lunes, 17 de abril de 2017

Un paso adelante




Esta semana mi amigo Miguel se ha lanzado en parapente por primera vez en su vida. Miguel tiene 71 años, una edad en la que muchos pensamos que no estamos para vaivenes (y si son por los aires, menos). Y, sin embargo, ahí lo ven en la imagen inicial, cumpliendo el mismo sueño de volar que tantos han tenido antes que él (empezando por Leonardo da Vinci cuando se puso a dibujar alas como un loco). Miguel cuenta de esa experiencia prodigiosa que sólo fue dar un paso adelante. Te pertrechas bien con casco, chaleco y parapente, y después sólo se trata de correr un poco ladera abajo en los altos de Adeje y, oooohhh, das un paso más ¡y ya estás en el aire! Ni vértigo ni miedo: únicamente la sensación de jugar con las corrientes y de dominar un paisaje infinito a tus pies.

En honor a la verdad, a aquellos que hemos llegado al otoño de la vida nos asusta lo que nunca hemos experimentado y nos identificamos más con aquellos versos de Manuel Alcántara que hasta Antonio Banderas tiene grabados en una pared de la terraza de su casa: "A la sombra de una barca / me quiero tumbar un día, / y echarme todo a la espalda / y soñar con la alegría". Y nos sorprende que haya personas como Miguel que, lejos de esa vocación "tumbona" a la que nosotros nos aferramos, se arriesguen, apuesten por el camino no trillado aunque pueda parecer peligroso y hagan una pirueta en la cuerda floja de la vida.

Esa pirueta no tiene por qué ser lanzarnos al vacío o conquistar un "ochomil" (como, por ejemplo, va a hacer ahora el alpinista abulense Carlos Soria con 78 años). Puede ser también un cambio de vida, como el del Sr. Kowalski, un personaje de la novela de Pierre Lemaitre que acabo de leer "Tres días y una vida", que en su jubilación se va a vivir a una caravana  para no sentirse de ningún lugar. O como Paco, un amigo que, con 76, se ha embarcado en comprarse un apartamento frente al mar y las gaviotas con lo trabajoso que es eso -remozarlo, amueblarlo, vivirlo-. O simplemente como Juan, otro amigo de 82 años que, con la ilusión de un adolescente, se ha comprado una moto. O como todos los que conozco que, ya jubilados, se apuntan a cursos para aprender a entender la música o la astronomía o el chino. Nada de tumbarse.

Tengo una amiga, viuda y con 70 años, que vive en esa Venezuela convulsa de la que nos hablan los periódicos y que ella sufre a diario: violencia, carencia de alimentos y medicinas, inseguridad. Los hijos viven fuera del país e instan a su madre, que está sola en Caracas, a seguirlos. Ella, con esa gracia del léxico hispanoamericano, dice que ya ha llegado "al llegadero", y es consciente de que eso no es vida y de que, ella que puede, debería cortar amarras. Pero tiene miedo de dejar su casa de toda la vida, el entorno conocido y amado.

Nadie puede decidir por ella. Pero tal vez, y salvando las distancias, el ejemplo de Miguel y de muchos como él la ayude. Costará, claro, porque nos hemos acostumbrados al suelo de la rutina bajo nuestros pies y a "tumbarnos a la sombra de una barca". Pero, a lo mejor, cambiar puede hacer que nos sintamos libres en el aire y llevarnos a la satisfacción de manejar nuestra vida sin que oscuros poderes decidan por nosotros. Al fin y al cabo, ante los retos, sólo se trata de pertrecharnos bien -los recuerdos siempre van a ir contigo-, coger carrerilla y dar un paso adelante.

22 comentarios:

  1. ¡Preciosa entrada! Yo hice parapente hace un año y es una de las experiencias más alucinantes que he sentido. Y no porque hacerlo sea lo más sino porque decidir lanzarse a la aventura de cosas nuevas un poco arriesgadas, te mantiene viva esa inquietud que te mantiene vivo.

