martes, 7 de enero de 2014

Una flor en la conversación




El día 1 de enero, a la caída de la tarde, unos amigos nos invitaron a su casa, amplia y generosa, a comer una paella en amor y compaña: mesas redondas que facilitaban la conversación, una decoración navideña blanca y dorada, grandes cristaleras desde las que se veía a lo lejos el Teide todavía nevado, y el sol poniéndose sobre el mar. Y lo mejor de todo, gente agradable con la que hablar en esa noche tranquila después de los festejos y con la que brindar por el año que empieza.

A mi lado estaba sentado el pintor Manolo Sánchez. Tiene 83 años y la mirada joven de los que saben encontrar maravillas en la naturaleza y capturarlas en sus cuadros. Me habló de sus pateos por los montes de todas las islas, que él conoce como nadie, y, sobre todo, me habló del bicácaro, una flor que lo tiene fascinado y a la que ha hecho protagonista de su última exposición. Pese a ser algo así como “la flor nacional canaria”, yo no había oído hablar del bicácaro en mi vida.

Pero esa noche supe que siempre ha estado aquí, que es un endemismo (de hecho, su nombre oficial es “canarina canariensis”), una campanilla naranja y roja, bellísima, que vive en los lugares sombríos de los bosques de laurisilva, llenándolos de luz y color. Los guanches comían su fruto y su raíz, y todavía hoy en La Palma (¿dónde, si no?) se hace un dulce de bicácaro exquisito, según cuentan.

¿Por qué nunca supe de él? ¿Por qué, a veces, somos tan miopes ante lo que nos rodea? Viana habló de los “bicácaros melosos”; Abreu  dijo que “en esta isla no había frutas si no eran bicácaros y mocanes y dátiles salvajes”; Linneo lo conoció cultivado en jardines botánicos europeos y lo describió. Viera y Clavijo enseñó que “el bicácaro se cría espontáneamente en los terrenos frescos e incultos, y fue el fruto silvestre más delicioso que tuvieron y apreciaron en mucho los habitantes primitivos de nuestras islas”.

Todos los otoños, y hasta la primavera, a lo largo de siglos, sus flores se han abierto y han visto llegar a los guanches y, más tarde, a los franceses, castellanos, portugueses… a todos los que han ido poblando las islas. Vieron pasar a Colón camino de América y vieron volver naves cargadas de tesoros. Las pequeñas campanas del bicácaro se han estremecido con cada erupción del Teide, emulando tañidos de aviso. Sus semillas –enviadas por los británicos que comerciaban con el vino canario que cantó Shakespeare- viajaron hasta Inglaterra para adornar los jardines de un rey. Más humildes, en la isla han tapizado rocas y han embellecido rincones mientras veían pasar generaciones y generaciones de gentes que nacen, viven y mueren aquí. Y ellos siguen floreciendo entre noviembre y mayo, produciendo frutos en verano, secándose en agosto, y rebrotando, fuertes y vivos, con las lluvias de otoño, en un ciclo natural que a nuestros ojos parece eterno.

No conocía la flor del bicácaro, no. Pero descubrirla como por primera vez, sentirla cercana, verla a través de los ojos de un pintor que, con dedos ágiles, me la dibujaba, pensar que, aunque ajena a los pesares humanos, también de ella puede aprenderse algo, y hablar de una flor en una conversación en torno a una mesa, mientras se saborea un delicioso champán casero en compañía de buenos amigos… todo eso se me ocurre que es una buena manera de empezar un año.

(En la imagen, la flor del bicácaro pintada por Manolo Sánchez)

28 comentarios:

  1. Tampoco yo, Jane, había oído el nombre de esa flor, nunca. Quizá si la haya visto en lugares como los que mencionas, pero tampoco tuve la curiosidad de averiguar cómo se llamaba. Lo mismo que con otras muchas especies vegetales que adornan nuestros caminos y montes.
    El descubrimiento, de la mano de un artista como D. Manuel Sánchez, bien mereció esa conversación, esta entrada y todo tu interés y atención.
    Al maestro acuarelista lo conocí, desde muy niña, porque él y su señora, Dña. Candelaria, siempre han sido buenos amigos de nuestra familia. También mi padre le presentó más de una exposición y publicó varias entrevistas con él, además de crónicas y críticas sobre las obras expuestas.
    Me alegra mucho saber, a través de ti, que se encuentra bien y que sigue con su vitalidad, su arte, que es mucho, y sus exposiciones.
    En casa, su presencia es constante, porque tenemos tres acuarelas suyas, que representan rincones laguneros y, en mi caso, aún conservo una caja de acuarelas magnífica, que él me regaló, siendo yo estudiante de Bellas Artes.
    Gracias, Jane, por descubrirnos esa preciosa flor, tan nuestra, y gracias, también, por traer, hasta mí y por medio de D. Manuel, recuerdos tan entrañables.

