lunes, 31 de octubre de 2016

Puntas de color rojo carmín

Dibujo de mi nieta Eva a propósito de hoy

Al regresar de viaje, me he encontrado a Eva, mi nieta de 13 años, con las puntas del pelo teñidas de color rojo carmín (o magenta, como dice mi amiga Chari, que es pintora y de colores sabe un montón). También tenía las uñas pintadas de azul oscuro con florecitas blancas. Parecía una jovencita y espigada (mide 1,78) Morticia Addams, caminando con ligereza por la casa. "¿Y esos pelos?", le dije. Se rió y me contestó: "Sonia -esta es su mejor amiga- se los tiñó de azul marino".

¡La adolescencia! El momento propicio para estos gestos. Las dos, Eva y su amiga Sonia, se encuentran divinas de la muerte, preparadas, además, para pasar esta noche de Halloween juntas, con más amigos, viendo películas de miedo. A Eva le gustan pero luego no duerme, dice. También le gustan la música del grupo Dionysos, de Melanie Martínez o de Tigers in the sky, el manga, ver youtube en la tablet, los libros de fantasía, aventuras o de cocacolos, como ellos se llaman (lee mucho), la natación... Pero sobre todo, adora pintar, que es su pasión y a lo que se quiere dedicar ¿Cuántos caminos debe transitar todavía? La respuesta está en el viento, que diría el reciente Premio Nobel de Literatura.

Hace 55 años, mis amigas y yo teníamos la misma edad que Eva y las suyas ahora. Ni se nos pasaba por la imaginación que podía haber pelos o uñas de esos colores (aunque nos hacíamos cardados imposibles). Llevar pantalones era el colmo de la modernidad y casi una transgresión (una de mis amigas se los ponía en casas ajenas, porque en la suya no le dejaban). Cantábamos lo de "agujetas de color de rosa y un sombrero grande y feo, el sombrero lleva plumas de color azul pastel" y nos reíamos imaginando una vestimenta tan estrafalaria. Nos gustaban Paul Anka y su "Diana", el Dúo Dinámico, Enrique Guzmán, Françoise Hardy, los Beatles... y oíamos sin parar sus canciones en discos de vinilo pequeños (¿dónde andarán?). Leíamos todo lo que trincáramos, bebíamos Orange Crush los días de fiesta, veíamos las películas de Marisol (también ella tenía nuestra edad) y le copiábamos el pañuelo azul que se ponía en la cabeza. Un año descubrimos el azul semáforo y todas nos apresuramos a tener prendas de ese color...

Nosotras no sabíamos lo que era Halloween, aunque sí conocíamos su antecedente, la Noche de difuntos, con mariposas de luz en platos de aceite por cada difunto de la casa. No teníamos tampoco tele en la que ver películas (la tele era un invento lejano con el que soñábamos). No existían la tablet, ni el manga, ni Harry Potter.

Pero el mundo estaba ahí delante a nuestra disposición ¡Éramos adolescentes! Teníamos una amiga del alma con la que podíamos estar horas hablando por teléfono, aunque acabáramos de vernos hacía un momento. Nos sentíamos estupendas y empezábamos a opinar y a hacernos oír.

Los mayores siempre nos asustamos ante esa etapa dorada ¿Dónde está mi niñita?, nos decimos. Incluso a veces despotricamos y lanzamos opiniones muy negativas: " La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores y cotillea mientras debería trabajar. Los jóvenes (...) contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros.". Tal vez nos sorprenda saber que esto lo dijo Sócrates hace 26 siglos.

Pero, al final, nos damos cuenta de que la adolescencia es uno de los caminos necesarios por los que transitamos en la vida, de que las diferencias que hay entre todos los adolescentes que en el mundo han sido no son fundamentales, y de que, muchas veces como esta, nos miramos en ellos y nos reconocemos. Aunque tengan las puntas del pelo teñidas de color rojo carmín (o magenta).

22 comentarios:

  1. Acabo de recordar a mi hija... hace como 20 años... ella con 13... apareció un día con dos bandas a cada lado de su negra y lisa melena completamente decoloradas... A veces aún la llamo cucarachita...!!!

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    1. A mí me encantaba, Gladys, ver a mis alumnas. De repente, de un año a otro, me venían con fantasías: que si una trencita verde, que si un piercing en la lengua, en la nariz o en la oreja, que si 4 o 5 argollitas en una oreja, que si ropas negras de arriba a abajo, que si calvas... Y los chicos por el estilo- Era una gozada verlos afirmarse (¡aquí estoy yo y me da igual lo que piense el mundo!) y darnos cuenta de que esa afirmación es una constante.

