lunes, 24 de marzo de 2014

Había una vez un circo...




"¿Qué proyectos tienes para tu vida?", preguntaba yo a mis alumnos del último curso de Bachillerato en ese primer contacto en el que empezábamos a conocernos. Había unos pocos que me decían "no lo sé", otros enumeraban un montón de posibilidades (que es otra forma de decir "no lo sé") y otros lo tenían clarísimo y me contaban su opción: arquitecto, mecánico de coches, actriz, médico, profesor... Muchas veces después me he preguntado si esos sueños se cumplieron o no. Y, si no lo hicieron, si fue para mejor. Por ejemplo, mi alumna Beatriz hace unos 20 años me dijo aquel día que quería ser piloto. Hoy, sin embargo, tiene un trabajo en el que nunca se le hubiera ocurrido pensar: trabaja en un circo.

Beatriz tiene los dos lados del cerebro en perfecto equilibrio: es creativa e intuitiva pero también ordenada y lógica. Sería -y eso es una sugerencia que hago a los políticos- una excelente gestora cultural. Estudió al final diseño y periodismo, ha estado en Etiopía trabajando en un orfanato (pero esa es otra historia) y también lo ha hecho en agencias de diseño. Pero el destino la llevó hasta el Circo "Gran Fele" de Valencia del que lleva desde hace años las relaciones públicas, aunque me cuenta que ha hecho de todo, desde vender entradas hasta recoger trajes.

El circo de Beatriz es pequeño pero lleva años de andadura. Es un circo como los de antes, sin animales (que a mí, por lo menos, nunca me gustaron. Me daban mucha pena, ahí encerrados y obligados por sus domadores a hacer un numerito que no les apetecía y a ponerse ridículos disfraces que mermaban su dignidad). Tiene payasos -cómo no-, números de equilibrio, malabares, escapismo, acrobacias, títeres... A mí me hace gracia de él, especialmente, la Feria de las Maravillas con su Barraca de Fenómenos de Madame la Parca ("Un descenso al Hades, al inframundo...", el miedo, en definitiva) y su Gabinete de Curiosidades  del aventurero Baltasar Poc que, en un carromato de finales del siglo XIX expone ¡objetos asombrosos! Allí está el cráneo de Cleopatra a los 12 años y el cráneo de Cleopatra a los 30, una huella del Yeti, un pelo de Rasputín, la cabeza de un basilisco o la auténtica navaja de Jack el Destripador con su propio autógrafo (que dice "Vayamos por partes...")

¿Por qué nos atrae tanto un circo? Nos hablan de él y se nos ponen soñadores los ojos y risueña la boca. Y es que todos tenemos un circo en nuestras vidas. Todos hemos estado debajo de una carpa emocionados y asustados por las piruetas de los trapecistas (en mi caso, por Pinito del Oro, tan espectacular), asombrados al ver a un mago serruchar en dos a una mujer o partidos de risa con los payasos. Y, si fuiste de los niños que nunca vieron un circo porque, por ejemplo, nunca pasó por tu pueblo -cosa rara-, seguro que de todas maneras el circo también forma parte de tu vida.

De los de mi edad porque crecimos con aquellas maravillosas películas llenas de colorido y oropel: "El mayor espectáculo del mundo" con James Stewart y Charlton Heston, el "Candilejas" de Charlot ("Una historia triste sucedió...") o "Lilí" (¡Ay, Lilí, ay, Lilí, ay, Lo!), en la que Leslie Caron hablaba con las marionetas de un atribulado Mel Ferrer y se enamoraba sin esperanzas del atractivo mago Jean-Pierre Aumont.

Y de los de la edad de los más jóvenes, como mis hijos, porque todos se criaron con el "¿Cómo están ustedeeees?" de Gaby, Fofó y Miliki, y el circo se colaba por todas las casas entre bocadillos de merienda y tareas del colegio.

Hoy Beatriz no vuela en un avión siendo la comandante González. Pero me da que no se arrepiente. En medio de proyectos de su circo, basados en el "Viaje a la Luna" de Verne y Méliès o en escuelas de circo, se la ve feliz en ese mundo donde cabe todo, "desde las cosas más científicas y sesudas hasta las mentiras más increíbles", desde el arte a la risa. Donde lo que tiene alas de verdad es la imaginación.

