lunes, 2 de enero de 2017

Contra el fin de año




Me manda mi amiga y colega Olga un texto, muy apropiado para estas fechas, de Antonio Gramsci, uno de los más importantes filósofos marxistas. El texto lleva el título "Odio il capodanno" y en él Gramsci apunta todos los argumentos posibles contra el fin de año y el año nuevo.

Gramsci odia esos días de año nuevo "de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y precisión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión"; odia la creencia común de que empieza una nueva historia, y que se hagan buenos propósitos y se lamenten los despropósitos; dice que la fecha se convierte en una molestia, un parapeto que impide ver que la historia se desarrolla sin bruscas paradas, "como cuando en el cinematógrafo se rompe la película y se da un intervalo de luz cegadora" (el escrito es de 1916); no quiere ningún día previamente establecido para el descanso ("las paradas las escojo yo mismo, cuando me sienta borracho de vida intensa"), ni quiere "ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan", ni festejar algo porque ya lo hayan festejado antes.

Me deja pensando este Gramsci, idealista en el fondo, en el sentido del fin de año ¿Tendrá razón? No me gustan tampoco esas multitudes saltando y brincando en la Puerta del Sol, pero ¿quitar esta fecha del calendario, hacer como si no pasara nada y fuera un día cualquiera, no desear un feliz año a la familia y los amigos, no comer uvas a las 12 de la noche?

Siempre el día 31 de diciembre ha sido fiesta grande en mi casa. Primero, fue con la familia y luego, cuando los hijos se hicieron mayores, hace 24 años que lo celebramos con los amigos de toda la vida. Mi día de fin de año comienza cuando pongo la mesa con el mantel blanco, bordado por manos palmeras, que mi madre me regaló. Es el único día del año que lo pongo, simbolizando que hay algo importante que celebrar. Esa noche cada pareja de amigos hace con cariño un plato especial. Es una cena hecha de calma, risas y buena conversación, comenzada a las 9 para llegar con los postres (y los mantecados y la torta francesa que ese día hace mi amiga Carmeliña) a las uvas de la medianoche. Y después es el baile, las canciones a la guitarra y el intercambio de regalos. Siempre terminamos contentos, allá por la madrugada, con el recuerdo de otros fines de año y el deseo de que se repitan.

El día de año nuevo tal vez nos levantamos, como este año, a tiempo para ver un rato el concierto de año nuevo, tan alegre y tan conmovedor, emitido desde Viena. Y, por la tarde, hacia las 4, vamos a comer una paella a casa de otros amigos, cerrando con broche de oro unas fiestas estupendas.

Gramsci tiene razón en que, después de todo, son días como cualquier otro, en que no deben estar marcados por balances ni consumos desmedidos, en que es verdad que nos los marca la tradición y no los hemos elegido nosotros, en que los buenos propósitos no tiene sentido hacerlos una vez al año (¿a dónde va a parar lo de ponernos a dieta?), en lo de no compartir el jolgorio con multitudes ni extraños.

Pero no me gustaría una sociedad que me quitara este festejar el recuerdo, esta celebración de la vida que cada día termina y cada día empieza, este alegre encuentro con los amigos, este momento de pararnos y rogar por la felicidad y la paz en un mundo convulsionado...

Así que, sintiéndolo mucho por el Sr. Gramsci, a quien de todas formas respeto profundamente, y con su permiso, les deseo desde esta página a todos un feliz 2017. Que lo disfruten igual que se disfruta su comienzo.

24 comentarios:

  1. Los sesudos teóricos que en la vida han sido desprecian –equivocadamente, creo yo- las tradiciones populares. Embrutecidos por sus obsesivas creencias, no son capaces de abrir un hueco dando cabida a las de los demás. Claro, era marxista cuando aún no se había demostrado la inoperancia de ese sistema en la vida real. Sufría al comprobar cómo sus sueños se desmoronaban. La humanidad no era ni es como sueñan algunos; ni tan siquiera lo son aquellos que piensan como él.
    Lástima de excelentes mentes desaprovechadas para labores positivas en aras del bien común. Todos ellos -quizá alguno se salve-, han tenido una vida amarga, no han sabido degustar los placeres sencillos de la vida, que son los más sabrosos.
    Si la humanidad en su conjunto es proclive a celebrar días concretos por qué, me preguntaría yo, debo ser contrario a ello.
    Por qué la felicidad del vecino les molesta tanto; sin duda por su carencia.
    Todavía hay personas así. Los miro y siento lástima de ellos, por ser como son. En su idea exacerbada contra estas celebraciones, no hacen otra cosa que hundirse en su amargura, incrementándola, haciéndola más indolente.
    Y yo, mientras tanto, celebrando todo aquello que me motive a hacerlo; ya sea en fechas señaladas para la humanidad o para cualquier grupo de personas, incluso para dos o para mí mismo.
    Deseo que hayas tenido unas felices fiestas en compañía de tus seres más queridos y espero que los Reyes Magos de oriente te obsequien con todo tipo de parabienes en este nuevo año que acaba de arrancar.
    Un abrazo.