      PD: Y no la llames "cucarachita". Ya sabes que a estas le tengo tanta aversión que ni las nombro (o las llamo "guachinangas")

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  2. Yo, que soy de la movida del 68, solamente pedí a mis hijos que sus transgresiones fueran "reversibles". Melenas de variopintos colores pueden ser mudados, mediante tinte o la caída natural del cabello (je, je, je...), agresiones mayores al cuerpo en zonas descubiertas podrían llevar aparejados condicionamientos futuros. Y, por favor, la higiene es fundamental; yo con mis pelos largos, era un sufrimiento para mi familia, pero me bañaba diariamente. ¡A veces sufrimos tanto en la guagua o el tranvía! Que conste que se diferencia entre los que no se bañan y los que aunque se aseen, tienen un olor profundo. Un abrazo.

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    1. Ay, sí, suele haber en la adolescencia un gusto por la mugre que no es ni normal. Supongo que es también una de esas transgresiones. "Me han obligado a bañarme todos los días, pues ahora¡ hala! me baño cuando yo quiero". Menos mal que, como todas las cosas, pasa y generalmente se recupera el gusto por el buen olor y el bienestar que proporciona una ducha, uno de los pequeños placeres de la vida. Lo malo son los tatuajes. Una novia de mi hijo estaba mortificadísima por un tatuaje que se había hecho en un pecho cuando era adolescente. A mis hijos no les dio por eso, menos mal.
      Un abrazo.

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    2. Hola Jane. Hay mucha gente(quizás demasiada) que critica a nuestros adolescentes. Se olvidan de que una vez fueron igual que ellos (y ellas) pero que los "poderes" no les dejaban vivir en libertad. Siempre me acordaré cuándo para una chica ponerse unos pantalones, era sinónimo de "machona" (que palabra más horrible), y si un chico tenía el pelo largo era un.............
      Los adolescentes, nuestros adolescentes, son fiel reflejo de nuestra sociedad. Es lo que les hemos enseñado, o lo que es peor, lo que algunos le han enseñado y nosotros que "sabemos" no hemos querido luchar para que esos adolescentes lloren rían, sufran, .... pero sean felices porque son auténticos y quieran cambiar el mundo.
      Mejor dejarlos que se vistan de manera "estrafalaria", se pinten las uñas o los pelos del color que quieran, pero eso sí, dejemos que piensen en libertad y sean críticos... tal vez este mundo funcione mejor. Un beso Jane. Juan.

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    3. Una vez vino un maestro a verme y a criticar a la juventud de hoy en día. Cuando le dije que yo no tenía ese concepto de mis alumnos ¿querrás creer que se fue enfadado? Buscaba una confirmación de su desagrado y. al no encontrarla, más se le enconó el enfado.
      Has dado en la diana, Juan. Yo creo que es fundamental esa educación en libertad, sabiendo los límites a los que se puede llegar y avisándoles de los peligros. Y también no cercenar ese primer momento en que son críticos, en que no aceptan todo lo que le dicen, en el que empieza a imponerse su yo. Mis mejores alumnos siempre fueron los que se hacían preguntas.
      Todo lo demás (la vestimenta, las uñas, los pelos...) es simplemente una señal.
      Un beso, Juan.

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  3. La adolescencia o, como dice mi hija, la aborrescencia, jajaja. Una etapa muy bonita de descubrimiento y de transformación. Una época de libertades y donde se consolida la personalidad.También es una etapa alegre y despreocupada. que tiene su sostén en los amigos.
    Se hacen perezosos y desobedientes en ocasiones, pero también esos escalones hay que subirlos para gozar del cambio.
    Las niñas visten su pelo de colores y los chicos, que antes mostraban su vello orgullosos, hoy se deshacen de él para mostrar sus piernas.
    Es también una época determinante, donde comienzan a perfilar su futuro entre los primeros amores platónicos y las canciones más rebeldes. En definitiva, y como decía la canción, cómo nos gustaría "volver a los 17", aunque sólo fuera para recuperar aquellos discos y el olor de sus fundas que con tanto cariño conservábamos en aquel tocadiscos exagerado que era casi tan grande como el picú. Lo mejor de aquellos instantes era, sin duda, como hoy, la buena compañía para compartir las letras desde la más tierna felicidad.

