lunes, 26 de enero de 2015

¡Qué pelete!




En estos días en mi isla el tema preferente de conversación no ha sido ni que Repsol haya reculado en las prospecciones, ni que los carnavales estén ya al caer. No, no, el tema -el trending topic, para que vean qué puesta estoy en el lenguaje de las redes sociales- ha sido el frío inclemente que se nos ha metido hasta el tuétano, el pelete, el biruje, el grajo que vuela bajo.


Tengo que constatar, sin embargo, que, desde el punto de vista térmico, las personas nos dividimos en calentones y frioleros. Y, mientras los primeros están todo el día sofocados (incluso con este tiempo gélido) y van por la casa abriendo ventanas y despojándose de ropas, los segundos somos los que más hemos contribuido al tema al quejarnos continuamente del pelete. Además, tenemos todo el día manos, pies y nariz helados, encendemos compulsivamente radiadores, vamos por la calle acebollados, capa sobre capa, y nos acostamos, muy sexis, con pijama de franela, calcetines gordos, y yo, hasta con guantes.

Y menos mal que vivo a unos kilómetros de La Laguna, la ciudad en la que nací y la más fría del mundo. Cuando yo contaba en Madrid, en los años en los que estudiaba allí, que el sitio en el que más frío había pasado en mi vida era la Avenida de la Trinidad al salir por las tardes de la Universidad de La Laguna, casi todos me miraban escépticos, me llamaban exagerada hablándome de Siberia, Alaska o Groenlandia, y me decían: "¡Imposible! ¡Si Canarias son las islas de la eterna primavera y Tenerife tiene seguro de sol...!". Sí sí, muchos eslóganes han oído ustedes, decía yo... Si yo les contara...

Bueno, si yo les contara, les hablaría de dormir de niña en casa de mis abuelos, que vivían en una casa terrera con huerta atrás en la calle Núñez de la Peña, y despertarme al moverme y sentir el tacto gélido de las sábanas; les informaría de los inviernos en los que se inundaba la Plaza del Cristo y había que cruzarla en botes neumáticos; les contaría los 4º  que había en mi Instituto en las mañanas de invierno y las caras ateridas de mis alumnos y mía (por supuesto, sin calefacción, hasta ahí podíamos llegar en la isla de la eterna primavera); les informaría del pozo que vi una vez en la zona de La Manzanilla, en el que, a dos palmos casi, se veía la laguna original que dio nombre a mi ciudad...

Pero, para que se convenzan, mejor que oigan voces más preclaras que la mía: las de los poetas que han cantado a La Laguna y que, a pesar de su amor por ella (lo cortés no quita lo valiente), no dejan de mencionar lluvias, vientos glaciales, nieblas y frío, frío, frío.

Escuchen al mismo Viera y Clavijo que, en su "Chulada burlona a la perdurable intemperie de la ciudad de La Laguna", dice: "Que aquí se nota / que hasta el sol tiene frío / pues se encapota". Nicolás de Saavedra apunta: "De San Roque la montaña / por cuya falda un torrente / corre en invierno con saña". Antonio Zerolo comenta: "O se escucha la mística armonía / del órgano, al pasar por Santa Clara, / en la tarde otoñal, lluviosa y fría". Luis Rodríguez Figueroa la llama "nostálgica y brumosa" y cuenta que "entre la niebla, a veces, / se torna fantasmal". Manuel Verdugo tiene un poema que me encanta: "Ciudad tranquila de los conventos y de las huertas, / mientras la lluvia pule la piedra de tus blasones / (...) murmura el viento rancias consejas y tradiciones". José Galán yo creo que hasta tirita cuando dice: "En las nublosas horas de la tarde invernal, / en esas horas grises de llovizna y de viento...". Nijota ve a La Laguna "bajo el frío y la lluvia de la noche inclemente" y Luis Álvarez Cruz, algo parecido: "La llovizna susurra con ritmo intermitente; / todo es brumoso, opaco, desvaído, irreal. / En los rincones húmedos de la calle silente / se posan los jirones de la niebla otoñal".  Pedro Pinto de la Rosa se fija en que "la negra noche misteriosa invade / las amplias calles frías y desiertas" y Enrique Romeu Palazuelos habla de "Tempestades y tormentas. Agua y barro" y dice una frase muy propia para esta ciudad: "La humedad se ha hecho musgo...".Rafael Arozarena, muy poético: "Laguna -madera y losa / romanceras de la lluvia- / la de las torres envueltas / en cortinajes de brumas". Antonio Reyes constata: "Llueve. Las calles se llenan de rotos espejos". Felipe Baeza recuerda que "Mi calle eran muchachas para misa / y el viento alrededor de las esquinas; / la lluvia en los cristales cuando octubre / colgaba su penumbra en los aleros". E Isidro Hernández anuncia: "Y las primeras luces / traen el céfiro frío". Hasta el mismo Unamuno, cuando vino y vio La Laguna, no pudo menos que describirla como "una calle solitaria, muy recta, muy mojada y al final de ella un cura con un paraguas".

