lunes, 24 de octubre de 2016

La magia siciliana


El Etna y su fumarola

Siguiendo el sabio consejo del actor Antonio Gamero que dijo que "como fuera de casa en ningún sitio", este mes me he dedicado a andar por esos caminos, "la casa atrás, delante el mundo / y muchas sendas que recorrer", que diría Tolkien.


Todos los familiares y amigos a los que les conté que me iba de nuevo de viaje, y esta vez a Sicilia, aparte de decirme que no paraba la pata y alegar sobre la vida que se pegan algunos jubilados, terminaban previniéndome con el "¡Y cuidadito con la mafia siciliana!". Pero, aunque es evidente que por desgracia la "Cosa Nostra" sigue existiendo, lo que un visitante capta de verdad, nada más llegar, es la magia siciliana, el embrujo de esta isla de tres esquinas (los antiguos la llamaban así, "Trinacria"), "aparentemente concebida en un momento delirante de la Creación", según Lampedusa, uno de sus escritores más conocidos.

La magia la ponen los cuatro elementos -la tierra, el aire, el agua y el fuego-, que forman el entramado de la isla. No es raro que fuera aquí donde uno de los filósofos presocráticos, Empédocles de Agrigento, hablara por primera vez de los elementos, considerándolos el principio de todas las cosas.

De la tierra surgió la piedra -¡qué cantera inmensa y llena de ecos la que llaman "La Oreja de Dionisio" en Siracusa!- para magníficos templos que civilizaciones pasadas levantaron en honor de dioses que ya no existen (increíble el Valle de los Templos en Agrigento o los templos de Selinunte). De la piedra nacieron teatros, como el de Taormina o Segesta, en los que alguna vez espectadores que llevaban su comida, como quien hoy va al cine con las cotufas, disfrutaron del estreno de las obras de Esquilo. O iglesias con bellísimos mosaicos (Palermo, Cefalú, Monreale), erigidas en aquella época en la que los normandos conquistaron la isla y lograron el milagro de ponerse de acuerdo con griegos y árabes para gobernar en paz.

El aire y su dios Eolo eligieron su hogar aquí y dieron nombre a las Eolias, el pequeño archipiélago al norte. Homero cuenta que hasta aquí llegó Ulises en su odisea y el dios le regaló un odre lleno de vientos que, si no lo abría, lo ayudaría a volver a Ítaca (sí, sí, lo abrieron los compañeros ¡porca miseria!). Y el aire está presente también en Erice, un pueblo montañoso encaramado en lo alto, como un nido de águilas, y envuelto en niebla, en el que Dédalo se detuvo en su vuelo desde Creta. Hay una estatua actual de su hijo Ícaro ("Ikaro caduto" de Igor Mitoraj) frente al templo de la Concordia en Agrigento.

El agua abraza la isla con inesperada suavidad en playas de arena dorada en Cefalú, Taormina o Ragusa. O aparece en los pequeños ríos y en las fuentes, como la Fontana Pretoria en la Plaza de la Vergüenza de Palermo, llamada así porque sus estatuas están todas desnudas; o la fuente de Aretusa, la ninfa de la que se enamoró Alfeo, el dios del río, y a la que Artemisa ayudó (sin éxito al final) para que pudiera escapar por el fondo del mar hasta Ortigia, donde emergió, entre papiros, como manantial de agua dulce, para disfrute de los siracusanos.

Y el fuego gobierna todo el territorio desde lo alto del Etna (3323 m.), todavía activo, todavía rugiendo cada cierto tiempo, recordándonos que en Sicilia vive el dios del fuego, Vulcano,  que tiene su fragua -hacedora de rayos de Zeus- en el interior de la isla del mismo nombre.

Pero, más allá de los elementos, la magia la han hecho sobre todo los sicilianos que, tras terroríficos terremotos, han vuelto a construir ciudades tan bellas como Noto; o que han resistido durante siglos a invasiones de griegos, romanos, vándalos, cartagineses, árabes, normandos, franceses, británicos y españoles; o que, a pesar de la desidia que se ve en las carreteras, no han descuidado sus campos que lucen llenos de cultivos de viñas, naranjos, olivos o trigales, y que son testigos de que, en una isla castigada, la mejor magia es saber salir adelante.

