lunes, 26 de octubre de 2015

La familia y una más


Una como ésta gobernaba en mi casa

En mi casa, cuando yo era chica, aparte de mis padres, mis hermanos, mi primo, mi abuela y yo, vivía con nosotros una pariente (o, por lo menos, la considerábamos tan parte de la familia como cualquiera de nosotros). Esta se ponía a hablar de todo lo que se le ocurriera apenas nos levantábamos, nos acompañaba en desayunos, almuerzos y cenas, y no paraba hasta que el último de nosotros se acostara por la noche. Lo curioso es que, en vez de considerarla una plasta insufrible, todos la amábamos con lealtad. Esa pariente, omnipresente y locuaz, era La Radio.


La amaba mi padre que oía todos los partidos de fútbol que aquel Matías Prats contaba con un apasionamiento tal que mi padre, tan comedido normalmente, se dejaba llevar, se levantaba de la silla y gritaba el ¡gooooooool! al alimón con él.

La amaba mi madre, que escuchaba los seriales lacrimógenos de Sautier Casaseca (¡unos dramones, oiga!), los consejos de Elena Francis y las noticias que salían profusamente del aparato (nunca se rompió, que yo recuerde), instalado en el cuarto de costura pero cuya voz llegaba a cualquier rincón de la casa.

La amaba mi abuela, que atendía religiosamente al angelus y la misa de los domingos, pero también a la retransmisión de loterías y premios de los ciegos.

La amábamos los niños que nos entusiasmábamos con el Tío Pepote y su envío de caramelos a través de las ondas, un milagro semanal que ninguno fue capaz de analizar ni de cuestionar; con el cuento de la 1, cita obligada al volver del colegio al mediodía; y, sobre todo, con los anuncios, que nos sabíamos de memoria ("Si lo toma el futbolista, se hace dueño de la pista; y, si es el boxeador, ¡pom, pom!, golpea que es un primor...", cantábamos con el del Cola Cao).

Y la amaba yo que, ya de jovencita, no me perdía los programas desternillantes de El Zorro ("Yo soy el Zorro, zorro, zorrito, para mayores y pequeñitos..."); ni "El buen teatro en su hogar", que me acercó al "Romeo y Julieta" de Shakespeare, a "Dulce pájaro de juventud" de Tennessee Williams, al "Diez negritos" dramatizado de Agatha Christie y a tantas obras de teatro (¿por qué no se reponen? Eran grandiosas); ni me perdía, sobre todo, "La ronda", que nos llenaba de emoción a todas las de mi generación por si alguien especial le pedía a la estudiantina que nos viniera a rondar.

La Radio era la dueña absoluta de la casa, el Oráculo, la que nos comunicaba con nuestro mundo y el Mundo. Y ni siquiera, cuando en los años 60 apareció la tele, la relegamos al cuarto de los trastos. Todo lo contrario, supo convivir con dignidad al lado de la usurpadora, y, por lo menos en la casa de mis padres, siguió, dale que te pego, alegando de la mañana a la noche. 

Hoy en mi casa no es así porque, aunque Elvira Lindo diga: "¿Qué clase de hogar es ese en el que no hay un aparato de radio en la cocina?", a mí me gusta el silencio. Pero sigue acompañándome cuando camino por las mañanas, cuando conduzco o cuando pasa algo especial, y mi marido no hay noche en que no se ponga a oír su programa de jazz.

Esta semana, sin embargo, la Radio ha vuelto a ser protagonista en casa porque me han hecho una entrevista, ¡a mí!, a propósito de este Blog de una Jubilada. Fue en un programa de la Cadena SER en Canarias -Hoy por Hoy Tenerife, en la sección SER 3.0- que llevan Begoña Ávila y Juan Carlos Castañeda. Por primera vez yo fui parte de esa pariente amada que se mete en todos los hogares a contarles su vida. Me sentí como Jesulín cuando decía que España es como un toro, como Lola Flores hablando de su arte o como García Márquez presentando "Cien años de soledad".

Si quieren oír lo que dije, se lo pueden descargar aquí. Hablé, por supuesto de ustedes, los que me leen, y de lo que me gusta compartir experiencias en un blog. Y aviso: como le coja el gusto a esto de hablar por la radio, ¡tiembla, Gemma Nierga!

32 comentarios:

  1. Querida Isabel, si hablas tan bien como escribes ( seguro que si), tendrás en mí, una fiel seguidora y eso que ahora amo el silencio de la radio, en casa lo oye mi marido y luego me comenta lo sucedido .