    ResponderEliminar
  2. Me alegro, Cehachebé, de haberte dado noticias de alguien querido por ti. Efectivamente, Manolo Sánchez sigue joven, vital y con un enorme sentido del humor. Yo creo que la curiosidad que tiene por todo lo que le rodea es también parte de su espíritu.
    Qué suerte también tener cuadros de él. Yo tengo uno muy pequeño que me regalaron los amigos. Es también un paisaje y también hay flores (aunque no la del bicácaro). Como todas las acuarelas suyas, es cálida y transmite paz.
    También me alegro de descubrirte una flor. Eso de no te acostarás sin saber una cosa más... A mí me gustó mucho ese primero de año enterarme de algo nuevo ¡Y mira que hay cosas que desconocemos aunque las tengamos delante de nuestras narices! Habrá que abrir más los ojos y la mente.
    Un arazo.

    ResponderEliminar
  3. Bonita flor y curioso nombre

    ResponderEliminar
  4. Es verdad, Pili, es preciosa.
    Respecto al nombre he visto en muchos sitios que es un nombre de origen guanche.
    Pero en un artículo sobre etimología de nombres relacionados con la oftalmología ("bicácaro" también es nombre dado a los bizcos) leí que es de origen latino por "bis"= dos, y griego por "kara"= cabeza. ¿¿¿???
    Así que lo dejaremos en origen desconocido.

    ResponderEliminar
  5. Después de leer tu último blog, que me ha gustado mucho, porque, de entrada, ver la deliciosa acuarelita de Manolo es un placer, sólo me queda desearte que sigas escribiendo tan bien, sobre cualquier cosa, porque al tema más sencillo, le das un giro que lo convierte en interesante, curioso y atractivo. Besitos!

    ResponderEliminar
  6. Gracias, Milo, tú si que me quieres bien :-D
    Creo que las exposiciones sobre el bicácaro en Los Silos y en La Laguna estuvieron estupendas. Lástima que me enteré tarde. Siempre es un placer ver las obras de un gran pintor.

    ResponderEliminar
  7. Hola Jane. Conocía la flor del bicácaro desde pequeño. Cuando tenía 9 o 10 años, iba al monte con los hijos de mis vecinos.Cogíamos leña para guisar comida a los cochinos(pláyanos o ñames), o bien cogíamos brezos y fallas que servían para poner de "cama" a los animales(para hacer estiércol). Lo que cogíamos lo poníamos sobre un carro hecho con tablas, ruedas de madera recaucutadas, volante y frenos de alambre. Bajábamos desde el monte por la carretera de tierra y polvo. Me acuerdo que más de una vez, volcamos y nos arañamos por todas partes(tuve una pequeña piedra en la frente, bajo la piel, durante unos días).
    Recuerdo ver los bicácaros cerca de las fuentes cuando ibamos a beber agua.
    En mi pueblo había un señor llamado Manuel Bicácaro, aunque no tengo ni idea por qué el mote(a ver si lo pregunto)
    Deseo que este 2014 mejor que el pasado. Un beso Jane.Abrazos. Juan.

    ResponderEliminar
  8. ¿Ves lo que tiene vivir cerca del monte? Yo, una niña de ciudad, he tenido que esperar tantos años para conocer una flor preciosa que crece por todas partes espontáneamente. Fíjate que uno de los sitios donde dicen que abundan es en Los Tilos, tan cerca de tu pueblo.
    Y ahora que lo dices también me suena Manuel Bicácaro ¿Era bizco? Es otra de las acepciones de la palabra.
    Me puedo imaginar el "coche" tuneado con el que bajaban del monte. He visto algunos de esos en aquellos tiempos y me he reído con la cara de emoción de los chiquillos. Pero qué peligro...
    Feliz año para ti también. Los optimistas esperamos que por lo menos no sea peor.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. No se me ocurre mejor manera de comenzar el año, Jane.
    Alrededor de un mantel. compartiendo recuerdos, aprendiendo cosas...
    Mi hija dice que muchas veces miramos pero no "vemos"
    ¡Cuánta razón tiene!
    Un abrazo y ¡Feliz 2014!
    Salud y trabajo para todos

    ResponderEliminar
  10. Muchas veces me la he trpezado caminadno por nuestros montes.