    Hay un libro que está entre mis preferidos de todos los tiempos que se titula "Brooklyn Follies", del escritor Paul Auster en el que la moraleja es que lo importante es poner vida a los años no años a la vida. Hablando de esto, lo recomiendo: http://www.reporteraliteraria.com/2014/04/brooklyn-follies-de-paul-auster.html

    ¡Un abrazo!

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    1. Si hiciste parapente, tú también eres una heroína para mí, como lo es mi amigo Miguel. Ese lanzarse a la aventura de volar está en la lista de las últimas cosas que haría. Aunque si hay que hacerlo, se hace... :-D
      "Brooklin Follies" es el libro que más me ha gustado de Auster, un libro vital que recobra el optimismo en lugares en los que parecía que no era posible. Lo leí hace muchos años y tu reseña -estupenda- me ha dado ganas de volver a leerlo (yo disfruto mucho con las relecturas). Gracias por ello.
      Un abrazo.

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  2. Vea Ud, querida amiga,.....lo primero que le digo, que hasta el 7 de Diciembre de 2017 a las 12 de la noche, tendré solo 69 años y no 70 como Ud. me adjudica.......
    Aclarado el malentendido,paso a comentar un poco el escrito de hoy,en el que por alusión,me siento con más derecho si cabe a opinar, que el que me otorga el de ser su amiga del alma.
    No es precisamente miedo lo que me impide dejar mi casa de toda una vida. Es tristeza inmensa la palabra clave, y el pensar dejar detrás, no solo lo material, sino alguno de mis hijos y unos cuantos nietos. Es una sensación de que los abandonara en éste infierno a la buena de Dios mientras yo me pongo " a salvo". Es verdad que en un momento dado que tuviesen algún percance, yo no les serviria de mucho, pues estoy consciente de que no soy " superwoman" ni tengo superpoderes, pero le parece a uno, ya ves tu que absurdo, que estando cerca podria ayudarlos y socorrerles. Por eso como tu dices, y ahora que parece que al fin mis últimos quereres saldrán de éste pais, estoy decidida a "agarrar" mis macundales( mis peroles y cosas) y la carrerilla que nombras y dar por fin un paso adelante. Veremos a ver si Papa Dios, que está en el cielo lo permite y podamos estar todos fuera de éste querido País, aunque no juntos desgraciadamente pues esa ha sido otra consecuencia de éste desastre que vivimos hace ya 18 años.
    Un beso, pues, aunque no hayas puesto mi nombre,el comentario iba derechito a mi persona y lo importante es que te acordaste de mi al escribir tu blog de ésta semana. Te quiero.

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    1. Lo primero de todo, mis más sinceras disculpas (unidas a golpes de pecho) por ponerte un año más, cosa imperdonable a estas alturas. Sólo pensé que eras del 47 y que yo, que soy del 48, también tengo 69. Fallos inexcusables, perdón, perdón.
      Sabes que también te quiero y que deseo que te encuentres feliz. Y si eso pasa por dejar "el infierno", bienvenido sea. Aprovecha la marcha de los que todavía están y ya sabes, carrerilla y a volar. A lo mejor, alguna vez vuelves y se haya arreglado ese desastre que es Venezuela, un país querido por todos los canarios ("Venezuela siempre ha sido para el hombre de mi tierra la esperanza que convoca", cantaba Braulio) y que no se merece estar en manos de ignorantes y desaprensivos.
      Un abrazo grande.

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  3. Totalmente de acuerdo con vivir haciendo nuevas actividades a pesar de tener una edad respetable. ¡Que no nos tumbe la rutina!

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    1. Creo, Bego, que nuestra generación tiene un temple especial. Admiro a mis compañeros jubilados que hacen senderismo recorriendo un montón de kilómetros al día, o se van de viaje a Namibia a montarse en globo, o, como mi consuegro, que hace submarinismo buscando viejos barcos hundidos... En todos ellos late el corazón de los antiguos exploradores y aventureros. Aburrirse, jamás.

