lunes, 10 de octubre de 2016

Merci, très gentil


Bouzigues al atardecer. Con razón, Van Gogh eligió esta tierra...

A pesar de que estudié francés en el Bachillerato y 2 años más en la Universidad, no lo hablo con fluidez por culpa de aquel sistema de enseñanza de idiomas, en el que se primaba más que nos supiéramos los verbos irregulares que que mantuviéramos una conversación. Sin embargo, es un idioma que me encanta. Me gusta su cadencia que suena muchas veces como una canción. Me gustan, claro, las canciones en francés, que hablan de amor como ellos saben hacerlo (¿Quién no ha cantado "Ne me quitte pas" con los ojos cerrados?). Ya saben que se le atribuye a Carlos I la frase "El francés es la lengua del amor, el italiano, la de la política y el español, la lengua para hablar con Dios". Y no hay que olvidar que en Francia  nació el amor cortés.


Pero sobre todo me gusta que sea un idioma amable. Cuando estás allí, los bonjour suenan, cantarines, a lo largo de todo el día hasta que el sol se pone, cuando empieza el bonsoir. En ninguna otra lengua te dicen que están desolados (¡oh, je suis desolé!) para decir "lo siento" porque, por ejemplo, les has pedido cambio y no tienen. Y nadie da las gracias con tanta cortesía como ellos. Merci, très gentil, dicen, apelando a la gentileza que, para mí, es una cualidad que va más allá de la mera amabilidad.

Esta semana pasada estuve en Francia, en la Provenza, un viaje largo tiempo anhelado desde que, a finales de los 80, leí los libros de Peter Mayle ("Un año en Provenza", "Vivir en Provenza" y "Hotel Pastis"). Es la 7ª vez que piso territorio francés y la experiencia ha sido tan agradable como las veces anteriores. Y algo se me ha pegado de ellos porque lo que me pide el cuerpo ahora es dar la gracias de corazón a tanta gentileza recibida.

Merci, vous êtes très gentil les diría a mis consuegros y acompañantes, Cristina y Antonio, que organizaron un viaje maravilloso con la estrategia adecuada: pasear con calma, ver lo que nos apeteciera sin pena por dejar lugares (siempre podremos volver), tener experiencias muy variadas (como decía mi amiga Ángeles, "arte, naturaleza y una terraza para ver pasar el mundo"), y probar platos deliciosos de la tierra (ah, esas ostras de Bouzigues, la bullabesa en Marsella, el pato de St. Paul de Vence, la crêpe de St. Remy, el paté en Avignon, los quesos en todos lados... Mmmmm).

Gentileza tuvieron también todos los que nos vieron despistados en cualquier momento y nos ayudaron: el chico que nos buscó aparcamiento la noche en la que llegamos a Aix; los que nos devolvieron al buen camino las veces en que nos perdíamos, que fueron unas cuantas, o los que nos informaban de que en Marsella las mochilas mejor llevarlas delante o de que había alguna belleza a la vuelta de la esquina que merecía la pena explorar.

Très gentil fue el que nos llevó en barco desde el viejo Puerto de Marsella a ver Les Calanques, las bellísimas calas turquesas de la costa, y nos mostró allí pequeños pueblos de pescadores sin luz ni agua dulce que quieren seguir así, o la isla de If, donde Dumas encerró al Conde de Montecristo, o la de Riou, cerca de la cual encontraron los restos de la avioneta de Saint Exupery. 

También le diría merci, très gentil a la amable empleada con la que hablamos en Les Carrières de Lumières (Les Baux de Provence), un espectáculo impactante en una antigua e inmensa cantera romana donde nos parecía estar dentro de un cuadro de Chagall; a la joven de la fábrica de perfumes de Grasse a la que le debemos saber que un buen oledor (la nez lo llaman ellos) distingue 350 olores distintos; al señor que en una bodega de Chateauneuf du Pape nos invitó a catar 4 variedades de este vino exquisito; o a la jeune femme que nos ofreció bombones maravillosos en una fábrica de chocolate donde una podría, fácilmente, perderse.