    Feliz comienzo de año.

    ResponderEliminar
  11. Sí que es una manera preciosa de empezar el año, y el cuadro es precioso. Aunque lo que más me ha llamado la atención es la idea de que hay cosas que, a fuerza de ver, nos pasan desapercibidas. O que lo más cercano es lo que más desconocemos.

    Es como el tema de los museos, la mayoría de la gente cuando hace turismo visita museos y monumentos de la ciudad a la que va, pero los de su ciudad... pues no tanto.

    pd. Lo del champán casero me ha dejado loca!

    ResponderEliminar
  12. Utopía:
    Tengo una amigo, profesor de historia pero especialista en Historia del Arte, que una vez organizó una asignatura llamada "Aprender a ver". Partía del mismo supuesto que dice tu hija: miramos pero no vemos. Él lo aplicaba a la Historia del Arte. Muchas veces delante de nuestra casa hay una fachada, una escultura, unas molduras... sobre las que resbalamos la mirada, por ser algo cotidiano.Pero, si nos acostumbramos a parar la mirada, llega un momento hermoso en que "vemos" y descubrimos la belleza. Mi amigo es de los que "se fijan" y, en cualquier viaje de los que hemos compartido (que son muchos), él nos va descubriendo pequeños tesoros.
    Feliz año también para ti, Utopía. Que compartas también buenos momentos con los que quieres. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Guillermo:
    Supongo que yo también me la habré tropezado. Suele estar por el norte de las islas (Tenerife, La Palma, La Gomera, Gran Canaria...) y a lo largo de mi vida he caminado por muchos senderos de ellas. Pero no soy consciente del feliz encuentro por esa miopía que a veces tenemos hacia lo que está a nuestro alrededor. Se necesita saber mirar, una cierta sensibilidad hacia la naturaleza, la mirada del artista. Tengo un amigo fotógrafo, que dice que él, cuando va caminando por bosque o ciudad, inconscientemente va encuadrando todo lo que ve. Ese espíritu de búsqueda tal vez nos (me) falte muchas veces y, así, nos perdemos lo mejor de la vida.

    ResponderEliminar
  14. Loque.
    Lo del champán casero también me dejó loca a mí. Los amigos que nos invitaron y su familia hacen su propio vino, y Marcos, uno de ellos, se ha especializado en el champán. Además, es muy exigente, y cuando le decíamos (mientras repetíamos copa) que estaba riquísimo, él le ponía peros: que si le faltaba no se qué, que otras veces estaba mejor...
    Tienes toda la razón con lo de que las cosas nuestras nos pasan desapercibidas. Vamos a una ciudad y venga a ver museos, a visitar catedrales, a fijarnos en todo lo bonito... y a la nuestra, ni caso. Melchor, mi amigo de Historia, alguna vez nos ha llevado de visita guiada, tal como si fuéramos turistas. No llevaba el paraguas en alto pero mejor guía, imposible. Y con las "niñas del colegio" ya he contado el Tur Mur (Tour Moore) y ahora toca el Tur Sorolla. Es una buena manera de empezar a fijarnos en lo nuestro también.
    Empezar el año aprendiendo algo nuevo me resulta hasta mágico. Ojalá cada día encontremos una novedad, una sorpresa, un encuentro inesperado... que nos lo alegre.

    ResponderEliminar
  15. ¡¡¡Qué horror!!! Isa, tú no conocías el bicácaro, que al fin y al cabo es algo externo a ti. Pero es que yo no sabía algo mío (y de otras). Acabo de oír a un médico que decía que la 3ª edad empieza a LOS 65. LLevo 6 meses en la 3ª edad y yo sin enterarme.

