lunes, 4 de mayo de 2015

El hombre que hablaba en gerundio:




Mi profesor de Historia de la Filosofía en la Complutense de Madrid se llamaba Don Adolfo Muñoz Alonso y era todo un personaje. Bajito, pero con una mirada fiera de gigante y una personalidad arrolladora, protagonizó alguna de las escenas más curiosas de aquellos años. Como cuando en pleno mayo del 68, en un vestíbulo de la facultad de Filosofía repleto de asamblearios en huelga, se presentó, más chulo que un torero, con la camisa azul de falange. O como cuando, el primer día de clase, nos decía que, si solo veníamos a por el aprobado, ya nos podíamos ir porque él nos lo daba, "Junto con mi desprecio", añadía. Ninguno se atrevió nunca a pedírselo.




Eso sí, era, como todos mis profesores, un cultivador de la palabra precisa, un excelente orador que soltaba sus frases mirándonos fijamente, vocalizando con una voz clara y tonante y haciendo las pausas justas, como aquel que echa una piedra al agua y se queda después mirando las ondas resultantes. Preocupado por el buen hablar, un día nos dijo: "¡Cuidado con los gerundios porque son el servicio doméstico del lenguaje! Y ya sabemos que el servicio doméstico es el que menos servicio presta".

Me acordé de Muñoz Alonso y de su frase la otra noche , en la cena de los viernes con los amigos, en la que Manolo nos contó que su dentista hablaba en gerundio. "Sentándose", dice nada más verlo entrar en la consulta. "Abriendo la boca...", "Encontrando una caries...", "Enjuagándose...", sigue desgranando después gerundio tras gerundio. Según la teoría de Manolo, el padre del dentista repartió entre sus hijos las funciones gramaticales e, igual que a éste le tocó el gerundio, a otros el participio o el pretérito perfecto.

Todos nos reímos, claro, pero luego pensé que la teoría de Manolo no es tan disparatada. Nada más echar un vistazo alrededor y oír a los que nos rodean, es fácil sacar un catálogo de tipos que tienen también una especialidad gramatical definida. Les pongo una muestra, elegida al azar:

El hombre que habla en esdrújulas: Las reparte alegremente en escritos, discursos y, sobre todo, panegíricos: "Es un autor prolífico, honorífico y de carácter libérrimo", dice, por ejemplo. Es, por supuesto, más partidario de la república que de la monarquía, y su héroe es Don Mendo, en la escena en la que dice: "Siempre fuisteis enigmático, y epigramático, y ático, y gramático y simbólico. Y, aunque os escucho flemático, sabed que a mí lo hiperbólico no me resulta simpático".

El hombre que habla en adverbios: Se le llena la boca con todos los terminados en "mente", cuanto más largos, mejor: trascendentalmente, ultraexclusivamente, escatológicamente, transgenéricamente, pluscuamperfectamente...De esta manera consigue alargar un discurso que duraría 5 minutos en uno de media hora. Su heroína sería la "Heredera con demasiado tiempo libre" del libro de Belén Barroso (lo comenté aquí), que en un determinado momento dice: "No tengo excusa, lo sé, pero había amanecido un día extraordinariamente soleado, me pareció que el campo de batalla se encontraba inusualmente tranquilo y me sentí súbitamente aventurera, además de profusamente adverbial, como habrás advertido".

El hombre que habla en infinitivos: Su terreno son los discursos políticos y, ahora que estamos en elecciones, está en su salsa, soltando infinitivos a granel al empezar sus frases, como quien siembra margaritas: "Decir que vamos a arreglar esto y lo otro, decir que vamos a regalar hasta las cotufas del cine a quien nos vote, decir que los otros lo hacen peor..." Su personaje favorito es, lógicamente, Lola Flores y su frase lapidaria en la boda de Lolita: "¡Si me queréis, irse!".

El catálogo se haría mucho más largo con "el hombre del ya si eso", "el hombre de las palabrotas", "el hombre der sordado y la farda", "el hombre de los emoticonos", "el hombre del dequeísmo y el queísmo" (y quien dice "hombre" dice "mujer", eh) y con todos los que asesinan impunemente la lengua, esa herencia que se nos entrega de pequeños y que son "las manos con que amasamos el mundo de las relaciones humanas". Aristóteles -otro cuidador de las palabras- ya nos dijo que el hombre es social precisamente porque se le ha dado el tesoro del lenguaje, que nos sirve para hablar de lo justo y lo injusto, de lo bueno y de lo conveniente. Y en vez de cuidarlo con esmero, como se cuidan todas las herencias, lo destrozamos y ninguneamos. "Hemos olvidado el privilegio de esa conquista por la que somos una especie distinta entre los animales", que diría otro de mis profesores, don Emilio Lledó.

