lunes, 8 de junio de 2015

Lección inacabada




Si hay algo que a los profes nos repatea (aparte de corregir exámenes) es dejar una lección inacabada, una clase a medias. Ahí tienen a Fray Luis de León que tuvo que interrumpir la suya para pasarse 5 años en la cárcel (por majaderías de la Inquisición) y que, cuando volvió, siguió como si nada hubiera pasado con su "Como decíamos ayer...".

Una sensación parecida me pasó hace un mes. Me fui a Barcelona con mi hija, que iba a presentar sus "Leyendas de la Tierra Límite: las Tierras Blancas" en la librería Gigamesh. A la salida, nos fuimos a tomar algo con un grupo de amigos que hasta ese momento eran virtuales y a los que ese día puse cara y voz ¡Una gozada! Pasamos un rato muy agradable hablando de lo que más nos gustaba a todos, los libros. Pero en un momento, y a cuenta de mi profesión, se habló de filosofía y de las clases de filosofía. Morri, un chico que tiene un blog muy original -"El mundo está loco"- y al que sigo desde hace tiempo, me contó que, hace años, en el Instituto el primer día de la clase de filosofía, su profesor les pidió a todos que hicieran una pregunta filosófica. La de Morri fue: "¿Por qué es más fácil portarse mal que portarse bien?". Su profesor le contestó que eso era una chorrada, y Morri no volvió más a abrir la boca en clase (aunque, menos mal, ha seguido, por su cuenta y en su blog, haciéndose preguntas y explorando el mundo).

La pregunta de Morri me dejó el sabor de algo inconcluso, un reto lanzado al aire que merece una respuesta. Y aunque las preguntas, si son filosóficas, tal vez no tengan respuestas, sí hay que desovillarlas y tirar del hilo, porque conducen a caminos que nunca pensaste explorar y te llevan a sitios a los que nunca imaginaste llegar. E inevitablemente te llevan a otras preguntas.

¿Por qué nos solemos tirar como lobos hambrientos sobre panes crujientes para mojarlos en salsitas, sobre entrecots rezumando grasa, sobre un jamón serrano recién cortado, sobre un paté, o papas fritas con huevos fritos, o chocolate. o dulces de hojaldre con su crema pastelera dentro, mmmmm..., mientras despreciamos y miramos con desdén una alcachofa hervida, o un puré de guisantes o cualquier dieta sana que todos los especialistas recomiendan?

¿Por qué no hacíamos caso a las monjas del colegio, que nos decían que nada de hacer manitas con los chicos porque ellos, esos pérfidos, empezaban con la mano y luego seguían por el codo y después vete a saber qué más? ¿Qué tenía ese "qué más" que nos llamaba tanto la atención y nos llevaba por el camino de la perdición?

¿Por qué, en lugar de ser la trabajadora hormiguita, lo que nos pide el cuerpo es una francachela a la cigarra? ¿Qué pasaría si todos siguiéramos nuestra naturaleza libertina y decidiéramos levantarnos a las tantas, tomar un desayuno con calma (si es con churros, mejor) y no pegar golpe durante todo el día?

¿Por qué hubo que amenazarnos con las llamas del infierno y ponernos mandamientos de "no hagas esto" o "no hagas lo de más allá"? ¿Por qué nos hacían abjurar del mundo, demonio y carne, y renunciar a Satanás y a sus pompas y a sus obras? (Y a propósito y solo por curiosidad ¿qué pompas son esas?).

¿Es que nos resulta fácil ser malos porque así es como es nuestra verdadera naturaleza, como decía Bacon, y lo de ser buenitos es un disfraz para las ocasiones? ¿Somos lobos con piel de cordero? ¿Brujas disfrazadas de hadas?

Y ya puestos, ¿qué es el bien y qué es el mal? O yendo más allá, ¿quién dicta lo que está mal y lo que está bien?

Tu profe se equivocó, Morri. al calificar tu pregunta. No es una chorrada. Es una pregunta peligrosa.

