lunes, 18 de mayo de 2026

No me puedo quejar


En los tiempos de la dictadura se contaba siempre (bajito, eso sí) que, cuando alguien de fuera preguntaba qué tal se vivía aquí, se le respondía: "No me puedo quejar". "Estupendo", le decían. "No, no me ha entendido", y susurrando seguían: "Es que no-me-puedo-quejar".

Yo estoy en esa tesitura pero de verdad. Pienso que no me puedo quejar porque, entre las penumbras de esta vida puñetera de la que ahora todos se quejan sin problema, destacan, como puntos de luz, momentos que uno va atesorando a lo largo del camino para paladearlos con deleite al final del día y para pensar que, después de todo, la cosa no pinta tan mal. Hagan la prueba, estén atentos a lo que les pasa y encuentren esos momentos. Yo lo hice esta semana y reuní aquí unos cuantos como ejemplo:

El momento sorpresa. El encuentro el jueves, después de muchos años sin vernos, con uno de mis mejores alumnos, que ahora es catedrático de latín y que me confesó que, cuando hizo las prácticas en Lanzarote, tuvo que dar filosofía y usó mis apuntes tal cual. Una alegría inesperada que me alegró el día.

El disfrute con un libro y una película que me gustaron. El libro fue La corresponsal de Virginia Evans, una novela epistolar sobre una mujer que cuenta toda su vida a través de sus cartas, incluso de algunas que nunca envía. La película fue ¿Bailamos?, con Richard Gere, Susan Sarandon y Jennifer López, que te deja con ganas de ponerte a bailar cha-cha-chá (de hecho, lo intenté).

El rato con mi hijo viendo jugar a mi nieta de 12 la final de baloncesto en el Polideportivo de La Matanza (foto inicial de ella tirando al aro). Perdieron ("fuerte paliza les dimos, ellos a nosotros"), pero fue estupendo ver el entusiasmo y las ganas que le ponían y estar allí animándolas con la ola y el riquirraque.

Un momento mágico un atardecer: ver volar lentamente una bandada de aves (¿gaviotas? ¿garzas?) brillando al sol que se ponía frente a las montañas oscuras. Todo estaba en silencio y el tiempo casi se detuvo...

Tarde de chicas con mi hija y mi nieta mayor que aprovechó el San Isidro festivo en Madrid para venir el fin de semana. Comida, confidencias y la serie actual de la BBC en 3 capítulos Sentido y sensibilidad, que, vista en compañía, es más divertida.

Carcajada con Las chicas de oro una noche. Rose cuenta de un ex-novio de St. Olaf que, cuando iban los veranos al cine al aire libre en coche, la metía en el maletero para no pagar sino una entrada, veía la película y, al salir, la sacaba del maletero y le contaba la película. :-D

Momentos de amigos: las charlas por wasaps y teléfono, el café con mis amigas de pilates o la cena de huevos fritos, papas fritas y morcilla canaria (la mejor comida del mundo) en casa de amigos queridos.

Mover las neuronas. Lo hago cada día buscando La palabra y la frase del día, jugando 2 rummy contra el ordenador y una vez a la semana haciendo el Damero maldito. Bueno, y escribiendo este post.

Si meditamos cada noche sobre lo que nos ha regalado el día, claro que también hay momentos no tan gratos, pero ¿quién se acuerda de ellos? Busquemos lo que nos reconforta porque, como decía Jane Austen en Orgullo y prejuicio, "a falta de... el buen filósofo solo saca beneficio de dónde lo hay".

No me puedo quejar.


1 comentario:

  1. Exacto. Como diría Jane: "where other powers of entertainment are wanting, the true philosopher will derive benefit from such as are given".
    Lo que demuestra que eres una verdadera filósofa, si es que había alguna duda, porque conozco poca gente tan disfrutona.
    Y lo que me pude reír con el primer párrafo (no conocía esta frase en este contexto).

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