lunes, 9 de enero de 2017

Chivarse o no chivarse, esa es la cuestión




He leído hace poco en algunos blogs de madres, preocupadas por las noticias sobre acoso escolar, argumentos a favor del chivato: que nunca hay que decirle a un niño " no seas chivato", que si es una manera de enterarse de lo que pasa en el cole, que puede ser hasta útil tener un "infiltrado" en el mundo de los niños...


Aunque las comprendo (nunca dejamos de preocuparnos por los hijos, así tengan 60 años), siento disentir (salvo en casos de acoso violento en el que, más que un chivatazo, es una denuncia). Igual que Amílcar Barca hizo jurar a sus hijos odio eterno a los romanos, el odio eterno al chivato forma parte también de un código no escrito que reina en todos los colegios y que todos los escolares de antes y de ahora aceptan tácitamente.

Yo lo viví muy pronto, el primer día que a los 6 años entré al colegio en la clase de la Madre Trinidad. Estaba yo tan emocionada cantando con las demás la tabla de multiplicar, cuando una niña le dijo a la monja señalándome: "Madre, la niña nueva está sólo moviendo la boca, no se sabe la tabla". Yo, que hasta ese momento no me había topado con el espécimen del chivatus acusica, me quedé tan anonadada ante tal injusticia que, 62 años después todavía no lo he olvidado. Yo SÍ sabía la tabla de multiplicar porque mi madre me enseñó desde los 3 años a leer, escribir y las cuatro reglas. Los chivatos no siempre dicen la verdad y, como el personaje de Perfectus Detritus de Astérix, van sembrando la cizaña y "el horripilante y verdoso rostro de la discordia surge a su paso". Así que desde aquel momento, yo, como Amílcar Barca.

Y claro que también hay acosadores en los colegios, siempre los ha habido. La literatura, fiel reflejo de la vida, nos ha dado numerosas muestras de ellos: Huberto Lane y los laneítas riéndole las gracias, en las novelas de Guillermo Brown de Richmal Crompton; Draco Malfoy y sus compinches Crabbe y Goyle, en las de Harry Potter de J.K.Rowling; el prefecto que obliga al alumno más pequeño a sentarse un rato en la taza del water para calentársela, en los "Relatos de lo inesperado" de Roald Dahl; Jaspe, el enemigo que siempre desafía a Ged, en "Un mago de Terramar" de Ursula K.Leguin... Y, por supuesto, también en mi colegio estaba la típica niña líder que, secundada por su camarilla de admiradoras, se burlaba de las más vulnerables.

Pero nosotras pasábamos de chivatas y de burleteras.  Aprendimos a defendernos, muchas veces con la indiferencia, sin necesidad de estar todo el rato colgadas de los faldones de las monjas. Y después, a lo largo de la vida, nos fuimos encontrando a veces con el mismo ejemplar de personas y comprobamos que el colegio y una familia atenta nos enseñaron a capear situaciones injustas.

"El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento", dijo Albert Camus. La imagen inicial que pongo en este post es una foto de mi curso de 1º de Bachillerato (teníamos 10 años), en el hermoso patio de mi colegio. Todas están muy circunspectas y serias, aunque alguna muestra una sonrisa. Pero mi amiga Úrsula y yo, arrodilladas delante, estamos muertas de risa. Siempre me ha gustado esa foto porque recuerdo la explosión de alegría del momento, aunque no el motivo. La risa de esas niñas que fuimos fue "el sol que reinó" sobre nuestra infancia. Frente a este, no hay chivatos, pelotas ni acosadores ni resentimiento alguno que valgan. Casi 60 años después me he olvidado de ellos y no recuerdo ni sus nombres, pero Úrsula sigue riendo conmigo.

(Para Úrsula ¿para quién si no?)



34 comentarios:

  1. Roberto González9 de enero de 2017, 11:59

    Fan del blog

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    1. Y yo fan tuyo, Roberto. Estamos en paz. Un abrazo grande.

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  2. Carmen Paz Gutiérrez Arienza9 de enero de 2017, 12:42

    Me encantó tu relato, no soporto a los chivatos.
    Me encanta tu foto con tu amiga Úrsula.