20 comentarios:

  1. Una tarde estupenda, Isabel, pero me perdí la parte filosófica :-))) Si es que fue muy intensa: literatura, extraterrestres, filosofía... ¡Y porque nos faltó tiempo! Bss

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    1. ¡Jajaja, es verdad! Te levantaste un momento y, cuando volviste, ya andábamos hablando de extraterrestres. Nos faltó tiempo, porque ganas de hablar había y de sobra. Morri explicó por qué se había quedado frustrado con la clase de filosofía (¡y con toda la razón!) y Mel creo que fue el que también preguntó entonces qué es el bien y qué es el mal. Después seguimos derivando a otras cosas. Tardes como esa hay que repetirlas.
      Besos.

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  2. ¡Vaya! ¡Encantado de haberte inspirado un post con mi pregunta de cuando era adolescente!

    Aprovecho y recojo el guante del debate y te respondo con lo que he ido planteándome durante estos años, que he filosofado mucho para mis adentros. Algún día lo escribiré en algún sitio, algún día.

    Para empezar, la pregunta que planteé era más del estilo de hacer mal o bien las cosas, pero también entra dentro del hecho de portarse bien o mal, aunque esto último entra más dentro del terreno emocional más que del práctico. Mi primera cuestión venía del hecho de que si intento montar por primera vez un castillo de naipes, lo más normal es que se me caiga y no me salga bien. Plantearme el porqué de eso.

    Si me basara en el punto de vista matemático podría plantearme: "bueno, si hay solo una manera de hacerlo bien es que hay infinitas maneras de hacerlo mal, con lo cual por pura probabilidad lo más probable es que me salga mal". Pero eso no explica por qué siempre que ponemos un USB en el ordenador lo pongamos mal SIEMPRE ya que en este caso solo hay un 50% de posibilidades de que lo hagamos mal. Aunque luego le demos la vuelta, tampoco entre y al darle la vuelta de nuevo SÍ ENTRA.

    Luego podemos entrar en el lado de la física y en el hecho de que el universo como tal tiende al desorden y a la entropía tal y como nosotros lo entendemos. Si nos ponemos en el ejemplo del castillo de naipes si al final consiguiera montarlo, el fino equilibrio que hace que todo se mantenga unido es tan grande que cualquier cambio - un soplo de aire, una mano de algún cabroncete que te quiere joder el invento o un ligero temblor de la mesa - hará que el castillo de naipes se convierta en un montón de cartas desordenadas encima de la mesa. Al fin y al cabo nosotros mismos como personas también formamos parte de ese orden temporal que siempre termina desembocando en la inevitable entropía: un montón de átomos que vuelven a estar desordenados como si nunca lo hubiesen estado.

    Y luego si entramos en el hecho de valorar qué es lo que nosotros entendemos como el bien y como el mal aún se complican más las cosas. Puesto que ahí ya nos metemos en el mundo de la percepción. A mí me gusta hacer este ejercicio con los documentales de animales cuando alguien lo ve y se pone del lado del pobre ciervo que va a ser devorado por una leona hambrienta. ¿Por qué consideramos mala a la leona? Desde el punto de vista del ciervo evidentemente la leona es malísima: se lo quiere comer; pero desde el punto de vista de la leona qué: ¿la dejamos morir de hambre? ¿Queremos que la leona se haga vegana o qué? Desde el punto de vista de la naturaleza per sé, no existe ni bien ni mal. Solo son intereses enfrentados. De todas formas, por suerte, nosotros como humanos sí que nos dotamos de la ética y podemos llegar a diferenciar lo que consideramos el "bien" y el "mal" respecto a nuestros propios parámetros, cosa que tampoco está nada mal.

    Y hasta aquí mi reflexión, espero abrir MÁS debate aún :P

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    1. Tengo que decirte, Morri, que has tenido al profesor más cegato de toda la historia ¡No haber reconocido a un Nietzsche sentado en el pupitre de la clase! Con una pregunta tan interesante y llena de posibilidades como la tuya, podría haber tenido a la clase entretenida y enfrascada en debates durante meses. En tu pregunta hay enredados temas de Lógica, de Filosofía de la Ciencia, de Antropología, de Sociología o de Ética.
      La misma tendencia al desorden del universo puede existir en nosotros, como has dicho. Y eso hasta podría justificar el dejar la casa tirada ¿Quién soy yo para oponerme al universo entero? Con lo cual el objetivo primero de toda enseñanza filosófica, el conectar las ideas con la vida personal, estaría cumplido.
      Y también aparecen al fondo -como tiene que ser en cualquier tema filosófico que se precie- las grandes preguntas metafísicas: ¿Qué somos? ¿Solo átomos que conservan un cierto orden en un determinado espacio de tiempo? ¿Qué nos distingue de los animales? ¿Existe el Bien en sí, como decía Platón, o es solo la costumbre de actuar de una determinada manera?
      Ningún profesor puede descalificar a un alumno de esa forma. Como ves, hay mucha enjundia en lo que preguntaste. Él se lo perdió.
      Me ha encantado tu reflexión.

