lunes, 5 de enero de 2015

No nos queda nada




Una de las experiencias que mi amigo Juancho y yo hemos compartido -aparte de ser compañeros de trabajo y amigos durante muchos años- es la subida en Las Cañadas a la Degollada de Guajara, esa montaña escarpada que, en aquella excursión, debíamos coronar para después bajar al insólito e increíble Paisaje Lunar de Vilaflor. Como Juancho siempre ha sido ágil y buen escalador, llegó antes que todos nosotros a la cima. Y desde allí se quedó sentado, viéndonos a todos los que, afanados, nos agarrábamos, resoplando, a las rocas con manos, pies y hasta dientes, mientras nos decía a grito pelado: "¡No les queda nada!".


He recordado esta salida de Juancho en este principio de año en el que otro amigo, Álvaro, me ha mandado la foto que encabeza hoy este escrito y en la que aparece él inclinado sobre un niño. Hay en el gesto de Álvaro hacia ese niño -esa caricia contenida- un mucho de ternura, pero también algo más, tal vez un eco de las palabras de Juancho, ese "¡no te queda nada!" irónico y sabio. Y es que, en este caso, Álvaro lo sabe bien: la foto del niño que mira serio hacia la vida en brazos de su hermana mayor se la hicieron con pocos meses de vida en el año 1944. Y, 70 años después, Álvaro -el mismo niño- se enfrenta a quien fue, un bebé que no sabe qué montañas y riscos tendrá que subir. Álvaro tituló la foto: "Mi hermana, yo y yo".

Si pudiera nuestro yo infantil hablar con nuestro yo adulto, si pudiera saber qué tropezones, qué placeres, qué incertidumbres, qué estallidos de belleza, qué penurias... se va a encontrar en la vida, ¿tiraría la toalla -demasiados trabajos, demasiadas desilusiones, demasiadas penas-? ¿O se lanzaría alegremente a vivirla tal cual, con lo bueno y con lo malo?

Si el yo adulto pudiese hablar con el niño que fue ¿le diría que tomara otros caminos, que no metiera la pata en esto y en aquello, que dijera más veces "no" o más veces "sí"? O simplemente -sabedor de que, si el ayer hubiese sido distinto, también nosotros seríamos otros-, ¿haría lo que hace Álvaro: una aceptación de la propia existencia, un cariñito, un sentimiento de empatía hacia quien se dispone a empezar tu propia vida?

Ahora que empezamos el año no puedo evitar sentirme como el niño de la foto. No sé qué nos traerá el 2015. En lo social, los periódicos te hablan de expectativas felices o catastróficas, según quien lo diga. En lo personal, todos nos deseamos eso de feliz año nuevo o lo de "virgencita, virgencita, que me quede como estoy". Todos pensamos que nos quedan 365 días de oportunidades, de vivir la vida en toda su gloria y en toda su lucha. Pero allá en el fondo (concretamente desde la altura del 31 de diciembre de 2015), me parece oír un grito dedicado a todos los que en este momento habitamos el mundo y empezamos a subir la abrupta montaña del año: "¡¡¡No les queda nada!!!"

18 comentarios:

  1. ¡Qué interesante el planteamiento que has elegido para comentar esta foto-montaje! Muy adecuada la ocurrencia de relacionar el tema con la experiencia de esa subida a la Degollada de Guajara, y con las palabras de Juancho.
    En el fondo, en la vida siempre hay que hacer una escalada sorteando, lo mejor que se pueda, los obstáculos que puedan surgir en la subida.
    El “no te queda nada…” es, por supuesto, una frase que podría haberme dicho de haber podido viajar en el tiempo.
    Indudablemente, tal viaje no es físicamente posible, al menos por ahora…
    No obstante, y afortunadamente, creo que serían muy pocas las cosas que hubiera cambiado durante el recorrido.
    Estoy seguro de que mi yo infantil, entre las dos alternativas que planteas, no elegiría la de tirar la toalla y también de que el yo adulto sí que le daría algunos consejos al yo infantil, en cuanto a conducta en determinadas situaciones, pero nunca para ser otro.
    Te felicito por el post, en el que muestras como siempre una gran facilidad para expresar lo que sientes con verdadera maestría.
    Un abrazo.

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    1. No, Álvaro, el viaje por el tiempo, a pesar de los "Regreso al futuro", no creo que sea posible ni en el futuro. De lo contrario estaríamos invadidos ahora por seres venidos del futuro y a alguno se les escaparía algo ¿no crees?
      Pienso que, como digo, tú aceptarías estoicamente la existencia que te ha tocado vivir, con sus claros y con sus sombras, pero siempre dándote cuenta de lo que te rodea y sacando el mejor provecho de ello. Por algo eres de las personas más creativas que conozco.
      Ahora los de tu edad y la mía hablamos mucho de lo que nos queda de vida. Yo te deseo que ese trecho que estamos subiendo ahora sea tan fructífero, tan lleno de expectativas, tan rico como el que hemos subido hasta este momento. Que nada (como le oí una vez al filósofo Manuel Cruz) consigue derrotar a la alegría por la vida vivida.
      Un abrazo y gracias por tus palabras.

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  2. Recuerdo aquella subida como si hubiera sido ayer, Isabel. ¡Cómo pasa el tiempo!.Pues sí señora: ¡No nos queda nada!.

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    1. Yo también la recuerdo muy vivamente, Juancho. Fue un día precioso y distinto, en el que yo por lo menos conocí una parte desconocida de Tenerife. Y aunque la subida a la Degollada fue trabajosa, nada que ver con la bajada después por un terraplén de lava en el que creí que me dejaba los higadillos. Pero mereció la pena, por el paisaje mágico de las damas blancas, por el mar al fondo, por los pinares y tajinastes, pero sobre todo por la compañía, divertida y cercana. Gracias por formar parte de ella y de mi vida.