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    1. Ni yo, Carmen Paz. Tienen un algo de rastrero, de chismoso, de no saber vivir su vida sino de fijarse en la vida de los demás e ir "corre, ve y dile" a susurrárselo a la autoridad... ¡No lo aguanto!
      La foto tiene el encanto de las de antes. Mi amiga Chari, que me la mandó y que es una perfeccionista con la fotografía, le pone los peros de que si no es nítida y todas esas cosas. Pero para mí es un bien preciado.

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  3. Conviví durante muchos muchos años con un chivato en un trabajo. Ahora que pasé a mejor vida, laboral, y ya ni me acuerdo de él pero recuerdo con dolor de tripa su voluntaria afición: avisador a la patronal. Entre el profesorado también hay sus chivatos, no te vayas a creer, pero entre la maraña burocrática y el poco tiempo en sitios quedan como anécdota. De esas niñas, ¿está la que se chivó de la tabla? Vale, acusar con el dedo es feo pero simplemente di sí o no, si puedes. Saludos, Isa.

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    1. Creo, Santi, que es una figura presente en colegios, trabajos y en todos los estamentos donde haya estratos de poder ¿O no te acuerdas también de la ministra (creo que era Leire Pajín) que animaba a chivarse de los fumadores? En las dos ocasiones que tuve que ser Jefa de estudios en los dos Institutos que estuve, recibí la visita de los chivatos, y era de lo más desagradable decir a un compañero que lo que te contaba no te interesaba nada de nada. Así que sí, sé que existen entre los profes.
      No sé si está o no la niña de la tabla, porque es verdad que no me acuerdo de ella. Hace poco, mi amiga Cae me dijo que había una chivata que estuvo con nosotras hasta 4º de bachillerato (14 años), pero ni ella ni yo recordábamos ni su nombre ni su cara. A ella le sonaba que era fea pero igual era un prejuicio nuestro ¿Como no iba a ser fea una chivata? :-D
      Un abrazo, Santi.

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    2. Una vez dejé salir a unos chicos a última hora diez minutos antes, me tenían loco, y una profesora que estaba dando clases en el otra aula se lo contó a la jefa de estudios. Al siguiente día me dieron el toque y supe quién fue. Me había cogido ya ojeriza por otra cosa con este curso. Ahora la saludo pero apenas la miro, no me gusta nada que esté a mi lado. Me imagino que son de las que desean estar en un cargo directivo y es su forma de hacer la pelota, más con un sustituto como yo. La entiendo pero me moriría si fuera como ella. Afortunadamente, todo lo que tengo en la vida, no es mucho, lo he logrado con mi esfuerzo, sin pisar a nadie y siempre con la idea de ser lo más generoso, en el sentido humano, posible. Personajes así no van a hacer que cambie. :-)
      Miré la foto de cerca a ver si alguna chica tenía agujeros de alfiler en los ojos. No vi ninguno, jeje.
      Besos.

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    3. Es una buena filosofía de la vida, Santi. La mejor manera de dormir tranquilos.
      En ese grupo hay 7 niñas (más la monja) de las cuales no he vuelto a saber nada y de las que casi no recuerdo los nombres. A lo mejor entre esas está la de los alfileres, jajajaja.
      Las otras 9 siguen siendo amigas y con varias de ellas me hablo diariamente y salimos casi una vez al mes. El colegio tiene raíces profundas.
      Besos.

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    4. Sí, que no medre yo sobre nadie. :-)
      Yo no conservo gente tan antigua en mi vida. Apenas ni la del instituto. Supongo que la vida ya se haya llevado a alguna. Esta navidad ha sido poco prudente en ese sentido. Bueno, quizá la década pero ahora es cuando me estoy dando cuenta.

