lunes, 9 de julio de 2018

Del Edén a la cocina




La cosa empezó, más o menos como todas, en China hace 5000 años. Pero hay quien dice que no, que fue en el mismísimo Jardín del Edén. Después de todo en la Biblia no se nombra para nada a la manzana: "La mujer vio entonces que el árbol era sabroso para comer, bonito de ver y apetecible para adquirir sabiduría; así que tomó de su fruto y comió; se lo dio también a su marido, que estaba junto a ella, y él también comió. Entonces se abrieron sus ojos...". ¿Por qué no podría ser un albaricoque el fruto prohibido? Es más pequeño y tentador que la manzana, y sus amarillos y naranjas son los colores del amanecer del mundo. También es un hecho bastante extraño que los historiadores no se pongan de acuerdo sobre su origen: que si Manchuria, que si Corea, que si Armenia... Palos de ciego para no señalar el Paraíso.

Lo que sí es seguro es que viajó en la Ruta de la Seda. junto con los rubíes de Birmania, el jade de China o las perlas del Golfo Pérsico; y que fueron los romanos (¿quiénes si no?) los que lo extendieron por Europa ¿Se acuerdan de la película de los Monty Python, "La vida de Brian", cuando los judíos disidentes se preguntaban por lo que los romanos les habían dado?: "Bueno, pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos ¿qué han hecho los romanos por nosotros?". Pues también en sus macutos de soldado, además de todo eso, los romanos traían semillas, plantas y frutos que poblaron nuestros huertos. Así llegó el albaricoque a Andalucía 70 años antes de Cristo. Y mucho después los andaluces, tan pasiantines ellos, lo trajeron a Canarias y a América.

Hasta en un rincón de mi huerto creció un albaricoquero. Pero él, tan tiquismiquis de puro aristocrático ( no hay que olvidar su origen paradisíaco), no se adaptó bien. Afortunadamente, mis amigos María y Sixto han conseguido cultivarlo en las tierras altas de Fasnia y han traído albaricoques a mi mesa, perfumando mi cocina. Los he limpiado, les he quitado la pipa, le he puesto la mitad de su peso en azúcar y, después de burbujear un rato en el caldero, se han convertido en cuatro preciosos tarros de mermelada dorada que brillan como joyas.

Y son joyas. Shakespeare le otorga efectos afrodisíacos en "El sueño de una noche de verano." Confucio enseñaba en un bosque de albaricoqueros, por lo que en China es símbolo de la educación. Y el escritor y filósofo francés Fontenelle atribuyó sus cien años de vida a que su abuela, "una mujer con la cabeza bien sentada que jamás confundía la realidad con las apariencias", le aconsejó siempre comer muchos albaricoques, frescos, secos o en mermelada, "un fruto real, del que deberían hacer buen uso las cabezas de chorlito de nuestro tiempo".

Jugoso y perfumado, el albaricoque ha recorrido un largo camino desde el Árbol de la Ciencia a la humildad de las cocinas. Hagamos caso de los sabios y disfrutemos de este regalo que el radiante verano nos da. 

20 comentarios:

  1. Gracias por compartir esas historias! Mis orejones...��

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    1. Mmmmmmm.... ¡Orejones! Los suelo usar para rellenar el pavo en Navidad, junto con uvas y manzanas. bueno, y así tal cual. Te copio algo de San Google.
      "Las frutas secas como los orejones de albaricoque, de melocotón, las ciruelas, las uvas pasas y los albaricoques desecados, formaban parte, ya en la Edad Media, de la cocina tradicional de numerosos países. En la Europa de aquella época se degustaban tartas de ternera con ciruelas y dátiles, el pescado encurtido se acompañaba con pasas y albaricoques y los patos con frutas. Las grandes empanadas contenían una mezcla de buey, pollo, huevos, dátiles, ciruelas y pasas, generosamente especiados y realzados con azafrán. En Turquía, Irán, Arabia Saudí, Yemen y los países del norte de África sigue siendo tradicional el cordero con ciruelas, albaricoques, almendras, miel y especias, y el pollo todavía se guisa con ciruelas, membrillos, dátiles o pasas".
      El hombre siempre ha tenido buen ojo para hacer platos exquisitos y ponerse las botas comiendo.