Merci a todos los que estuvieron en esta tierra bendita antes que nosotros (Daudet, Petrarca, Cezanne, Van Gogh, Chagall, Picasso, Gauguin...) y la quisieron, pintaron y escribieron sobre ella, descubriéndonos un paisaje deslumbrante. Un paisaje que se puede amar.

Y sobre todo, hay dos merci, très gentil más, dos agradecimientos especiales. Uno, a nuestros amigos franceses, Patrice y Anita en Avignon, y Charles y Carolina en Toulouse, que nos abrieron generosamente las puertas de sus casas y nos mostraron su ciudad con la pasión del que la ama de verdad. Y otro, a nuestra familia y a nuestros amigos que, por el 70 cumpleaños de mi marido, le regalaron a él (y, de paso, a mí) este viaje a la Provence, tan variado, divertido y luminoso.

De verdad, vous êtes très, très gentil. Merci beaucoup.


El Viejo Puerto de Marsella

La Fontaine-de-Vaucluse, el refugio de Petrarca, donde nace, de un manantial impresionante, el río Sorgue.

Gordes al atardecer, un pueblo precioso del Luberon.
Cartel antiguo del vino Chateauneuf du Pape

Estelas de aviones en el cielo sobre el río Garona en Toulouse.

Sur le Pont d'Avignon on y danse, on y danse... (Acuarela comprada para mi hija en la Plaza del Reloj de Avignon)

Fontaine d'argent en Aix en Provence




30 comentarios:

  1. ¡Ohhhh! Qué bonita crónica, Isabel. Qué lujo haber recibido todas las gentilezas que cuentas. Da envidia compararlas con las que recibí yo en Londres (hace una semana), como bien sabes.
    Visitar Francia es mi asignatura pendiente desde que en el cole estudié francés. En dos ocasiones estuve a punto de ir a Paris, pero se me resistió el viaje ;-(
    Como aprendí en su día "qui sème la gentillese, récolte l'amitié" y estoy segura de que es lo que a ti te ha pasado.
    ¡Un beso!

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    1. Ya te lo dije, Chelo, nada que ver. Y es una pena porque Inglaterra es mi horizonte literario, me encantan los ambientes de sus novelas, los personajes, el sentido del humor inglés... Y luego van y te lo fastidian tres tontainas. Así es el ser humano.
      Anímate al viajito. Aunque los propios franceses dicen que los parisinos son muy suyos, que miran por encima del hombro a los de provincias. Ni más ni menos que en otros sitios.
      Me gustó tu frase y me hizo recordar que nuestro amigo Patrice, el que vive en Avignon, que es un enamorado de las plantas, nos regaló un sobre lleno de semillas de Merveilles du Perou, una planta con campanillas rojas que él espera que florezca en nuestro jardín como recuerdo de nuestra estancia en la Provenza. Si florecen, habremos traído un rincón de allí a esta isla atlántica. Ya te contaré.
      Otro beso.

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  2. Como siempre, vivimos contigo y nos recreamos con tus vivencias. Tuvo que ser un viaje delicioso, sin metas exigentes y viviendo y saboreando cada momento y cada paisaje. Un abrazo

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    1. Yo creo que la clave de un buen viaje es no volverte loco. Sin metas exigentes, como dices tú. Yo tengo un amigo que siempre dice que "son tantas cosas las que no he visto ni voy a ver, que una más no importa". Así que programamos un viaje sin mucha programación. Cuatro días en Aix, con paseos a Salon (donde vivió Nostradamus), Marsella, Cassis, Grasse, St. Paul de Vence y Mónaco; 3 días en Avignon, desde donde fuimos a Les Baux, St. Remy, Isle sur Sorgue, la Fontaine de Vaucluse, Gordes, Chateauneuf du Pape y Chateaurenard; y un día en Toulouse. Variadito y nada cansado.
      Un abrazo.