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  3. Isa, aquí en el tranvía leyendo tu post, ¡qué ingenio tienes!! Yo solo te digo: la carne es débil.

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    1. ¿Y la mente, no, Úrsula? ¡La de veces que nos convencemos a nosotros mismos de que lo mejor que podemos hacer es sucumbir a la tentación! Ya sabes, todo lo que nos gusta o es pecado o engorda, y acabamos diciendo: "¡Qué demonios!".
      Muchas gracias, mi amiga. Un besote.

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  4. Hola Jane. Pues claro que la pregunta de Morri es peligrosa. A los que se portan mal no les interesa que se sepa que lo hacen. Como buenos puritanos sólo ven la paja en el ojo ajeno. En mi profesión, los malos siempre tienen ese aire de progres como los alegres muchachos de Nuevas Generaciones que se parecen peligrosamente a la alegre muchachada de tiempos pretéritos. Si ya sé que muchos piensan que el tiempo siempre pone a cada uno en su lugar, pero a veces ese tiempo tarda mucho en llegar y claro, uno se cansa de esperar. pero de todas formas, siempre es preferible preguntar cuando no se sabe que callar por pudor. Un beso Jane. Juan

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    1. Nunca se sabe por dónde puede venir el peligro, Juan. Mi abuela siempre decía aquello de "Del hombre bueno líbreme Dios, que ya del malo me libro yo". A mí esas personas superbuenitas, que lo hacen todo "perfecto" y que dan lecciones continuamente de moral, me dan un poco de repelús. Siempre cuento lo que mi ex-alumno Jose me dijo una vez cuando estábamos hablando de Platón: "A mí ese filósofo me parece peligroso. Siempre son peligrosos los que se creen en posesión de la Verdad". Jose hoy es profesor de Filosofía en la Universidad y me da que sigue pensando igual en este aspecto.
      Un beso.

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  5. De todas las cosas que comentas como malas, ninguna de ellas me parecen malas del todo. Sobre todo, lo del desayuno con churros. Ser ese malo es fácil. Ser el malo que mata, humillas, insulta, menosprecia... ese malo es mucho más dificil de ser. En mi caso, sería imposible y no soy ninguna ovejita...Besos.

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    1. Tienes razón. Hay muchos grados de maldad y, de hecho, empecé por las maldades menos malas, las sensuales ("Prefiero ser una gordita feliz que una flaca desgraciada", decía una amiga mía) ¡Y vivan los churros! Luego ya seguí por las maldades de los mandamientos, donde estaría el mandato de amar al prójimo (y no ponerlo a caldo pota ni matarlo, la suprema maldad). Y luego, claro, vendría la pregunta por la esencia del mal.
      En una novela que leí ("Una condecoración para la señora Pollifax" de Dorothy Gilman), le preguntan a un criminólogo si se ha encontrado con la maldad auténtica. Y él dice que sí, pero que solo ha encontrado una forma de maldad que deja una marca visible: la del asesino profesional que mata a sangre fría "He descubierto -dice- que los ojos del asesino habitual están completamente vacíos. El alma puede ser aniquilada ¿comprende? No se debe jugar con eso".
      Sí, hay muchas formas de maldad.