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    2. Pero Isa, cuanto sabes y que interesante es siempre tu blog.

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    3. Pues, Esperanza, cada vez sé menos. Gracias a que vivimos en una era en que cualquier información está a un golpe de click, podemos indagar y comprobar. Lo que sí es verdad es que me interesan muchas cosas, pero eso imagino que es connatural a la especie humana.
      Un abrazo.

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  2. Montse Galindo Gutiérrez9 de julio de 2018, 15:34

    Que buena narración y que rica debe estar esa mermelada

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    1. Muchas gracias. La verdad es que queda buena. Suzana, mi amiga vienesa, que hace la Sacher Torte más buena del mundo, me dice siempre que el bizcocho de chocolate lo puedo rellenar con cualquier mermelada pero como la de albaricoque, ninguna. Una de las mías irá para una Sacher Torte estilo Suzana cuando mi marido cumpla años en agosto.
      Un beso.

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  3. María Victoria Tejera9 de julio de 2018, 15:47

    No se me había ocurrido que el albaricoque tuviera una historia tan interesante. ! Con lo humilde que parece!
    Me alegro que hayas logrado con ese humilde fruto una sabrosa mermelada.
    Ya la probaremos!!!

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    1. De humilde, nada. No sé si es por ese supuesto origen paradisíaco que se le supone, pero ¡se da unas ínfulas...! En el Punjab y el Tibet puede madurar perfectamente en laderas soleadas a 3000 m. de altura. Pero, ay, amiga, en Europa es muy caprichoso. Que si una helada por aquí, que si una sequía por allá, que si un viento por acullá. Y además no acepta cualquier abono, el muy remilgado...
      Nada, que es una suerte que ustedes hayan podido guarecer unos cuantos. Cuídenlos como joyones. Y por supuesto, uno de los cuatros botes es para ustedes, los suministradores.
      Un abrazo.

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  4. Enhorabuena Isa, hasta del simple hecho de preparar una mermelada, sacas un escrito entretenido y muy didáctico. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Ursulita. Me empujan la curiosidad, las ganas de hurgar en cualquier materia y unos libros que me dejó nuestra común amiga Conchi ("Historia natural y moral de los alimentos" de Maguelonne Toussaint Samat), que son entretenidísimos y te enseñan un montón.
      Y claro, también está este bendito verano que te lleva a preparar mermeladas, a comer ensaladas y frutas, a disfrutar de cosas frescas...
      Un beso.

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  5. Hola Isa!! para origen de los melocotones, voto por Armenia. Para lo del Paraiso, me fío menos de la documentación disponible.

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    1. Leo, en uno de los libros de los que hablo a Úrsula, que antes de Armenia se habló de China, pero que se creyó tanto tiempo que provenía de Armenia que, siguiendo a Linneo, la Botánica lo designa como "pruna armeniaca". Desde luego, Armenia fue uno de los lugares en los que se asentó.
      Hasta su nombre procede de varias etimologías, testimoniando con ello que fue un viajero. Deriva del árabe "albarquq" que a su vez deriva del griego "berikokon" y del latín "precoquum" ("precoz"). Y está relacionado con "aperitum" ("que se abre con facilidad") y "apricum" ("el soleado").
      Lo del paraíso es más bien un pálpito.

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  6. Hola Jane. Durante tres años no viví con mis padres a causa de la emigración. Lo hice con unos tíos que tenían conejos, gallinas, una cabra, plátanos, papas, unas matas de café, una pileta en la que la llave siempre goteaba y regaba unas plantas cuyas"flores" eran "orejas de burro", y un albaricoquero que echaba unos albaricoques pequeños, amarillos y supersabrosos. El árbol era grande y la temporada de albaricoques duraba bastante, así que me subía al albaricoquero y me hinchaba de fruta fresca y dulce.(Hoy cuando los compro saben a "nada").
    No sé si el albaricoquero todavía existe, así que prometo que en mi próximo viaje a la tierra donde pasé unos años muy felices, haré una visita a la casa donde espero que esté el árbol que con sus frutos hizo feliz una parte de mi infancia.
    Un beso Jane. Juan.