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  3. Coincidido con Chelo. Una crónica preciosa que me ha transportado durante unos minutos por esos lugares.
    Un abrazo.

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    1. Me alegro, Dorotea, de haberlo compartido contigo. Para eso están los momentos buenos. Por eso me gustaron tanto los libros de Peter Mayle, un publicista que decide dejar su vida en Londres para instalarse en Menerbes, un pueblito provenzal y nos lo cuenta en dos libros encantadores: como construye su casa, como aprende las costumbres, como se enamora de este rincón de Francia y como lo aceptan los lugareños. En este viaje, cuando veía a algunos jugar a las "boules" (la petanca), me parecía revivir lo contado.
      Un abrazo.

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  4. Carmen María Duque Hernández10 de octubre de 2016, 18:07

    Gracias mi niña, por compartir, me haces muy feliz cuando compruebo que estás viajando, síntoma de estás bien
    Besitos para tu Toni y demás familia

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    1. Bueno, bien bien nunca se está después de los 50: que si te duele la espalda, que si ya no puedes caminar tanto como antes porque te duele el juanete, que si llevas un cargamento de pastillas... Pero mientras una vaya tirando y pueda viajar, me apunto. Dentro de poco hay otro :-D
      Un abrazo, Carmelita.

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  5. Lo que usted quiere decir con todo esto es: ¡¡jódansemmm!!. Ya van dos veces que se me sube la envidia contigo. Si yo pudiera o pudiese... Pero no quedará ocasión, es una asignatura pendiente, como tantas otras. Que bien se lo pasan estos jubilados...

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    1. Anda, anda, que yo sé que en cuanto puedes te largas a Italia a ver a las preciosidades de nietos que tienes.
      Y yo también tengo asignaturas pendientes. Un día nos las contamos mutuamente.
      Un abrazo.

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  6. Qué post más interesante y completo de la Provenzal!!! Me trasladaste a esa zona que visité hará unos cuatro años. Justamente aterrizamos en Marsella, ya tarde, y nos fuimos a tomar una bouillabesa ( sé q está mal escrita) a la orilla del agua que nos sentó como agua bendita. Hacía frío, era Diciembre, pero los franceses te calientan cualquier lugar para hacerlo agradable.
    Visitamos otros lugares no coincidentes con los que mencionas y catamos otros vinos que tb nos supieron a Gloria. En lo que sí coincidimos es en que el francés es una persona educada, el "merci, madame" y el "bonjour", ambos cantarines, aparecían en cualquier momento. Esta práctica de buen gusto nos la deberían de contagiar a los canarios de Tenerife. Aquí no te saluda ni se despide un ser viviente. Hay excepciones, pero lo más normal es que te quedes hablando tú sola cuando usas un servicio público ( guagua, taxi, supermercado, cafetería...)
    Un beso, Isa!!
    Ah, la acuarela para Ana, preciosa!

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    1. A mí Marsella me sorprendió. No la esperaba tan bonita y limpia. Tenía el prejuicio de los "bajos fondos marselleses" que aparecen en las novelas y me la imaginaba poco menos que con matones escondidos en las esquinas. Y me encontré con una amplísima avenida mirando al mar, llena de vida y bullicio, con edificios acristalados como los de La Coruña y cafeterías y restaurantes a todo lo largo del Viejo Puerto llenos de gente. Y la Catedral y la iglesia de San Victor, una a cada lado, como guardándolo todo. Me encantó.
      Comentamos lo mismo que dices en este viaje Cristina y yo. Ella me contaba como muchas veces, al entrar en el ascensor del Corte Inglés, por ejemplo, ella dice "buenos días" y no hay nadie que le responda. Parece que no se educa a los niños para saludar. Por eso me hizo tanta gracia e ilusión que mi nieto pequeño (un año y medio), que no sabe hablar todavía, el otro día, cuando le dimos un vaso de agua, nos dijera: "gachas". Desde chiquitito se aprende.
      Un beso, Milo.
      PD: Yo sabía que te iba a gustar.

