lunes, 3 de octubre de 2016

Yo una vez fui Crispín




En el rosco de "Pasapalabra" (que ya saben ustedes que es una de las pocas cosas que veo en la tele), una vez Cristian Gálvez dijo: "¡Empieza por M! Gran torbellino debido a corrientes que se produce en los mares del Norte". Mientras el concursante pasaba palabra, yo dije inmediatamente: "¡Maelström!". Mi marido que pasaba en ese momento por allí, me miró con cara de asombro y me preguntó: "¿Y como sabes tú eso?". "Por el Capitán Trueno", le respondí.

Y en ese instante se me representó en la memoria la imagen última de uno de los colorines del Capitán Trueno: ellos -el Capitán, sus compañeros Goliath y Crispín y, a lo mejor, también su novia Sigrid- van en un frágil barquito por aquellos mares procelosos sorteando icebergs, cuando los coge un maelström, un inmenso sumidero que atrae al barco hasta aquel agujero sin fondo, y sabes, con el alma encogida, que no hay salvación posible. Pero la habrá, claro, aunque ¿cómo? ¿Quién los rescatará allá en medio del océano, sin caer también en el enorme remolino? Ah, no lo sabrás hasta la próxima semana, cuando vayas pitada al Estanco de Doña Montserrat en la calle Suárez Guerra a comprar la continuación.

El capitán Trueno fue, para los niños sin tele de mi infancia, lo que las series ahora: una historia ininterrumpida, poblada de villanos, seres extraordinarios y valientes temerarios, en la que podía ocurrir cualquier cosa: tratas de esclavos, raptos, guerras, luchas de poder, injusticias por doquier... a los que la audaz intervención del Capitán ponía fin. Y , además, en los lugares más exóticos y recónditos. Tan pronto estaban en Ispahan (Persia), persiguiendo a un malvado traficante mongol, como en la lejana y helada Thule, la patria de Sigrid, salvándola de un asedio, o en la China milenaria librando a los pueblos de dictadores sanguinarios. O en un globo al que le cae un meteorito, como vemos en la imagen.

Nos tenía tan hechizados que hasta jugábamos al Capitán Trueno. Mi primo Néstor, que era el mayor de nosotros, siempre se pedía ser el Capitán. Yo quería ser Sigrid, que no era una damisela en apuros, sino que, como buena vikinga, sabía también repartir mamporros a diestra y siniestra, si la ocasión lo requería. Pero mi primo no me dejaba serlo porque, decía que yo no era rubia, así que Sigrid era una niña rubia con nombre de princesa, Rosa Aurora, que a él le gustaba y vivía cerca. Como yo no quería ser el tragón y tuerto Goliath (ese papel le tocó a mi hermano), fui Crispín, el escudero jovencito del Capitán que más de una vez le salva la vida (también era rubio, pero, al parecer, eso en él no importaba, según mi primo).

Hace unos días ha muerto Víctor Mora, el creador de las historias del Capitán Trueno que la pluma excelente de Ambrós dibujó. Los periódicos han hablado de él, de su vida agitada, de los dos exilios que padeció, de su encarcelamiento en la dictadura por ser militante comunista, de la censura que lo persiguió (sobre todo, por la figura de Sigrid, que luchaba como un hombre y de pata quebrada en casa, nada de nada. Además, horror, salía de viaje con el Capitán Trueno sin estar casada, dónde se ha visto eso). También han hablado de su carácter pacífico y tolerante - "He vivido entre luchas y guerras muy sangrientas. Sólo diré que no me gusta ninguna guerra", dijo- y, sobre todo, de su obra y de su trabajo como uno de los mejores guionistas que hemos tenido en España. Llegó a vender más de 300.000 ejemplares a la semana. Todos los que fuimos adictos a sus colorines (entonces no existía la palabra "cómic") hubiéramos coreado con entusiasmo el estribillo que el grupo de rock "Asfalto" cantó más tarde, en los 70: "Ven, Capitán Trueno, Haz que gane el bueno".