Así que decir que enfureciéndome yo sobremaneramente con estos mayúsculos despropósitos.



(En recuerdo de su frase sobre los gerundios, traigo aquí a mi profesor de Historia de la Filosofía Don Adolfo Muñoz Alonso)

38 comentarios:

  1. Marie-Laure Sébire4 de mayo de 2015, 16:14

    (En Twitter)
    Si fueras francesa sufrirías ya que maltratan mucho más el idioma que los españoles. Yo desde aquí echo broncas a la TV gala.

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    1. No ayudan al cuidado del lenguaje los SMS, la prisa, el pasotismo, la pobreza en el lenguaje (ese "realizar" usado para todo, hasta el punto en que Adela Cortina decía hace poco que acabaremos "realizando" tortillas), los anglicismos... Y eso a nivel general ¡Que Dios nos coja confesados!

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    2. Marie-Laure Sébire4 de mayo de 2015, 17:54

      Es más que necesario y vital, más que una herramienta el lenguaje es hermoso y puede ser arte además del reflejo de culturas.
      Luchar por ello parece una lucha quijotesca y cuando lo hago en el circulo cercano parezco una pesada Por supuesto me da igual

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    3. Yo me he pasado la vida haciéndolo: corrigiendo, puliendo, señalando faltas... Así que imagínate lo pesada que parezco yo también.
      La lengua, igual que una madre (por algo se llama "lengua materna"), alimenta y protege. Te pongo una frase de Lledó que me encanta: "El lenguaje, en la voz de sus hablantes, de sus escritores, ha ido construyendo el inacabable edificio del alma y, por eso, es "todas las cosas", dice todas las cosas, lucha por expresar todo lo que sentimos y acaba diciéndonos dónde estamos, qué somos".
      No hay tarea más hermosa, Marie-Laure, que luchar por el cuidado del lenguaje. Ánimo.

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    4. Lo que pasa a veces es que parezco una "pija" hablando y me ha jugado malas pasadas en mis tiempos de oficina donde me tildaron de "burguesa" por ello. Como en esta época no tenía un duro y que yo sepa no poseía los medios de producción (En este caso la Seguridad Social francesa) me pareció raro y luego lo entendí.. Desde luego no era muy apropiado sacar la definición de Marx pero me terminé haciendo buenas amigas y escribía yo las tarjetas de felicitaciones o las cartas peliagudas. Por supuesto sigo defendiendo el uso correcto de la palabra y a veces encontrar la perfecta, la que expresa exactamente tu pensamiento no es fácil. Lucho también contra las palabrotas repetidas y sobre todo escritas. En twitter algunos/as hablan como carreteros y no estoy segura que sabrían expresar lo mismo sin una palabrota tremenda. Y todos los días sufro con la televisión francesa que ademas de usar un lenguaje que no soporto obviando "les liaisons" tan importantes para la musicalidad del idioma, todavía no ha entendido que hay palabras francesas para "boss", "Challenge" etc..etc..etc Me contestan que un idioma no es un monumento histórico sino que es vivo y tiene que evolucionar. Si es para enriquecerse me parece perfecto...pero no es así sino todo lo contrario. Bueno me paro porque es uno de mis caballos de batalla y me voy a poner pesadita.

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    5. No hagas caso, Marie-Laure, a los que ponen etiquetas (burgués, facha, izquierdoso, derechoso...) porque no tienen otros argumentos. Tampoco a los que colapsan el diálogo diciéndote cosas como "tú sabrás mucho de tal cosa pero de esto, ni idea". La comunicación no cuenta para esa gente que lo único que quieren es imponer sus propias ideas.
      Y no se trata de que los que defendemos el cuidado de la lengua seamos perfectos en su uso. Por supuesto que nos equivocamos pero prestamos atención a las palabras y consultamos cualquier pequeña duda que pueda surgirnos. En la corrección de los libros de mi hija Ana siempre lo hago armada de lápiz y con Diccionarios de la lengua y diccionarios de Dudas al lado.
      En un escrito anterior terminé con estos versos de Ida Vitale:
      “Expectantes palabras,
      fabulosas en sí,
      promesas de sentidos posibles,
      airosas,
      aéreas,
      airadas,
      ariadnas.
      Un breve error
      las vuelve ornamentales” .
      A seguir luchando por las luminosas palabras.

