Este 14 de febrero mi hija ha presentado de nuevo un libro, titulado "Proyecto Bruno". Ana esta vez ha dejado de lado la literatura fantástica y ha escrito lo que se llama una novela juvenil. No estoy de acuerdo con el calificativo que se les pone a estos libros solo porque los protagonistas son adolescentes. Considero que muchas de estas novelas que tratan los temas eternos del ser humano —la amistad, el amor, la inseguridad, los proyectos de vida... — son aptos para todo tipo de lector. Digamos entonces que es una novela que habla de ese periodo de la vida tan difícil que llamamos adolescencia y que es la base de lo que ahora somos.
De todo ello dan cuenta en la novela dos voces, alternando los capítulos: la voz de Ed —inseguro, tímido, sensible, inteligente—, que experimenta el miedo de quien se siente diferente y lo lleva como su más temible secreto cuando se encuentra ante el primer amor, el Bruno del título; y la voz de su amiga Elena, enamorada también del mismo chico, pero que decide afrontar el reto de conquistarlo como un proyecto científico y racional. Contada con humor y sensibilidad, la novela se lee en un pispás, y deja un regusto amable que se agradece en estos tiempos. Más cuando la presentación es preciosa, con esa portada y contraportada (Ed y Elena) dibujadas por mi nieta Eva (15 años), que no es porque lo diga su abuela, pero lo hace muy bien.
Eva fue precisamente la que le pidió a su madre que la escribiera y, por supuesto, la novela está dedicada a ella. Pero también está dedicada a su grupo de amigos, "los parguelas", los chicos y chicas (son 6) que empezaron con ella en el colegio en parvulitos y que la quieren y la hacen sentir uno de los suyos.
¿Por qué se llaman "los parguelas" (que puede significar "tonto" o "pringado")? Vete tú a saber. El caso es que las pandillas necesitan verse únicas, con su nombre, sus frases propias que solo entienden ellos, sus códigos secretos, sus tradiciones. ¿Qué les une?, le pregunto a Eva, que me contesta que las series animadas, el cine, la música y el gusto por las conversaciones raras. Les encantan los maratones de películas mientras comen pizza o estar hasta altas horas de la noche hablando, desde si los aliens existen o no y si la NASA los tiene escondidos en el Pentágono, hasta el sentido de la vida y de hacia dónde se dirige el mundo. Eva dice que nunca se pelean, que tienen puntos de vista diferentes pero que cada uno aporta el suyo. "Somos como un puzzle", afirma con seguridad.
Oyéndola, se me va el pensamiento a mi pandilla, la de mis 14 y 15 años, que nos llamábamos "los cosacos", no sé por qué tampoco. Éramos Cae, Úrsula y yo, y después estaban Peri, Mundo, Blas y Yan. Es verdad que a mí me gustaba Peri y a Cae, Mundo, pero nunca estuvimos de parejitas, sino que éramos un grupo de amigos que íbamos juntos al cine y hablábamos de todo y arreglábamos el mundo en los bancos de la Rambla. Hace poco encontré una carta de disculpa que les escribimos a los chicos una vez que se enfadaron con nosotras porque les dimos plantón. Cada vez que leo esa carta —yo, intentando buscar excusas para lo inexcusable, Cae poniendo al margen las cosas como realmente fueron— me explico por qué nunca la mandamos y no puedo evitar reírme (es una carta muy divertida) y sentir ternura por esos yoes que fuimos en ese momento: un tanto despreocupados y desvergonzados, pero siempre conscientes de la vida que se extendía ante nosotros, preparada como una fruta madura que se va a degustar con deleite y pasión.
Ah, la adolescencia... David Bainbridge, un profesor de anatomía y clínica veterinaria de Cambridge, la define como "el gran momento de la vida de todos los animales superiores, la erupción del volcán interno que dará paso al esplendor de la madurez". Bendita adolescencia, bendito nexo entre pares, los que comparten edad y que se convierten en esa etapa en los más necesarios para salir adelante. Benditos "parguelas", que arropan a mi nieta, y benditos "cosacos" —¿dónde andarán ellos?— con los que pasamos tan buenos ratos. Y bendito "Proyecto Bruno", que sabe hablar con conocimiento de causa de esa época complicada y vehemente que todos hemos vivido -alguna vez fuimos así- en la que nos parecía que cualquier cosa podría ser posible.
PD: Si quieren leerlo, pueden conseguir el libro en Amazon y en la librería Lemus.
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