Hace ya 20 días que empezaron las fiestas de mi pueblo que van a culminar en la Romería de San Marcos el día 26, más una semana más de festejos, supongo yo que para ir recomponiéndonos. Ya el año pasado les hablé de los efectos colaterales de la Romería: estar haciendo rogativas todo el mes para poder aparcar (porque los aparcamientos están ocupados por norias, cochitos locos y hasta por vacas), cortes en la carretera general, latas y botellas vacías en los jardines y pintadas en las paredes, cánticos y tertulias de madrugada debajo de las ventanas, voladores a cada rato que nos dejan traspuestos del susto y a los perros gimiendo al alimón... ¿Qué les voy a contar?
Pero este año... Este año les perdono todo, oye, porque he asistido a un evento precioso que se celebra desde hace 20 años, pero al que yo por esos dos imponderables que tiene la vida (no enterarme o no poder), no había ido nunca. Y me ha encantado. Se trata del Concierto entre viñedos, que une música con un espacio entre viñas, cada año en un sitio distinto.
Imagínenselo. El sitio, esta vez por el Camino del Caidero en lo alto de Tegueste, en una casa canaria muy bonita, con su bodega y un espacio rodeado de jardines y las viñas desplegándose ladera abajo con el pueblo al fondo. La mañana, calurosa (tocaba calima), pero atemperada con ráfagas fresquitas que la hacían soportable. Y la música, traída por un trío de artistazos que nos hicieron pasar un rato muy agradable, el grupo Índice y medio (el título tiene que ver con los dedos con que se toca la guitarra). Eran Josele del Pino, que toca la contra, un timple tenor con sonido más grave que el timple, José Javier Machado con la guitarra y la voz prodigiosa de Josué Rodríguez.
Fue una delicia. Tocaron canciones de Silvio Rodríguez (no faltó "Yolanda, eternamente Yolanda...") y de Pedro Guerra (Del Hierro a Madagascar, con esa letra que armonizaba tan bien con el momento: "Una lengua común, una casa de todos, una mezcla de lluvia y mañanas al sol, una sola canción porque nadie esté solo, el verbo compartido en racimos de voz"). Pero también hubo temas propios, originales y poéticos, como las Seguidillas a mi padre ("Cuando yo era un menudo veía a mi padre como un héroe invencible de manos grandes..."), la Isa del castaño jurado ("... Con una copla en los labios habré de morir cantando"), el Estudio nº 5, el Arte de ti, Malagueña ("Eres gaviota viajera que va sembrando recuerdos con su canción lastimera..."), Folía que recomienda, como el almendro florido, soltar lluvia de flores ante los golpes, o el "Quiero verte sonreír, quiero darte mi canción y, en una tarde de abril, quiero regalarte un sol...".
Así que sí. Fue la mañana de este abril (encantado también), fue el público entregado, fue la música y letra de las canciones, el ambiente cómodo y familiar, las explicaciones y risas de Josele, la voz de Josué, la maestría de José Javier, el perfume de las flores, las viñas cuidadas y apuntando ya a la vendimia, el vinito blanco teguestero con el que nos obsequiaron al final, los encuentros con amigos afines...Todo un paquete que sirvió de indulto y perdón. Entonces, vale, de acuerdo, perdono a mi pueblo, Señor, perdono los disparates de estas semanas interminables de jolgorio, perdono los efectos colaterales de la Romería ya nombrados... Lo perdono todo, siempre que en medio de las fiestas siga brillando ese rato genial, ese concierto entre viñedos, en que nos regalen un sol y el verbo compartido en racimos de voz.

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