Algo de ello debe haber intuido Platón que, hace 25 siglos, viajó dos veces a Siracusa, convencido de que en esta bendita tierra podía ser realidad su república ideal. Y algo también hemos intuido nosotros en este viaje mágico.

Y ahora es el momento de volver a casa: "Luego el mundo atrás y la casa delante; / volvemos a la casa y a la cama" (otra vez Tolkien).

(A mis compañeros de camino, Melchor, Lolina, Mingo, Marian y, por supuesto, Toni, cuyo buen humor contribuyó a la magia siciliana)


Teatro griego en Siracusa

Erice en la niebla

"Ikaro caduto" de Igor Mitoraj, frente al Templo de la concordia en Agrigento

Fuente de Aretusa en la isla Ortigia, Siracusa

Scala dei Turchi en Porto Empedocles

22 comentarios:

  1. Que bonito, eres increíble con la pluma, me gusta mucho. Felicidades. Besos.

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    1. Gracias a ti, Fermina, por ese piropo y por estar ahí. Un besote.

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  2. Otra vez la viajera jubilada poniendo los dientes largos a otro jubilado no tan viajero. No conozco Sicilia, aunque me han hablado de sus encantos los que la han visitado. A nadie le ha defraudado. Me la imagino: una isla enorme comparada con las nuestras, llena de historias, actualmente viviendo del pasado, con acento campesino y con la esperanza del viajero de encontrar un cachas con el pantalón oscuro, la camisa a blanca a rayas verticales, gorra y una escopeta de dos cartuchos apoyada en el hombro. Se nota que he visto las películas de El Padrino...

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    1. Jajaja, no creas, vimos a más de uno con toda la pinta. Especialmente el dueño de uno de los hoteles de un pueblito donde nos quedamos, un señor mayor (como nosotros), vistió los dos días que lo vimos camisa a rayas, debajo la camiseta y un collar de oro. La escopeta la tendría guardada para los días de fiesta.
      Leí hace poco que el día en que detuvieron a Salvatore Profeta (66 años, al que la procesión de la Madonna Dormiente le hacía una inclinación de respeto después de desviarse hasta su balcón) la gente de su pueblo salió a la calle a defenderlo. Es una realidad bastante compleja que no entendemos.
      Lo que nos sorprendió en el norte fue la reserva y la mirada desconfiada hacia el extraño y que, cuando preguntábamos algo, el que contestaba era el marido, mientras la mujer no tugía ni mugía. No pasaba lo mismo en sitios más turísticos, claro. En conjunto, eran bastante amables y curiosos, y, a pesar de que en las lápidas de algunos edificios hablan de la lucha contra la tiranía borbónica, más de uno se sentía cercano a los españoles.
      Espero que en tus viajes italianos te des algún día un salto. Sí merece la pena.

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  3. Con esa publicidad tan bien hecha me apunto para un próximo viaje. Me alegro de que lo hayan pasado tan chevere. Saludos

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    1. Yo creo que Sicilia se publicita ella sola. Es tan variada que cada día allí es una sorpresa. Tan pronto te encuentras con grandes templos y teatros en Segesta y Selinunte, como con unos mosaicos romanos en la Villa del Casale (Piazza Armerina) que sorprenden por su perfección y dinamismo, o con unas playas preciosas, o con pueblitos con encanto de esos en los que apetece callejear mientras te comes un buen helado italiano (en la calle principal de Noto contamos 11 gelaterías ¿te imaginas?). Es una isla muy completa.
      Así que sí, te animo a proyectar un futuro viaje allí. Eso sí, no en los meses de verano, porque creo que el calor y las aglomeraciones de gente pueden molestar bastante.
      Gracias y un abrazo.