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  3. Ojalá pudiera estar seguro de esa prometedora frase. Siento que me falta mucho por hacer. Apliqué el refrán aquel a medias: sembré el árbol, procreé un hijo ( tres, en realidad) y me falta escribrír el famoso libro. Aún estoy en la Introducción. Bueno, pienso que de alguna manera todos escribimos una enciclopedia de nuestras actuaciones. A fín de cuentas, siempre existirá quién escriba y en algunas oportunidades de manera excelente, tal como es tu caso (va sin lisonjas, es pura sinceridad). Como quiera que vivo de este lado del charco, donde las cosas son hoy de una manera y mañana de otra, sé que nos falta mucho por ver y hacer. Confieso que el pesimismo nunca ha sido mi norte. Ojalá que a quienes vivimos en este hermoso país nos digan a toda voz, ¡¡¡ No les queda nada !!!. Así sea. Un gran abrazo, paz, sosiego y a cuidarse, pues.

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    1. Pero, Agroteide, lo bueno es eso. Que no tenemos todo terminado, que nuestra vida no es una lista de cosas que vamos tachando, diciendo "ésta la hago, ésta no", sino que siempre estamos proyectando cosas, teniendo ideas, conociendo otras realidades, dándonos cuenta de lo rico que es el mundo en que vivimos. Yo creo que no nos hace falta las premisas del árbol, del hijo y del libro para sentirnos gozosamente vivos y disfrutar de este aquí y ahora.
      Gracias por estar ahí. Me gustan tu paz y sosiego. Otro gran abrazo para ti.

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  4. Lancémonos alegremente a subir esta montaña, agarrándonos a las rocas con todo lo que podamos y al final, ya se verá

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    1. Así me gusta, Úrsula. Tú y yo siempre hemos estado juntas en esta subida y en esta alegría. El después, ya se verá, como dices.
      Un gran abrazo en este año que empieza.

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  5. Buenos días Jane y Feliz Año Nuevo: "¡No les queda nada!", al leer esta frase me ha venido un primer pensamiento de que efectivamente es verdad y que la vida es muy breve, pero enseguida he reaccionado dándole gracias a Dios por mi vida pasada, (que ya pasa de los 70), pero sobre todo por este momento y por hacerme disfrutar de la lectura de tu página y de los diferentes comentarios.
    Si el pasado no puedo cambiarlo, ni sé cómo será mi futuro, ¿por qué no disfruto mi presente?.
    Un fuerte abrazo.

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    1. En un artículo que le leí al filósofo Manuel Cruz, empezaba diciendo que todos estamos en tiempo de descuento desde el instante mismo en que nacemos. E igual que tú, hablaba de las tres categorías temporales, pasado, presente y futuro, sólo que él destacaba asumir el tiempo entero de quien está viviendo.
      De alguna manera el pasado nos ha hecho ser como somos ahora, y las expectativas de futuro (haré tal viaje, voy a organizar una comida con los amigos, voy a leer estos libros para hacer una investigación sobre tal personaje...) también conforman nuestra acción. El pasado y el futuro están también en nuestro presente iluminándolo. Y, como dices, ¿por qué no disfrutarlo?
      Que sea también para ti, Rosa María, un buen año de disfrute y conocimiento.
      Un abrazo grandote.

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  6. Mentira, mentira, mentira y mentira, lo que está pensando tu amigo (adulto) es "Tranquilo hijo, que ya te saldra el pelo, y además ¡¡¡no se te caerá!!!"

    Que oye, tiene mérito :-)

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    1. Ja, ja, ja, ja... A lo mejor tienes razón, y esa caricia que yo interpreto hasta de suficiencia, es en realidad compasiva y tranquilizadora. Que es verdad, oye, que hay muchos miedos ante los que uno se enfrenta en la vida (los otros, los exámenes, el qué dirán, el ganarse el pan, el amor... y, por supuesto, la caída del pelo, la gordura, los granos...) y que no estaría nada mal que alguien nos pasara la manita por el pelo con un "tranqui, colega". Como el ángel de "La última noche de Boris Gruchensko" que lo tranquiliza diciéndole que no lo van a matar. Al final sí lo matan, pero ¿y lo serenito que se muere?

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    2. Qué buena es esa peli, no recuerdo ese momento, pero sí un diálogo "a lo Bergman" entre D. K. y W. Allen
      Ella - Dios nos hizo a su imagen y semejanza
      Él - No a la mía ¿tú crees que Dios lleva gafas?
      Ella - Es posible, pero no de ese modelo

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    3. Tengo que volver a verla. Me encantó y no me acuerdo de mucho. En las películas de Woody Allen hay que detenerse mucho en los diálogos y no basta con una vez. Yo soy de las adictas.

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  7. Francisco González9 de enero de 2015, 19:47

    Buenas reflexiones.Lo gratificante de subir las cuestas de la vida,son las bajadas;a veces,son instructivas y provechosas.Buen año 2015 para todos-as.Cs

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    1. Hay quien ve la vida como una continua ascensión, trabajosa y dura. Tal vez tu apreciación es más exacta, Francisco. Hay momentos así, pero otros muy placenteros, por los que decimos que merece la pena de ser vivida.
      Que 2015 sea uno de esos remansos (¡ojalá!)

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  8. Una reflexión muy interesante! Besos.

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    1. Me alegro de que te lo haya parecido, Milo. La verdad es que la foto hace pensar y hacernos la eterna pregunta de "¿y qué hubiera pasado si...?".
      Un beso.

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