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    5. Supongo que medrar es lo que busca el chivato ¿no? Pero casi nunca lo consigue. Nadie lo ve con buenos ojos. Y le puede pasar lo de aquellos que mataron a Viriato mientras dormía (hoy me dio por los romanos) y fueron a cobrar la recompensa prometida. Escipión los mandó ejecutar mientras decía aquello de "Roma no paga a traidores".
      A mí también la vida se ha llevado a alguna de aquellas niñas. La primera se llamaba Onelia y sólo tenía 9 años. No la he olvidado por eso, porque fue la primera. Y luego han sido muchas más las ausencias. Sí, a la vida lo menos que se le puede decir es que es imprudente...

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    6. Algunos escapan, medran, zanganean, van engañando todo lo que pueden o acaban dándoles lo que quieren para no tener que aguantarlos. ¿Qué no se pagan traidores? Pues puede ser, no tengo la suficiente perspectiva para ir siguiéndoles la biografía. He tenido la suerte de cuando me quito esas personas de mi vida las dejo atrás totalmente. Buena reflexión. Voy a fijarme un poco más, jeje.

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    7. Bueno, yo creo que Escipión quería ahorrase las perras. Porque realmente siempre se ha pagado a los traidores. Fíjate, fíjate...
      Un beso, Santi.

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  4. Esas chivatas de ayer, probablemente hoy se habrán convertido en viejas del visillo.

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    1. Pues mira, Ana, nunca se me hubiera ocurrido pensar que fue de ellas, de esas personas que vivían para ver lo que hacían los demás para comunicárselo al superior. Pero estoy segura que lo que dices es un posible destino de la chivata de ayer. Basta con ver la descripción que en "La hora de José Mota" hacen de ella:
      "La vieja'l visillo es una anciana que escucha las conversaciones de los demás detrás de su ventana y se lo cuenta a otros ciudadanos de Alcafrán. La vieja'l visillo no tiene suficiente con escuchar, los secretos le queman en la lengua. Cuando tiene la mitad de la información... le falta tiempo para salir a "cascarlo". Aparece y desaparece donde menos te lo esperas. Al parecer, es la madre del cura al que tanto persigue, siendo su padre Paquito el Chocolatero. El coronel Trumann (Santiago Urrialde) fue quien la entrenó."
      Una intuición genial, Ana.

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  5. Mary Díaz Hernández9 de enero de 2017, 16:19

    Precioso relato y nuestro bello patio, con tu permiso lo coloco en mi perfil. Mi perfil tiene ciertos cambios. A la noche te escribo por privado. Besos.

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    1. Sí, cada vez que lo veo y lo recuerdo con los laureles y el tamarindo de la entrada, me da una pena enorme que ya no exista. Pero sigue vivo en el recuerdo de quienes lo recorrimos, corriendo, saltando a la comba, jugando al brilé y haciendo gimnasia mientras cantábamos "Montañas nevadas". Eso nadie nos lo puede quitar.

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  6. Hola Jane. Para mí chivatos son aquellos o aquellas que acusan a los demás para salir beneficiados en algo, ya sea a nivel particular o ante los demás. Cuando alguien acusa a otro que ha hecho una "putada" pues no lo considero chivato. En cuanto a lo de los acosadores no soy tan tibio. Para mi desgracia mis dos hijos han sufrido acoso escolar y lo han pagado caro: Dejar de estudiar durante un año, problemas de autoestima, sesiones de psicólogos durante años que al final han servido de nada o casi nada. Así que a los acosadores y sobre todo alas acosadoras (mi caso) odio eterno como Amílcar. Un beso Jane. Juan,.
    PD. Siento escribir con tanta inquina pero es lo que siento y sufro todos los días.

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    1. Muy de acuerdo contigo, Juan. Ya ves que digo "salvo en caso de acoso violento en el que, más que un chivatazo, es una denuncia". El acoso leve, como el de mi colegio, que consistía en burlas de alguna niña sobre alguna otra, es el que solventábamos, plantando cara, pasando del tema o con el "y tú más". Pero el acoso violento (físico o psíquico) es un delito que va además contra la dignidad de la persona. En ese caso, denuncia al canto y que las autoridades académicas tomen medidas. Creo que tendría que estar muy penalizado. Y comprendo perfectamente tu inquina. También mi nieto sufrió un caso hace poco y sentí la misma rabia que tú. Como Amílcar Barca.
      Un beso, Juan.