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  4. Hola Jane. Entiendo lo que ha hecho tu amigo Miguel, pues es algo que me gustaría hacer, pero no esperar a jubilarme, sino que he preguntado para hacerlo, pero el miedo me ha podido.
    Creo que cada uno decide cuando hacer algunas cosas que le hubiese gustado hacer. A veces se espera a "ser mayor" y otras veces no.
    De todas maneras admiro a los que realizan estos actos con esa edad. No creo que sean personas insensatas, sino que a veces, ya está bien de ser políticamente o socialmente correctos. Un beso Jane.Juan.

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    1. Cuando le conté a una de las amigas de mi edad la gesta de Miguel, también me dijo que ella lo había pensado y que no me extrañara que ella siguiera el ejemplo. Yo también los admiro, Juan, porque a mí también me puede el miedo. No creo que quienes lo hacen sean insensatos sino valientes.
      Rosa Montero escribió sobre sus deseos de año nuevo y una de las cosas que dijo fue: "Intentar hacer cada día algo que esté fuera de la rutina, algo pequeño y propio, algo nuevo, al estilo de lo que contaba Ellen DeGeneres: "Mi abuela empezó a caminar cuatro kilómetros al día cuando tenía 60 años. Ahora tiene 97 y no sabemos dónde demonios andará"".
      Un beso, Juan, y a ver si nos sacudimos el temor aunque sea un poquito.

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  5. Isa, acabo de leer el post, buenísimo, como siempre. Yo no soy ni de sorpresas como la de la semana pasada, ni de los lanzados; más bien de los de "a la sombra"... aunque admiro a todos esos intrépidos. Un abrazo.

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    1. Sí, Úrsula, a ti y a mí me da que no nos verán por esos aires. Fíjate que ni siquiera me subo a las norias ni me atraen las atracciones de los Parques Temáticos. De hecho no me he subido nunca ni me subiré a ninguna Montaña Rusa. Seguiremos tumbadas a la sombra de una barca "soñando con la alegría". Es otra opción perfectamente válida ¿no?

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  6. No soy nada aventurera, pero no me gusta la rutina y cambiar, salir, entrar, aprender cosas pero eso sí, en buena compañía siempre ������

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    1. Tú sí que sabes, Clari. Y a pesar de lo que dices, la propia vida es una aventura. Nunca sabes lo que cada día te puede ofrecer si estás abierta a todas las posibilidades. Que sigas así, sin parar la pata y proponiendo aventuras, mi amiga.

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  7. Hola Isa,

    no se puede describir mejor la experiencia del parapente, con menos
    palabras. Sencillamente, lo considero genial. Gracias por el afecto (que
    no me sorprende, y que es compartido) que muestras.
    Sí, quiero estar abierto a vivir nuevas experiencias, no necesariamente
    de riesgo, ahora que la salud lo permite, sin desechar claro está, de
    disfrutar de la sombra de una barca, y mejor si es acompañado de la
    persona que quieres.
    En cierta manera toda la vida está condicionada a decisiones, algunas
    impuestas. Tienes que elegir carrera, pareja, casa, hipoteca, número de
    hijos, educación, trabajo, coche... lo que lleva aparejado las
    correspondientes obligaciones y preocupaciones. Pero ahora llega el
    momento donde, con mejor o peor fortuna, no tienes esas obligaciones
    (solo las que quieras asumir, o por lo menos, en el grado de intensidad
    que decidas) y eso abre una segunda oportunidad de vida, diferente,
    apasionante, y no se puede malgastar el tiempo (la vida te ha enseñado
    lo rápido que se te escurre), y creo que es el momento de estar abierto
    (cada uno lo que le atraiga) a nuevas expectativas.

    Un abrazo.

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    1. Ya sabes que eres mi héroe, ahí saltando al vacío como si fueras supermán. Y el héroe de tus hijos, que fueron a aplaudirte y a grabar el momento, y el de tus 7 nietos (faltaban las dos pequeñas), que no se creían lo valiente que podía ser su abuelo.
      Creo que llegado el momento de la jubilación, esa que muestras es la filosofía correcta: entender que la vida se mide por la intensidad, más que por la duración; aceptar las oportunidades que te surjan y te atraigan (la sombra de la barca incluida con la persona que quieres); no sentirte desanimado por si me duele por aquí o me duele por allá... Y luego, que te quiten lo bailado. Nada consigue derrotar a la satisfacción que uno consigue por una vida plenamente vivida.
      Que la sigas disfrutando, querido amigo. Un abrazo.