    ResponderEliminar
  16. Jajaja, Dulce. Una vez comenté que mi madre, cuando tenía nuestra edad actual, se había sulfurado porque leyó en el periódico que habían atropellado "a una anciana de 65 años". Lo de la tercera edad hasta parece más suave que eso de ser una "anciana", que suena a seres matusalénicos guardianes de tradiciones seculares.
    De todas formas, da igual como nos llamen. Lo que importa es como tú te sientas y vivir cada momento como si fuera nuevo y único.
    Hay que conocer lo exterior a nosotros, pero ya sabes el lema de los griegos: Conócete a ti mismo.

    ResponderEliminar
  17. El bicácaro me parece recordar que es como un tomatito... Diego, un compañero del Instituto, de Ciencias Naturales, y un caminante empedernido, llevó fotos de esa planta y su frutillo. A mí me sonó a bicaco, que es como se llamaba aquí a veces a los albaricoques chicos. Pero nada que ver...

    ResponderEliminar
  18. Conchi, en la Wikipedia dice que los frutos del bicácaro son bayas carnosas ovaladas de sabor dulce y de 3 a 4 cm. de diámetro y color rojizo que, al madurar, se vuelve negro.
    Los bicacos (o "hicacos", dicen algunos) son distintos, en efecto, del bicácaro. Pero también de los albaricoques. Yo tengo en la huerta de los dos. El bicaco es más parecido a la ciruela pero no tan jugoso. Es grande y de color rojizo. La palabra "bicaco" es un canarismo.
    Nos vamos a hacer especialistas ¿eh?

    ResponderEliminar
  19. Hola Isa, no conozco la flor del bicácaro pero la conoceré.

    ResponderEliminar
  20. Hola, Araceli.
    Le he preguntado a un montón de gente si la conocían y casi todo el mundo me ha dicho que no. A Manolo Sánchez le pasó lo mismo. En cambio, cuando preguntaba a la gente con la que se iba encontrando en los caminos, muchos le decían, no sólo que la conocían muy bien sino que con ellas alimentaban a las cabras.
    A fijarnos, pues (esto me recuerda el chiste del que compró un búho pensando que era un loro y concluía: "Hablar, no habla ¡Pero se fija!)

    ResponderEliminar
  21. Me gustó mucho tú artículo sobre el Bicacaro, desconocía que se llamara así. Conozco una fruta que tiene ese nombre es una variedad de ciruela de color rojo y un poco acida.

    ResponderEliminar
  22. No sé si será la misma fruta a la que aluden las crónicas, que hablan del sabor meloso y dulce del bicácaro. Sí es verdad que es parecido a la ciruela, por lo menos de aspecto. A ver si consigo probarlo yo también.
    Un abrazo, Fermina.

    ResponderEliminar
  23. Hola, he descubierto tu blog y me encanta. Lo visitare siempre que pueda. Aunque no es apropiada la hora llevo casi toda la mañana leyéndolo.

    ResponderEliminar
  24. Muchas gracias, Concha. Ni qué decir tiene que esta es tu casa y que cuando quieras hacerme una visita, aquí estaré (lástima que los cafetitos sean virtuales...)

    ResponderEliminar
  25. Te regalo dos "canariensis" que sirvieron de alimento en épocas de hambruna, las dos de la Laurisilva: La Davallia(cabriña) y la Canarina (Bicácaro). Me gustó.

    ResponderEliminar
  26. ¡Qué bien, Juancho, muchas gracias! Tú sabes que valoro mucho tu opinión. Un beso.

    ResponderEliminar
  27. Interesante y oportuno el artículo sobre el Bicácaro, Chamorga está ahora llena de flores, muy agradecido por mencionarme.

    Dice el poeta Garciaramos:

    "Ella, es de monte, más no plebeya
    De laurisilva ella es la reina
    De nuestras plantas es la más nuestra
    Desde que guanches la conocieran".

    En defensa de nuestra planta estamos preparando una tercera exposición de "BICÁCARO", en la Orotava, para finales de enero.

    Con el afecto y reconocimiento a la labor,

    Manolo Sánchez y familia

    ResponderEliminar
  28. Gracias a ti, Manolo, por toda la información que me diste, por tu entusiasmo y por la tarde tan buena que pasamos contigo y con Mercedes. No conocía tampoco el poema de Garcíarramos, una cosa más a todo lo que estoy aprendiendo. A vr si puedo ir a la exposición de La Orotava.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar