lunes, 10 de abril de 2017

¡¡¡Sorpresa!!!




Cuando yo era chica, no existían las fiestas-sorpresa. Todo lo contrario. Los cumpleaños y eventos varios eran anunciados y preparados con la suficiente antelación como para deleitarnos también en los "antes de". Se lo comunicábamos a todo el mundo y se pensaban con cuidado los regalos, mientras mi madre trajinaba poniéndolo todo a punto y pensando en juegos que nos iba a proponer (el pañuelito o el brilé en el patio, tinieblas en el cuarto oscuro del final del pasillo, las sillas musicales, que no podían faltar...), y mi abuela llenaba la casa de aromas que surgían de enormes bizcochones, de marquesotes melados, de bollos de manteca, de esponjosos merengues... Hasta recuerdo sus manos dándole forma con maestría a las delicadas figuritas de azúcar (pájaros, flores, mariposas) con las que iba a adornar la tarta. No eran fiestas-sorpresa pero siempre eran sorprendentes.

La primera fiesta-sorpresa a la que fui me la organizó a mí una amiga americana por mi 40 cumpleaños. Hasta ese momento nunca había oído hablar de ellas. Pero mi marido, que odia los sustos y da saltos de 3 metros cuando alguien se le acerca por detrás sin que él lo oiga, fue y me lo dijo antes para que fuera preparada y no me diera un ataque al corazón o un jamacuco. Él es así de detalloso.

Y algo así deben de ser también todos los que no pueden callarse y fastidian todas las fiestas-sorpresa que ahora abundan por doquier. Y si no, vean los "toques sorpresivos" que mi amiga Marta, que se acaba de jubilar, fue recibiendo por parte de sus compañeros desde un mes antes de la fiesta-sorpresa que le prepararon.

Primer toque. El jefe manda al wasap colectivo (lo pongo en negrita para que se atienda bien a que es el chat que todos en la empresa, incluida la propia Marta, leen) la siguiente proclama: "¡Atención todos! ¡El 3 de marzo fiesta-sorpresa de Marta! Es importantísimo que nadie se vaya de la lengua ¡A disimular todos!"

Segundo toque: Marta encuentra en una bandeja en la sala común, entre listas de cosas pendientes y borradores, un papel que, bajo el título "Fiesta-sorpresa de Marta", pone la lista de asistentes y el dinero que cada uno tiene que pagar para el reloj que le van a regalar y para la cena.

Tercer toque: Una amiga, que la ve días después por el pasillo, va y le dice: "Fíjate, qué pena, el 3 de marzo estoy de viaje. No voy a poder acudir a tu fiesta". "No te preocupes, mujer, otra vez será" le contesta Marta, que cada vez  está más asombrada.

Cuarto toque: Encuentra otro papel, esta vez pinchado en un corcho, con las opciones de menú que el restaurante propone y la indicación de que vayan apuntando lo que prefieran. Marta está tentada de poner "a mí me gusta más el bacalao", pero se refrena.

Quinto toque: Dos días antes de la fiesta, la amiga y compañera con la que Marta y su marido suelen salir los viernes, la llama y con tono de voz entusiasmado (y superfingido) le dice que ese viernes la va a llevar a un sitio nuevo. Cuando Marta se lo cuenta a su marido, éste, pensando en un despiste de la amiga, manda a escondidas un wasap diciendo: "Eh, que no se les olvide que esa noche es la fiesta-sorpresa de Marta". Claro que lo manda al wasap del grupo de amigos (donde también está Marta).

Total, cuando llega el Día D y la Hora H, Marta sabe quiénes asisten a su fiesta, qué le regalarán, a qué restaurante van, que comerán y cuánto les ha costado todo. Pero como es una señora, antes de entrar se recompone, ensaya lo de abrir los ojos y la boca para que se le vea convenientemente pasmada, abre la puerta y... ¡¡¡Sorpresa!!!, aplauden todos encantados de la vida.

No, con fiestas-sorpresa así, no hay ningún peligro de que le dé un ataque al corazón del sobresalto. También es verdad que tampoco hay peligro de llevarse una sorpresa.

24 comentarios:

  1. Qué risas!!! Así no hay manera y ya lo de tu marido..jajaja,me parto!!

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    1. Sí, lo de mi marido es mucho. Una vez le hicimos a mi padre una fiesta-sorpresa por sus 80 años y ahí estábamos todos en la bodega de mi hermana esperándolo en silencio cuando mi marido, que estaba más nervioso que un gato, se puso a toser desaforadamente para que mi padre oyera que allí había alguien y no se asustara. Con él no hay manera de sorprender a nadie :-D

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    2. Jajajaja,creo que es mejor que llegue el último,después del homenajeado..que chica angustia porque sea sorpresa!