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  7. Isa, de acuerdo totalmente con lo que dices. Y...vaya, si que nos estamos riendo con ganas, pero lo mejor es que aún lo hacemos. Un abrazo, amiga.

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    1. La foto no hace honor a las carcajadas. Salimos fatal (con lo guapas que somos /éramos...) Pero no se puede negar que fue un momento feliz. Brindemos por todos los otros momentos felices que hemos vivido juntas. Un abrazo grande, Ursulita.

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  8. Qué buena es tu reflexión del tema! Me ha encantado y tb por recordar a la madre Trinidad y a ese patio donde tantas horas pasamos!

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    1. Fue la segunda maestra que tuve (la primera fue mi madre). Era un poco cascarrabias pero entendía a las niñas, igual que mi profesora de solfeo, la madre Corazón. Había en ellas una bondad que no encontré en ninguna otra de las que nos dieron clase esos primeros años. ¡Y eso que ató una vez a mi amiga Conchi, que era una jiribilla, de la pata de la mesa para que se estuviera quieta!

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  9. Una vez más coincido contigo, Isa. Qué feo es un niño o niña chivata. Se desdibuja toda su inocencia, y pasa de ser una criatura fresca e ingenua, a convertirse en el repelente niño Vicente.
    Insisto, muy feo.
    Cuando los niños son sometidos a un cuestionario sobre alguna sospecha de acoso es diferente. En ese caso, se les hace ver que, si colaboran, evitarán un daño muy grande, y suelen mostrase receptivos.
    Por cierto, ¿qué hago yo de pie en tercera fila delante de esa preciosa planta? Seguro que alguna se chivó que llevaba sucios los zapatos por jugar a la pelota... jajaja.

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    1. Sí, ahí estás, Cande, al lado de Cae, casi tal como ahora aparecemos cuando salimos juntas a seguir hablando en esas conversaciones que empezamos entonces ¡Cuántos juegos de pelota, cuántos corros, cuánto nos entretuvimos en ese patio! De ahí venimos.
      Y sí que es feo chivarse. De todas formas no creo que el chivato sea un personaje que abunde hoy en los colegios. Es demasiado impopular...
      Un abrazo.

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  10. Qué bonitos recuerdos tuyos traes, Isabel. Me ha encantado el fondo: la verdadera amistad persiste y a los simples compañeros (los borreguitos de la manada) se les olvida.
    Yo he hecho memoria y no he sufrido en mis carnes la 'denuncia' de ninguna compañera acusica, pero creo que hay cosas que se inculcan o se hacen porque se ven en casa.
    Y hay cosas que se te quedan grabadas, como el hecho de que hace un par de años, trabajando como lo hago en un instituto, ví a una niña haciendo una lista. Le pregunté y ¿sabes de qué iba la lista? de las compañeras que no la habían felicitado en su cumpleaños. Esa niña no es que se chivara de nada, es que se anotaba los nombres para así acordarse de NO felicitarlas cuando fuera el de ellas. De piedra me quedé.

    ¡Enhorabuena por tu amistad con Úrsula después de (perdóname el superlativo) tantísimos años! ;-)

    Un beso

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    1. ¡Nada de perdonar el superlativo, Chelo! Yo también lo digo con orgullo: ¡Tantísimos años! Casi matusalénicas somos ya. Fíjate que con algunas de las de la foto salgo ahora más o menos una vez al mes. Cuando decimos que hace 60 años que nos conocemos y que (a pesar de eso) nos seguimos llevando bien, la gente nos mira extrañada. Pero es algo para celebrar.
      Me reí un montón con la lista de la niña. Me recordó una novela de Wodehouse, "El gas de la risa", en el que hay un niño protagonista, actor infantil, al que todo el mundo fastidia y que también hace una lista así para vengarse cuando sea mayor y mandarle a cada uno un mamporro en las narices. Me imagino tu cara, jajaja.
      Un beso, Chelo.

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  11. Qué bueno, Jane! Yo tampoco los soporto y el del chivato es un tema que me parece muy difícil de solucionar. Hagas lo que hagas no puedes dejarlos mudos y a medida que crecemos, peores se vuelven. Además están por todas partes, ojalá fuera un tema escolar que se acaba al aprobar la selectividad.

