lunes, 10 de junio de 2013

Fantasmas de La Laguna




Hay un cuento de Valle Inclán titulado “El miedo” en el que el narrador, un Granadero del Rey, habla de la única vez en que sintió “ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo”. Estaba solo en una capilla húmeda, tenebrosa y resonante esperando a que viniera el Prior de Brandeso a confesarlo cuando oye, en el silencio del lugar, dentro de un sepulcro, el entrechocar de los huesos del esqueleto enterrado y “el hueco y medroso rodar de la calavera sobre su almohada de piedra”.
Me puedo imaginar perfectamente el panorama: los pelos erizados, el corazón truncuneando a todo meter, la boca seca y agarrotada, las piernas de gelatina, el pensamiento de salir por patas ya y la convicción de que no te puedes mover...Y eso que todos decimos que no creemos en los fantasmas y que estos están ahora de capa caída. En las ciudades las palas mecánicas de la especulación y la poca sensibilidad urbanística han arrasado con sus hábitats naturales, esas viejas casonas y esos palacetes antiguos que guardaban bajo sus vigas historias truculentas y secretos inconfesables. No, no es buen tiempo para espíritus…
Ah, pero en La Laguna es otra cosa. La Laguna  es esa “ciudad tranquila de los conventos y de las huertas”, de la que Manuel Verdugo decía después:
mientras la lluvia pule la piedra de tus blasones
serena tejes tu noble ensueño de cosas muertas
en un silencio pleno de extrañas evocaciones”.
Es imposible pasear una noche por La Laguna (esas noches laguneras, noches de niebla y de frío) sin imaginar precisamente las extrañas evocaciones, los fantasmas que te acechan tras las altas claraboyas o las celosías de un convento.
Está el más famoso, Catalina, lamentándose eternamente por los pasillos del palacio Lercaro y por los alrededores de dónde estaba el pozo por el que se tiró la noche de bodas allá por el siglo XVI (antes muerta que mal casada) Todavía asusta, como tiene que hacer un buen fantasma, a los que hacen guardia en la casa, que oyen sus pasos en el piso de arriba y sus susurros en la noche.
Pero también hay otros. Enfrente del palacio, hay una casona deshabitada con los salones de la parte baja alquilados. Los inquilinos llamaron a los dueños para preguntarles: “¿Hay alguien en la casa? Porque todos los días a las 3 de la tarde se huele el aroma de un puro”. A los dueños, después de comprobarlo, se les puso la piel de gallina porque su abuelo, muerto hace muchos años, solía fumarse un puro en la puerta de la calle después de comer. Se ve que ni la tumba consiguió que dejara el vicio…
En la casa de mi amiga Maruca se oye el frufrú de telas y pasos en la escalera sin pies dentro. Nosotros le decimos que es el fantasma del Deán Palahí que vivió allí y que de vez en cuando se pasea a ver cómo va la cosa. Y más abajo, en la misma calle San Agustín, también hace acto de presencia con el acostumbrado trajín de ruidos el fantasma de un chico que murió en un duelo hace siglos.
En la Plaza del Adelantado hay otro fantasma célebre, el de Sor Úrsula de la Cruz, que llora todavía tras la celosía del convento de Las Catalinas recordando el momento en que vio desde allí decapitar en la plaza a su amante, un Nava y Grimón que se atrevió al enorme crimen de querer robarle la novia a Dios. Ella fue castigada a quedarse encerrada en su celda toda la vida y, cuando murió, se dice que tenía guardadas en el pecho las cartas de él. Hoy la han visto en noches de niebla pasear por la plaza, estremeciendo a los que se la tropiezan.
No, no creemos en los fantasmas, pero hasta en mi instituto, el más antiguo de Canarias, que antes fue un convento agustino,  las señoras de la limpieza no quieren ir por la noche al Patio de los Cipreses (en una de cuyas esquinas se encontró una tumba) porque se oyen ruidos raros.
En el cuento de Valle Inclán, cuando llega el Prior de Brandeso, un hombre arrogante y erguido, a confesar al Granadero del Rey y lo ve hecho un trapo, con los ojos desorbitados y muerto de miedo, le hace abrir la tumba y, sin una palabra ni un gesto, coge la calavera y se la da. En ella había un nido de víboras que el joven sacude con horror. El Prior lo mira “con sus ojos de guerrero que fulguraban bajo la capucha como bajo la visera de un casco" y le dice:
-          Señor Granadero del Rey, no hay absolución… ¡Yo no absuelvo a los cobardes!”.
A todos nos gustaría ser tan valientes como el Prior de Brandeso, pero lo cierto es que somos tan cobardes como el Granadero del Rey.