Hoy, tantos años después, creo que debería hacerle yo también un pequeño homenaje y decirle: "Gracias por tantas tardes de aventura, gracias por enseñarnos lo que era ser un hombre decente, gracias por inspirarnos para jugar, por ensancharnos el horizonte, porque por ti supe lo que era un tapir y cómo era un maelström, y que el mundo se extendía mucho más allá de mi isla. Gracias, por todo, Víctor Mora, mi Capitán Trueno particular.
Tu fiel escudero, Crispín."


Víctor Mora







30 comentarios:

  1. ¡Ah! Todo un placer encontrar a alguien que todavía dice "colorines" en estos riscos lávicos. Palabra nuestra, isleña, antigua, rememoradora de la infancia, cuando un destello mágico fulgía en la luminosidad de las portadas y nos arrastraba a las increibles aventuras de Trueno, Jabato, Turok, Cosaco Verde... y nuestra imaginación bullía con tal intensidad que aun hoy nos llega, nítido, el eco de su pálpito.

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    1. En el "Tesoro lexicográfico del español en Canarias" pone "Colorín: Revista de chistes. Historieta". ¡Qué diferencia, Miguel Ángel, con tu descripción, tan bella y tan real! En ella está todo lo que nos inspiraban los colorines, la magia, la luz, el color, las expectativas, la emoción, el recuerdo... Gracias por todo lo compartido.

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  2. Hola Jane. Ayer no "recibí" tu visita semanal, así que te busqué en la Red. Yo también disfruté del Capitán Trueno y de sus compañeros de viaje. Tenía un amigo: Israel, que los coleccionaba y todos sus amigos disfrutábamos de sus aventuras. Sí, era raro ver a Sigrid luchando como "uno más", me imagino que para los poderes de la época era "escandaloso". Creo recordar que aprendí donde se encontraba la Isla de Thule que era su cuna y refugio...la imaginación volaba y eramos felices...así que me uno a tu homenaje particular a D. Victor Mora, ojalá hubiese muchos como él. Un beso Jane. Juan

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    1. Juan, esta semana he estado en La Provenza, un poco alejada de ordenadores (el lunes que viene recibirás puntual el recuerdo de este viaje francés). Llegué anoche y me pongo al día rápidamente.
      Hay una isla de Thule en las Sandwich del Sur en la Antártida. Pero me da que la isla de Thule de la que hablaba Víctor Mora es la Thule de la mitología nórdica: "Ultima Thule, que traducido del latín significa el norte más distante, según explica Michel Lamy es la mítica -aunque real- isla de Hiperbórea, un lugar donde se enfrentan el hielo y el fuego en una batalla eterna (...) Aunque algunos historiadores la suponen las islas Feroe, Islandia o Groenlandia, en el año 2007 un grupo de investigadores se dedicó a estudiar antiguos mapas de Ptolomeo y llegaron a la conclusión de que se trata de la isla de Smola, en la costa noruega, que además era sede de la realeza tribal de los escandinavos al principio de la era cristiana" (Blog "Mitos y reincidencias").
      También hay poemas dedicados a Thule. Goethe escribió "El rey de Thule", que dice en su primer cuarteto:
      Hubo en Thule un rey constante
      con su amada, la que un día,
      al morir dejó a su amante
      áurea copa que tenía.
      La copa de oro equivaldría al santo Grial. Por su parte, Edgar Allan Poe culmina su poema "Tierra de sueños" con la frase: "Desde esta última nebulosa Thule" (From this ultimate dim Thule). Y Henry W. Longfellow es autor de un poema titulado precisamente "Última Thule", que concluye:
      ¡Ultima Thule! ¡La isla más lejana!
      Aquí en sus bahías bajamos por un rato
      nuestras velas; para reposar
      de la interminable búsqueda perpetua.
      Creo que esta isla es mucho más apropiada para nuestra Sigrid, la reina de la isla más lejana.
      Un beso, Juan, y perdona la tardanza (y el que me haya enrollado un poco).

