba "Una linda guachinanga, válgame Dios, que se vino tras de mí, que sí señor...". Cuando salimos de allí, pregunté: "¿Y qué demonios es una guachinanga?" y, al ver entonces una cucaracha en el suelo detrás de nosotros, uno de mis amigos dijo. "Mira, eso es una guachinanga". Supongo que los Panchos, que fueron los que hicieron la canción, tendrían claro a qué se referían, porque me da que no era a un pargo.
      Le puse el nombre, entonces, acordándome de aquella anécdota y porque no quiero ni nombrarlas. Sean Blatta, periplaneta o guachinanga, por mí que desaparezcan todas. No les veo ninguna utilidad ni sentido. Cuando mi marido alguna vez ha dicho "¿Y si damos el salto a América?", yo siempre le digo que allí "ellas" tiene el tamaño de camiones.
      A cuidarse, pues, de esos bichos.
      Un abrazo.

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    2. Definitivamente estimada Jane, una guachinanga (o) en Cuba, es una persona zalamera, alegre, bien parecida. La canción La Paloma es de un español, Sebastian de Iradier, quién al parecer la compuso por allá, por el año 1863. Existe también un poema de Alberti titulado La Paloma y cantado por Serrat. La cosa es que he vuelto a escuchar la versión de Los Panchos, la de Plácido Domingo y la de Paloma San Basilio y me quedo con esta última. También conversé con amigos cubanos y en verdad confirmaron mi creencia, en cuanto al significado de la palabra se refiere. En todo caso, tal como te dije, las detesto a las bichas esas. A cuidarse, pues. Un abrazo.

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    3. Gracias, Agroteide, por tus atinadas precisiones. Ya me imaginé por el contexto de la canción que se referiría a una chica linda y "querendonga" (por ese "que se vino tras de mí").
      También me gusta el poema de "se equivocó la paloma" (se lo canto a mi marido cuando no le vienen las palomas de viaje). Oiré también las distintas versiones de "La paloma". No sabía que era de ese autor. En el texto que busqué en Google ponía como autores de la letra a Los Panchos. Pero San Google también se equivoca (como la paloma).
      Un abrazo.

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  13. Bueno, Loque ya no tiene excusa para pasarse por el rinconcito de paraíso de Jane Jubilada, ¿verdad? Venga, Loque, anímate, yo acabo de aterrizar procedente de Fuerteventura, y te confieso que sí que he visto a las malvadas guachinangas, pero que ni por eso he dejado de disfrutar ni un solo minuto de la isla. Qué entrada con encanto (y jamás lo hubiese dicho por el título). Un besote.

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    1. Gracias, Mónica. Acabo de ver en Twitter tus preciosas fotos en Fuerteventura ¿Sabes que fui allí por primera vez hace unos 5 años? Las conocía todas (incluida La Graciosa) menos esa. Es curioso lo distintas que son las islas. En Fuerteventura me sorprendieron sobre todos los colores, los mil distintos tonos de los montes con sabor a antiguos, los rincones perdidos, el viento y la sal. Y también, todo hay que decirlo, un cabrito asado cerca de La Oliva que estaba de muerte.
      Imagino que conocerás alguna isla más. Si no, tampoco tienes excusa para no venir a Tenerife, que, a pesar de lo poblada que está, aúna un poco de cada una. Te extiendo la invitación que le hago a Loque.
      Un beso.

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  14. Te entiendo perfectamente, yo también he tenido experiencias como las tuyas con esas "guachinangas" tampoco me atrevo ni a escribir su nombre. Una vez pensé en hacer terapia pero cuando me contaron por lo que tenía que pasar dije que ni hablar. No me atrevo ni a verlas en fotos o dibujos. Y encima son famosas las muy p...... En un programa de Frank de la jungla decía que las mas grandes y volonas que había visto estaban en Canarias. La verdad es que a los que vivimos en Santa Cruz nos condiciona la vida. Por las noches lo cierro todo aunque me achicharre,menos mal que en casa no me entran. Cuando voy a casa de mi hijo en la Esperanza duermo con la ventana abierta,es una gozada¡¡¡¡¡¡
    Abrazos y a correr...

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    1. Yo a Santa Cruz por principio no voy en verano y menos de noche. Recuerdo una vez que veníamos de cenar en La Esperanza y dijimos de tomar una copa en Santa Cruz. Aparcamos por la Plaza de España, subimos por la calle de San José y en la primera bocacalle dimos la vuelta y bajamos por la Plaza de Candelaria. Ni 5 minutos estuvimos allí ante el espectáculo que se nos ofreció. Nunca más.
      Y eso que viví en Santa Cruz hasta los 33 años. De chica, mi hermana, que dormía en el mismo cuarto que yo, se peleaba conmigo por lo de la ventana ¡Cerrada, por supuesto, defendía yo! Y daba resultado.
      Pero en El Socorro es otra cosa. Más fresquito y más libre de enemigos.
      Un abrazo.

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  15. Las cucarachas son repugnantes pero no es para tanto cuando se ve alguna aislada. Hace unos meses, me llamó mi marido imperiosamente a la cocina, y sin moverse me señaló una intrusa que muy tocada por las trampas que tengo por toda la casa, renqueaba torpemente, y la eliminé en un segundo. Ël, es incapaz de hacerlo. Las hay por toda la península. Cuando nos fuimos a vivir a Toro, me advirtió una amiga que vivía en la casa que nosotros ocuparíamos, que había montones de intrusas, naturalmente mi marido mandó tratar la casa a una empresa especializada y quitamos hasta los plintos de madera en algunas habitaciones. Se repetía el tratamiento cada seis meses y se extinguieron. El chofer de la empresa me dijo que cuando la lámpara del techo sobre las escaleras se ponía negra tenía que vaciarla. Suelo de madera con una base de fibra era el nido ideal para estos animalitos. Siento haberos revuelto el estomago, pero quería explicaros el por qué de tantas trampas en mi casa actual. En El Puerto también son grandes rubias y vuelan.

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    1. Me has puesto los pelos como escarpias con tus explicaciones, Esperanza. Y ni qué decir tiene que desde este momento mi admiración por ti, que te atreves a matarlas, ha subido mil grados. Yo, como tu marido, soy incapaz.
      Me acuerdo de una escena horrorosa de Indiana Jones. Él tiene una fobia enorme a las serpientes y ¿justo dónde cae? En un hoyo lleno de serpientes. Para mí, pero sustituyéndolas por las guachinangas, esa escena representaría el Infierno. Por eso me porto tan bien en esta vida no sea que...

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