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    1. Jaja, Esther, qué va. Cuando te oyes, aparte de que no reconoces tu voz (debe ser que nosotros nos oímos "desde dentro" y es distinta sintonía), te das cuenta de que repetimos, titubeamos, nos interrumpimos para reírnos... Pero, bueno, ahí está también la naturalidad de una conversación. Para mí fue un momento agradable.
      Yo también soy amante del silencio. No soportaría ahora una casa como la mía de pequeña, con la radio, y luego la tele, puesta todo el día aunque nadie la esté oyendo.
      Un abrazo.

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  2. Isa, cuánta razón sobre la radio, a mí encantaba La Ronda, me acuerdo de escucharla todas las noches.

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    1. Es que nada más oír la sintonía de La Ronda, Lourdes, ya te entraba el gusanillo, la expectación para ver a quién rondarían por la noche. Era un espacio alegre, dedicado a las adolescentes que entonces éramos (muy distinto de la tristeza de la preciosa canción "Noche de ronda", que oí precisamente por primera vez en ese programa).
      A mí me la dedicaron dos veces. Una sospecho quién fue, la otra no sé (aunque decían "de parte de uno que ella sabe". Y yo, ni idea). El tema nos dio para hablar semanas con las amigas. Era, como dicen ahora, superemocionante :-D

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  3. A mi no me sorprende,si es que escribes que (por lo menos a mi) nos metes dentro de la historia y lo vivo como si estuviera alli. Me has recordado nombres de programas y momentos que tenía olvidados.Gracias Isabel!

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    1. Pues a ver si te acuerdas de más, Iris, que tú tienes muy buena memoria, y entre todos hacemos el puzzle de la radio de aquella época. Sé que oía muchos programas que ahora tengo olvidados (no era para menos, con la radio encendida todo el día).
      Un abrazo.

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  4. Estupendo, ya tenemos hasta locutora privada en el grupo, ¡Qué lujo! seguro que serás tan amena como tu Blog, empieza a contabilizar el número de fans que te seguimos y en la próxima comida estoy convencida que nos vas a deleitar cuando llegue el momento de las "entrevistas". Enhorabuena!!!. Prepararemos el guion para que la entrevista sea digna de tu talla. Besitos.

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    1. Bueno, me parece que lo de ser Gemma Nierga por ahora va a esperar, tengo que dar ese paso fundamental de ser entrevistada a entrevistar :-D.
      Después me quedé pensando que no es la primera vez que hablo por la radio, sino la segunda. La primera fue cuando estábamos en el colegio y las monjas nos mandaron a hacer un teatro leído en la emisora de los curas dominicos. No me acuerdo cómo se llamaba la obra ni qué papel hacía yo, pero sé que iba de Jesucristo. Por ahí debe haber empezado esa futura vocación de alegar por la radio.
      Besos, Margarita.

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  5. Enhorabuena, Isabel! La radio es muy bonita, y estar en el lado del micrófono toda una experiencia.
    Me has recordado tantas cosas! Yo también recuerdo Helena Francis y a mis abuelas oyendo radionovelas. Yo era muy chiquitita, pero lo recuerdo. Al igual que a ti, me gusta el silencio, sin embargo en el trabajo sí tengo puesta la radio, pero claro, en alemán no es lo mismo :(
    Besos

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    1. Yo nunca pongo la radio cuando estoy trabajando o leyendo o escribiendo (ni en alemán ni en chino ni en español :-)) Ni siquiera pongo música. El compositor Tomás Marco se quejaba de que ahora hay música en todos lados y contaba que en París hay bares donde avisan que allí no hay música para que la gente vaya a hablar. Y cuando le preguntaron si se podía comer y escuchar música, dijo que no es bueno ni para la comida ni para la música.
      Tengo la suerte de vivir lejos del mundanal ruido y cada vez prefiero más el silencio. O por lo menos el silencio natural: el viento, los pájaros y animales de la casa, las voces humanas... ¿Me estaré volviendo una misántropa?

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  6. Me encanta que te hayan focalizado. Los que vivimos con la radio sabemos que realmente, es el pan nuestro de cada dia. Y sabemos que nada importante puede quedar fuera. Si queda es que no es importante. Ya era hora de que te hicieran oir! Que bien Isa! ya verás como esto no ha hecho más que empezar...
    Un beso grande

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    1. Espero que eso de "esto no ha hecho más que empezar" no sea verdad, Ana ¡Qué incomodidad! Vamos, fue divertido, pero muy poco material tienen que tener para que sea noticia una jubilada que escribe un blog. Bueno, si el blog ganara el Pulitzer, ya sería otro cantar... Estaremos a la expectativa :-D
      Besos.