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  2. Muy divertido el artículo.
    Saludos

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    1. Gracias, Jose. Pero también es un poco triste. Porque el dentista existe realmente, y también el político que empieza cada frase con "decir", y aquellos que creen que "hablan fino" porque dicen muchas palabras esdrújulas y muchos adverbios terminados en "mente". Y eso que en el post solo hay 4 tipos de fallos. Imagínate los que hacemos diariamente. O perpetramos.
      Un saludo.

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    2. Isa, me choca esa forma de hablar, pero esa repetición no es normal, ¿verdad?. Lo de "irse" de Lola está aquí en Andalucía a la orden del día y sin pasar por un momento de nervios. Esperanza.

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    3. Bueno, Esperanza, por lo menos para el de los gerundios es normal porque, siempre que Manolo va, le dice las mismas cosas. Lo del "decir" o el usar el infinitivo en lugar del imperativo está a la orden del día. Se oye muchísimo. Y los adverbios en "mente" y esdrújulas (y también los "archisílabos") basta oír cualquier discurso para detectarlos. El caso es que, aunque se usen mucho, se sigue maltratando el tesoro del lenguaje.

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  3. Me he deleitado con este post....A diario observamos y escuchamos a personas que agarran una forma de expresión....uuuuu.....y repiten, y repiten....y "se escuchan" ellos mismos...tanto, que resultan cargantes! Y hay gente que "inventa" palabras...como si nuestro idioma no fuera rico como es!

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    1. Bueno, "inventar palabras " no está mal siempre que tengan razón de ser. Mi profesor Lledó lo suele hacer: "bienser", "amigantes"...
      Y tienes razón, todos hemos sufrido a las personas a las que les encanta escucharse a sí mismos. En cualquier claustro de profesores, en cualquier cámara política, en cualquier foro, siempre hay alguien que no sabe concretar y que tiene más rollo que una persiana ¡Con lo fácil que es también decir lo que uno quiere decir y punto! Por eso no me extraña cuando veo parlamentos casi vacíos y que los que están duermen o hacen crucigramas. Hay gente capaz de aburrir al más animado.
      Gracias, Gabriela.

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  4. Me he reído mucho con lo que has escrito hoy.
    No me había parado a pensar en que es posible clasificar a las personas por su forma de hablar. Lo del dentista y el gerundio he tenido que leerlos dos veces.
    Voy a observar a los que me rodean y a mí misma, a ver lo que descubro.
    ¡Cuánto me haces pensar!
    Gracias, Jane. Un abrazo.

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    1. Cuando daba clase de lógica, una de las clases más divertidas consistía en buscar las falacias del lenguaje. En periódicos, en discursos, en los propios debates de la clase, había que buscar la manera en que los argumentos se retorcían en boca de un hablante para que pareciera que tenía razón. Muchas veces un buen manipulador nos lleva a su terreno y nos engaña.
      Observarnos a nosotros mismos nos puede llevar a mejorar y a comprender mejor cómo razonamos. Y a veces es muy difícil porque los hábitos y el oído juegan en nuestra contra. Seguro que los descubrimientos siempre serán sorprendentes.
      Un abrazo, Utopía, y gracias a ti.

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  5. Muñoz Alonso...! Rabade, y desde luego nuestra Emilia. Ella si.
    Estupendo tu artículo a pesar de Muñoz Alonso
    Besos

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    1. ¿Te acuerdas de él, Ana? Rábade era más serio, más "profesor". Muñoz Alonso, más "actor". Le encantaba sorprendernos, decir una frase estrambótica, o irónica, darle vueltas a un argumento... Fue procurador de las Cortes franquistas, Director General de Prensa y rector de la Complutense. Tiene un montón de libros escritos que supongo que nadie lee, pero en su tiempo fue importante (como ideólogo de la falange, además). Por lo menos, las salidas de él en clase, en las Cortes y las que nos contaba Emilia, nos proporcionaron bastantes ratos de diversión.
      Un beso grande.

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  6. Sí, el nombre de Muñoz Alonso me trae rápidamente a mi mente a Emilia, excesiva, divertida y tan suya....
    Muy bonito tu post!

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    1. ¡Gracias, Floren!
      Muñoz Alonso y nuestra Emilia fueron vivencias compartidas de aquellos años ¡Qué bien lo pasábamos, cómo nos reíamos y qué jóvenes éramos! Me encantaría que ella hubiera seguido aquí, vital, exagerada, apasionada... Y, como dices, tan suya.
      Un beso grandote.