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  7. Toulouse queda un poco a trasmano, hacia el oeste, de Aviñón; así pues, no fue un paseo tan corto. Fantásticos, tanto el viaje como la crónica. Deambular con oriundos, o paisanos del lugar, es un lujo. Envidia sana. Saludos.

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    1. Fuimos a Toulouse (a 3 horas y pico de camino de Avignon) por ver a estos amigos que viven allí. De todas formas fuimos despacio, parándonos en algunos sitios y calculando para llegar a la hora de comer. A pesar de que ya conocía la ciudad, esta vez fue distinto. Como dices, ir con oriundos es un lujo. Y siempre cada vez que vas a un sitio, descubres otros aspectos.
      Saludos.

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  8. Sole González Zamorano10 de octubre de 2016, 18:57

    Que viaje tan bonito Isabel, y que bien lo cuentas como siempre. Me alegro mucho lo hayan disfrutado. Bss

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    1. Muchas gracias, Sole. Sé que a ti también te gusta viajar y que disfrutas haciéndolo. Nos conocimos en un viaje ¿te acuerdas? y seguro que volveremos a encontrarnos, gozando por esos mundos.
      Besos.

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  9. Me encanta el francés que también estudié y que no recuerdo p'a ná! Pero entre un je t'aime... y un eu te amo dicho por (por ej) Vinicius... Me derrito con el luso... Me parece más amoroso aún que el francés... (Será que siempre he sido medio sargento (Sordita) Ainssssss... ) :) Precioso el post... sabes que estuve ahí... con ustedes mientras lo relatabas... ;)

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    1. Un poco remeloso pa mi gusto :-D Aunque Vinicius es Vinicius, eso sí.
      Fíjate que mi cuñado estudió hasta los 14 años en el Colegio Alemán y sabe hablar perfectamente alemán cada vez que vienen los amigos austriacos. Y nosotras venga años y años, y nada de nada. Es el sistema empleado, sin duda. En otro viaje que hice al Perigord en el año 89 a los 15 días de estar allí es cuando empecé a enterarme. Esta vez me enteraba bastante, pero también gracias a la gentileza de aquellos con los que tratábamos, que hablaban "doucement" (despacio) y claro para que los entendiéramos.

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  10. Me ha encantado tu preciosa crónica sobre tu viaje.Una vez más,gracias por compartir tus vivencias.

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    1. Gracias a ti, Begoña, por estar ahí y saborearlas también.
      Estamos en temporada viajera y pronto habrá otro que ya te contaré. Mientras se pueda...
      Un abrazo.

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  11. Nunca es tarde para retomar el francés Jane :) Es una lengua tan hermosa que uno nunca se cansa de perfeccionarla y de aprender poquito a poco nuevo vocabulario, a pesar de las dificultades en la pronunciación. Dices que es una lengua amable y comparto completamente tu apreciación. ¡Suena tan bien, al menos en mi oído! No de una manera demasiado dulce ni empalagosa, si no más bien como un susurro agradable.
    En cuanto a tu viaje, me ha encantado leerte y ver tus preciosas fotografías. ¡Me alegro muchísimo de que hayas disfrutado de Toulouse y las tierras provenzales! Yo estudié mi licenciatura y mi master en Aix-en-Provence y jamás olvidaré sus calles, el olor de sus mercados, el sonido de sus fuentes...¡tantos y tantos recuerdos!
    Un abrazo y que disfrutes de tus próximos viajes.

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    1. Merci, Marie. Mis acompañantes y yo coincidimos contigo en lo de que suena muy bien al oído, nos deleitábamos oyendo y me parece una buena descripción: un susurro agradable. Espero seguir aprendiendo.
      Estuvimos en Aix sólo 4 días pero fue lo suficiente para apreciar que es una ciudad vivible y amable. Recorrimos la ruta Cezanne siguiendo las señales doradas del suelo, visitamos iglesias, callejeamos, tomábamos aperitivos en la Plaza del Ayuntamiento o en el Cours Mirabeau y estuvimos un sábado en el mercado callejero. Me encantó.
      He añadido para ti al post una foto de Aix, la de la Fontaine d'argent, una de sus muchas fuentes. Espero que te guste.
      Un abrazo.

