lunes, 31 de agosto de 2026

Cuatro cochinos días


Son las 12 de la mañana en un pueblo como el mío, un suponer. Hay 3 amigas que se reúnen para tomarse un café a la salida de pilates. Pero una de ellas (como yo, por ejemplo, otro suponer) dice: " ¿Y si nos tomamos un vermut?". Todas saben que allí sirven uno buenísimo con su rodajita de limón sutil, su hielo, se cereza en almíbar... Y entonces se produce un trasiego y una dice: "Ah, pues yo también me tomo otro". Y la tercera, olvidado ya completamente el café inicial, pronuncia una de las frases más repetidas del mundo: "Vale, va, pa cuatro cochinos días que una va a vivir, que sea otro vermut. Ah, y no se olvide de unas papas fritas y unas aceitunitas".

Cuatro cochinos días... No hay frase que contenga 2 ideas tan contrarias. Por un lado, el poco tiempo que nos queda por vivir a los de mi edad, comparado con lo que hemos vivido ("cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando", como dice Manrique, la alegría de la huerta). Y a esos días se les califica, además, como cochinos. ¿Por qué? No se sabe. Una visión trágica y escatológica de la vida.

Y por otro lado, la idea de que esos pocos días, precisamente por ser pocos, han de ser placenteros y vividos a tope, cosa que defienden muchos de mis amigos, que son así de vitales:

"Pa cuatro cochinos días que vamos a vivir, no voy a estar haciendo dietas asquerosas. Me apunto a la de caviar y jamón serrano".

"Sí, ya sé que el crucero por el Rin es caro, pero total, pa cuatro cochinos días que vamos a vivir uno no va a estar mirando un euro más o un euro menos".

"Pa cuatro cochinos días que vamos a vivir, me lío la manta a la cabeza y me echo una novia salerosa y jaranera (o novio)".

"No te lo vas a creer, pero ayer me tiré en parapente, una experiencia alucinante. Total, pa cuatro cochinos días que uno vive...".

"Este verano paso de responsabilidades, rutinas y muermos. Tocan caprichos, locuras, risas... que, total, pa cuatro cochinos días...".

Y la casualidad que esta semana vi una película, "Ahora o nunca", interpretada por dos grandes actores, Morgan Freeman y Jack Nicholson, que ahonda en el mismo tema. Dos hombres se conocen en una clínica y les dicen que les quedan 6 meses de vida (que podemos traducir por "cuatro cochinos días" o "dos telediarios"). ¿Cómo afrontarlos? ¿Se quedan esperando mustios el final o tiran de humor y hacen una lista de aquellas cosas que siempre quisieron hacer y nunca hicieron? Optan por lo segundo, claro, y entre otras cosas, se tiran en caída libre de un avión, se hacen un tatuaje, conducen un mustang, ven las maravillas del mundo a bordo de un avión, cruzan la Muralla China en moto, van a un safari, intentan subir al Everest, se ríen hasta llorar...

Aunque no podemos hacer, como ellos, una lista tan ambiciosa (uno de los amigos es muy rico y lo tiene fácil), sí que propongo dos cosas: tachar el calificativo de cochinos para nuestros días y sustituirlo por adjetivos positivos que empiecen por lu: lúdicos, lúcidos (y lucidos), luminosos, luengos, lujosos, y hasta luciferinos y lujuriosos. Que, si nos hemos pasado la vida currando, lo que nos quede merezca la pena. A vivir que son dos días (o cuatro).


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