(Para Beatriz, por supuesto)


26 comentarios:

  1. El circo de tu alumna tiene buena pinta y sobre todo, me alegra que no torturen animales, que es una vergüenza.

    Yo, reconozco que no soy muy de circo, y aunque por generación, deberían gustarme Los Payasos de la Tele, ya por entonces pensaba "Y porqué ningún niño contestará que está mal? No van a estar todos bien, no?"

    Sin embargo sí que tengo buenos recuerdos del aguerrido Charlton Heston luchando a brazo partido (y nunca mejor dicho) para salvar su circo.

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  2. Y se me olvidó citar "Trapecio", ¿te acuerdas? La Lollobrígida, Tony Curtis y Burt Lancaster, que precisamente antes de ser actor fue trapecista ¡Qué peliculones y qué bien lo pasábamos viéndolos!
    Después he leído algún libro sobre el circo. Ahora me acuerdo de "Agua para elefantes" de Sara Gruen y de "Comenzó en Viena" de Mary Stewart, una autora que me gustaba mucho de joven (en mi casa había varias novelas de ella) y de la que después no se ha publicado casi nada.
    A mí también me alegra lo de los animales. Los leones en el circo tienen cara de oficinistas aburridos.

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  3. Muchísimas gracias Isabel! Me encantó !!! Pues eso, lo que hablamos, la vida está llena de sorpresas. Si llego a decir en clase de filosofía que quería trabajar en el Departamento de Comunicación de un circo... Pero en realidad, como con otros trabajos, alguien tiene que hacerlos jajaja. Ahora se lo enseñaré al Gran Fele y seguro que se burla de mi por lo de querer ser piloto jajaja. Un millón de besos!

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  4. Ten cuidado, Beatriz, al decirle al jefe tu opción primera de querer ser piloto, que igual te pone de la mujer-bala o algo así con el pretexto de hacerte cumplir tu sueño.
    A mí lo que me encantó fue tu relato sobre la vida en un circo. Vete acumulando experiencias que de todas ellas puede salirte un libro muy bueno. Quiero uno dedicado cuando lo hagas.
    Un abrazo muy grande y toda la suerte del mundo.

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  5. Me gustó mucho este post (cuándo no) Recuerdo un niñito de primer grado que me respondió en medio de una visita que él quería ser "babalao"...di tú!
    Sabes, yo tengo un recuerdo muy bonito de cuando fue el circo ruso a La Habana, nos llevaron de la escuela y realmente, esos rusos siguen siendo unos de los mejores del mundo.
    A Beatriz, que vaya separando el segundo ejemplar para mi, que conste.
    AD

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  6. ¿Y qué será ser "babalao", Ade? Eso es todavía más difícil.
    Yo vi también una vez un circo ruso que vino a Tenerife, pero se me confunden todos. Mis padres, cuando yo era pequeña, circo que venía, circo al que íbamos. Yo creo que a ellos les gustaba más que a mí, je, je. De mayor no he ido sino una vez con mis nietos. Eso sí, cuando venga el de Beatriz, tengo que ir a ver los dos cráneos de Cleopatra.

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  7. Trapecio es genial. Probablemente la mejor película que se ha hecho sobre el tema, aunque la menos espectacular.

    Y qué maravilla Burt Lancaster, de pequeña no me gustaba nada, y ahora le admiro mucho.

    Hasta Gina Lollobrigida (que me parecía una especie de Sara Montiel italiana) empezó a gustarme en esa peli.

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  8. Debo confesar que no me gustan los circos. Me producen tristezas o como señalan los lusos, saudades. Asocio el circo a todo aquello que viví en mi niñez: recortada en todo pero alegre, a fin de cuentas era un niño. De vez en cuando aparecian por el barrio donde donde vivia un grupo de gente venidas de la Península y exponían sus actos. La entrada era gratis, aire libre. Luego pasaban el sombrero. Relaciono todo esto con la situación económica que teniamos en Canarias y los recuerdos arrugan en lo más profundo. Un aqbrazo estimada Jane y a cuidarse mandan, pues.

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  9. ".....todos tenemos un circo en nuestras vidas...." Jane , yo añadiría: ...y no lo sabemos.
    Cada día ejecutamos un "número" diferente y con el riesgo de que no guste o que nos salga mal. Algunas veces nos sale de maravilla como a tu alumna Beatriz y otras tan mal que es mejor olvidar.
    Y también tenemos sorpresas tan gratas como la de conocerte." La vida es un pañuelo". Un abrazo....y sigue sorprendiéndonos.