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    3. Es que ni te lo imaginas. En la fiesta sorpresa que me hizo mi hermana cuando me jubilé le tuvieron que hacer jurar que no me diría nada y asegurarle mi hermana que yo aguantaba carretas y carretones .-D Es un caso.

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  2. ¡Ja,ja,ja! ¡Qué bueno,Isa!

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    1. Cuando me lo contaba Marta, no me lo podía creer. Parecía como si lo hubieran hecho adrede. Llamarla "fiesta-sorpresa" es un eufemismo :-D
      Un beso, Begoña

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  3. ¡Qué divertido! A mí mis compis me hicieron una fiesta sorpresa cuando me jubilé pero yo no sabía nada y ¡¡fue un sorpresón impresionante!! Lo pasé pipa y la recuerdo con muchísimo cariño.

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    1. ¿Y no tuviste ni siquiera una sospecha aunque fuera pequeñita? ¡Qué suerte! Eso es porque tus ex-compañeros son mucho más discretos que los de Marta.
      Cuando yo me jubilé mis alumnos fueron los que me hicieron una estupenda y la verdad es que no barrunté nada. Pero después mi hermana me hizo otra (todos guapos y yo, que venía de la playa, con estos pelos) y algo sospeché cuando iba llegando a su casa y vi a unas primas corriendo como locas a esconderse.

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  4. ¡Divertidísimo, Isa!
    Besos

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    1. Yo me reí mucho, porque, además, Marta me lo contaba como por capítulos. Y eso porque no conté más, como una vez que estaba con su cuñado y éste recibió un mensaje. Cuando lo leyó, dijo: "¡Qué fastidio! El mismo día 3 de marzo le hacen también un homenaje a un compañero y no voy a poder ir a tu fiesta", y mientras, el marido de Marta haciéndole gestos por detrás para que se callara (gestos que Marta veía perfectamente con el rabillo del ojo). De verdad era como si se conjuraran para ponerla sobre aviso.
      Besos, Ana.

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  5. A mí, igual que a tu marido, no me gustan las sorpresas, por muy agradables que sean. Cuando el hijo de mi prima vino de La Palma a Tenerife a estudiar, vivía con nosotros y le encantaba venirse antes de lo programado, sin avisar tras unas vacaciones. Mi hija, que me conoce y sabe que las cosas me gusta tenerlas organizadas, me lo chivaba un día antes para comprarle su Coca-Cola y darle un repaso a su habitación... Así que yo, como tu amiga Marta, por no desconsolar su ilusión, también abría los ojos como platos y me hacía la sorprendida. Los que me conocen sabían lo mal que lo hacía, pero para las que somos altamente controladoras siempre es mejor un poco de teatro que ser pillada sin ir a la peluquería, y que el susto se lo lleve otro, ja ja ja.

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    1. Pues imagínate como me encontraron los de la fiesta-sorpresa que me hizo mi hermana: despelujada después de un día entero en la playa, con cholas y llena de sal y de arena.
      A pesar de todo a mí sí me gustan las sorpresas: un regalo, una juerga, una compañía inesperadas me producen un gran placer. Y ser yo la que da la sorpresa, más todavía.

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  6. Por tu último comentario, Jane, sé que coincidimos, completamente, en eso de que nos den sorpresas y, más, en que las demos nosotras. Disfruto como una cría tramando, buscando o haciendo todo aquello que pienso que puede sorprender y hacer felices a otros.
    Me acuerdo, con especial cariño, de los preparativos que hice, durante casi un año, para dejarles un recuerdo a mis compañeros de trabajo, el día en que se celebrara mi marcha del Instituto, por jubilación. Primero, recopilé una montaña de fotos en las que ellos estuvieran; luego, las escaneé, para recortar un pequeño retrato de cada uno y, por último, diseñé una gran orla en la que recogí el rostro de casi doscientos colegas, más el mío, y en la que les daba las gracias por todo lo aprendido y compartido, con ellos. La llevé a reproducir, en un taller especializado, tantas veces como compañeros iban a asistir al acto de despedida y, una vez allí, las repartí con mucha ilusión y emoción. Ver las caras de todos ellos, cuando la recibieron, fue el mejor de sus regalos aquel día.
    Como sólo dependió de mí, resultó ser una sorpresa de las que yo califico de redondas, pero cuando ya han de intervenir otras personas, la cosa se complica, si todos no se implican, seria y responsablemente, para que lo ideado y organizado termine siendo un éxito.
    Por fortuna, tú y yo pertenecemos a un grupo de amigas que, cada vez que hemos querido sorprender a alguna, lo hemos conseguido por todo lo alto, seguramente, porque nos lo hemos tomado de esa manera. Manera que no está reñida con que nos divirtamos durante los preparativos, tanto como cuando la sorprendida descubra todo lo que le dedicamos. Tengo a gala decir que pertenezco al mejor grupo posible, para esa clase de actividades.
    Por todo eso, no concibo que quienes organizan una sorpresa, tengan fallos de organización, tan garrafales como los que fue descubriendo tu amiga Marta. Eso ya ni sorprende, ni alegra, ni es nada de nada.
    Si me llega a pasar a mí, no creo que me fuera haciendo la loca. Más bien, todo lo contrario. Con gran ironía y la mejor de mis sonrisas, les daría las gracias por haber ido informándome de todos los pasos dados, por y para mi "sorpresa".
    Como siempre, mi enhorabuena por tu acierto y por tu manera de contarlo.