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    1. Sí, Cande, la adolescencia puede ser todo eso. Pero, al mismo tiempo del momento alegre y despreocupado, el momento del primer amor, puede haber también angustias, inseguridades y desconcierto. Las hormonas están alborotadas, comen como limas, están en un jet-lag permanente, sufren cambios de humor repentinos, son más temerarios... Un disparate. Crecer y madurar tiene esos riesgos, claro.
      Me gusta mucho la canción de Violeta Parra que nombras, "Volver a los 17". Los dos primeros versos me parecen muy juiciosos y bellos: "Volver a los 17 después de vivir un siglo / es como descifrar signos sin ser sabio competente". De todas formas, yo no pondría los 17 como la adolescencia. A los 17 años yo ya estaba en la Universidad haciendo mi primer año de carrera, conocí y me enamoré del que hoy es mi marido y ya, más o menos, tenía claras algunas cuestiones de mi vida. No era esa época de risas y llantos de los 12, 13 y 14.
      Oye ¿y es verdad que los adolescentes de ahora les gusta más lo de ir pelados que lo de lucir pelo en pecho? Wifredo el Velloso lo hubiera llevado muy mal.

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  4. Jolín, qué alta es tu nieta para su edad!
    Yo no estoy de acuerdo en que la juventud de hoy es peor, conozco jóvenes estupendos, con intereses, serios y preparados.
    Besos, Isabel.

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    1. Sí, es muy alta. Cuando nació medía 0,58, casi lo mismo que el rey Felipe. Espero que se pare y no llegue a su altura.
      A mí los adolescentes, cuando no me gustan, es cuando van en mogollón. No sé por qué pero, cuando están así, en tropel, gritan, lanzan carcajadas estrepitosas, llaman toda la atención del mundo, dicen boberías... De uno en uno o en grupos pequeños pueden ser encantadores y soy la primera en defender que la tontería es propia del ser humano y no de un grupo de determinada edad. Pero a veces dan motivos para que una dude...
      Besos, Celia.

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  5. Jane ¡qué oportuno tu post Como siempre.
    Me ha traído a la memoria los enfados que me cogía en el instituto cuando adornaban todas las clases (no las de inglés,que lo entiendo) con calabazas, arañas, brujas etc., y ninguna mención a D. Juan Tenorio o a esas otras tradiciones nuestras que tú nombras.
    Pero he aquí que hace un par de años estaba yo en Madrid por estas fechas y uno de mis nietos me pidió que le hiciera un disfraz de fantasma. Como pude, con un retal de tela blanca, me las arreglé para hacer una media chapuza que se pareciera a lo que él quería, su hermana se disfrazó de "Malécica" (Maléfica, claro), y sus primos, también nietos míos, de bruja y Drácula. Fue tanto lo que disfrutaron, que a partir de ahí soy una defensora a ultranza de Halloween ¡quién me lo iba a decir! Y es que la abuelez puede con todo
    Por cierto,he leído que en algunas diócesis (creo que la primera fue la de Alcalá de Henares), han propuesto como alternativa el "Holywins", que lo traducen algo así como :"los santos ganan" o "la santidad gana". Los niños se disfrazan de santos. Sin comentario.
    ¡Qué bien dibuja Eva! Que siga así, Pero que no crezca más. :).
    Besos y recuerdos a toda la familia.

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    1. Yo sí defiendo Halloween. En aquel año en que di una asignatura de Mitología, estudiamos algunas tradiciones y Halloween fue una de ellas. Como muchas es el resultado de otras tradiciones más antiguas, como los cultos romanos a la Diosa Pomona por el fin de las cosechas (de ahí la calabaza), la tradición cristiana de la Noche de Difuntos (de ahí los ataúdes y esqueletos) y la tradición celta del Samhein en la que el Otro Mundo se creía muy cerca (de ahí las brujas y pócimas y seres macabros). Las tradiciones van y vienen, e igual que hemos adoptado de otras culturas el árbol de Navidad, el luto, los carnavales o las romerías, no es extraño que se adopte una tradición tan divertida para los niños como ésta.
      Lo de la Iglesia con lo de los santos me parece una majadería más.
      Gracias por lo de Eva, le encanta dibujar. Y espero que pare de crecer, nos deja enanos a los demás.
      Muchos besos.

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  6. Asombrado me quedo del dibujo de tu nieta. Muy firme, con un buen uso del color y sobre todo bien compuesto, cosa que miramos mucho en nuestra profesión. Es buena.
    En mis tiempos de trece años dibujaba a lápiz, en un bloc que todavía conservo, aquellas láminas que nos ponía el profesor de dibujo, y que para que no se manchase con el carbón del lápiz se ponía delante un papel fino que me recuerda los que se ponen ahora entre loncha y loncha de jamón en los supermercados. Una cabeza de caballo, un david, unas flores (difícil por cierto)... Creyones teníamos. Acuarelas ni soñarlo. La verdad es que nos enseñaron a copiar y no a crear.
    ¡¡Que siga tu nieta con sus pinturas!!