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  8. Carmen María Duque Hernández18 de abril de 2017, 16:29

    ¡Qué envidia! Gracias y salud para todos

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    1. Ah, no, Carmelita, nada de envidia. Si te parece una experiencia alucinante y envidiable, ya sabes, a ponerte el casco, el chaleco, el parapente... ¡y a volar! ¿Por qué no?
      Un abrazo.

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  9. Qué bonito tu relato de hoy. Es impresionante cómo pones palabras a la forma que elegimos de ver pasar la vida.
    Un paso adelante es una lectura preciosa del camino que tomamos según nuestra personalidad y nuestras circunstancias. Creo que ambas posturas son respetables y libres. Volar después de los setenta o poner cemento a tus pies, allí donde esté y sientas tu refugio. Lo importante es sentir paz y felicidad en lo que decidamos desde lo más profundo de nuestro ser.

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    1. Me da que saltar en parapente no debe ser una experiencia que transmita paz. Me imagino la descarga de adrenalina, la emoción, la sensación de estar viviendo algo distinto a todo lo que has pasado en tu vida... Pero estoy segura que, después de haberla pasado y ante una buena cerveza, Miguel se sintió el rey del mambo. Ahí sí estaba en paz y superfeliz.
      Tienes razón, Cande. Lo importante es saber decidir y elegir lo que queremos. Ahí está el secreto.
      Un beso.

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  10. Jane:
    Gracias por esta entrada. Hay gente a mi alrededor que con cuarenta, incluso menos, no paran de decir que ya no pueden cambiar de rumbo, que son demasiado mayores. Me deprimen profundamente. Es un alivio saber que hay gente como la que mencionas así, que hace cosas cuando les apetece, aunque en el momento de apetencia se supone que deberían estar tirados en una butaca agarrando un bastón. No quiero ser así de mayor, quiero ser así siempre.
    Un abrazo.

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    1. Shackleton, cuando quiso preparar su viaje a la Antártida, puso un anuncio en el que decía: "Se buscan hombres para un viaje peligroso. Frío extremo. No es seguro volver con vida". A mí me da que ni a a eso ni al parapente me apuntaría ni loca. Pero hay un montón de opciones antes de estar agarrada al bastón. La vida cambia de rumbo constantemente y nos regala vivencias prodigiosas. A apurarla hasta la última gota.
      Un abrazo.

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  11. Un salto en parapente exige cierto grado de valentía y/o aventura. Mis hijos lo practicaron en una época y yo estaba aterrorizada cada vez que salían. Curiosamente mi madre que pasaba de los 80 años siempre estuvo rogando que la llevaran. Con buen criterio en aquellos momentos pensé que era una locura. Sin embargo, mi madre fallecíó como Dios manda, tranquilamente en su cama, se quedó dormida con 92 años. Hoy pienso que tal vez nos equivocábamos y debimos permitir que cumpliera su ilusión puesto que ella no tenía miedo sino mucha ilusión, el miedo lo teníamos los más jóvenes. Un beso Jane por traernos siempre temas interesantes que nos hacen reflexionar.

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    1. Es difícil decidir por los demás. Y también es difícil hacerse mayor y no poder hacer lo que quieres. A mí, que ya voy para mayor, me da miedo esto último y muchas veces le comento a mis hijos que no me prohíban demasiado. Eso sí, si alguna vez me oyen que quiero tirarme en parapente significaría que he perdido la chaveta por completo y mejor que no me hagan mucho caso ¡Qué valiente y osada tu madre! No hay muchas como ella. Y qué suerte haberla tenida contigo tanto tiempo y esa muerte tan dulce. La mía murió 20 años antes.
      Un abrazo, Margarita.

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