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  3. Buenos días Jane: yo no he sido muy fan del Capitán Trueno, mejor dicho, no lo era mi primo que es el que compraba los Tebeos. Generalmente era "El Guerrero del Antifaz", "Roberto Alcazar y Pedrín", pero también he disfrutado con él.
    Un saludo cariñoso.

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    1. También leíamos "El Guerrero del Antifaz", pero menos. De hecho, no tengo muy clara la trama total, aunque me acuerdo que era una historia de moros y cristianos durante la reconquista. Creo que en ese entonces, la verdad, leíamos todo lo que nos caía en las manos. Hace poco murió Antoñita, una vecina y compañera de colegio mía a la que no veía desde hace mucho tiempo, y lo primero que me vino a la mente fue decir: "¡Cuántos colorines leíamos juntas en su casa o en la mía!". Porque el disfrute no sólo estaba en la lectura sino en los comentarios de después, en el compartir. Aquello sí eran "clubs de lectura"...
      Un abrazo.

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  4. Qué tiempos, Isa. Nosotros lo llamábamos *tebeos*, y me encantaba
    Yo los leía en casa de una amiga de mamá, que tenía un hijo de mi edad, y los coleccionaba. Esas fantásticas historias quizás fueron la semilla para hacernos ávidas lectoras. Un beso

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    1. Estoy convencida, Esperanza. En la biblioteca que dirigí durante 22 años en el Instituto, intenté que siempre hubiera una sección de cómic (denominación actual de mis "colorines y de tus "tebeos"). Aparte de que hay escritores y dibujantes buenísimos, creo que es una buena iniciación a la lectura y que despierta la imaginación de los lectores. Allí estaban "El Príncipe Valiente", "Mafalda", "El Zorro", "Mortadelo y Filemón", "The Spirit", "Rip Kirby", "Flash Gordon", "Charlie Brown"...
      A mí siempre me han gustado y no le digo que no ahora a leerme de vez en cuando alguna historieta de esas. Muchas han desembocado en historias y en películas.
      Un besote, Esperanza.

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  5. Carmen Paz Gutiérrez Arienza6 de octubre de 2016, 17:24

    Yo era una gran admiradora de todos ellos, pero sobre todo del "Capitan Trueno".

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    1. Es que lo tenía todo para los que éramos niños en aquella época. Era valiente, generoso, leal con los amigos, decente, justo... Siempre sabía lo que hacer en el momento adecuado. Pero, además, nos paseó por regiones exóticas que no habíamos oído ni nombrar y nos introdujo en aventuras en las que no nos habríamos metido ni locos.
      Era el héroe de todos nosotros.

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  6. Bonito homenaje... De chica, en Caracas... me tocó leer a Marvel y aquellos superhéroes... Archie, la pequeña lulú... Cuando llegué acá... y aunque a mi hno. le gustaba el capitán trueno... no me interesó... cosas de la adolescencia... Me lo perdí...

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    1. Sí, supongo que no es lectura para la adolescencia. En ese momento, una empieza hasta con la poesía. Recuerdo haber leído a Bécquer a los 13 años, esa época en la que empiezan los primeros amores, y parecerme que nada más bello podría ser escrito. Compararlo con los juramentos de Goliath, el Compañero del Capitán Trueno, que por menos de nada decía "¡por el gran batracio verde!"... como que no.

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  7. Gracias por habernos dado tan y tantos buenos momentos.

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    1. Creo que Víctor Mora se sorprendería de ver todo lo que lo recordamos. Tal vez no conocíamos su nombre pero ahora sabemos que fue quien nos hizo real y cercano a un personaje fantástico. Sólo por eso ya merece nuestra gratitud.