31 comentarios:

  1. Ciudad de fantasmas y de locos decíamos nosotras en el instituto... deberías de escribir de los loquitos de La Ciudad jeje... Besos miles de choc

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  2. Alguna vez tú y yo nos vamos a reunir a alegar un rato sobre fantasmas y locos laguneros. Eso sí, ante un chocolatito caliente, que en tardes laguneras, cuando por la calle del Remojo se cuela esa brisa polar, aleja el frío y aquieta el espíritu.
    Un beso.

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  3. Me encantó Isabel, debe de ser porque yo si creo en los fantasmas.
    :-D

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  4. Gracias, Violeta. Y oye ¿crees porque sí o porque te has encontrado con alguno por esas calles laguneras? Tú espera que yo oiga crujidos, pasos, suspiros, chasquidos, carraspeos u otro ruido raro donde no tendría que haber ninguno, para que veas como me convierto al credo fantasmal al momento.

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  5. En esas calles laguneras no, pero en casa de mis abuelos me encontré con uno de los "bisa" unas navidades. Yo no lo conocí en persona (murió hace muchísimos años), pero supe que era él porque iba vestido como en el retrato que tiene mi abuelo en el comedor. Después de ver eso...no me quedó más remedio que plantearme otros paradigmas jejeje

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  6. Bueno, Violeta, yo me encuentro con un bisabuelo paseándose por mi casa y, aparte de hacérmelo encima, me cambio de paradigma completamente. Lo más cerca que yo he estado de un fantasma fue una vez que nos fuimos mi marido y yo de escapada a La Gomera y me quedé en una casa rural antigua. Por la noche estaba durmiendo y sentí que un ser alto (como un dementor de los de Harry Potter) se acercaba a mi cama. Me desperté con un grito y una taquicardia y mi marido, en lugar de comprenderme, me dijo que la bebida es el diablo.

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  7. Jejejeje " el hombre de blanco".Yo no creo en fantasmas pero...también lo vi cuando era chica,el la azotea de casa de mis padre,mientras recogía la ropa

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  8. No creas, América, eso de tener un fantasma familiar como que da prestigio ¡Ya quisieran muchos de la Jet...! Y lo curioso es que se aparezca a niños. A lo mejor también vuelva a hacerlo cuando sean viejitas. Por lo menos mi padre, una vez que lo llevamos a su casa, ya mayor, nos dijo: "¿Y qué hace toda esta gente aquí?" .

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  9. Muy bonito relato . Aunque unos fantasmas muy buenos e inofensivos si los comparamos con algunos "fantasmas" que aun estan vivos y que tambien abundan

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  10. Lo mismo me decía mi abuela, Iván, cuando nos daba miedo, por ejemplo, ir al cementerio: "Ten miedo de los vivos, que los muertos ya no pueden hacer daño". Y tienes razón, hay cada "fantasma" suelto por ahí...

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  11. Pues si. Me gusta mucho. Te ha quedado "bordado".
    La alusión al cuento de Valle Inclán está perfectamente elegido como introducción y la descripción que haces de La Laguna y "sus fantasmas", de miedo.

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  12. Gracias, Álvaro, y muy fino lo "de miedo".
    Este cuento de Valle Inclán siempre me gustó. Y tiene un final precioso que dice así:
    "Las palabras del Prior de Brandeso resonaron mucho tiempo en mis oídos. Resuenan aún ¡Tal vez por ellas he sabido más tarde sonreír a la muerte como a una mujer!".

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  13. Mi nieto, que está en la Escuela de Música, representó con su grupo el sábado en el Círculo el cuento del fantasma de Catalina, que se desarrolla en La Laguna y que tú nombraste en tu escrito.

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  14. Sí, Ani, es el más famoso de todos los fantasmas laguneros. Hace poco hice una visita al Palacio Lercaro (por la noche, como tiene que ser) y nos contaron que, cuando van grupos escolares, lo primero que preguntan es por el fantasma. Y a todo esto, creo que la existencia de Catalina Lercaro está cuestionada porque no hay pruebas siquiera de que existió.