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  6. Isa, estoy de acuerdo contigo en que la tarea más ingrata de los profes , y también la más fastidiosa, es la corrección de exámenes. Sin embargo, ¡qué regocijo cuando en la monotonía de ejercicios similares te sorprende uno casi perfecto que te indica que el alumno ha estado muy atento y ha comprendido bien todo lo que te has esmerado en comunicar! ¡ Ningún sueldo paga tanto tu empeño!
    Al contrario que tú, en tantos años que me dediqué a aprender y enseñar Matemáticas (no lo he dejado del todo) me fui acostumbrando a dejar lecciones inacabadas y a continuarlas en la siguiente sesión... Creo que las Matemáticas son así, un día logras completar la demostración de un teorema, pero éste casi siempre te lleva a otro aún por demostrar. Y la aplicación de teoremas a la resolución de problemas concretos no siempre es un camino del que se vislumbre el fin; a veces llegas a una encrucijada y no sabes por donde seguir y, también a veces, el camino que creías correcto te lleva a una contradicción y entonces ¡otra vez a repensarlo desde el principio!
    ¿No es también así la Filosofía? ¿No son un poco hermanas la Filosofía y las Mates en su modo de hacer? Estoy segura de que tú no respondiste nunca como el profesor de Morri... ¿No recuerdas aquellos juicios a Platón o Kant en los que implicabas a tus alumnos?
    El objetivo no era, creo yo, que el veredicto final concluyera el estudio sobre el filósofo, sino que la tarea de preparación del ataque y la defensa fuera una invitación a la reflexión sobre la vida que es a lo que se dedica la Filosofía.

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    1. Es verdad, Ana Nelly, hay exámenes que son pequeñas muestras de esfuerzo y de inteligencia brillante, exámenes que lees como quien está leyendo una obra de arte. Me encantaban los comentarios de texto y las críticas, donde el alumno puede ser más creativo y personal.

      Creo, como tú, que durante el curso (y más allá también) ninguna lección se termina por completo (mientras te dejen y no venga ninguna Inquisición a impedírtelo). Todo lo contrario. Lo que cualquier profesor tiene que hacer es abrir caminos, y las preguntas del alumno son un buen punto de partida (tal como Sócrates nos enseñó). Lo que no se puede hacer es taponar la pregunta. De ahí la sensación de lección inacabada que me dejó el relato de Morri.

      Muchos alumnos, cuando me ven ahora, recuerdan los juicios. Creo que es porque también nos divertíamos. Pero sí, el objetivo era, como inevitablemente pasa en Filosofía, reflexionar sobre la propia vida.
      Un abrazo.

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  7. Isa, este post me gustó muchísimo. Como diría el hijo de Úrsula, da que pensar. Estoy de acuerdo contigo en que el profesor de Morri debía estar cegato o algo peor que, por respeto, no me atrevo a decir. Su comentario me encantó. No lo conozco pero debe ser muy inteligente

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    1. Sí que lo es. Su blog, "El mundo está loco", es una mezcla de noticias locas ("Un hombre dispara a un armadillo y se carga a la suegra" o "Colocan a un pueblo entero al quemar un alijo de cannabis"), relatos que él llama "Idas de olla", entrevistas absurdas, inventos tontos... Es divertido y variado, escribe muy bien, y muestra una mirada inteligente y aguda sobre la realidad.
      Ya lleva 11 años escribiendo. Te pongo un párrafo donde habla de eso:
      "No es por nada, pero llevo 11 años pululando por aquí y escribiendo chuminadas para vosotros. Once años. Que tenía la dulce y tierna edad de 21 años cuando empecé a meterme en esto de escribir por Internet. Fijaos que por entonces no existía Youtube ni nada. Ni Facebook. Ni Whatsapp. Que los teléfonos no tenían internet aún y como mucho jugábamos a la serpiente. ¡Por no haber no había ni crisis! Que tiempos aquellos eh, que atábamos perros con ladrillos. Hace once años, vaya, que comencé el blog. En resumen, me hago viejo. Y vosotros también, eh. No os libráis.".
      Desde aquella pregunta adolescente ha recorrido mucho camino. Es también un hacha de la informática. Como decían antes: "Eres joven, guapo y con dinero ¿qué más quieres, Baldomero?". Y su profesor, en la luna.
      Gracias por tus palabras.

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  8. Las lecciones inacabadas son de alto voltaje... Algunas por ser preguntas sin respuesta (como le ocurrió a tu amigo injustamente) y otras porque sabemos que encierran una pizca de misterio... En ambos casos consiguen despertar la incertidumbre del porqué y la certeza del bienestar prohibido.
    Yo, mientras no me diga mi doctora lo contrario, sigo en la senda del mal, retozando en mi cama sin acompañar a mi marido a caminar temprano. Ojalá comiendo pipas de calabaza genere el mismo número de endorfinas que me aporten el bienestar necesario para seguir portándome mal.