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    1. No hay tiempo mejor empleado que aquel que se usa en hacer feliz a la gente que quieres. Doy fe del éxito de tu orla de jubilación y de la ilusión que despertó. Yo no he visto un detalle como ese nunca, y mira que a mi edad he asistido a bastantes jubilaciones y eventos.
      Sí, la verdad es que en lo de Marta fue un fallo tras otro. Y me da que ni siquiera se dieron cuenta. Uno de los libros de Sophie Kinsella habla precisamente de la preparación de una fiesta-sorpresa. La protagonista gasta un montón de tiempo, esfuerzo y dinero en ello y en el último minuto un tonto va, se la chafa y la deja hecha polvo.
      Marta nunca ha dicho nada pensando precisamente en quien la organizó, una persona que la quiere mucho y que puso en ello toda la ilusión del mundo. Esa persona no tuvo la culpa de estar rodeada de seres insensibles y despistados.
      Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo grande.

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  7. Nieves M. Herrera Pérez11 de abril de 2017, 17:36

    Buenísimo!!! Pobre Marta!!!������
    Eso es porque no me conoce... Que yo le organizo la mejor fiesta sorpresa y ¡¡¡pobre que alguno se vaya de la lengua!!! ��������

    Los marquesotes melados!!!!....Mmmm.... Qué recuerdos de mi abuela Même!!!...��❤

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    1. Recuerdo los marquesotes de tu abuela (y su licor de leche mmmmmmmm...). Mi abuela también los hacía maravillosos, y los almendrados, y los merengues... Alguna de las "niñas" de mi colegio todavía los recuerdan con nostalgia.
      Te tendré en cuenta yo para futuras fiestas-sorpresa. Que no es fácil prepararla, eh, cuando hay tanta gente implicada. Pero nosotras tenemos tradición familiar de preparar fiestas. Pan comido jajaja :-D

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  8. Más bien fue una fiesta "antisorpresa", que me ha recordado un poco a las ocasiones en que en el insti donde trabajo, se prepara algún evento (también antisorpresa) donde queda claro cuánto dinero se pone y qué se va a comer.
    A mí la máxima sorpresa que se me ha hecho fue en un cumpleaños mío en que aparecieron dos amigas, muy amigas, a las que invité y me dijeron que no podían venir. Luego me gustó mucho verlas.
    Genial y divertido tu post, Isabel.
    Un beso

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    1. Esas son las mejores sorpresas. En un post de hace 4 años ("La yema de huevo" 29-10-2012) conté una fiesta sorpresa que le hicimos a mi hermana y lo mejor fue que su hija estaba haciendo el Erasmus en Polonia y le mando un vídeo deseándole todas las felicidades. Lo que mi hermana no sabía es que la hija estaba detrás de ella. Cuando la vio, allá que nos echamos todos a llorar, fue muy emocionante. Esos regalos no se olvidan.
      De todas formas, Chelo, aunque sean antisorpresas, ¡que sean bienvenidas todas las fiestas!
      Un abrazo y gracias.

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  9. Muy bueno como siempre Isabel.

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    1. Muchas gracias, Elvira. Lo que es muy bueno es el esfuerzo que hace la gente para mantener los secretos (¡Que esto no salga de la isla!).
      Un abrazo.

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  10. Era tan antisorpresa, que pensé que al final iba a haber una sorpresa de verdad en la que todo se chafaba y la pobre Marta se quedaba sin fiesta. Menos mal que no!
    Un abrazo.

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    1. La sorpresa era esa, que no tuvo sorpresa. De todas formas me confesó que se lo pasó después estupendo y es que no hay nada como una buena fiesta. Que disfrutemos de muchas.
      Un abrazo, Dorotea.

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  11. Pues una de las sorpresas más bella que he visto (con la gran suerte de poder contribuir en la preparación) fue precisamente la fiesta de los 60 de
    Chari ......sobre todo, cuando tu sobrina"apareció ",ya que se suponía en Polonia. ... 😍😍😍

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    1. Ay, sí, Bea, esa fue estupenda y la verdad es que Chari no se esperaba nada. Le dijimos que viniera a ayudar en la vendimia y todos nosotros guapísimos vestidos años 60 y ella con trapejos para vendimiar. Bien lloré cuando apareció mi sobrina. Fue precioso.

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