Si hay una época en el año marcada por las tradiciones es esta de Navidad. Y por si fuera poco, algunas propias hemos instituido por nuestra cuenta en casa, como la de comer un pavo en Navidad que, no sé por qué (en mi casa familiar éramos más de conejo o cabrito en salmorejo), es tradición hacerlo desde que mis hijos eran pequeños. El pavo siempre lo hago relleno de frutas, sobre todo de manzanas reinetas y uvas, y ahí precisamente está el latazo de su elaboración, en las uvas, porque llevo cerca de 50 años en que el día 23 o 24 de diciembre me coge pelándolas, que es el trabajo más aburrido que existe. Y menos mal que las uvas ya vienen sin pepitas porque recuerdo estar cerca de 2 horas venga a sacar las pipas. Así mis hijos, en cuanto llegaban esos días, salían escopetados alegando mil excusas, para que no los pusiera, uva va, uva viene, a faenar en una labor tan ingrata.
Estaba yo precisamente este 23 trajinando con las uvas como todos los años y cantando al mismo tiempo el "si vas a Calatayud" (a ver si me animaba), cuando, como un rayo, me vino un pensamiento de esos que te cambian la vida: "¿Qué porras estoy haciendo? ¿De verdad estoy perdiendo 1 hora de mi precioso tiempo en esta tarea tan repetitiva y monótona? ¿Sirve para algo? ¿Cambiará mucho la cosa si las pongo sin pelar? ¿O estoy exagerando? Después de todo solo pierdo una hora...".
Pero entonces recordé un texto que me gustó mucho de Manuel Vicent a propósito de una hora más. Y es que en una hora un cirujano extirpó un cáncer y salvó una vida, en una hora Leonardo da Vinci pintó la inquietante y ambigua sonrisa de la Gioconda, en una hora el fontanero arregló el grifo, el calentador y la cisterna, en una hora el poeta escribió que no había que afligirse por las horas felices de esplendor en la hierba porque su belleza permanece siempre en el recuerdo, en una hora el panadero hizo un pan gallego, crujiente y perfumado, en su horno de leña, en una hora una maestra abrió la mente a sus alumnos y los condujo a la isla del tesoro, en una hora Hamlet puso decidir entre ser y no ser, en una hora Gary Cooper esperó para enfrentarse solo ante el peligro... ¿Y yo en una hora ¡pelando uvas!?.
En ese momento decidí que nunca más, que yo, igual que Onetti cuando decía que prefería perder una discusión que perder el tiempo, le daría prioridad al tiempo por encima de todo, porque no hay mayor riqueza en este mundo que este. Y ese va a ser mi propósito de año nuevo, convencida de que es imperdonable malgastarlo en boberías.
¿Y saben qué? Que después de meter en el pavo más de la mitad de las uvas sin pelar, quedó riquísimo como siempre y nadie se dio cuenta del cambio, ni siquiera yo. Nunca más.