    Un abrazo.

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    1. ¿Y sabes lo que me pone los pelos de punta? Aquellos chivatos que en la guerra o en las épocas de caza de brujas, denunciaban al vecino, o al amigo, o al familiar. Habla bastante mal del género humano.
      En Santa Cruz, cuando yo era pequeña, la policía tenía un furgón gris en el que encerraba a los delincuentes y todos conocíamos esa guagüita como "María la Chivata". Había incluso unos versos que decían: "Vestida de gris, /gordiflona y chata / la llama la gente/ "María la Chivata". Siempre me dio miedo "María la Chivata".
      Un abrazo.

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  12. En mis tiempos de "colegial", el chivato corría serios peligros, nadie se disponía a serlo, los maestros solían tener a ojo al acosador, el que nos pegaba o humillaba con sus palabras a todos; con dos cocotazos solucionaba la situación.
    Con el tiempo se crecía, dos... tres años más, el abusador pasaba a ser la víctima, no había nunca un final.
    Hoy, en la escuela, nos hemos reinventado, hemos buscado palabras de mucho tronío, entre ellas mediación, y nos hemos echado a los patios, hemos vestido de vigilantes a quienes soltaban la mano... no sé, ¿se parará algún día?

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    1. Tampoco sé, Gerardo. Cuando veo modelos educativos que triunfan, me doy cuenta de que el cambiar el lenguaje no es la solución y tampoco se trata de copiar otro modelo. Tendríamos que ser distintos, por ejemplo, en la responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos por encima de la propia escuela o en la valoración de la profesión de maestro. Por ahí iría mejor la reinvención. Mientras tanto, vamos poniendo parches.
      ¡Ánimo!

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  13. Releyendo yo tu reivindicativo post de esta semana, Jane, me vino a la memoria la famosa "Chivata" de la policía de Santa Cruz, aquel furgón feo, gris y siniestro, que veíamos recorrer las calles de la ciudad, cuando fuimos niñas y jóvenes. No me extraña nada que tú también la hayas recordado, en uno de tus comentarios, pero entonces y ahora, sigo preguntándome el porqué de haberle puesto aquel nombre tan feo como ella misma.
    Hoy, esa deleznable figura parece no estar tan presente en los colegios, pero otro ámbito, que también lo desprecia, es el policial, aunque han sabido dulcificar la forma de llamar a ese mal necesario del que, probablemente, tanto depende la seguridad y protección de algunos. Para ese mundo, el chivato es el confindente. Casi siempre, un ex delincuente que conoce las redes y los entresijos de la maldad humana y que, a cambio también de protección y alguna prebenda más, informa de lo que haga falta a su protector o benefactor legal. No sé yo, hasta qué punto, esos personajes quizá deban ser comprendidos...
    Y si el chivato es deleznable, el acosador lo es aún más, para mí.
    Hace ya unos cuantos años, un vecino mío, padre de un alumno de mi Centro, me contó muy disgustado que a su hijo, un grupo de desalmados y desaprensivos compañeros se divertía, en cada recreo, acorralando al muchacho y acercándole las brasas de sus cigarrillos (entonces, se permitía fumar), a distintas partes de su cuerpo, llegando a quemarlo en más de una ocasión. Se burlaban del chico, porque era más bien gordito, muy tímido, tranquilo y reservado y sus padres supieron lo que le pasaba, cuando le descubrieron esas quemaduras y consiguieron que les contara lo que le estaba pasando. Indignada, le pedí a mi vecino que dejara en mis manos la solución de este vergonzoso episodio de acoso y tortura y me dirigí al Jefe de estudios, contándole todos los pormenores. A partir de entonces, se estableció una vigilancia velada sobre el sufrido muchacho, se cogió al grupo de acosadores, con las manos en la masa, y se les expulsó del Centro. Después de aquella denuncia, pocas veces me he sentido más a gusto y nunca me he considerado una chivata por haberlo hecho. Y si lo fui, me alegro de haberlo sido. La causa lo merecía...
    Una vez más, querida Jane, bravo por ti y por tu canto antichivatos.