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  12. Carmen Paz Gutiérrez Arienza10 de octubre de 2016, 23:06

    Precioso viaje Isabel, yo visité Francia hace ya unos años y tuve la misma sensación que tu, en cuanto a la amabilidad y educación con la que nos trataron en todo momento, llegandonos a guiar por una carretera hasta el sitio al que queríamos ir.
    El francés es muy dulce.
    Solamente en París tuvimos un par de tropiezos, gente más malhumorada, pero París es otra cosa.
    Me ha encantado tu relato.
    Buenas noches Isabel.

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    1. Siempre hay gente antipática en todos lados. De hecho el único recuerdo que tengo de un tonto así fue en Sarlat en el primer viaje que hice en el 89: un camarero al que le pedimos una botella de agua y que hacía como que no nos entendía. Pero ¡cuánta gente afable hemos encontrado a cambio, incluso en París (que los propios franceses dicen también que es otra cosa)!
      De todas formas el ritmo de una gran ciudad (todo el mundo corriendo, coches pitando, estrés...) predispone al malhumor. En todos los lugares que fuimos esta vez, incluso en Marsella y Toulouse, las ciudades más grandes, se veía más relajación y lentitud, una forma de vida más tranquila.
      Gracias, Carmen Paz, y un abrazo. Buenas noches.

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  13. ¡Qué viaje.....me alegro que lo hayas disfrutado tanto, también yo leyendo tu post, por lo tanto, merci beaucoup,très gentile, un abrazo amiga

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    1. De eso se trata, Ursulita, de disfrutar juntas y de compartir disfrutes.
      No nos hemos olvidado totalmente del francés ¿verdad?
      Un abrazo.

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  14. Gracias por llevarnos por la Provenza, lo hemos disfrutado. Felicita a tu marido, que cada año se repita un regalo tan bonito.

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    1. No creo que se repita mucho, Margarita, es un regalo especial de los 70 ¡A ver si para los próximos 70! Pero es verdad que es un regalo bonito, mejor que un jamón (que te lo comes) o que una ropa (que la gastas). Una cosa así se lleva en el alma y nadie te la quita.
      Un abrazo y gracias por acompañarme virtualmente.

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  15. La France. Qué decir de ese romántico París lleno de lindas cafeterías que se vuelve mágico al caer la noche. Versalles, Notre Dame o Montmartre son lugares para dar rienda a la imaginación de otras épocas pasadas.
    Educados sí que son y sus canciones, un placer acústico.
    Habíamos estado en Alemania y al pasar de un idioma tan difícil al francés (ya que fuimos a Bélgica) ya me sentía feliz porque me sonaban muchas palabras de las que aprendí en el Bachiller y que nos enseñó la prima de Mandi.
    Me sentí como pez en el agua con mi segundo idioma amateur, y la exquisita educación de un pueblo más refinado. Estoy de acuerdo contigo, sus gentes son amables con diferencia.

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    1. Si existe la reencarnación (cosa que dudo), me pido ser hija de mi sobrino Jesús, que está casado con una alemana y ha trabajado en Estados Unidos 5 o 6 años. Su hija de 5 años habla alemán, español e inglés sin esfuerzo ninguno por su parte.
      ¿Te acuerdas de aquella poesía de Moratín?
      Admiróse un portugués
      de ver que en su tierna infancia
      todos los niños en Francia
      supiesen hablar francés.
      «Arte diabólica es»,
      dijo, torciendo el mostacho,
      «que para hablar en gabacho
      un fidalgo en Portugal
      llega a viejo, y lo habla mal;
      y aquí lo parla un muchacho».
      Pues eso, que ya a estas alturas nos tenemos que conformar con que pesquemos algunas palabras y los sufridos franceses nos entiendan más o menos. Lo dicho, me pido ser hija de mi sobrino.

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