Ahí tienen ¿Siberia, Alaska o Groenlandia han tenido tantos cantores que hayan glosado su frío? No ¿verdad? Pues por algo será ¡Qué pelete hace en La Laguna!



40 comentarios:

  1. Qué razón tienes Isa, y qué memoria. Yo la única cita que recordaba, es la de Unamuno de un cura con un paraguas.
    Pero no sólo en La Laguna hace frio, yo en Santa Cruz, ha habido dias que hasta me he puesto sobre dos pijamas, rebeca, bata de franela y bufanda, un anorak con la capucha. Y de esta guisa, tumbada en un sofá y tapada con una manta, viendo la tv.

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    1. No es memoria, Any, ya quisiera yo. Me sé algunas, como la de Manuel Verdugo, que incluso creo que está puesta al pie del busto que se le ha erigido en La Laguna. Pero las demás están en la "Antología poética de La Laguna 1497-1997" que compiló Sebastián de la Nuez. Lo único que he hecho ha sido entresacar de todas ellas los versos que aludían al frío que hemos pasado en esa Laguna. De todas formas, nada que un buen abrigo, botas, bufanda y gorro no puedan paliar.
      Yo de esa misma guisa que cuentas, más una calefacción a todo meter, estoy cuando me pongo a leer por las noches. :-))

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  2. Yo le dije a un amigo mío de Zamora lo mismo, que el sitio donde había pasado más frío era en La Laguna. Reacción:la misma. Cuando vino a Tenerife en Septiembre con ropa de verano y subió a La Laguna se dio cuenta de que no era mentira.

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    1. Yo les contaba a mis amigos lo de los microclimas de Tenerife (creo que hay 13) y que a La Laguna le tocó el microclima siberiano. Pero es verdad que, para creérselo, lo mejor es que vengan y lo vean. Eso sí, bien pertrechados de anorak, bufanda y botas (con calcetines térmicos). Bueno, para septiembre sí es un poco exagerado, porque igual viene el tiempo sur y es el sitio más caluroso de la isla (esto se parece a la samba "Añoralgia" de Les Luthiers: "... y al atardecer llueven meteoritos...").

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  3. Chssssst, no lo digas, tonta.

    Todos tenemos la obligación (patriótica) de decir que en Canarias (y demás zonas costeras) SIEMPRE hace bueno, para atraer a ese turismo que nos da de comer.

    Bueno, del norte de España no iba a colar, pero de Tarragona pa'bajo....

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    1. Lo bueno de Tenerife, Loque, es lo que dije antes de los microclimas. Si los turistas vienen y les da frío en La Laguna, siempre podrán bañarse y ponerse negros en las playas del sur. O hacer turismo de alta montaña en el pico más alto de España. Hay donde escoger.
      Como ves, me tengo bien aprendida la propaganda, que además es verdad de la buena ¡A mí a patriótica no me gana nadie! ;-))

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  4. Buenas tardes Jane: ¡ Por supuesto que te creo!. Cuando conocí La Laguna era en el mes de Mayo, y menos mal que como señora del norte no sé salir sin una chaqueta o jersey, lo cierto es que me vino fantásticamente. Recuerdo que le comenté a mi amiga que el fresco que allí hacía iba en consonancia con el aspecto de la ciudad, nos parecía que estábamos en alguna ciudad de la meseta castellana.
    Pero es una ciudad preciosa. A mí es la que más me gustó de Tenerife.
    Un saludo cariñoso.

