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| Momentazo camping en la terraza |
Otra cosa no, pero el muy puñetero tiene hasta un nombre con glamour. Incluso llamándose coronavirus ostenta un deje aristocrático que engaña. Y así, como lo he puesto en el título, "Momentazos COVID-19", parece como si estuviera refiriéndome a un festival de música. Pero no. El COVID-19 podrá tener un nombre glamuroso pero nada más. Es un bicho repugnante que nos ha cambiado la vida y la ha llenado de momentazos inesperados que van a hacer que este año de 2020 sea inolvidable. Ahí van unos cuantos.
1. Lucas tiene 6 años y vive en el piso de encima del de sus abuelos. Se ha pasado la vida subiendo y bajando, considerando la casa de ellos como una extensión de la suya, y no entiende por qué ahora no puede entrar ni abrazarlos ni comer con ellos ni nada. Y no quiere mirar a la abuela, como si ella tuviese la culpa, y se pasa el día enfurruñado. Hasta que la abuela de lejos en la escalera le empieza a explicar lo de que podría contagiarlos y hacer que enfermaran y que él no querría ver malitos a los abuelos ¿verdad?. Lucas atiende, dulcifica sus facciones, mira a la abuela con sus ojazos oscuros y le dice, cariñoso: "Pero ¿al menos puedo tocarte con un dedito?".
2. Conchi, la experta en arte de nuestro chat, no puede dormir. El encierro en casa le tiene trastocado el sueño, pero ¿qué importa? No tiene nada que hacer por la mañana, así que ¿qué más da que luego duerma hasta el mediodía, desayune a las 12 y coma a las 5 de la tarde? Se levanta de la cama. Es la 1 menos 20 de la madrugada del sábado de Gloria. Por distraerse y porque recuerda otras semanas santas empieza a buscar Cristos resucitados. El primero que encuentra es el de Piero della Francesca, pero le siguen los resucitados de Perugino, Tiziano (que parece un Fred Astaire redivivo), Tintoretto, Veronés, Rafael, Murillo, dos de El Greco, dos de Rubens, las dos esculturas de Leonardo da Vinci, con y sin paño de pudor... Y el más famoso de nuestros resucitados, el Cristo de Tacoronte. Cuando termina, cansada y contenta, son las 3 de la mañana. El Domingo de Pascua en el chat de las amigas, incluso las que se despiertan temprano, encontramos un regalo especial de resucitados mientras ella duerme el sueño de los justos.
3. Carmen tiene que llevarle la compra a su hija embarazada que vive al otro lado de La Laguna. Sale de su casa en la Plaza del Cristo y al llegar al coche se da cuenta de que no lleva las llaves. Vuelve a por ellas y sale con prisa y al llegar a casa de su hija no encuentra ni la cartera ni el móvil. Recuerda con horror que, cuando volvió a por las llaves, lo dejó todo encima del capó y debe haberse caído por el camino. Da una vuelta a ver, pero nada. Llegando a su casa, agobiada porque ha perdido DNI, tarjetas, dinero y móvil, ve a un policía a la puerta que le entrega la cartera. Un chico la ha encontrado en la calle de Herradores. Ella le explica el recorrido que hizo y, al rato, vuelve el policía con el móvil. Lo encontró en la Plaza de la Milagrosa, la carcasa escachada pero el móvil, intacto. De algo tiene que servir que las calles estén vacías.
4. Julia me llama el sábado por la tarde: "Te voy a decir una cosa que te vas a quedar con la boca abierta ¡Esta noche vamos a dormir en la terraza en una tienda de campaña con un saco de dormir! ¿A que te has quedado con la boca abierta?". Le aseguro que sí, que todavía no la he podido cerrar y que es un plan fantástico. Está que no puede de los nervios; a sus 6 años es la primera vez que va a hacer camping. "Vamos a dormir allí los cuatro: papá, mamá, Álvaro y yo". "¿Papá también?", le pregunto sabiendo lo tiquismiquis que es mi hijo para dormir. "También", me contesta. A la mañana siguiente todos han dormido como leños a pesar de una llovizna que les cayó en la madrugada. Le pregunto a mi hijo la hora en que se acostó y me dice que a la 1. "¿Y a qué hora te fuiste a tu habitación y a tu cama?". "A la 1 y media".
Hay más momentazos que nos van surgiendo en este paréntesis que nos ha caído encima. Por ejemplo, les tengo que contar que me llamaron de la tele para hablar de cuando todo esto pase, pero lo dejo para más adelante para no enrollarme mucho. Solo un último momentazo COVID-19:
5, Carlos está corriendo en la cinta. También es una lata que no puedan hacer deporte ni caminar, como suelen, alrededor de la casa. Pero por lo menos tienen la cinta y, gracias a ella, él, su mujer y sus dos hijos queman energía y calorías. Va subiendo a 8, 9, 10 por hora... Y justo es ese momento cuando la cinta, que ya tiene 15 años y a la que estos días han castigado con saña, elige para romperse. El frenazo es tan brusco que Carlos sale casi despedido hacia delante. Gracias a que tiene reflejos y pone las manos no se da un golpe demasiado grande.
He elegido este momentazo para terminar porque de la misma manera el COVID-19, ese de nombre tan glamuroso, ha echado un freno en nuestras vidas, parándolas y lanzándonos a la depre, al desánimo, ¿al foso de la desesperación?. Pongamos, como Carlos, las manos y aguantemos el golpe con serenidad y sensatez ¡Qué menos!
He elegido este momentazo para terminar porque de la misma manera el COVID-19, ese de nombre tan glamuroso, ha echado un freno en nuestras vidas, parándolas y lanzándonos a la depre, al desánimo, ¿al foso de la desesperación?. Pongamos, como Carlos, las manos y aguantemos el golpe con serenidad y sensatez ¡Qué menos!
| El resucitado de Tiziano (que a mí se me da un aire a Fred Astaire) |