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  7. Te veo dando el salto a las ondas!!!! Un beso!!!

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    1. Me pega que ni salto a las ondas, ni salto de trampolín, ni salto del tigre. A mi edad y con mis lumbares, más bien un brinquito de vez en cuando.
      Un beso, Milo.

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  8. Estuviste muy bien en la entrevista, si señora. Es verdad que la radio era la dueña de la casa. Recuerdo que mi abuela oía un programa que se emitía desde Suiza, pues los hijos y fam.que tenía en Venezuela mandaban saludos a través de esa emisora y ahí todos pendientes a ver si recibía alguno para verla contenta. A mi la radio, me entretiene mucho. Un abrazo.

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    1. Gracias, Úrsula. Me acabas de recordar ese programa de los que desde Venezuela mandaban saludos y canciones. Era muy popular porque ¿quién no tenía parientes en Venezuela?
      También a veces se oía Radio Pirenaica, la emisora crítica al regimen franquista, pero siempre a escondidas y en voz baja. Yo sabía que un tío mío la oía alguna noche.
      La radio forma parte de nuestra historia.
      Un abrazo grande.

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  9. Antonio Francisco Cáceres Duque26 de octubre de 2015, 22:24

    Pues ahora que he escuchado su voz la conozco un poco más.

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    1. Sí, la voz -con las modulaciones, la risa, el deje...- forma parte también de lo que uno es. Espero haberte agradado.

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    2. Antonio Francisco Cáceres Duque27 de octubre de 2015, 11:08

      Pues sí, me has gustado,es una voz amable, distendida y cercana. Si te apuntas a repetir, cuélgalo. Estaré a la expectativa.

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    3. Ay, qué bien. Una siempre teme que la tarjeta de visita que es la voz no sea buena. Menos mal que no hay que cantar :-D

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  10. Fue un verdadero placer para Juan Carlos y para mí entrevistarte, Isabel. Muchas gracias por tu amabilidad, tu simpatía y enhorabuena por este blog y por la vitalidad que desprendes. No te creas que no valoramos la posibilidad de "ficharte", jeje. Tu teléfono está bien guardadito en la agenda. Ojalá nos reencontremos, pero esta vez en los estudios, muy pronto. Un beso y, de nuevo, ¡gracias!

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    1. Gracias a ti, Begoña, y a Juan Carlos. Fue un rato agradable (y muchísimo más entretenido para un martes que ir a Mercadona o al Hiperdino, dónde va a parar). Gracias también por citarme hoy otra vez en tu programa y nombrar este post de esta semana dedicado a la radio y a ustedes. Han sido muy, muy amables.
      Y ya sabes, a tu disposición. Sobre todo, si alguna vez vas a entrevistar a George Clooney o a alguien así. Te puedo ir a ayudar a coger el micrófono o algo así (habida cuenta de que no sé inglés).
      Sin bromas, encantada de conocerte y de haber participado en tu programa. Un beso.

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  11. Marilu Díaz Estrada27 de octubre de 2015, 10:39

    Siempre en casa hubo radio, recuerdo que cuando estaba interna, le pedí un radio portátil, en una carta que le escribí a mi padre, para poderlo oír en las noches en mi celda, que las monjas no supieran, lo asombroso fue que el me envió uno como tu muestras, el pobre era tan generoso.....todavía existe en casa de mis primos. Me gusta mucho el silencio pero tengo uno como mencioné anteriormente que va conmigo en las primeras horas de la mañana, oyendo siempre a mi comentarista preferido. A esta hora cuando estoy en internet siempre con mi música favorita, es muy agradable leerles y oyendo música. Como dice Margarita es un lujo tenerte, eres una mujer versátil, con un gran valor e inteligencia, me siento muy orgullosa de tenerte como amiga

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    1. Ay, qué gracia me hizo, Marilu, el regalo de tu padre. Me puedo imaginar tu cara esperando un transistor y que te apareciera semejante armatoste. Me parece tierno y despistado.
      Todos tenemos un programa preferido, un periodista, una cadena... por la que sentimos predilección y que, además, nos parece que conocemos de siempre, como si fuera uno de los nuestros. A mí me encanta Gemma Nierga desde hace más de 10 años y, si la viera, me parecería que era. de la familia.
      Un beso, Marilu, y gracias por tus palabras.

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  12. Qué decir de la "radio", esa gran aliada. La pionera de la comunicación y reina de la fantasía. Isa, recuerdo los programas que tú mencionas... y te diré que yo aún me duermo al arrullo de sus tertulias. La radio, no sólo cumple un papel fundamental en la información, es además una oferta de compañía y la única que sigue transmitiendo aun cuando las condiciones no lo permitan a otros medios.
    Un placer escuchar en esta ocasión a una voz conocida... ENHORABUENA.

