lunes, 23 de marzo de 2026

Madrid, Madrid, Madrid...


Este fin de semana he vuelto a Madrid como quien vuelve al Camino Verde. Fue un regalo de mi hija que sabe que es una de mis ciudades preferidas del mundo, sobre todo porque, después de vivir en ella 4 años, la conozco bien. O mejor dicho, conozco bien a mi Madrid.

Y es que hay muchos madriles. Hace poco leí un artículo sobre el visitante de lujo que va a Madrid. Es el que sobrevuela la ciudad en helicóptero por 4500 euros (de hecho vi uno parado sobre la Gran Vía), el que quiere visitar a solas el Museo del Prado o el Thyssen, el que disfruta de una cena íntima en la azotea de un Hotel de 5 estrellas con vistas, dicen, "al cielo de Madrid desde la calma de las alturas", o el que quiere ir de tapas acompañado de un familiar del Rey por unos 1000 eurillos de nada.

Pero ese no es mi Madrid. Mi Madrid es ver al despertarme, desde la ventana de la casa de mi hija, a los niños entrando en el colegio que está enfrente. Es el olor ahora de las calles arboladas apuntando ya a la primavera o de las alfombras de hojas secas en el otoño. Es los churros del desayuno, el vermut que puedes tomar en cualquier esquina o las comidas en El buey o en Hortensia. Es las multitudes multicolores en las calles del centro y el aire de pueblo que conservan los barrios, como Vicálvaro o Valdebernardo. Es ir al teatro o perderte en La casa del libro o la Cuesta de Moyano. Es volver a estar con mis amigas del Colegio Mayor de aquellos años: con Floren, tan creativa y buena, con la misma sonrisa de siempre; con Ana, mi querida compañera de habitación, y con Serra, su marido, que nos enseñó entonces a amar Madrid y sus alrededores; con Maruja, con la que hablé después de no saber nada en 50 años y que sigue siendo ella... Y también mi Madrid es ver de nuevo a Esperanza, una de mis "niñas del colegio", y a Mane, tan generosos, y disfrutar desde su terraza de las corralas y los tejados del barrio de Chueca (imagen inicial). Mi Madrid es el recuerdo de la Universidad, de Argüelles o de Cuatro Caminos. Es el paseo por El Retiro, en donde el ruido se transforma en rumor. Ese es el Madrid que amo y al que vuelvo siempre a reencontrarme con mis años jóvenes.

Así que no, no quiero verlo de lejos en helicóptero, porque ya lo hago cuando el avión me acerca a él y se extiende ante mí como una alfombra de luz; no quiero sentir solo mis pasos cuando visito un museo, porque es agradable compartir la belleza; no quiero mirar desde una azotea lujosa el cielo, porque desde cualquier sitio disfruto (y gratis) de esos atardeceres de fuego; y, sobre todo, no quiero ir de tapas con un familiar del Rey. Dios mío, ¿y si me toca Froilán?.


Ahí está viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá

 


1 comentario:

  1. Gracias. Me ha gustado.
    Sobre viajes, os animo a leer algo de aquí:
    https://historiasincontables.wordpress.com/category/relatos-de-viajes/

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