lunes, 23 de enero de 2017

¡Mira, mamá!




Este enero mi nieto más pequeño (22 meses) vivió sus primeros reyes conscientes. Entre tanta barahúnda de papeles, regalos, globos, entre tanto ver a sus dos hermanos mayores desenvolviendo sus juguetes y gritando alborozados al enseñarlos: "¡¡¡Mira, mamá!!!" (o papá), el pobre iba desconcertado de un paquete a otro, sin saber qué coger o cuál abrir. Hasta que vio su zapatito, lo agarró y dijo todo contento: "¡Mira, mamá!".

Los descubrimientos conllevan, no sólo la emoción de hallarlos, sino también la alegría de compartirlos. Hacer un descubrimiento, ya sea un juguete de reyes (o el propio zapato), ya sea un continente, es lo más genuinamente humano que hay, Por eso, en el viaje que he hecho esta fría semana de enero a la provincia de Cádiz, me quedo y comparto con ustedes los descubrimientos que encontré.

Me quedo con el descubrimiento de atardeceres naranjas y lentos difuminándose por un horizonte ancho como el mundo.

Con el descubrimiento de la desembocadura del Guadalquivir a la orilla de Doñana, vista desde Sanlúcar.

Con los pinsapos de la Sierra de Grazalema que, verdes y altivos, no se sienten remedos de abetos.

Con las historias antiguas de Arcos de la Frontera sobre peleas entre "petristas" y "maristas" (partidarios de San Pedro o de Santa María) que llegaron incluso a cambiar oraciones de toda la vida ("Dios te salve, San Pedro, llena eres de gracia...") por no mencionar a la Virgen, y obligaron a intervenir hasta al mismo Papa.

Con las calzadas y cloacas romanas que están durmiendo bajo Medina Sidonia.

Con la magia de las calles andaluzas: rejas y flores, como en una comedia de los Álvarez Quintero.

Con la gracia gaditana ("Al que encuentre la gamba, le regalamos una noche de hotel", nos dijo el camarero al servirnos una crema de mariscos).

Con las catedrales, los alcázares, los castillos, que jalonan estas tierras llenándolas de belleza e historia.

Con las tortillitas de camarones, verdaderos encajes culinarios, o el sabor de los langostinos frescos o el pescaíto frito, que nos traen el mar a la mesa.

Pero, sobre todo, me quedo, ya que estamos con eso, con una historia de descubrimiento, la del arqueólogo Pelayo Quintero Atauri, que, emocionado porque en Cádiz, en 1887, se descubrió un sarcófago antropomorfo masculino fenicio, se empeñó en que tenía que haber uno femenino y se pasó media vida buscándolo. No tuvo éxito y murió sin conseguirlo. Pero años después, en 1980, se encontró: un sarcófago antropomorfo femenino, que muchos llaman la Dama de Cádiz, con sus rizos acaracolados y un alabastron, un contenedor de perfumes, en la mano ¿En dónde se descubrió? Pues nada menos que en el propio jardín de la casa de Pelayo Quintero. Así el escritor Felipe Benítez Reyes escribe en su "Mercado de espejismos": "Quintero Atauri tuvo, en fin, un sueño pero nunca supo que dormía sobre ese sueño. Jamás se nos ocurre mirar la tierra que pisamos cada día de nuestra existencia, aunque la mayoría de las veces esa tierra pisoteada es el único tesoro accesible: un lugar insignificante en el universo".

Los dos sarcófagos fenicios son únicos en España ¿Qué nos dice esta historia? ¿Tal vez que el hallazgo que deseamos puede estar más cerca de lo que pensamos? ¿O que somos ciegos a lo que tenemos al lado? ¿O que a veces los sueños son imposibles en esta vida? ¿O posibles?

No lo sé, pero de lo que estoy segura es de que, si existe el más allá y Pelayo Quintero, desde la nube más próxima a Cádiz, vio que en su propia casa se desenterraba la dama fenicia que tanto anheló, lo primero que hubiera hecho sería, igual que mi nieto la mañana de reyes, volverse a la madre que lo parió (que seguro que estaba cerca) y llamar su atención, incrédulo y regocijado, exclamando: "¡¡¡Mira, mamá!!! ¿Te lo puedes creer?".



24 comentarios:

  1. ¡Increible historia!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Verdad? Nos la contaron las dos buenas guías que tuvimos y así y todo me estuve documentando a ver si era verdad. Y claro que después hubo rumores, que si el espíritu de la dama hizo que Pelayo Quintero se obsesionara con ella (???), que si este realmente la había encontrado y escondido en su jardín... Pero ¿para qué? El fin de cualquier descubrimiento no es esconder sino sacar a la luz y que cuanta más gente lo conozca, mejor, y un científico como él lo tendría clarísimo.
      La conclusión puede ser que las casualidades existen.