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    1. Si vieras, Cande, cuánta gente duerme con la radio... Mi hermano lo hacía y más de una mañana se la quitaba yo de la oreja. Y nuestra común amiga Clari también lo hace: se acuesta con "Hora 25" y se despierta con Iñaki Gabilondo.. Ella dice que para los que tienen insomnio la radio es como la chupa para los bebés (pero que hay que cogerle el tono).
      En mi caso, u oigo la radio o me duermo.
      Gracias y un besote.

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  13. Isa, yo también me acuerdo de esos programas de radio: discos dedicados. A mi me los dedicaban en mi cumple, en mi santo y por haber sacado buenas notas. El tío Pepote. Los cuentos al mediodía. Y un espacio que se llamaba "tensión" . Lo ponían los sábados. Recuerdo a mi madre almidonando mis enaguas para el vestido de los domingos. Yo me sentaba a su lado y escuchaba los relatos de miedo. Masoquista que era una. Luego no podía dormir. Una vez, oyendo ese programa, tenia frío y mi madre me dijo que fuera a la habitación a buscar una Rebeca. Habia dos, una vieja y otra nueva. Yo enfilé el pasillo aterrorizada y cogí la rebeca nueva. Mi madre que me ve, me dice: La vieja!!!. Yo volé por el pasillo y me subí sobre mi madre pensando que la vieja era un monstruo que estaba en la habitación. Mi madre muerta de risa y yo con un susto de muerte.

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    1. ¡Bien me he reído con lo que me cuentas! Te imagino, muerta de miedo, sobre tu madre. Yo no oía ese programa precisamente por eso: no me gusta que me metan miedo. Muchas noches de insomnio tuve con una sola novela de terror que leí una vez. Se llamaba "La casa encantada" y hablaba de fantasmas que te cogían la mano por la noche y te la apretaban, uuuuuuhhhhhh, qué horror ¿Qué tendrá la noche que produce tanto terror?
      Un abrazo grande (y la próxima vez escoge la rebeca vieja)

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  14. Como siempre, has descrito muy bien la presencia de la radio en nuestras casas.Tengo el recuerdo como un hito muy importante y festivo en mi casa la llegada del transistor, ese prodigio que nos permitía escuchar la radio en cualquier lugar. Ese momento mágico cuando mi padre abrió la caja, puso pilas al aparato y escuchamos el sonido, lo tengo guardado en el recuerdo. La radio siguió y sigue siendo parte de mi vida.

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    1. Es verdad, Carmen, el transistor supuso un cambio importante en nuestras costumbres. Por primera vez, para oír música no tenías que estar enchufado a nada. Podías llevarla al monte, a la playa, a la calle. Surgió el adicto a la radio (en mi barrio había uno, "el del transistor") y el que la ponía a todo meter obligándonos a oír sus programas ("No hay parto sin dolor, ni hortera sin transistor"). Pero no cabe duda de que fue un invento y de que no hay casa que no lo tenga. Mi primer regalo a mi marido siendo novios fue un transistor y, aunque hace mucho tiempo que ya este se rompió, todavía se acuerda de él y sigue agradeciéndomelo.
      Un beso.

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  15. Ya sé que has escrito sobre otros temas después de hablar de la radio, pero no quiero dejar pasar esta ocasión para decirte que con tantos traslados como he padecido, la radio ha sido mi fiel compañera. Pensarás en Mane, mi marido, pero él estaba a lo suyo. Si has leido " El retorno de los brujo" , en él se dice que si quieres poner los pies en la tierra haz una campaña azucarera.
    Yo también recuerdo cuando aquella telefunken llegó a mi casa de Sevilla, y cuando nos fuimos a vivir a Tenerife nos la llevamos. El Parte y Radio Pirenaica y un largo etc.nos acompañaba a diario. Aquella radio de mi niñez la conservo en esta casa donde guardo tantos recuerdos. Un beso y ya sabes que me gustó las contestaciones que diste a los dos periodistas. ¿Saldrá?.

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    1. Tener en casa los aparatos de radio de nuestra niñez (y que funcionen) nos retrotraen a un tiempo en que no había obsolescencia programada, un tiempo en que si comprabas un aparato era para toda la vida. El de mi casa (muy parecido al que he puesto en la imagen) lo tiene mi hermano y por increíble que parezca sigue funcionando. Me alegro de que conserves tu telefunken y de que la radio siga siendo tu fiel compañera (y lo de Mane... son amores distintos).
      Un abrazo.

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