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    1. Las utopías, Antonio, a pesar de que nunca se han cumplido porque, como bien señalas, la humanidad es más compleja de lo que sueñan algunos, sirven más que nada para caminar. La idea de igualdad que imaginaban, por ejemplo, está más extendida que en tiempos de Gramsci y también la pobreza, el analfabetismo, la mortalidad infantil... han disminuido drásticamente. No estamos en una sociedad perfecta (ni creo que nunca lo estaremos) pero no cabe duda de que estamos en una sociedad mejor que la que Gramsci vivió y que a ello han contribuido también, entre otros muchos factores, los grandes pensadores teóricos.
      Yo soy, como tú, de tradiciones. Y no estoy para nada de acuerdo con Gramsci en que cada uno celebre las fiestas cuando quiera. Para que una sociedad se organice hay que señalar hasta las fiestas: un momento para celebrar la recogida de las cosechas, o la fiesta del solsticio de verano, o el fin de todo un año, fiestas en la que todos coincidamos. Porque también es importante fomentar el espíritu del grupo y apoyar lo que nos une y no lo que nos separa. Por lo menos así pienso yo.
      Así que sigamos celebrando todo lo celebrable. Muchísimas gracias por tus buenos deseos para el próximo año y para el día de Reyes (que también lo celebro).
      Un abrazo.

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    2. Ya sabemos: las utopías son como el horizonte; a medida que te acercas a ellas; o a él, en el caso del horizonte, se empecinan en situarse a la misma distancia de nosotros que en el momento de nuestra partida. (¡Qué traidoras son!)
      Y, ahora que leo tu contestación, me doy cuenta de que los Reyes Magos de Oriente están al caer. Antaño, de niño, me ilusionaba por los regalos que iba a recibir, aunque de baratijas se trataran, pero a medida que cumplo años me ilusiona aún más mirar la ilusión en las caras de los niños al verlos pasar. ¡Una gozada!

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    3. Hay un texto muy conocido de Eduardo Galeano que lo dice también: "Ventana sobre la Utopía:
      Ella está en el horizonte.
      Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos.
      Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
      Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
      ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar."

      Este año iba a ver la cabalgata de reyes en Santa Cruz sobre todo para ver la carita de mi nieta pequeña. Pero una gripe me ha dejado en casa ¡Tengo un desconsuelo...! De todas formas, me sigue ilusionando el día de reyes: los regalos, las copitas dejadas a los reyes, los gritos de entusiasmo de los niños... Como dices, ¡una gozada!

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  2. Carmen Paz Gutiérrez Arienza2 de enero de 2017, 15:41

    Muy bonito Isabel, me describes una cena de fin de año deliciosa, con ese grupo de amigos, me ha parecido muy entrañable, yo también soy muy tradicional y me gusta celebrarlo en familia.
    Enhorabuena por ese escrito y un feliz año nuevo para toda tu familia.

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    1. Fue deliciosa, Carmen Paz. Estás muy cómoda porque la gente que te rodea es de confianza y hay mucha complicidad, comes platos buenísimos (yo hice el cordero de siempre), bailas para que baje la cena (este año compramos desde el verano CDs con canciones de los 60 y 70, pensando en esta noche)... Hasta la copa de champán que siempre se rompe fue motivo de risa ¿Por qué romper las tradiciones?
      Un abrazo y feliz año.

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  3. Très belle table ! Indéniablement, vous avez passé une très belle nuit, et, sans aucun doute, la paella devait être à la hauteur de l'évènement, pour ce premier jour de la nouvelle année.

    J'aime ta dissertation exprimant tes sentiments quant aux festivités de fin d'année. Gramsci, nous fait part des siens. C'est son opinion, rendu publique par sa notoriété.... Néanmoins, ce n'est que son opinion, qui ne vaut pas plus et pas moins que ceux du commun des mortels. Comme tu ne l'ignore pas, je suis un inconditionnel de la diversité d'opinions et de comportements.