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  10. Loque:
    Me pasó como a ti, Loque. Burt Lancaster gana con el tiempo ¿Te acuerdas de "El nadador"? O también "El halcón y la flecha" o "De aquí a la eternidad". Está estupendo (a pesar de que a veces le ponen un flequillo que no le va nada) y es un pedazo de actor.

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  11. Agroteide:
    A mí en cambio los circos me parecían la cueva de Alibabá, llena de joyas y pedrería. Con el tiempo aprendí que eran más falsas que Judas, pero a los ojos de una niña parecían estrellas.
    Es verdad que la imagen que tenemos de los circos es la de una existencia precaria, siempre con inseguridad y un tanto caótica. Decimos a veces, por ejemplo, del parlamento "esto es un circo", como sinónimo de desorden y caos. Y, sin embargo, no hay nada más organizado que un circo: tiene que serlo para que un montón de personas vivan y trabajen juntas bajo una carpa. Hoy los circos no son eso tan triste que recuerdas, en momentos en que la pobreza estaba en todos lados. Beatriz nos lo podía contar mejor, pero yo los veo como empresas que, a base de imaginación, salen adelantes con propuestas nuevas. Siempre habrá un público para ellos.
    A cuidarse, pues.

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  12. Isa, con tu escrito recordé la alegría y novelería con que recibíamos los niños que vivíamos en la calle de la Noria la llegada de un circo.
    Se ponían en el aparcamiento que hay ahora cerca del puente. Era un campo de fútbol y se llamaba el Campo Castro.
    Allí jugaban al fútbol mi hermano y sus amigos y cuando llegaba el circo se acababan los partidos. Nos colábamos por debajo de la lona y veíamos todo. Allí vi a Ángel Cristo, un niño, con sus leones, los elefantes... a los payasos y a la gran Pinito del Oro.

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  13. Dulce, muchos años después, cuando daba clase en el instituto, vi que la novelería seguía siendo la misma. Entonces se instalaba el circo en la Avenida Reyes Católicos, donde hoy está el Instituto del Chapatal, y en los recreos los alumnos iban a verlo desde fuera. Allí fui yo también con mis hijos pequeños y vi a Ángel Cristo también pero más viejo y más remendado. Como dije más arriba, los domadores no son de mis números preferidos ¿Te acuerdas del desfile que hacían cuando llegaban? Era un espectáculo también.

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  14. Luisa:
    Me recordaste una de mis novelas preferidas. Se llama "La volatinera", de Dorothy Gilman, y al final dice algo que siempre me ha gustado: "¿Os habéis parado a pensar no sólo en ese milagro que es la vida, sino en lo enormemente divertida que resulta a pesar de todos sus sinsabores? Lo maravilloso de ella es que la tomamos tan en serio... Un día, haciendo equilibrios en mi cuerda floja, espero que lograré dar un maravilloso salto mortal, o por lo menos una pirueta".
    Todos somos volatineros en la vida y hay que encontrar el punto de equilibrio.
    Me encantó conocerte, a ti y a tu marido, al fin. Aunque lo bueno es que, después de leernos parece como si ya lo hubiéramos hecho hace tiempo. Así que un abrazo, mi vieja amiga :-D

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  15. La Cándidaeréndira25 de marzo de 2014, 19:26

    El tiempo de Circo siempre lo asocio al comienzo del otoño o del invierno...a las botas de agua o a los zapatos de crepé, a los abrigos... al frío.
    De pequeña me llevaban al Circo...Mis padres creían que me gustaba...Con el tiempo descubrí que no era así.
    El Circo no me gusta.
    Es un mundo de dos caras: una alegre, llena de purpurinas y lentejuelas, brillante y luminosa..., Pero a pesar de las risas, la música y los brillos, adivinaba entonces y ahora, otra faz.
    Una cara de tristeza, que yo sin saber porqué, captaba tras la máscara de risa fija de los augustos...
    Ahora, siempre que pienso en el circo, recuerdo los personajes del Circo Medrano que tantas veces reflejó Picasso...Colombinas, arlequines, payasos, funámbulos...
    ¡Siempre me inspiran tristeza!