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    1. Más que preguntas sin respuestas es que o tienen muchas respuestas o conducen a otras preguntas, lo cual también es otra manera de responder.
      Ah, no. Lo de quedarte en la cama por la mañana un ratito después de desayunar es uno de esos placeres de la vida que, se mire como se mire, no puede resultar pecado. Todo lo contrario, debería estar recomendado en todo régimen de vida que se precie. Oye ¿y has pensado en convencer a tu marido de que, mejor que caminar, se quede a retozar contigo? Comiendo pipas de calabaza, eso sí. :-D

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  9. no es ,como dices, una pregunta peligrosa sino EXISTENCIAL
    saludos.alvaro fajardo

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    1. Los que pueden considerarla peligrosa son aquellos que nunca se cuestionan nada, que no tienen ninguna duda, que no quieren que nada cambie, que están convencidos de que tienen la razón en todo.
      Es, como dices, Álvaro, una pregunta existencial, que plantea muchos temas y que conduce a muchas preguntas sobre quiénes somos y cómo actuamos. Quien la hizo no tenía miedo, sino curiosidad. Quien lo hizo sabía en qué consistía la filosofía.

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  10. Esta entrada, aparentemente tan divertida y desenfadada, encierra mucha profundidad, desde el momento en que la generó una pregunta, que un torpe profesor de Filosofía, zanjó catalogándola de chorrada. He ahí la cuestión: por qué cuesta más portarse bien que portarse mal.
    Desde mi punto de vista, todo dependerá de lo que cada uno considere qué es el bien y qué es el mal, porque, como nos han enseñado y con el paso de la vida hemos ido comprobando, lo absoluto no existe y todo es relativo.
    Para unos, lo que es malo, puede ser excelente para otros. Si nos vamos al plano de la belleza (algo tan subjetivo), sabemos bien cuántas veces, los llamados expertos, opinan y defienden la perfección de una supuesta obra de arte y a nosotros no nos provoca más que rechazo.
    Esta relatividad supongo yo que se acusará, aún más, cuando la cuestión es la de Morri: portarse bien o portarse mal, como conductas de vida. Y aquí me planteo yo otro rosario de preguntas inevitables: ¿cómo va a ser lo mismo portarse bien, para el que todo lo tiene, que el portarse bien, para el que todo le falta? O como yo le decía a una antigua compañera de actividad deportiva, que tenía vocación religiosa y se metió a monja: "¿No es más fácil, para ti, portarte bien, lejos de las tentaciones del mundanal ruido, que portarnos bien las que no hemos elegido ese mundo y continuamos fuera, rodeadas de todo tipo de llamadas "lucifereñas"...?".
    Como puedes comprobar, querida Jane, yo no soy una excepción en eso de hacer y hacerme preguntas, pero sí que siempre he tenido muy claro la relatividad de todo lo que hagamos, manifestemos y opinemos. Por eso, he pasado de ser un mar de preguntas a ser un océano de dudas. Cosa, por cierto, que tampoco me disgusta y en la que tampoco me considero una excepción.
    Tú eres la filósofa y la que, al final, seguramente tendrás la penúltima pregunta y, quizá, hasta la penúltima respuesta...

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    1. Jajaja, de filósofa, nada, mi niña. Solo soy una exprofesora de filosofía que aspiraba a hacer bien su trabajo (y pienso que ya es bastante).
      Me ha gustado tu comentario, sobre todo por lo que tiene de relieve de las circunstancias. El "yo soy yo y mi circunstancia" de Ortega no está muy alejado de lo que planteas. El cómo vemos el mundo y por lo tanto nuestra actuación frente a este depende de una perspectiva que no es igual a la de otra persona, por lo que la búsqueda del bien implicaría la integración de perspectivas. Es llevar todavía más allá la pregunta por el bien y el mal y añadiría la idea de contar con los demás (ya le dije a Morri que su pregunta es compleja y le hubiera dado al profesor material para hablar durante un mes).
      Gracias por tu reflexión que, como siempre, es enriquecedora..
      Un abrazo.

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