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    1. A mí también, Rosa María, es la que más me gusta. Es una ciudad viva y vivible, llena de rincones entrañables, como el patio del Instituto en el que di clase durante 22 años o la Plaza del Adelantado o el Camino Largo... Además, el clima es propicio para desayunar un chocolate con churros o tomarse unos vinitos de aperitivo. Yo creo que es también la ciudad con más tascas, cafés y restaurantes de la isla (ya sabes, iremos a alguno la próxima vez que vengas).
      Me ha encantado que te haya gustado.
      Un abrazo.

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  5. Isa, no sé si perteneceré al primer grupo que mencionas. Yo soy de las que por las noches, aún en invierno, voy buscando el frescor de las sábanas, de las que tengo siempre alguna ventana abierta, de las que me molesta la calefacción, además creo que este frío nuestro es del que se quita abrigándote o tomando algo caliente. En fin, si a esto lo llaman frío, como llamarían a estar a 35º bajo cero con sensación climática de 40º bajo cero, o a que el pelo que dejas sin cubrir se quede como carámbanos de hielo, o el agüilla de la nariz se convierta en cristalitos al congelarse, en tener que ir forrada hasta los ojos porque con este frío no se puede respirar...Como sabes, así he pasado varios inviernos y te digo yo, que soy una acalorada, que esto si es FRIO, y paradójicamente, son mis mejores inviernos. Un abrazo desde este Bajamar quasi frío ( perdón por el latinajo )...

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    1. Tienes razón, Pili. Los laguneros, y más los laguneros frioleros, nos ponemos un poco plastas con el ¡qué pelete!
      Hace poquito vi un artículo en Facebook ("Frío canario" de Juanjo Jiménez) que habla de nuestro frío como "singularidad endógena y muy distinta de otros birujes internacionales". Habla del viento racheado del norte, de que el frío canario no se combate con ningún material conocido hasta la fecha. "Aquí se cuela hasta los huesos. Penetra, provocando al indígena un estado de latencia cercano a la hibernación".
      Yo creo, Pili, que es que nos lo tenemos creído y que no nos vendría mal un paseo por esos inviernos polares que has sufrido con estoica resignación y con considerable alegría, todo hay que decirlo ¡Que te quiten lo congelado!
      Un abrazo desde este gélido Tegueste.

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  6. Isa, el abuelo de mi marido, que era un poeta urbano como su nieto, decía: "Laguna, ciudad de verodes, cuánto más te miro, más me jodes" (él era de Fuerteventura y supongo que lo de la humedad lo llevaba regular).
    No podía evitar acordarme del pareado cada vez que subía al Instituto...
    Un beso.

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    1. Ja, ja, ja, no podía faltar ese poema del abuelo majorero entre tanto poeta ilustre. Le salió del alma, acostumbrado al calorcito y al viento sahariano.
      Y ten por seguro que, si lo hubiera sabido yo en aquellos tiempos de frío inclemente, más de una vez a las 8 de la mañana, lo hubiera recitado como un mantra.
      Un beso.

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  7. Margarita Gallardo26 de enero de 2015, 19:23

    Genial Isa y además "documentado", Un abrazo.

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    1. Margarita, se me debe estar pegando el espíritu de "Lo que las piedras cuentan". Si quieres convencer, hay que documentar bien documentado.
      Muchas gracias y un abrazo.

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  8. Hola Jane. Claro que hace frío, y ya lo dice el dicho: "El invierno veranea en La Laguna".
    Cuando llegué a estudiar a esta fría Laguna, una tarde me fuí al cine del Paraninfo de la Universidad. Hacía frío dentro, pero al salir y coger la Avenida Trinidad, me saltaron las lágrimas del frío. Íbamos hacia la pensión algunos compañeros y a dos les dió el típico dolor de hacer "aguas menores", y alguno mojó los pantalones, no sólo por la prisa, sino que era difícil encontrar "con qué hacerlo".
    Las aceras de La Laguna eran de color verde, desde septiembre hasta finales de mayo.La humedad era tan brutal, que más de una pareja de novios se enfadó por la gracia de "poner los pies fríos" a su pareja. Se gritaba y no era de placer.... era de frío. Un beso Jane. Juan
    PD. De todas maneras, mi paseo favorito por las calles de La Laguna es cuando hace frío, hay niebla y vas forrado.Entonces La Laguna es mágica, o al menos a mí me lo parece.