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  7. Buenísima y espabiladísima historia. Veo que la gracia con la que estás escribiendo nos provee de risas a los que te estamos leyendo.

    ¡Ups! creo que acabo de retratarme.

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    1. Bueno, Guille, pero te salva que eres simpatiquísimo, irónico, humorístico y ecuánime (no se me ocurren más esdrújulas).
      Gracias.

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  8. Gladys González4 de mayo de 2015, 22:41

    Buenísimo...!!! Se me revuelve todo cuando oigo un..."la dije" o un "el agua" es bueno para... Grrrr... Sin hablar de los vascos... que no saben qué es un subjuntivo y pierdo media hora pensando qué quisieron decir... Y nosotros hablamos mal... Enfin

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    1. Hay frases que nos chirrían en los oídos. El "la dije" es una de las que nos saltan a la cara, incluso cuando no estamos atendiendo, sobre todo porque se lo oyes a personas supuestamente cultivadas.
      Y luego están los que te dicen: "Lo sé pero no lo sé decir", cosa que me pasaba mucho cuando daba clase. Señor, si no lo sabes decir es como si fueras analfabeto, como si no lo supieras ¿De qué te sirve el lenguaje, de qué la libertad de expresión, de qué el proyecto de comunicarte con los demás para tener una buena vida en común si no sabes expresar lo que en apariencia sabes?

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  9. Beatriz González4 de mayo de 2015, 23:02

    Buenísimo!!! :)))

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    1. Gracias, Beatriz. Tú que me quieres y animas.

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  10. Todos tenemos "el truqui" para hacernos seguir... si no es pesado, resulta hasta gracioso; lo malo son aquellos que además del truqui, se empeñan en tocarte brazos, manos, hombros para que encima les prestes especial atención... terminan poniéndote de los nervios, u esquizofrénico en esdrújula....
    Ya lo contaba, ya, nuestro amigo Guille el otro día, y tú los has descrito que parece que los estoy tocando.

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    1. Yo tenía una compañera que, cuando te hablaba, te iba abrochando y desabrochando los botones de la chaqueta que llevaras. Creo que Larra en uno de sus artículos hablaba también de un hombre que al final de hablarte te tocaba tanto que acababas desgreñado, desabrochado y desarbolado. El prójimo es un peligro :-D

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  11. A mi me hacen mucha gracia los que suelen meter refranes en las conversaciones, pero encima los dicen mal. Una mujer que yo conozco dice cosas como "no todo el mundo es orégano" o "no le pidas peras al horno", y me tengo que aguantar la risa. Y un compañero mío, por ejemplo, usa mucho la muletilla "digamos, entre comillas, que...". Lo imagino un día de estos poniendo subrayaado a las palabras o diciendo "esto en negrita".
    ¡Gracias por tu post! Me he reído con los gerundios ;-)

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    1. A mí me ponen de los nervios los que, aunque no dicen "entre comillas", ponen dos dedos de cada mano como si las estuvieran poniendo.
      Conocí a uno que decía "Déjense de disquisiteces" (a lo mejor se refería a disquisiciones exquisitas) y un albañil, cuando estaba haciendo mi casa, nos dijo: "Es que esto es muy detenoso" (detenido+penoso) ¡Así supongo que nacen las palabras!

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  12. Me ha encantado leerte, Jane. Todo lo que sea cuidar el lenguaje me parece encomiable. Sigamos en esa línea por donde nos encaminaron los profesores que nombraste, que también lo fueron míos. Besos

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    1. La verdad, Arista, es que en el terreno del lenguaje, incluso los más aburridos, eran absolutamente correctos. Recuerdo las clases magistrales de Hernández Perera, de Caso, de Pinillos, de Cimadevilla, de Saumells, por supuesto de Lledó... Tuvimos mucha suerte, la verdad.
      Besos.

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  13. Hola Isabel,

    El hecho de no comentar todos tus escritos no significa que no los lea con atención todos los lunes. Me encanta tu estilo y los temas que tocas ya que se trata de hechos muy reales y actuales además de la gracia con que los cuentas.

    Con respecto a este último, me siento identificada con su contenido. Los profesores estamos hartos ya de ver como nuestros alumnos dan patadas al diccionario sin el menor remordimiento. Y ahora que ya no doy clase, cuando chateo, tengo la tendencia de corregir siempre. ¡Será la deformación profesional!.