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  8. Francisco Guerra de Paz6 de octubre de 2016, 17:45

    Tengo algunos cómic del Capitán Trueno y de vez en cuando los ojeo, me transporta "Topo" lugar de mis aventuras infantiles.

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    1. Pues guárdalos como oro en paño, Francisco. Imagino que, aparte de valer para los coleccionistas, el valor sentimental es enorme.
      Yo no tengo ninguno de los colorines de mi infancia. Sólo una serie que El País editó en el año 2005 con las principales historietas, entre ellas una del Capitán Trueno, que fue la que me enganchó a comprar la colección.
      A seguir ojeándolas y a seguir teniendo un rincón del alma del niño que fuimos.

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  9. Soledad Villalobos6 de octubre de 2016, 17:59

    Precioso tu homenaje a Víctor Mora. Yo también fui una admiradora de las aventuras del capitán Trueno que compraba en el carrito de los caramelos de Chicho los domingos al salir del Matiné. Me encantaba lo bien que se llevaban los amigos del capitán y el sentido del humor en los momentos más difíciles. Gracias por tu recuerdo a su autor. Descanse en paz.

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    1. Los carritos de caramelos de entonces eran casi como un supermercado de los de ahora, tanto podías encontrar melcorchas o bocadillos de chorizo de perro como colorines ¡Cómo los adorábamos!
      Y eso que dices, el sentido del humor, para mí es la guinda del pastel para un relato de ese tipo en el que ves tanto villano y tanto malvado. Si te fijas, la gran mayoría de los de esa época tenían un compañero o varios que ponían el contrapunto de la risa o la sonrisa. Así pasó con "El cosaco verde" o "El Jabato", también de Víctor Mora los dos, o actualmente con Astérix y su compañero Obélix. Es una buena fórmula.
      Un abrazo, Sole.

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  10. Fantástica evocación de aquellos tebeos que tantas horas de diversión nos proporcionaron.

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    1. Gracias, Bego. Es la pura verdad, lo pasábamos pipa.
      Un beso.

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  11. ¡Ay, sí, cómo disfrutábamos leyendo los colorines! Me uno a tu merecido homenaje a D.Víctor Mora.

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    1. Y lo bueno que era luego compartir la aventura e imaginar desenlaces a un problema gordo... Creo que el del maelström se resolvía porque alguien sobrevolaba con un globo y los rescataba, pero no estoy muy segura.

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  12. Mi madre me compraba todas las semanas el correspondiente "Capitán Trueno" y más tarde "El Jabato", ambos del mismo autor. Aún conservo casi toda la colección metida en una caja de cartón entre bolitas de un repelente para las trazas. Me falta algún número, pocos, quizá tres o cuatro, consecuencia del manejo de algún pariente desaprensivo más pequeño de edad que los usaba con el permiso de mi madre en los tiempos que estaba yo estudiando en Tenerife. Algunos están estropeados por el excesivo uso que más adelante explicaré.
    Nosotros en La Palma no los llamábamos colorines. Chistes era el término empleado, aunque no lo fueran.
    El recuerdo que tengo del "Capitán Trueno" es que el chiquillaje de medio barrio venía a leerlo a mi casa. No pasaban del zaguán ni para tomar agua. Se sentaban en los dos peldaños, hasta que me di cuenta que podía financiarme la compra del número (venían los jueves) alquilando su lectura por una perra chica. Conste que no fue idea mía, sino de un amigo y compañero de bachiller, que vivía en otro barrio y que también los compraba su pudiente familia. Él lo hacía en su zaguán, que, dicho sea de paso, era mayor que el de mi casa y podía extender bien ordenados en el suelo el "Capitán Trueno", "El Jabato", varios Tebeos, "El Guerrero del Antifaz", y un sinfín de cuentos de hadas, puesto que tenía una hermana. Aquello parecía una librería.
    Al principio de julio de este año, estuve ordenando el trastero en la casa de de mi madre y encontré la colección bien guardada. Tuve la tentación de ojear algunos números y me quedé sentado en una silla de formica al menos una hora, hasta que reaccioné, ya que me había quedado traspuesto en mis recuerdos.
    Un día de estos la vendo a través de internet. O no. No sé.