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    1. Desde pequeña ha dibujado. Tengo hasta alguna acuarela hecha por ella colgada en casa. Le encantaría ser ilustradora e, igual que otros adolescentes siguen a youtubers cantantes o raperos, ella sigue a ilustradores, dibujantes o diseñadores. Me alegro mucho de tu opinión que es la de un experto.
      Yo también dibujaba copiando bustos o jarrones. Me acuerdo de que Don Alonso Reyes (lo conté una vez en el blog), nuestro profesor de dibujo, se enfadó una vez conmigo porque dije: "¡Ay, Don Alonso, no me sale la machanga esta!". Para él fue un sacrilegio que llamase así a un busto que teníamos en la clase. Me bajó la nota y eso que yo dibujaba bien (no tanto como Eva).
      Muchas gracias. Un abrazo.

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  7. Siempre esa necesidad de llamar la atención cuando se es adolescente. El "aquí estoy yo". Una etapa llena de emociones. :) . Qué bien dibuja tu nieta.

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    1. A veces algún amigo o amiga se me ha quejado de que ese "aquí estoy yo" les ha creado problemas con sus hijos. Llena de emociones. sí, pero muchas veces cargante para los que acompañan al adolescente. Lo único que yo les he dicho para consolarlos es que es una etapa que pasa y que, cuando menos lo esperas, las hormonas vuelven a su sitio.
      De todas formas, lindo haberlo vivido, como dice la canción.
      Un abrazo, Nélida.

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  8. Francisco Guerra de Paz4 de noviembre de 2016, 22:21

    Muy tierno e inocente tu tiempo de adolescente. Recuerdo ir al cementerio en días de difuntos con D. José, el cura y pasar un miedo terrible al pasar por los pasillos llenos de nichos con fotografías del muerto alumbrado por una lampara de aceite, mientras el cura recitaba un mantra en latín y sacudía un hisopo con agua bendita de Marcos y Corderos.
    Supongo que las uñas las pintabas de rojo con los pétalos de un geranio

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    1. A lo mejor antes nos acostumbraban más a los niños a la muerte. Yo de pequeña siempre acompañaba a mi abuela al cementerio todos los domingos. Le ayudaba a poner las flores e incluso jugaba entre las tumbas. Nunca lo vi como un lugar macabro. Ahora a mí no se me ocurriría llevar a ninguno de mis nietos a un sitio así.
      Sííí a lo de las uñas. Ya no me acordaba de eso, qué buen recuerdo. Y que ni poco presumíamos.
      Y me gustó lo del hisopo con agua bendita de Marcos y Cordero. No la hay más pura.
      Un abrazo, Francisco.

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  9. un placer leerte encontrarte y saber que pensamos parecido
    un abrazo desde Miami

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    1. Qué bueno saber que las distancias ya no existen. Bienvenida a este rincón. Un placer.
      Un abrazo desde Tenerife.

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  10. Hay quienes dicen que la adolescencia empieza a los 11 años y termina a los 18, otros que de los 12 a los 25, a estos los veo un poco "egados" porque a los 25 ya nos habían pasado muchas cosas, no sé si éramos adultas, quiero decir las de nuestra quinta, pero ajustándolo en un cómo éramos, yo diría que fuimos adolescentes bastante tiempo, quizás hasta que nos fuimos de nuestras casas.
    Las risas locas y bobas, pero tan divertidas, los conchavamientos, mentiras y secretos, ayudas, inventos, pero sobre todo las amigas, tan cercanas, tan habladoras, alegadoras.
    Cuando queríamos sol cantábamos el "afurifurifurifafa, afurifurifurifaá", invocando a Manitú, o cuando hablamos con catarro "babá, be das un boco de ban" como una vez que Guillermo B se acatarró y no éramos tan chicas, ni nada.
    Eva y su amiga hacen muy bien poniéndose los pelos con puntas de colores, nosotras nos moríamos por tener una falda de tablas, un polo, unos zapatos de suela de crepé y cien mil chorradas más que nos gustaban tanto...

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    1. Yo no sabría ponerle edad fija, pero creo que nosotras a los 17, ya en la universidad, no lo éramos tanto.
      Qué risa las llamadas al sol o los "estabos acatarradas". O también los regalos del baúl de los cadáveres, los nombretes que poníamos, el hacer una bomba casera con un bote de leche condensada, la lista de chicos que nos gustaban grabada en tu mesa de estudio, los modelitos, las cartas desde el sanatorio para locas peligrosas... Cuando pienso en esa época la veo llena de imaginación y de risas. Por eso, no puedo evitar mirar otras adolescencias, como la de Eva y sus amigas, con ternura y pensar: "Yo estuve ahí".
      Te quiero, mi amiga de la adolescencia.

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