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  15. En el Real Conservatorio de Música Victoria Eugenia, hubo un profesor de música que fue expulsado de su trabajo después de haber entregado toda su vida a la enseñanza. La razón del despido fue que pese a sus amplios conocimientos musicales y probada experiencia, no poseía título alguno y siendo para él la música y la enseñanza su mayor ilusión en la vida, murió con una gran pena en el alma. De ahí que una vez muerto frecuentara el lugar que tanto amaba y al que tan unido estaba en vida.
    Múltiples son los incidentes que han vivido profesores, alumnos, personal de conserjería que avalan la presencia fantasmal. Entre ellos, se cuenta que en una ocasión, dos profesores fueron testigos de un hecho insólito. Al parecer permanecían en el aula de Música de Cámara, cuando inexplicablemente, vieron flotar y caer una moneda de “cien pesetas” desde el techo. Según estos profesores, ellos eran las únicas personas presentes en ese momento en el Conservatorio ya que permanecía cerrado. Además, ni la puerta ni las ventanas estaban abiertas, por lo que parece improbable que la moneda procediera del exterior. Al parecer se materializó de la nada.
    Otro antiguo profesor asegura que, cuando se encontraba estudiando en el auditorio notó una sensación similar a la que sentiría cualquiera que estuviera rodeado por personas, sin embargo no había nadie en la sala en ese momento.
    O el fenómeno que cuentan ocurre de noche en el patio del edificio, allí una ráfaga de viento aparta las hojas de las plantas como si algo se abriera paso a través de ellas. La ráfaga de viento surge de la nada en noches en las que impera la calma.
    Un profesor recuerda que mientras ensayaba delante del piano en un aula de la tercera planta, le pareció escuchar en la sala contigua a otra persona tocar ese mismo instrumento. Incluso pensó que sería un compañero suyo, quien estaba ensayando. No le extrañó oír la música sino la destreza con la que tocaba la pieza que era de gran complejidad. Al acabar su ensayo y salir observó que la sala contigua estaba cerrada con llave, así que preguntó al conserje si alguien había estado tocando allí, a lo que contestó que no, pues nadie le había pedido la llave del aula.
    En otra ocasión con todas las dependencias cerradas a cal y canto, en un momento dado dos personas, las únicas que estaban en el centro, pudieron escuchar claramente una misteriosa melodía de procedencia desconocida,
    Si, el edificio del Conservatorio, antiguo Palacio de Caicedo del siglo XVII, tiene algo especial.


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  16. No es por nada, pero si yo fuera el marido de Catalina (la que se suicidó la noche de bodas), me replantearía un par de cosas sobre mis técnicas de ligue.

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  17. Anónimo:
    ¡Qué historia tan bonita y tan triste! Es bonita porque habla del amor a la música, que tal vez no pueda cambiar el mundo pero que reconforta y da sentido a la vida. "Es lo más cerca que podemos estar de la idea de Dios", dijo el músico Karl Bartós. También es bonita porque habla de un un edificio precioso y de una ciudad, Granada, que también lo es.
    Pero es triste porque habla de frustraciones y de seres humanos que no saben soltar amarras. Sea cierto o no, es una historia que habla de cómo somos.
    Gracias por compartirla.

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  18. Loque, muy bueno lo de las técnicas amatorias.
    La historia entera cuenta que los padres concertaron la boda de Catalina con un señor mayor y rico y que ella no lo soportó, lo cual es raro porque en aquellos tiempos eso era lo más normal del mundo. Pero, cuando hace unas cuantas noches, hicimos una visita al Palacio Lercaro, la guía nos dijo que no hay ninguna prueba histórica de la existencia ni de Catalina, ni del marido ligón, ni de suicidios ni de nada. Sólo consta una muerte de una chica joven, Úrsula, pero no dice de qué. Y, aunque se dice que los Lercaro, abrumados por la culpa, dejaron la casa y se mudaron a La Orotava para alejarse del tema, la guía nos dijo, quitándonos todo el romanticismo, que los motivos de la mudanza fueron económicos: los negocios se hacían a través del Puerto de la Orotava, hoy Puerto de la Cruz. Lo que te digo, se lo están poniendo muy difícil a los fantasmas hoy en día.

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  19. Pues en el hospital donde trabajo, aunque no es muy antiguo y tampoco está en La Laguna, también hay fantasmas. Un compañero estaba una noche estudiando solo en una sala de reuniones bastante apartada cuando nota que le hacen, toc, toc, en el hombro. Mira hacia atrás asustado porque no había oído pasos y no hay nadie. Ni que decir que se marchó de allí patas pa que te quiero. Todos se rieron de él cuando lo contó, pero unas noches después a otro compañero le pasó lo mismo: toc, toc, mira para detrás y allí no hay nadie. El chilgue que les dio a todos fue de tal calibre que el cura acabó yendo a hacerle un exorcismo a la habitación. Desde entonces no ha habido más toqueteos de hombros pero los compañeros, por si acaso, nunca se quedan solos allí.