      Eliminar
  2. Vaya historia, Jane. El pobre hombre no vivió para descubrir a su dama en su propio jardín. Y seguro que lo tacharon de loco...
    Como siempre, un placer leerte.
    Besotes!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo bueno que tiene ir de vez en cuando por esos mundos es las historias con las que te vas encontrando. Hubo otras más, como la de una niña que vio a la Virgen sobre una roca en Ubrique o la de los niños que, persiguiendo a un gato, descubrieron una calzada romana en Medina Sidonia (no sé cuál descubrimiento es más sugestivo). Pero me conmovió este arqueólogo. Por su convencimiento, por su constancia, porque persiguió un sueño a pesar de los datos en contra... Me cayó bien.
      Gracias y un besote.

      Eliminar
  3. ¡Qué bien has descrito esa maravillosa tierra!Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No conocía Cádiz sino de pasada dos veces que fuimos en barco a la Península hace ya cerca de 30 años. Y la verdad es que ahora me sorprendió ¿Y sabes qué fue lo más? La luz. La luz del amanecer y del atardecer, la luz en las calles, la luz de los pueblos blancos, la luz que arrastraban los ríos y las marismas... Es un lugar precioso que merece ser visitado y recorrido con cariño.
      Un abrazo

      Eliminar
  4. Y los descubrimientos cuanto menos esperados más impactantes y sorpresivos son. No esperaba tanto de este viaje, y me sorprendió. A mí me despiertan la fantasía de pensar en la vida en esas calles romanas con sus aceras, en esos castillos, en esas iglesias, en el Alcázar de Jerez ¿Cómo hubiera sido mi vida ahí?
    Me admira esa gente que cree en algo y lo sigue hasta que lo consigue, o no, como con el sarcófago femenino.
    Muy buen viaje.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí que fue un viaje estupendo en el que todo salió bien: un buen hotel, una guía simpática y culta que nos dio explicaciones amenas e interesantes (gracias, Oliva), unos paisajes y ciudades impresionantes, buena comida y buena compañía ¿Qué más se puede querer para pasarlo bien? Y eso es lo bueno de una buena explicación, que te recreen la vida de hace siglos y que puedas hacer un imaginario viaje en el tiempo. Aquí hicimos varios: al Gadir de los fenicios, al musulmán, al romano, a los godos, a los siglos cristianos anteriores al XX. Una verdadera lección de historia.
      Me encantó compartirla con ustedes.
      Un abrazo.

      Eliminar
  5. Descubrir es destapar, conocer y mostrar. Es justo lo que tú haces cada lunes con tu lectura. Aplaudo tu generosa redacción porque cada semana me enseña una reflexión nueva a la que no puedo dar la espalda.
    Gracias por tus historias, que son también mis hallazgos. Abrir los ojos al entusiasmo del conocimiento nos aleja cada lunes de tardes aburridas y abre la ventana de la pasión por saber.
    ¡Gracias porque cuando pienso ya nada me puede sorprender, llegas tú y, rebuscando, encuentras mi zapato!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya me emocionaste, Cande. Esta tarea placentera que es compartir una historia cada semana con ustedes no tendría sentido si no hubiera almas gemelas a las que les guste, mentes que se interesen y tengan curiosidad por lo que ocurre en este sorprendente mundo.
      Te agradezco tu compañía cada semana y recibo tu comentario como un abrazo cálido, de esos que se guardan para horas bajas.

      Eliminar
  6. Querida Isa, gracias por ese viaje que sabes que lo viví a tope ¡Cómo describes mi tierra, mis sitios, la magia de Andalucía, los naranjos, las torres, los castillos, las caras de felicidad de ustedes de oler y beber un buen vino al lado de unos langostinos, la desembocadura del Guadalquivir...! Es Andalucía, no hay otra.
    Pero tu parte filosófica me ha impresionado. Somos ciegos a lo que tenemos al lado, "¡Mira, mamá! ¿Te lo puedes creer?". Somos ciegos de ver lo que está muy cerca de nosotros. "Mira, mamá". Con ese amor que tantas veces, como hijos, lo hemos dicho a nuestras madres y seguimos diciéndolo aunque ya no están. "¡Mira, mamá!" "¿Qué miro, hijo?" "No sé pero los sueños son y están muy cerca de nosotros".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Nievitas, cuando caminábamos por las calles estrechitas y blancas de los pueblos gaditanos, nos acordábamos de ti y no se nos borraba la sonrisa de la cara. Es una tierra bendecida y no nos extrañaba nada el buen humor de sus gentes y la gracia que tienen. Nos hubiera encantado tenerte con nosotros pero sé que en realidad estabas allí "en diferido".
      Muchos de nosotros (tú y yo, seguro) seguimos una conversación nunca interrumpida con nuestras madres y con los seres que queremos, aunque ya no estén. Y, cuando realizamos un sueño, cuando conseguimos algo anhelado, el compartirlo con ellos nos parece hasta natural. No me gustaría renunciar nunca a ello.
      Un abrazo grande.

      Eliminar
  7. Precioso relato, me encanta.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Loly. A mí también me encanta encontrarme, cuando visito algún sitio, con estas historias reales que me hablan de que los seres humanos son muy parecidos (con sus sueños, con sus obsesiones, con sus expectativas y frustraciones...) y que el azar juega también un papel importante en la vida de cada uno ¡La vida siempre sorprende!