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  4. Otra maravilla de viaje, y describiendo todo como lo haces, dan ganas de sacar ya el billete y....volar a Sicilia. Un abrazo, amiga

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    1. La verdad es que han sido dos viajes preciosos y casi seguidos (9 días de diferencia entre la llegada de la Provenza y la marcha a Sicilia. No guardé ni las maletas). Pero lo bueno es que han sido muy distintos. Este más monumental y exuberante, el otro más colorido e intimista. Los dos, respirando una alegría de vivir que no vi el año pasado en Suecia.
      No lo dudes, Ursulita. Saca un pasaje y a ver mundo. La única lata es el rollo del aeropuerto. Pero así y todo, lo que nos queda es todo lo vivido, los paisajes vistos, las personas con las que te topas, las historias nuevas...
      Un abrazo, mi amiga.

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  5. Es verdad que no paras la pata. Jane,y gracias a eso podemos disfrutar de tus relatos de viajes, que son a cual más bonito e interesante.. Me han parecido preciosos tus dos últimos viajes, así que, por favor, sigue viajando :)
    Yo voy a estar fuera un par de semanas, pero con suerte coincidimos por aquí, y me los cuentas de viva voz. Un beso

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    1. A mí también me lo han parecido, Arista, preciosos, interesantes e instructivos. Se aprende mucho.
      Yo sé que tú tampoco te quedas atrás y que los sueles exprimir bien. Yo pararé un poquito (sólo para que mi marido coja resuello y no se me queje mucho) y luego alguno caerá. Llámame en cuanto llegues y alegamos un rato.
      Un beso.

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  6. ¡Mágica! Me alegra que disfrutaran del viaje.

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    1. Lo disfrutamos un montón, Nélida. Vinimos cansados (la edad no perdona), pero contentos. Vimos muchísimo y dejamos algunas cosas sin ver para volver (las Eolias y Mesina, por ejemplo). Gracias por tus recomendaciones.
      Un beso.

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  7. Maravillosa crónica, como siempre :) El año pasado tuve un compañero siciliano y hablaba maravillas. Se podría pensar que era por ser de allí, pero ves fotos y no, lo es. Dan unas ganas terribles de ir.
    Un abrazo.

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    1. Esas mismas ganas tenía yo, Dorotea. Leí en un blog de viajes ("Nueve días sicilianos" elpais.com) que Sicilia era un destino obligado porque "es difícil, si no imposible, encontrar en Europa otro lugar que concentre en tan escaso territorio un álbum tan variado de épocas artísticas, contrastes paisajísticos y maneras de buen vivir". Y eso fue lo que encontramos. Ir en octubre también cuenta: el tiempo fue buenísimo y poca gente en los templos "mejor conservados del mundo".
      Así que anímate y apúntala como un destino posible.
      Un abrazo.

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    2. Lo haré. Conocí a dos sicilianos en poco tiempo y me han puesto los dientes largos. Sólo que soy una auténtica perezosa :S

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    3. Entiendo muy bien tu pereza. A veces pienso en qué es lo que nos hace coger el petate y salir carretera y manta. Porque es evidente, a pesar de lo que dice Antonio Gamero, que donde está uno mejor es en la propia casa (igual que la viejita le decía al cura que le hablaba de las bondades del cielo: "¡Ay, sí, padre, pero como en la casita de una...!"). Conocemos nuestro habitat, no nos perdemos en carreteras desconocidas, dormimos en nuestra cama, no estamos sometidos a las indignidades de los aeropuertos... Entonces ¿por qué nos da la venada por marcharnos? ¿Será un gen nómada residuo de aquellos tiempos en que nuestros antepasados todavía no habían parado la pata? ¿Curiosidad? ¿Novelería?
      Lo que sé es que cada cierto tiempo, si no he salido de la isla, me entra la jiribilla. Y entonces me sacudo la pereza.