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    1. ¡Qué risa, Juan, a mi marido de pequeño le pasó lo mismo en El Tanque, su pueblo (que de frío es por el estilo de La Laguna)! Del frío no se la encontraba. Me puedo imaginar el papelón.
      Hay sitios especialmente fríos en La Laguna: la Avenida de la Trinidad es uno de ellos y otro es la calle del Remojo que tú y yo conocemos bien. Hay en esos sitios un viento gélido tan grande que, por más que nos abriguemos, saltan las lágrimas. El problema es, como siempre decimos, que tampoco las casas están preparadas para el frío. Todas las de mi familia que he conocido eran heladas ¿Y nuestro Instituto? Recuerdo que me dieron un radiador pequeño para calentar la Biblioteca y yo siempre pedía más, sobre todo en aras a fomentar la lectura. Es imposible sumergirte en una buena novela si te castañetean los dientes.
      Pero también estoy de acuerdo contigo. Un paseo por la noche por las calles de la ciudad, con la niebla rodeando las farolas y ese aire a ciudad medieval que esconde secretos, es un paseo por una ciudad mágica. A mí también me lo parece.
      Un beso, Juan.

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  9. Mi recuerdo lagunero son agujitas finas incrustándose en mi piel, y humedad terrible metida en mis huesitos!!!!!!Poco he ido yo en invierno hasta allí,pero suficiente para dar crédito a cuanto dices esta vez.No creas que Icod se queda muy atrás tampoco.Alli también mis huesitos se quejan del mismo sufrimiento......brrrrrrrrrrrr yo soy friolera total.No me imagino viviendo en un sitio asi. el cuerpo ya está acostumbrado a estas latitudes............

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    1. Ay, Ligia, estos meses en todo el norte de la isla, desde La Laguna hasta El Tanque, no se caracterizan por los grandes calores, no ¡De lo que te has librado! Porque nunca, jamás de los jamases, se había visto tanto frío como este invierno (Nota: esta frase la repetimos todos los inviernos igual. Incluso a veces nombramos a los más viejos del lugar y traemos a colación que ellos tampoco recuerdan otro tan frío).
      Disfruta, pues, de ese calorcito venezolano (que, por ahora, es gratis), que las frioleras te estamos envidiando. Y ya sabes, ven por los veranos que entonces, sí, pasear por La Laguna es un placer.

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  10. ¡Pamplinas! Yo estudié en La Laguna y no es el frío lo que recuerdo precisamente de ella. Me quedo con los bailes en el Hotel Aguere y El Agogó, los vinos en La Oficina, La Artillería, el Dos y Una, Bodegón Méndez..., los cortados, enamorando, en El Venecia y en "Maruquita la petuda", los cubalibres, ginebras y vermús en La Carrera y los paseos desde La Catedral hasta la Concepción, ida y vuelta varias veces, intentando ligar con alguna bella chica estudiante o no. ¿Frío? ¡De frío nada!.
    Ahora bien, me casé con una maravillosa lagunera que más bien mira de lejos su lugar de nacimiento. Es de las que opinan que ni construyendo una casa con todas las comodidades, incluido un buen aislante de paredes, techos, suelos y ventanas, con calefacción y céntrica, se va a vivir a La Laguna. Y es que una vivienda hay que airearla, dice, y tampoco vas a estar metida todo el día en la casa. La verdad es que no soporta el frio. Sus visitas son las justas y necesarias. Sin embargo, a mi me encanta la ciudad. Repito, no recuerdo quejarme de frío, ni incluso en estos tiempos.

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    1. María Rosa Alonso decía "La Laguna es un amor que dura toda la vida". Todos los que la conocemos la amamos, a pesar del frío ese del que tú no te quejas.
      Cuando mi marido y yo estábamos buscando terreno para hacernos la casa, fuimos con otros amigos a ver un solar en La Laguna. Estaba un poco en alto y tenía una vista preciosa sobre la ciudad y, en la lejanía, el Teide. El terreno tenía 16.000 metros cuadrados (8.000 para cada pareja), un bosquecillo de árboles detrás, y estaba a muy buen precio. Me encantaba. Y entonces, cuando lo contemplaba embelesada, se empezó a levantar una bruma húmeda del lado del Aeropuerto que, en un momento, me empapó la ropa y me ocultó la vista de Teide, ciudad y hasta de acompañantes. En ese momento, tomé la misma decisión que tu mujer: buscar un sitio más cálido y más seco para vivir. Aquí son 4º menos, pero ¡cómo se notan!
      Por lo demás, trabajé en La Laguna, disfruto de sus tascas y sus paseos, y la considero mi ciudad. También me encanta, Enrique.