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  20. Y a mí que me pareció un despropósito el que la diócesis de Madrid nombrara hace poco a 8 exorcistas, pensando que no tendrían mucho trabajo en estos tiempos tan materialistas... ¿Estaremos volviendo a épocas preconciliares?

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  21. Me ha encantado como siempre, tu relato de fantasmas ( puro realismo magico) . En "el consejo consultivo " merodea otro , haciendo de las suyas, inquietando a los seguritas y demas personal. Esperando reunirme contigo cualquier noche de lobos y asomarnos al alfeizar de los recuerdos, besos desde bajamar. Vivira en mi chimenea algun fantasma?..creo que si.

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  22. Mira que yo pensaba, Pili, que había pocos pero ya veo que van apareciendo por todos lados (el del Consejo Consultivo creo que es el chico del duelo). Mi hija, cuando vio las fotos que puse (hechas con un móvil por mi amigo Álvaro), me dijo que parecen fantasmales. Y es que en esas noches de lobos, como las llamas, cualquier cosa parece posible:
    "Por viejas calles y por frondosas plazas desiertas
    murmura el viento rancias consejas y tradiciones..."
    Esta Laguna nuestra nos está haciendo hasta creer en los fantasmas...

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  23. Me ha encantado el post. Yo soy cobarde reconocida. A mi lo de los fantamas me da un caguele que ni te cuento. De todos, el que más me ha gustado, el de Sor Úrsula de la Cruz. ¡Qué miedo!

    www.sobrevolandoloscuarenta.blogspot.com

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  24. Es una historia muy bonita, Lola, de la que se ha hecho hasta una obra de teatro. El convento de las Catalinas y el palacio de Nava y Grimón están frente a la Plaza del Adelantado, separados por un callejón llamado de la Caza. Dicen que por debajo hay pasadizos por donde el joven iba a visitar a Sor Úrsula (ya se conocían de antes pero a ella la metieron en el convento). Una vez decidieron huir, ella disfrazada de chico, y llegaron hasta el barco en Santa Cruz. Pero el barco no pudo salir debido a una tormenta y los cogieron. A él, como era noble, lo condenaron a ser decapitado en la Plaza del Adelantado (si hubiera sido plebeyo lo habrían ahorcado) y a ella, a ver la decapitación y a estar encerrada de por vida en una celda. Triste y desesperante.
    Yo también soy una cobarde de campeonato.

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  25. En mi fase de estudiante en La Laguna conocí a más de un lagunero fantasma, o mejor dicho algún "echadopalante". Si que me he encontrado con fantasmas, pero muchos más en Madrid, cientos.

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  26. Enrique, fantasmas de esos hay muchísimos más que de los otros.

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  27. La Laguna, bella, misteriosa, pero sobre todo encantadora, tiene un ¡qué! que engancha...
    Muchas noches caminé con el frío por montera por esas calles, calles llenas de soledad..., no sé si en algún momento "ellos" pasearon conmigo o yo con ellos, solo por sentirlo hubiese hasta pagado, no te cuento ya por ver su existencia.
    Me ha encantado tu post, cada vez que hablas de La Laguna me vienen miles de recuerdos, millones de momentos vividos, compartidos con mucha, mucha gente, de todos los puntos cardinales del Archipiélago.
    Espero más detalles escritos de la ciudad de los adelantados; un saludo grande.

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  28. Unamuno hablaba en 1910 de que en La Laguna el silencio y la soledad se le metía hasta el tuétano del alma: "Unas calles largas, largas como el ensueño; en el fondo una torre oscura tronchada. Acá y allá casas con salientes miradores de madera, de celosías... En algunos tejados, el verode...". Él y muchos otros la han cantado. Parafraseandote a ti y a Guillermo Perera cuando hablaba del Instituto:
    "Yo no sé qué atracciones y enganche tiene
    que aquel que la ha vivido nunca la olvida..."
    Y tú y yo hemos tenido la enorme suerte de estar y disfrutar en esta ciudad especial, vivible, hecha a nuestra medida. Y también de pasear alguna noche en compañía de sus fantasmas...

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  29. Es La Laguna en estado puro. La verdad es que un poquito de escalofrío le recorre a una el cuerpo al leerlo y ver las fotos, por muy valiente y descreída que sea.

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  30. Tú lo debes saber bien, que recorres La Laguna muchas de esas noches fantasmales. Y que la amas.

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  31. Me ha gustado muchísimo y me he identificado bastante con el tema por haber experimentado personalmente cosas parecidas.Te animo a que sigas escribiendo sobre el tema.Pili

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