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  16. Algo de eso hay en todo circo, Cándidaeréndira, reflejado en la cara de los payasos, uno con una sonrisa pintada y el otro, con la cara blanca y una lágrima. Por eso, de niña, siempre me gustó la parte de las purpurinas y lentejuelas, de las acrobacias y piruetas, y menos los payasos y los domadores.
    También los personajes de la comedia italiana (Arlequín, Colombina...) representan diferentes caras del ser humano. Como bien han visto Picasso y tú, las hay en todo espectáculo y tal vez en el circo los espíritus sensibles las saben captar.
    Y, a pesar de todo, la función continúa.

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  17. En mi época y en mi caso, aparecía muy de vez en cuando un circo por la ciudad al que no tenías acceso porque no había percal para pagar la entrada o simplemente el dinero se utilizaba para algo más comestible. Nunca de pequeño fui a un circo. Al menos no lo recuerdo. Eso si, mi memoria se fijó en dos magníficos payasos ambulantes que actuaban en las plazas (en este caso en la plaza de Santo Domingo en Santa Cruz de La Palma), que te desternillabas con ellos (hacían un número en que el clown blanco engañaba al amigo que se tragaba un puñado de gofio en polvo y que después expulsaba por detrás empolvando a los espectadores más cercanos) y que cuando estaban acabando de actuar cantaban algo así: Teresita tira por aquí, Teresita tira por allá, que la vida va y viene, y que la vida viene y se va. Curioso. Y curioso también que cada vez que me encuentro con una amiga de mi infancia llamada Teresa, la llame desde lejos: Teresita tira por aquí... Y ella me conteste: ¡¡Enriquiiiiiiito!!! Así nos saludamos dos que hemos sobrepasado la primera mitad de los sesenta.

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  18. Ja, ja, ja, Enrique, me hizo gracia la cantinela. Las complicidades están hechas de risas compartidas, tengamos la edad que tengamos.
    Lo que yo nunca vi de chica fue a artistas actuando solos en la calle. Ahora, sin embargo, los ves en las ciudades (y hasta en los semáforos): payasos, equilibristas, malabaristas... Los payasos de tu infancia fueron unos adelantados, Enriquiiiiiiiiito.
    Un abrazo.

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  19. Ya te adelanté, Jane, en otro lugar, que el circo fue el gran amor de mi vida infantil y adolescente y, aún hoy, ese amor se mantiene.
    La primera vez que fui a un circo se abrió ante mí un espacio fascinante, habitado por seres irreales que, con aspecto humano, eran capaces de saltar más alto que nadie, retorcerse y contorsionarse como un nudo marino, volar por los aires sin tener alas, hacer reír poniéndose muy serios, caminar sobre un fino cable de acero y no caerse... Todo aquello me atrapó tanto que yo vivía, cada año, pendiente de la llegada del circo de turno y con la ilusión de que mis padres nos llevaran a mis hermanos y a mí.
    Tuve la fortuna de no perderme ni uno. Incluso, cuando nos visitaban varios, a todos pude ir. Mi padre fue nombrado Cronista Oficial del Circo, por la Asociación de artistas que entonces existía, y siempre dispuso de un pase para toda la familia.
    Eso me permitió, además, acompañarlo a las entrevistas y reportajes que hacía sobre la vida de aquellas estrellas, de apariencia humana, y a visitar los carromatos donde vivían y descansaban, entre una actuación y otra.
    Mi admiración y amor por ese entrañable mundo de camaradería, trabajo, disciplina, sacrificio y esfuerzo continuo, que fui descubriendo más allá de la gran carpa bajo la que mostraban sus habilidades, fue tal que estuve a punto de escaparme en uno de ellos, porque quise ser trapecista, equilibrista o malabarista.
    Desistí de aquel impulso por no disgustar a los míos y porque descubrí que pertenecer a ese fantástico mundo exige llevarlo en la sangre y vivirlo desde muy niño. No eran suficientes la admiración y el amor por él.
    Hace unos cuantos años, tuve la oportunidad de revivir gran parte de aquellas ilusiones, acudiendo a los circos chinos que nos visitaron en varias ocasiones. El espectáculo del más difícil todavía había cambiado, pero la esencia de aquellos seres irreales, con apariencia humana, seguía siendo, para mí, la misma.
    Me hubiera encantado, incluso, ser como Beatriz: relaciones públicas, vendedora de entradas o utillera. Cualquier ocupación con tal de vivirlo desde dentro.

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  20. Jolín que relato más chulo el de hoy me ha encantado en serio, eres una domadora ilusionista de las letras y las historieras.