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  11. El frío de La Laguna se te quita después de tres días en Santa Cruz!!!!

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    1. En eso tienes razón, Mandi. Pero ya estoy como las esperanceras que veíamos llegar a Santa Cruz, coloradas y sofocadas, protestando del calor. Y es que el ser humano no está contento con nada. El caso es protestar :-))

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    1. ¿Verdad que sí? A abrigarse tocan (o a mandarse un vinito o un chocolate con churros, abrigaditos y viendo llover fuera.

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  13. Ay, Isa, sé muy bien de lo que hablas... mi madre nos planchaba las sábanas antes de arroparnos... Vivíamos en Cabrera Pinto y venían vecinos de la zona de la Vega a dejar sus animales en nuestra huerta hasta pasado el temporal.
    Mal tiempo pero bonitos recuerdos de solidaridad.

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    1. ¡Qué casualidad, Candelaria, mi tía Isabel (por quien me pusieron el nombre) vivía en Cabrera Pinto también! Igual te vi de chica... Y lo de tu madre demuestra que madre no hay más que una. Eso de plancharte las sábanas sólo lo puede hacer una madre.
      Lo de los animales también es grande. Mi amigo Walter, el austriaco, deja también, cuando viene a Tenerife como ahora, a sus animales en la granja de un amigo. Solidaridad y generosidad entre vecinos.
      Un abrazo.

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  14. Siii que tenemos frío, siii
    Yo en casa, antes de meterme en la cama enciendo la mantita eléctrica y oye, qué rico cuando te deslizas entre las sábanas y están tan calentitas.
    Besosss

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    1. Yo lo que hago, Flor, es poner el pijama sobre el radiador, que un día de estos incendio la casa. Pero es tan bueno el calorcito...
      Besos.

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    1. Y a mí, y a mí. Como dice la canción de Braulio: "¡Cuántas veces mi guitarra / se perdió por La Laguna / serenateando a tu luna...". ¡Cuántas veces hemos paseado por la calle de La Carrera, cuántas parrafiadas en una esquina aunque haga frío, cuántos vinitos en los guachinches...!

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  16. Una tarde oscura y fría caminaba junto a mi marido y dos amigas de la Laguna por las calles de Winsor en Inglaterra. Íbamos abrigados que no se imaginan.
    Hacíamos tiempo para coger el tren de regreso hacia Londres. Las calles estaban prácticamente vacías...
    Tras nosotros un pequeño grupo de personas se iban acercando riendo y hablando y de pronto se oyó: ¡Que pelete! ¡Qué peluje! Nos volvimos y casi al unísono, dijimos: ¿laguneros, verdad?....La expresión era inequívoca. Nos saludamos y regresamos todos juntos a Londres.

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    1. Nos pasó, Luisa, algo parecido en Estambul. Oímos detrás de nosotros a dos chicas y un chico que venían hablando de La Laguna. Eran una pareja de canarios de La Laguna y una amiga que vivían y trabajaban en Estambul. Estuvimos alegando un buen rato y, por supuesto, entre los temas salió el biruje lagunero, pero también lo que echaban de menos sus calles y sus gentes.
      Un abrazo.

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  17. Recuerdo el frío tan horroroso que pasé por las fiestas de mayo, que venía de La Punta de pasar unos días y me quemé como un cangrejo. Con una rebequita de verano esperé a mis padres como una hora en la esquina de la Catedral. Me quedé hecha un témpano de hielo.
    Eso era frío del bueno.