    Hay cosas que me hacen hasta gracia pero hay otras que me sacan de quicio como las muletillas. Hay una concretamente que me da ganas de pegar a quien lo suelta y es "¡tú mismo!" o "¡Es lo que hay!". Las faltas de ortografía no me molesta tanto como esas frases manidas a las que recurren los que no tienen ganas de formar sus propias frases y que denotan indiferencia.

    Bueno, Hasta el próximo escrito. Me asombra de verdad que tengas siempre algo en mente. Besos.

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    1. A mí también me asombra, Conchi ¿De dónde sacaré tanto rollo?
      Las muletillas, sobre todo cuando te despides de alguien, sabiendo que no son verdad, son para sacar de quicio.Una vez estuvimos vendiendo un terreno y, cuando te llamaban, todos decían el "bueno, ya si eso, lo llamaré" ¿Y el amigo que se despide poniendo la mano en la oreja con el pulgar y el meñique estirados, como diciendo "te llamaré un día de estos" (luego no te llama nunca)? Yo tengo uno de esos.
      Recuerdo unas viñetas de Romeu en la que dos hombres mantienen una conversación llena de tópicos: "Hay que ver", "así es la vida", "es lo que yo digo", "eso es relativo"... Al final, si quitas los lugares comunes no se ha dicho nada. Recurrir a los tópicos es también acomodarse para no tener que pensar por nosotros mismos.
      Quien ha sido profe lo sigue siendo toda su vida, por lo que se ve. A mí me pasa lo mismo.
      Besos.

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  14. ¡La cagamos! (como dice una prima mía argentina). Resulta que hemos estado elaborando el programa para las elecciones municipales y nos hemos excedido con el infinitivo: gestionar, realizar, implementar, crear, impulsar, diseñar, coordinar, facilitar, subvencionar, incrementar, dotar, profundizar,modernizar, velar, y unas treinta más. ¿Y ahora que hacemos?.
    Por cierto, muy bueno el último párrafo.

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    1. No te preocupes, Enrique. Si estás haciendo una lista de objetivos, es válido poner el infinitivo porque la frase principal sería: "los objetivos son..." y después irían los predicados en infinitivo. Intenten no complicar las palabras (¡al rico archisílabo!) y que se les entienda bien.
      Lo difícil, como ya sabes, es cumplirlos todos después.

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  15. Candelaria Rojas7 de mayo de 2015, 17:05

    ¡Ay mi querida amiga!
    Con lo fácil que es mimar y proteger nuestra bonita lengua, muchos se empeñan en hacerle recortes o tratarla con poco respeto.
    Añadiría los imperativos, muy usados por mi padre y por todos los padres de la época que llegaban cansados de trabajar y solo tenían órdenes que dar... Mi madre no. Ella era más tolerante, era adicta a las interrogativas ¿Te gusta este vestido? ¿Has peinado a tus hermanos? o ¿Compraste el café?. Sin embargo, ambos se esforzaron por darme un buen colegio para no cometer un error ortográfico, Y creo que es esa una herencia muy buena de nuestra congregación. Resulta casi imposible pillar a una alumna de las Dominicas que tenga alguna falta en sus escritos. Y algunas de ellas, como una tal Jane, llegó más lejos aún. Se convirtió en una escritora sublime que utiliza nuestro lenguaje sin desperdicio.

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    1. Bueno, Cande, lo de "escritora sublime" vamos a dejarlo para las que lo son (Jane Austen o Doris Lessing), que a mí me queda bastante ancho el título: ni escritora, ni sublime :-D.
      Me ha hecho mucha gracia que en tu casa también se hubieran dividido las funciones gramaticales. El imperativo más famoso de los últimos tiempos (el "¡Se sienten, coño!" de Tejero en el asalto al Congreso) casualmente no era un imperativo, sino un subjuntivo. Con los imperativos pasa que muchas veces es mejor sustituirlos por los interrogativos (tu madre sabía). Por ejemplo, en lugar de decirle a tu marido: "¡Baja la basura!", da mejor resultado decir: "¿No te importaría, ya que tienes cara de ir a bajar a algo, llevar la basura de paso?". Y si le añades el "mi amor", éxito garantizado, jejeje.
      Un beso y gracias por tus comentarios.

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  16. Entretenido, divertido, instructivo.....¿qué más se puede pedir? Una vez más,enhorabuena

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    1. Gracias, Úrsula. Por lo menos, yo me he divertido escribiéndolo.
      Un abrazo grande.

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