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    1. Ah, Cehachebé, aquellos tiempos en que se podía expulsar a un alumno del centro si su comportamiento lo merecía... O aquellos tiempos en que si alguien armaba jaleo en clase y no dejaba trabajar a los demás se le invitaba a pensar un rato en el pasillo. Ahora creo que nada de eso se puede hacer y que un castigo merecido es muy difícil de poner.
      Hace poco leí un artículo sobre un libro publicado por una profesora de Derecho de la Universidad de Yale, Amy Chua (descendiente de chinos) que defiende la disciplina extrema: nada de dormir fuera de casa o asistir a fiestas, nada de participar en obras de teatro, o ver tele o jugar en el ordenador, no sacar una nota por debajo de sobresaliente... Me pareció que el libro (se llama "Himno de batalla de la madre tigre") se pasaba. Un control excesivo provoca resentimiento y tampoco es la solución definitiva de un mal comportamiento. Pero también creo que la educación sobreprotectora puede ser muy permisiva y generar personas inmaduras o irresponsables
      ¿Tal vez un saludable término medio aristotélico?
      Gracias por tu comentario y por la experiencia compartida.
      Un abrazo.

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  14. En todas las generaciones siempre ha existido el chivato de turno, el correveydile que generaba antipatías al resto del grupo. Lo recuerdo en la escuela, en el instituto e incluso en la universidad.
    En el colegio estaba el que gritaba: "Maestro, maestro, fulanito me está dando con la goma en la cabeza" o durante el dictado: "Maestro, menganito se está copiando de mi" y acto seguido el maestro ponía en pie a fulanito o a menganito y le daba un fuerte reglazo en la palma de la mano extendida a propósito, para regocijo del alcahuete. Consecuencia: Una pelea callejera de dos críos, en que fulanito y también menganito le soltaban un par de piñazos hasta que los separaban. Lo normal (a mi también me dieron) es que los contendientes acabasen con la camisa rota, un chichón, la nariz sangrando o un ojo morado. ¿Había acoso?.
    En el instituto, aquel que todavía se meaba en la cama y que además era un esquirol que no participaba en la fuga organizada por el resto del curso. ¿Qué crees que le podía suceder? La clase era mixta y hasta las chicas se mofaban del personaje. ¿Eramos 52 alumnos acosadores?.
    Y más tarde, ya mayorcitos, si algún recién llegado al colegio universitario se le ocurría ir con el cuento al director de la novatada de turno, los veteranos lo inflaban a putadas, incluso se llevaba alguna hostia. ¿Son acosadores toda una comunidad de universitarios?.
    Se están pasando las madres con la protección exagerada a sus hijos. Terminan anulándolos. Siempre ha existido el niño o niña que no se integra porque no y de eso no tienen la culpa el resto del grupo. Un compañero mío de Fuencaliente en 5º de bachillerato intentó una vez suicidarse, no lo consiguió y unos meses después desapareció, se lo tragó la tierra. Nunca más se supo de él. Nadie que se sepa lo acosaba. Hay personas conflictivas que por hache o por be, no están preparadas para estar con el resto. Y el resto tampoco está preparado para comprender a esas persona. Es lo que hay. Y crucemos los dedos para que no nos toque.

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    1. El acoso existe, Enrique. Lo que pasa es que hay grados de acoso: algunos nos enseñan a capear los problemas que la convivencia con los demás nos depara y a enfrentarnos a ellos. Y hay otros que son verdaderos delitos, como pasa en el caso de algunas novatadas que maldita la gracia que tienen. A nosotras en el Colegio Mayor (allí no había novatadas) venían los novatos del San Juan, el Colegio de chicos de al lado, vestidos con ropas ridículas a cantarnos una serenata muy divertida y seguidos por todos los veteranos. La cosa tenía su gracia y todo el mundo se lo tomaba con humor. Pero hay otras novatadas que incluso pueden poner en peligro la vida de los chicos y esas deberían ser perseguidas.
      Como dices, ojalá a nadie le toque soportar la crueldad del prójimo.

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