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  8. Además de parecerme un post precioso y muy poético, Jane, lo que más me hizo pensar, al final de la lectura, fue el grado de paralelismo que, a través de tus descripciones, le encuentro a Sicilia y a esta también bellísima isla nuestra, Tenerife. Salvando las distancias de tamaño, sobre todo, y muy posiblemente, de historia, creo que hay unas cuantas concomitancias entre una y otra.
    Para mí, la primera es la forma triangular de ambas. Trinacria llamaron a Sicilia y, por la misma razón, al otro lado de África existe una Trinacria atlántica. La segunda la veo en la presencia de los cuatro elementos y, a lo mejor, si Empédocles de Agrigento se hubiera pasado por aquí, también hubiera hablado de ellos.
    La tierra de Tenerife no da esas grandes canteras de piedra que posee la isla italiana, pero sí es muy fértil y agradecida, a poco que el cielo la riegue y el hombre o la máquina la roturen. El aire también nos sobra en forma de alisio, bendito alisio que nos refresca y protege del calor implacable del cercano desierto y nos llena de verdes, de todos los matices, las cumbre de Anaga con su lluvia horizontal. El agua, oceánica en nuestro caso, también nos rodea y nos lame el litoral con playas pequeñas de arena fina y muy negra, aunque a diferencia de Sicilia no la tengamos ni en ríos ni en fuentes, pero sí en un entramado de galerías profundas y bajo tierra, alimentadas por esas nieves circunstanciales, en ocasiones, y perennes todo el año, en la boca volcánica más alta de España. Y por último, el fuego que casi 400 metros más arriba que el del Etna, también está latente en nuestro majestuoso Teide y los dioses no quieran que se haga visible nunca. Para terminar, la tercera coincidencia sería, para mí, la indudable magia que también Tenerife encierra. Y, posiblemente, debida a esa modesta versión de los mismos elementos sicilianos, además de otras virtudes propias como son sus microclimas, su cielo de azul intenso todo el año, sus sugerentes nubes de otoño, su luz radiante y única, sus bosques de laurisilva, su humilde y, al mismo tiempo, riquísima gastronomía...
    Como puedes ver, fue inevitable que tu descripción provocara en mí el establecimiento de esas coincidencias entre dos islas muy distantes, pero no tan distintas. Gracias, amiga, por habérmelas sugerido, y enhorabuena por ese gran cuaderno de viajes que te estás, y nos estás, construyendo.

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    1. Me ha gustado mucho, Ceachebé, la comparación entre las dos islas triangulares. Efectivamente hay un montón de semejanzas, la más importante es que son islas con sus singularidades propias y que a las dos las vigila un volcán.
      Luego, claro, las diferencias son muchas, todo lo que puede haber entre una isla mediterránea con cultivos y paisajes propios de esa zona (olivos, viñedos, cítricos...), que recuerdan más las Baleares, y una isla atlántica subtropical con plataneras sobre todo y muchos microclimas. Pero la mayor diferencia es su historia. Nuestra isla empezó a ser conocida (bien conocida) a partir de finales del siglo XV. Sicilia ha estado habitada desde la prehistoria y quedan innumerables restos del Pleistoceno, 8000 años a. de C. Los edificios históricos nuestros son del siglo XVI en adelante y son pocos. Los suyos, innumerables.
      Por eso da gusto también viajar y conocer lo distinto.
      Gracias por tus palabras. El cuaderno de viajes va bajo el epígrafe de "Lugares amables" (que se `pueden amar). Sicilia es un lugar así. Tenerife también.
      Un abrazo.

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  9. Te animo Jane a seguir viajando, así podemos nosotros a su vez, poder disfrutar de tus magnificos relatos.

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    1. Gracias, Carmen, ya sabes que yo, como en la canción de "Somos costeros", estoy "centradita en cintura y dispuesta". :-D

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  10. Qué maldita desgracia tengo!!! Mi pareja no quiere viajar más que a La Gomera. Su excusa es que en su juventud fue primer oficial de la Marina Mercante, se recorrió el mundo, del derecho y del revés y dice que si quiero viajar que vaya yo, que él ya hizo viajes para muchas vidas.

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    1. Pues no te quedes con las ganas y hazle caso, Carmen. Un viajito de vez en cuando despeja telarañas. Cuando vayas a Madrid, te dices eso de "ya que estoy aquí..." y te pegas otro saltito un poco más allá. En la vida hay que hacer lo que te pide el cuerpo :-D

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