      Eliminar
  8. Este viaje me ha confirmado lo q siempre he pensado, España es una joya, vayas donde vayas. Por algo viene tanta gente a visitarnos.
    Yo tambien he disfrutado con este viaje me reconcilió con el Imserso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todos los viajes que he hecho con el Imserso me han gustado pero éste se lleva la palma. Fue un viaje cultural y corto, el tiempo acompañó y esta bendita tierra andaluza merece nuestro entusiasmo y aplauso.
      Creo que no hay una sola región española que no sea una joya, como bien dices. A ver si poco a poco las vamos conociendo y disfrutando. Que por nosotros no quede. Siempre podremos hacernos fotos de "alegres tapadas", como las cobijadas de Vejer.

      Eliminar
  9. Marilola, como siempre magnífica historia; cada día te SUPERAS A TI MISMA.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jaja, gracias por tus piropos, Laly. Yo creo que es la realidad la que nos asombra, la que a veces da un giro que nos hace decir: "¿Pero será posible?". Yo sólo me limito a transcribirla.
      Un beso y gracias por estar aquí.

      Eliminar
  10. Isa, gracias por el relato tan bonito de nuestro viaje y que no soy capaz de recordar ni la mitad. Lo guardaré como oro en paño.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me hiciste recordar, Toya, a una amiga que hizo el viaje Viena-Praga-Budapest en una semana. Fíjate que son 3 ciudades centroeuropeas parecidas: mismo estilo, un río por en medio, castillos... Ella había mezclado todas las fotos y tan pronto el castillo de Praga era el de Budapest como el Moldava se convertía en el Danubio.
      Yo no es que tenga mucha memoria sino que suelo apuntar todo en una libretita y al final de cada día de viaje hago un resumen en mi agenda. Y claro, pregunto a quienes van conmigo. Por ejemplo, por el nombre de un restaurante e incluso por lo que comimos allí. Y todo para la agenda.
      Un abrazo y gracias.

      Eliminar
  11. Aurora Pérez Romero24 de enero de 2017, 20:41

    Si te veo ya te contare la version veridica de la dama de cadiz...��..Por cierto gracias por describir mi tierra tan bien,por un momento me he visto alli.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya me dejaste intrigada. Cuéntamela, anda, porfa...
      Tu tierra es una maravilla. Ir caminando con calma por la calle Ancha con una luz increíble (mientras el resto de España se helaba) no tiene precio. Y aquellos ficus gigantes, y la Playa de la Caleta, y la Plaza de San Antonio (y las tortillitas de camarones de "El Faro")... Precioso todo. No me importaría volverme a ver allí :-D

      Eliminar
  12. Es decir, entraste en el Museo de Cádiz para poder ver los sarcófagos fenicios y por tanto caminaste por la Plaza de La Mina y como te conozco, te diste una vuelta por El Teatro de Falla, la zona de la Universidad y, como no, por el barrio de La Viña. Hay una tasca con restaurante (El Faro) que es de los mejores sitios donde se tapea en toda Andalucía. Preparan una hurta a la sal para chuparse los dedos. Te voy a contar una anécdota que igual tú no sabes. En las cercanías de la Universidad, en varias placitas cercanas, hay unos enormes ficus, palmeras e incluso dragos que fueron plantados allá por los años 50 y 60 del pasado siglo por estudiantes de medicina y farmacia procedentes de aquí, de Tenerife.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues, Enrique, acertaste en algunas cosas y en otras no. Date cuenta de que sólo estuvimos en Cádiz un día y además habíamos quedado allí con unos amigos de Puerto de Santa María que queríamos ver.
      No pudimos ver los sarcófagos porque no fuimos al Museo. Su historia nos la contó Oliva, nuestra guía, y también la guía que Mundo Senior nos puso en Cádiz. Hicimos una panorámica y paseamos por la Plaza de la Mina, por la Plaza de España donde está el Monumento a la Constitución de 1812 (la Pepa), la Plaza de San Francisco, la de San Antonio donde hacen la presentación del Carnaval, la calle Ancha, la Plaza de las flores... Visitamos la Catedral y su cripta con la tumba de Falla. Y luego nos fuimos con nuestros amigos por el barrio de la Viña y comimos precisamente en El Faro. De ahí eran las tortillitas de camarones que nombro. Pero también unas ortiguillas, un rabo de toro, unos dados de pescado... todo, como dices, de chuparse los dedos. Me encantó.
      Sí vimos los ficus gigantes, la Universidad por fuera, la playa de la Caleta... En donde vimos dragos (la mayor colonia de dragos de la península, nos dijeron) fue en el jardín de los Montpensier en Sanlúcar de Barrameda. Incluso hay un hijo del drago de Icod.
      Así que, como ves, estuvimos poco tiempo pero bien aprovechado. No me importaría nada volver y completar la visita.
      Tengo amigos que estudiaron medicina allí. Todos guardan un recuerdo precioso de esa ciudad. Y no me extraña.

      Eliminar