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    1. Ah, Enrique, pues si alguna vez te pones a leerlos, cuéntame cómo acabó la aventura del maelström y si los rescataron con un globo, como le digo a Úrsula.
      Y vaya, inauguraste los Clubs de lectura que ahora están tan de moda. Una excelente manera de financiar la afición y un recuerdo estupendo. Me encanta imaginar la escena de un montón de niños en el zaguán embebidos con las aventuras de su héroe favorito y todo por ¡una perra chica! Muy bien, más de uno dejó de comprar pirulines para poder leerlas un jueves por la tarde.
      Consérvalos, Enrique. A lo mejor, me paso por tu zaguán, te doy la perra chica, y nos leemos unos cuantos trozos de nuestra infancia.

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  13. Al igual que tú y otros muchos de nuestra generación, yo fui una ávida lectora y fiel seguidora de muchos de las historias y personajes que protagonizaron series inolvidables, en aquellos tiempos algo lejanos ya.
    Para mí y para mi hermano, que nos llevamos tan sólo un año, además de los colorines de humor, como el Pulgarcito, el DDT, el Jaimito, El pájaro loco, La pequeña Lulú o el TBO, era sagrado comprar El Capitán Trueno, El Jabato, El Príncipe Valiente, El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, Hazañas bélicas, Policía Montada del Canadá, Rin-Tin-Tin, Bat Man o Superman. Fuimos verdaderos fans de todos ellos y, entre los dos, con el dinero que íbamos ahorrando, comprábamos todo lo que podíamos cada semana y eso nos llevó a tener una buena colección de cada uno. Detrás, llegó una legión de hermanos y, poco a poco, fueron desapareciendo, cosa que hoy lamento, porque me hubiera gustado conservar algunos ejemplares de lo que para mí fue una escuela de dibujo, imaginación, fantasía y diversión. Recuerdo que me atraían por todo eso y en ese orden y, muchas veces me sirvieron para copiar los personajes y organizar mis pequeñas y propias aventuras.
    Mis preferidos fueron El Capitán Trueno y Superman y aún hoy, si tengo la oportunidad de que caigan en mis manos, ya los originales, ya las posteriores secuelas, me encanta hojearlos y leerlos con la misma ilusión y curiosidad conque lo hice de niña.
    Lo que nunca hicimos fue jugar a creernos ninguno de ellos, pero lo que sí tuve yo fue la oportunidad de participar en una convocatoria que allá, mediados los años 60, hizo Editorial Bruguera, responsable de la publicación, para ampliar la plantilla de dibujantes que, dado el enorme éxito de la serie, tuvieron que contratar para hacer frente a la gran demanda de que disfrutó por aquella época.
    Se trataba de enviar una viñeta, con unas determinadas medidas, a tinta china negra, de creación propia y en la que apareciera al Capitán Trueno en plena acción. Con mis apenas 16 años, me atreví a dibujarlo bajo el agua, en medio de un entramado de plantas acuáticas, y respirando a través de una caña, mientras, en el exterior, unos malvados trataban de encontrarle. Con gran alegría y mayor sorpresa, fui seleccionada, pero las condiciones para pertenecer a la nómina de dibujantes eran tan exigentes y de dedicación tan exclusiva que hacían que abandonara mis estudios medios, cosa que yo no quise aceptar ni mis padres me dejaron.
    La lectura de tu post y tu papel del entrañable y tímido Crispín, han reavivado mi memoria y gracias a él me has hecho recordar aquel emotivo momento de saber que yo pude haberle dado vida, también, aunque sólo fuera dentro de las viñetas de una historia y, quién sabe, si siendo tan protagonista, o más, que su jefe y amigo, el gran Capitán Trueno.
    Gracias, Jane, una vez más, por ayudarnos a rescatar momentos puntuales de nuestras vidas que nunca sabremos si hubiera sido mejor tomarlos o dejarlos, pero que siempre será agradable recordarlos...