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    1. Igual lo encuentras, Juan. Hay árboles que parecen eternos. El naranjero que da nombre a la casa de los abuelos de mi marido es enorme y se carga de naranjas dulcísimas cada año sin que haya nadie que lo cuide, lo riegue o lo pode. Ya era así de grande cuando él era niño (y va para 72 años), o sea que tendrá más de 100 años, y ahí lo ves tan campante.
      Hay sabores (como la magdalena de Proust) que permanecen y nos llevan a toda una época ¡Bien por tus albaricoques!
      Un beso, Juan.

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  7. ¿Y porqué no un mango, que se considera la fruta número uno del mundo?
    De chico, uno de mis mejores recuerdos se centran en un albaricoquero con unos frutos exquisitos que estaba plantado en una huerta perteneciente a la última casa que había cuesta arriba subiendo al Cubo de La Galga, en La Palma. Era allá arriba, en casa del carajo, que para llegar había que tener buenas piernas y mejores pulmones. Hoy pasa una pista por detrás y no sé si el árbol existe. Aquel lugar, donde algunas veces pasé medio verano, podría ser también el paraíso. Las mejores mandarinas y ciruelas que he comido en mi vida, además de los referidos albaricoques. Pero es que todavía conservo en la memoria aquel queso ahumado que elaboraba la viejita dueña de la casa. Qué tiempos...

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    1. Mira lo que dice del mango San Google: "El mango es originario de la India y se cultiva desde hace casi 6000 años. Su consumo se reducía al continente asiático hasta que en el siglo XVIII se introdujo en Brasil gracias a los exportadores portugueses y poco a poco se fue expandiendo por el mundo". Es el tercer fruto tropical, tras el plátano y la piña ¿Te pega que el Paraíso fuera tropical? Además que con cáscara no está muy allá y no pega para darle una mordida. Nada, descartado el mango.
      Como a Juan, te digo lo mismo. Atesora ese recuerdo y el gusto por ese sabor perdido. Ya, como él dice, muchos frutos saben a "nada". Hace siglos que no como una manzana como es debido. Y los plátanos que cultivamos en la huerta no tienen nada que ver con los que se compran por ahí.
      Qué tiempos, sí.

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  8. Mari Carmen González Zamorano11 de julio de 2018, 16:28

    Como siempre, Isa, has hecho de un simple albaricoque una narración maravillosa. Gracias por tanta sabiduría.

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    1. No me sonrojes, Mari Carmen. Y un albaricoque esconde dentro de sí toda la historia de la humanidad. De simple, nada.
      Un beso y muchas gracias, guapa.

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  9. Qué bonitos son y qué aroma desprenden y menuda pinta esa mermelada. Su origen puede no estar claro pero en su especial sabor estamos todos de acuerdo. Qué ricos y qué colorido y perfumado queda el frutero con ellos y sus primos hermanos de piel de terciopelo.
    Una fruta de verano irresistible y además con muchas propiedades.

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    1. ¡Y que lo digas! Favorece el crecimiento, acelera la cicatrización, combate la anemia, mejora la visión... Es la fruta más rica en caroteno y tiene también vitamina C, y oligoelementos muy importantes.
      Y encima es bonita. De ella digo Virginia Woolf: "Eran tan bellos aquellos frutos desnudos, con una mejilla sonrosada y la otra verde, que la Sra. Swithin los dejaba desnudos y las avispas los agujereaban". Y Plinio: "Este fruto inocente es buscado por los enfermos y se ha pagado por él hasta 30 sestercios cada uno" (que debía de ser una fortuna).
      Bellos, apetitosos y útiles ¿Qué más se puede pedir?

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