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    1. Carmen Delia, hay una serie de instrucciones que todo aquel que sube a La Laguna debe cumplir y, entre ellas, están las siguientes:
      1. No se debe llevar sólo una rebequita. Hay que ir pertrechada de abrigo, bufanda, guantes, gorro polar...
      2. Es imprescindible llevar paraguas. La Laguna sin paraguas es como una isla sin Robinson, un santo sin paraíso, un barco sin polizones (Sabina)
      3. No se debe uno nunca jamás poner en una esquina y menos en la de la Catedral. Allí se reúnen los vientos helados que llegan de Siberia, los monzones y el mistral.
      4. No se puede uno parar más de dos minutos en el mismo sitio, cuanto menos una hora. Si La Laguna parece que tiene tanta actividad es porque la gente va corriendo de un lado a otro para entrar en calor.
      Espero que te las aprendas para la próxima vez (o sea, el jueves que viene, que nos veremos allí)
      Un beso.

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  18. Hasta en las parrandas se canta: buenas noches laguneras, noches de hielo y de frío......Mis recuerdos están en la calle San Agustín, en casa de una prima de mi madre. ¡ay esas sábanas! A mi no me las calentaban y es que es así, el frío se cuela hasta los huesos. Creo que no estamos hechos aquí para el frío, bueno y para mucho calor tampoco

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    1. "... La calle de la Carrera, ya no es calle que es un río..." Si los cantores se alían con los poetas para decir cosas como esa, por algo será.
      Eso de calentar las sábanas sólo lo hacen las madres. Anoche, por cierto, me las calenté yo con el secador (no es la plancha de la madre de Candelaria pero hizo su papel) ¿Te acuerdas de los braseros dorados con los que en las películas se calentaban? ¿O las botellas de agua caliente? Todo antes de pasar frío.
      A abrigarse en estos días de biruje y a esperar a la primavera.
      Un beso, Úrsula.

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  19. Y, pregunto: ¿Será que Ustedes son demasiado frioleros?. He estado en lugares helados, de verdad. Por ejemplo, la Estación Pico Espejo del Teleférico de Mérida, está a 4.765 m.s.n.m y pega un frio que perfora los huesos y para de contar. Este mes y el próximo serán de antología. Vamos, es que se quejan los canarios. Hoy, en la ciudad donde vivo, a esta hora, 4.40 de la tarde, hora local, el termómetro marca 32 ºC.
    A partír de Marzo y hasta Noviembre, aguantaremos calor del bueno. Disfruten su clima. Un abrazo y a cuidarse, pues.

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    1. La verdad, Agroteide, es que aquí presumimos bastante de buen clima y de que en pleno diciembre, mientras Europa se hiela, nosotros nos estamos bañando en las playas del sur. Pero hay un lugar en toda Canarias del que todos coincidimos en que hay un frío que pela: La Laguna. Es como si la antigua laguna, que reposa en el subsuelo de las calles y las casas, quisiera salir en los meses de invierno por sus fueros e impregnara todo el aire de humedad y niebla, haciéndonos tiritar y temblar. Ahí están los verodes en los tejados y el verde en los adoquines para demostrarlo. "La humedad se ha hecho musgo...".
      Y buscando alturas, yo que he estado dos veces en el pico del Teide, te aseguro que allí también el frío es de antología.
      Otro abrazo y a cuidarse, pues.

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  20. La Candidaeréndira6 de febrero de 2015, 23:54

    Querida Jane:
    Hoy tu escrito va de pelete lagunero... y el pelete lagunero, para quienes lo conocemos, tiene sello propio, su "aquello".
    En septiembre, un mes de verano y vacaciones cuando éramos niñas, siempre pasaba unos días, por las fiestas del Cristo en La Laguna, en casa de mi tía Benita.
    Las camas, no había mantas ni bolsas de agua caliente que las calentara..., yo me quejaba del frío y la respuesta de mi tía era siempre la misma: "estate quietita que enseguida entras en calor..."
    Nunca olvidaré las ventanas con asientos de obra y postigos de bisagra, las campanas de la catedral que sonaban allí mismo y la sensación de las sábanas húmedas...

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    1. Ay, Cándidaeréndira, me parece que me estás describiendo las veces que me quedaba en casa de mis abuelos, en Núñez de la Peña. Yo creo que era también en los septiembres, porque nunca nos perdíamos las fiestas del Cristo (mis padres eran así de noveleros). Pero a pesar del buen tiempo, aquellas noches húmedas se graban a sangre y fuego (mejor, hielo) en la memoria ¿Y los suelos helados al descender de la cama? Para colmo recuerdo la luz de la lámpara de mi mesilla de noche que tenía un tono azulado, con lo cual nada de calidez. Un desastre.

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