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    1. Conociendo tu capacidad para dibujar no he tenido la menor duda de que habías sido seleccionada. Mira por dónde, yo una vez fui Crispín y tú una vez fuiste el Capitán Trueno nadando entre cañaverales ¡Sublime! ¿Conservaste el dibujo? Sería bonito que lo tuvieras y que te recordara lo que puso haber sido y no fue.
      A mí también me gustaba Supermán pero a gran distancia de lo que me gustaba el Capitán Trueno. Lo de Supermán fue alguna veleidad transitoria pero al Capitán le fui fiel cada semana. Yo creo que me los leí todos. También me hubiera gustado conservar alguno pero la vida, las mudanzas y los niños que vinieron después de nosotros se encargaran de hacerlos desaparecer. Una pena.
      Un abrazo, Cehachebé, y gracias por tus recuerdos.

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  14. El Capitán Trueno, qué bonitos recuerdos.
    Con él descubrimos el mundo del cómic o colorín, como decíamos nosotros. Ese colorín que nos encantaba de él hasta su olor a nuevo.
    Recuerdo a mi tío Raúl que se podía pasar horas leyéndolos aunque todos lo esperábamos en la mesa para comer.
    Después vinieron otras historias similares, pero nunca fueron competencia para el maratón de aventuras de nuestro Capitán , que alimentaba nuestra fantasía de forma inigualable.

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    1. Es verdad, Cande, fue el más vendido en nuestra época. Todos los niños de ese momento nos reconocemos en la mutua afición. Y me gusta lo del olor a nuevo porque ese, el olor, tanto de colorines como de libros, es una de las cosas que mejor guardo en la memoria. Todos fuimos alguna vez como tu tío Raúl.
      Un abrazo.

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  15. ¡Hola Jane! Después de este verano tan... ocupado que he tenido. encuentro un momento para escribir, y nada mejor que sobre el Capitán Trueno.
    También llenó mi infancia, como la tuya, de aventuras imaginadas que vivíamos intensamente. Mi hermano menor y yo coleccionábamos esos colorines, (yo también los sigo llamando así), mientras mis hermanas mayores compraban el "Florita", y mi otra hermana la colección Azucena, de cuentos románticos.
    Recuerdo que costaban 1,50 pesetas, y llegaban los lunes, con lo cual guardábamos esa cantidad de la paga de los domingos, que era un duro, una semana él y otra yo.
    Era taan emocionante ver cómo se libraba de los cocodrilos, que la semana anterior estaban a punto de zampárselo, o cómo trepaba por un acantilado vertical, como si fuera el hombre araña. En fin, qué puedo decir que tú no hayas expresado tan bien como lo haces.siempre.
    No sé si sabrás que el lunes 10 se inauguró una exposición sobre El Capitán Trueno, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en homenaje al reciente fallecimiento de Víctor Mora.
    Ya te contaré cuando la vea.

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    1. No sabía de ese homenaje a Víctor Mora. Me hubiera encantado asistir pero creo que es el momento, este mes, de parar la pata. Me puedo imaginar en él a todos los que alguna vez nos fascinaron esos finales tan trepidantes que tú recuerdas tan bien. Ahora a los aficionados como nosotros a los colorines se les llama "frikis", pero tú y yo sabemos que, por más nombres que se le pongan, éramos niños sin tele ni maquinitas a los que nos gustaba que nos contaran historias, cuanto más emocionantes, mejor. Y eso hizo Víctor Mora.
      Un abrazo y ya me contarás.

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