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  21. Cehachebé:
    Todavía después de tantos años que hace que te conozco (toda una vida), me sorprendes. Resulta que eres una persona ordenada, racional, organizada, y de repente, descubro tus sueños de farándula, de montarte a trapecios, de hacer equilibrios en la cuerda floja, y de irte por esos mundos a asombrar a la gente bajo una carpa.
    Pero si lo pienso, no habría por qué asombrarse. Porque tú, como Beatriz, tienes ese gen creativo de toda artista y ese sexto sentido para descubrir la belleza, la fantasía y el arte. Y también como deportista de élite que fuiste, unes todo eso al esfuerzo y a la disciplina por hacer las cosas cada vez mejor.
    Así que sí, pídete para la próxima vida un puesto en el circo, aquel en el que más te realices y sigue reviviendo momentos felices en todos los circos que vengan otra vez por aquí. Prometo acompañarte.

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  22. Madre del monillo:
    Muchas gracias por lo que me dices. Y mira, si hay algún puesto en el circo que me hubiera gustado era ser mago ilusionista. Mi ideal es ser como Juan Tamariz (con un peinado más chic) y decir, cuando saco una carta de la baraja, "¡¡¡Tachááánnn!!".

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  23. Hace mucho que no voy a un circo, parece que si no tenemos críos a nuestro alrededor, no tiene sentido ir. Todos los años veo su carpa cerca de La Feria, y recuerdo cuando iba de niña, con mis padres, que se tenían que salir cuando anunciaban los animales. Me daba pánico estar tan cerca de las fieras.
    Tu antigua alumna ha tenido suerte, y no cabe duda que le gusta más la falta de estabilidad en la tierra, que en el aire.

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  24. A mí tampoco me gustaron nunca los animales en el circo, Esperanza. Recuerdo ver a Ángel Cristo con los leones y a Bárbara Rey cuando era su mujer, con los elefantes. Ni me hacían gracia, ni le veía sentido a obligar a animales a hacer un numerito contrario a su naturaleza. Fíjate que hasta los caballos lipizanos, esos que hacen cabriolas maravillosas en Austria, me parecen antinaturales, aun reconociendo la perfección de las posturas.
    Y sí, Beatriz ha tenido suerte porque no la hay mejor que estar haciendo algo que te llena y para lo que estás preparada.

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  25. Isa. aun suenan las múltiples felicitaciones por tu "cumpleaños feliz" y te haces acreedora de otra felicitación por tu blog sobre el circo. . Para mí el circo es una de las manifestaciones culturales más noble y más creativa donde se dan cita la ingenuidad, el asombro , el miedo, el amor, la ternura, "el más difícil todavía". Has acertado con el tema y lo tratas , como siempre, con precisión y frescura , pero lo que me ha llamado más la atención de tu blog es la pregunta que formulas a tus alumnos" ¿ Qué proyectos tienes para tu vida?" que nos sitúa en la línea del Gran Teatro del Mundo donde todos, con mayor o menor fortuna se afanan en representar los papeles que vete a ver quién, asigna a cada uno en la vida y que no suele coincidir con lo inicialmente se tenía programado
    Tu pregunta representa un intento de aproximación a tus alumnos para compartir con ellos la vivencia de sueños, ilusiones y proyectos .La Beatriz de tu blog no es un caso aislado. Hay muchas Beatrices , me consta, cargadas de admiración y gratitud hacia su profesora de Filosofía que supo transmitir conocimientos pero también supo abrir ventanas tratando de otear el futuro de sus alumnos aunque nadie entonces contara con vislumbrar, a través de la ventana en el futuro de Beatriz un circo como el de Gran Fele que , como dice la canción, ·" alegra siempre el corazón".

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  26. Muchísimas gracias, Fernando, por lo que me dices. A mí sí que "me has alegrado el corazón". Una de las cosas que tuve siempre claro en mi trato con los alumnos es que ellos me podían enseñar tanto a mí como yo a ellos. En eso, claro, tiene que ver mucho, como tú ya sabes, que la asignatura de filosofía es, desde Sócrates, un lugar para el diálogo. En el discurso de despedida que di antes de irme hice constar también mi gratitud hacia ellos, esos alumnos que dialogaron, que hicieron preguntas interesantes que hacían pensar, que compartieron conmigo sus sueños aunque luego no se cumplieran, que todavía hoy me escriben y se han convertido en amigos... ¿Cómo no estar agradecida por todo ello? Soy yo la afortunada.
    Un abrazo.

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