    Je vous embrasse.

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    1. Muchas gracias, Patrice, por tus palabras. Por supuesto que las palabras de Gramsci, por muy notable escritor que fuera, no pasan de ser las palabras de un individuo. Estoy en contra totalmente de santificar y convertir en dogma lo que alguien diga, aunque sea el Papa de Roma (que hasta hace poco se creía que era infalible).
      No al pensamiento único y sí a lo que tu defiendes: diversidad de opiniones y comportamientos. Sólo así realmente podremos ser tolerantes y hacer un mundo mejor.
      Un abrazo.

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  4. Elena Villavicencio2 de enero de 2017, 16:34

    A mí lo único que me asusta es lo de la paella a las cuatro de la tarde un día después de esa ( se adivina) deliciosa cena... Por lo demás, sigue disfrutando de esas maravillosas reuniones,se rompan las copas que se rompan... Feliz año

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    1. Lo de la paella es otra tradición a la que nos hemos incorporado hace relativamente pocos años. Antes nos limitábamos a arrastrar la pernera del pantalón del pijama por toda la casa y a tomarnos los restos del caldito de madrugada de la noche anterior (era también un buen plan, no creas).
      Pero luego nos gustó el cambio. Vamos a casa de unos amigos que viven cerca, en Tegueste también. Es una casa preciosa y acogedora (sobre la que alguna vez tengo que escribir también), donde uno se siente a gusto. Nos reunimos unas 50 personas, pero todo el mundo está tan relajado que las conversaciones transcurren con fluidez y, por supuesto, no se come demasiado (un poco de cada una de las dos paellas, la de carne y la de marisco). Un vasito del vino de la casa que los propios dueños cosechan, un brindis por el nuevo año, algunos cantos a la guitarra y a retirarse pronto que hay que dormir y renovar fuerzas.
      Feliz año, Elena.

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  5. Gracias Isabel por tus reflexiones y por tus buenos deseos para este 2017 que comienza. Yo espero que no pase tan rápido como los anteriores y nos permitan paladear los buenos momentos, que siempre son en compañía. Si las tradiciones son una excusa para, al menos, acordarnos de mandar un mensaje que recupere nuestro contacto con los viejos amigos, bienvenidas sean. Sin quitarle con ello la carga de razón del señor Gramsci, cuyos argumentos todavía, tras un siglo, enriquecen nuestra propia reflexión de lo que es importante de verdad y lo que nos imponen, sobre el verdadero orden de las priorioridades.

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    1. A medida que uno cumple años, estos transcurren más rápidos, por más que nosotros querramos lo contrario. A cada rato decimos: "Pero, ¿ya es navidad? ¡Si hace poco estábamos guardando los adornos del árbol...!". Es un misterio totalmente indescifrable este del tiempo.
      El texto de Gramsci no tiene desperdicio. Podemos estar o no de acuerdo con algunas cosas pero no cabe duda de lo actual que es. El que hace un siglo alertara sobre el consumismo o que dijera "Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día" son ideas que podría decir un filósofo de ahora mismo. Te agradezco un montón que me lo mandaras.
      Un abrazo y, otra vez y mientras podamos desearlo, feliz año.

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  6. Pues entendemos el sentimiento de Gramsci, pero es que a mí también me encanta tener a toda la familia reunida alrededor de una mesa, comiendo riquísimo y compartiendo. Ahora lo disfruto mucho más porque cuando era adolescente recuerdo que me agobiaba mucho eso de fin de año, empezaba a pensar en que había pasado otro año y no había hecho nada de lo que pudiese sentirme orgullosa. Ahora evito hacer balances de fin de año, simplemente disfruto de la buena compañía, la buena mesa y la buena conversación. Feliz año, querida Jane!

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    1. Yo siempre he evitado los balances. Tengo unos amigos, una pareja de las que vienen a nuestra cena de fin de año, que todos los 30 de diciembre, se van a hacer balance a un restaurante. Todos los años nos dicen: "Si el balance es positivo, iremos mañana; si es negativo, no". Por ahora han venido todos los 31, o sea que supongo que son más los pros que los contras. Aunque también sospecho que, con el rollo del balance, lo que van es a mandarse una buena comida. :-D
      Pero a mí no me gustan los balances porque tiendo a olvidar lo malo y a recordar lo bueno ¿Qué necesidad hay de empezar a desempolvar viejas rencillas que ya están olvidadas, para decir "esto fue malo"? ¡Quita, quita! Como dices, a disfrutar de lo bueno, que es lo que merece la pena.
      Un abrazo, mi querida Mónica.
      PD: Ayer regalé otro "Noviembre de Kate". Ya van unos cuantos.

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  7. Es una fiesta entrañable, para celebrarla. Un hito en el caminar del almanaque sin pausa.
    A lo largo de la vida vamos pasando por muchas etapas de esta celebración.Siempre alegre y compartida. Primero, abuelos, tíos y por supuesto tus padres y hermanos. Recuerdo que siempre estos días venían a darnos la serenata los Coros de la Sección Femenina, nada menos. Lazos familiares con algún componente. Mi padre sacaba lo mejor que tenía, vinito de su cosecha para los hombres y el clásico Sansón para las chicas, junto a otras viandas. Decir que mi padre era un declarado antifranquista. Luego pasé por años de pataleo cuando no me dejaban ir al Círculo con el novio. Años donde empezamos a celebrarlo con muchos amigos en Sociedades. Años divertidos en los que nos deseábamos lo mejor con mucho cariño. Ahora afortunadamente estoy en la etapa de pasarlo otra vez en casa con mi familia. ¿Qué me deparará los próximos años?. Espero seguir aceptando siempre con alegría y optimismo este hito en el calendario y poder contar con el calor familiar y los wassaps de tantos amigos.

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    1. Yo alguna vez lo celebré en Sociedades e incluso en un Hotel. Pero no me gustó (como a Gramsci) eso de estar en medio de una multitud de desconocidos. Ahora después de tantos años, me parece una fiesta íntima, llena de una complicidad hecha sobre el recuerdo y el cariño. Entrañable, como dices tú.
      ¡Y qué suerte lo de esa serenata particular! Si algo bueno hizo el gobierno franquista fue fomentar los Coros y Danzas de la Sección Femenina. Me imagino que las autoridades no supieron nada de ese "pecado", :-D
      Un abrazo, Carmen.

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  8. El lunes, esperando el tranvía, una señora se expresaba más o menos en la misma línea que Gramsci,yo le dije, pero no es obligado celebrar nada, si a usted no le apetece pues como otro día cualquiera, pero yo, la verdad, las disfruto y mucho junto a todos los míos. Que siga la tradición!!! Un abrazo y que los Reyes vengan con muchos regalos.

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    1. Siempre me admira (y me repatea a veces) los hombres y mujeres que en sitios públicos (sea la parada del tranvía o la consulta al médico de la Seguridad Social) dan a conocer su opinión a la humanidad sin importarles un comino lo que los demás piensen de ello. En la vida se me ocurriría ponerme a despotricar a grito pelado de los políticos, de los curas, del sistema... como he visto y oído en algunas ocasiones.
      Y muy bien contestado, Úrsula. Si no le apetece celebrarlo, no lo celebre, pero déjenos en paz.
      Espero que sí, que vengan "cargaditos de regalos", como en el villancico ¡Qué nervios!
      Un abrazo, Úrsula.

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  9. El Sr, Gramsci, con todos mis respetos, que no celebre la fecha.Sus razones son de peso para él, y me parece bien que se desmarque de la manada, porque es libre de defender su pensamiento. Yo, sin embargo, disfruto de la fiesta con mucho entusiasmo, y lejos de absurdos propósitos que nunca cumplo (como hacer ejercicio), me divierte cocinar, sorprender, organizar la mesa y los cotillones, y, sobre todo, tener un rato con la familia para celebrar que estamos vivos y sanos.
    Ni siquiera me siento el tiempo que debo en la mesa porque adoro servirles. Me lo paso pipa, a pesar de las ausencias, y siento muy cerca el calor de los míos cuando, tras las doce uvas, todos nos abrazamos con emoción.
    ESE ES MI FIN DE AÑO, NO MÁS. EN EL CALOR DEL HOGAR Y CON LA INTIMIDAD DE NUESTRAS COSAS.

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    1. Has hecho un buen compendio, Cande, de lo que en realidad celebramos: que al final del año estamos vivos y sanos. Ese es la verdadera celebración de estas fiestas de principio del año. Por eso nos abrazamos y besamos a los seres queridos.
      Y sí que es divertida e ilusionante la fiesta y los preparativos. Eso sí, a mí no me apetece servir ni recoger. En las fiestas familiares, es la gente joven la que lo hace. En las de amigos nos turnamos.
      Un beso, Cande, y no pierdas nunca las ganas de compartir. Feliz año.

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  10. ¡Hola Isa!
    Lo de Gramsci!... mucho leí yo a ese hombre tan interesante. Incluso sus cartas de amor a su santa desde la cárcel... muy intensas, por cierto.
    Pero me da que no tuvo hijos o por lo menos no debió tener nietos, como los nuestros tan monos y tan divertidos. Las fiestas son por los hijos cuando son pequeños, por los nietos y por las risas con familia y amigos. Que más da el pretexto. Ni si acaba el año o empieza. Hay que ser trascendente para darle tantas vueltas!! qué bárbaro. Tanta trascendencia conduce a la melancolía. Sobre todo cuando sabemos que desgraciadamente todo se acaba. Que pena. Aprovechemos mientras se pueda. Todas las fiestas de guardar o de despilfarrar.
    Besos y feliz año otra vez

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    1. Sí que tuvo hijos, Ana, pero como si no los tuviera. Mira lo que dice sobre él y sobre sus hijos, Delio y Julián, un blog que se llama Gramscimanía:
      "Gramsci fue detenido por el régimen fascista de Mussolini el 8 de noviembre de 1926. En 1928 se dictó su condena a veinte años de cárcel. Se había casado con Julia Schucht en 1923; su primer hijo había nacido en septiembre de 1924 y el segundo en agosto de 1926, en Moscú. Pasaría en la cárcel casi el resto de su vida, porque la libertad definitiva que le fue otorgada en 1937 llegó demasiado tarde, apenas a pocos días de su muerte.
      Gramsci cayó preso (a la prisión siempre se cae) cuando tenía treinta y cinco años, y salió de la cárcel, para morir, cuando tenía cuarenta y seis. A lo largo de esa década, quien más lo visitó en las diversas prisiones de Italia fue Tatiana, su cuñada; pero no Julia ni tampoco los hijos, que vivían en Moscú. Las cartas debieron ocupar ese espacio y esa ausencia. Las palabras eran todo y tenían que hacerlo todo. Toda correspondencia suple en parte el cara a cara y procura subsanar, así sea con resignación, la imposible inmediatez de un contacto. Pero cuando esa correspondencia inscribe sus coordenadas en la cárcel, la regla general de la distancia y su tenue reparación se agravan con dramatismo. En el caso de Gramsci hay algo más: su trato con Julia, a pesar de tener dos hijos, había sido relativamente escaso, con más faltas que presencias, limitado a pocos meses y por demás interrumpido, signado por la distancia entre la Unión Soviética e Italia. Con Delio, el hijo mayor, alcanzó a convivir por un año (y ese año Gramsci podía recordarlo, pero Delio no). Julián nació poco antes de la detención de Antonio Gramsci, lo uno en Moscú y lo otro en Roma. Nunca se vieron."
      ¡Qué triste! ¿verdad? No tuvo fiestas familiares, no tuvo reyes magos, no tuvo familia. Por eso, no me extraña que sus cartas sean, como dices, muy intensas. Tenía que suplir con ellas las caricias que, como padre, le hubiera hecho a sus niños, los juegos, las conversaciones, las reuniones familiares... Y con su mujer, más todavía.
      Así que, nosotros que tenemos una vida privilegiada, demos gracias por ella y disfrutemos de lo que tenemos. Incluso permitámonos ser intrascendentes.
      Un beso, Anita.

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  11. Fíjate, Jane, que coincido con este señor que acabo de conocer. No me gusta que sea obligación, ni el hacer balance y establecer propósitos y tampoco la obsesión por salir que tienen algunos mirando como raros a los que preferimos pasarlo en casa con la gente que queremos. Al final somos los mismos al día siguiente, no existe el corte. Pero yo también tengo que hacerle una concesión al año nuevo ya que no soy marxista y me gustan las comilonas. Y también me gustan las excusas sencillas para reunirse con familia y/o amigos, estar felices juntos sea ese día o cualquier otro. Así que feliz año para ti también, espero que lo hayas disfrutado tantísimo como siempre :)

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    1. Coincido contigo, Dorotea, en lo que no te gusta y en lo que sí. Creo que una vez, no sé por qué, nos fuimos toda la familia a celebrar el fin de año en un hotel. No nos gustó nada y nunca más. Es mucho más divertido y acogedor pasarlo en casa y armar el gran tenderete. Y sí que lo disfruté este año.
      Un abrazo.

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