Cada vez que caigo en la tentación y me mando un helado de turrón o unos churros con chocolate o unas costillas con piñas me acuerdo de Doña Panchita y se me quitan todos los remordimientos. Doña Panchita era una señora de mi barrio que estuvo a dieta toda su vida, muerta de hambre y sin bajar ni un kilo, y que guardaba los trajes que le quedaban estrechos "para cuando adelgazara". Hasta que la pobre tuvo un cáncer, se quedó en los huesos y ya no se pudo poner nada más. Y también me acuerdo de una amiga muy querida, que siempre quería bajar unos kilitos (aunque está estupenda), pero los dos momentos de su vida en que los perdió fueron momentos en que fue infeliz. Desde entonces su lema vital, que yo suscribo totalmente, es que es mejor ser una gordita feliz que una flaca desgraciada.
Y es que, a medida que avanza la primavera, no hay más que golpes de pecho por todos lados porque en estos últimos meses de frío nos hemos olvidado de que el verano y el bikini están ahí mismo. El recuerdo de las tortillas, solomillos y bizcochones se desvanece y se ve a todo el mundo a la búsqueda desesperada de la dieta milagrosa. Una ya ha oído de todo, incluso de un sistema pakistaní que consiste en ponerte un alambre apretado en el brazo que avisa cuando uno engorda. Y Venice A. Fulton, autor de Seis semanas para ser un pibón, propone como remedio a la gordura hinchar un globo en noches alternas durante 6 semanas. Ahí lo dejo por si alguien lo quiere probar.
Lo que pasa es que somos unos disfrutones. Una de mis amigas, cada vez que se pone a dieta. decide celebrarlo con una semana despidiéndose de sus comidas preferidas, yendo cada día a un restaurante, un día donde hagan la mejor fabada, al siguiente a la mejor hamburguesa, el otro a por la mejor ensaladilla... Y a veces las semanas se alargan y ya se sabe.
A ver, yo no digo que estemos todo el día pambufada va, pambujada viene. Lo que propongo es disfrutar de los placeres de la vida dentro de un orden: yo seguir, por ejemplo, con mi aperitivo diario antes del almuerzo (mi vinito o mi vermut con sus mejillones o su paté) o como mi amigo Miguel, que se toma religiosamente un whisky a las 7 viendo la tarde caer, acompañado de un buen jamón y de un buen queso manchego. Y lo que tenemos que hacer, estoy convencida, es cambiar el patrón. En lugar de adaptarnos a la moda de los cuerpos escuálidos y delgaduchos, hacer al revés: que la moda se adapte a nosotros, los rellenitos, que somos más. Lo de estar como una sílfide es una moda pasajera y las modas cambian. ¿Por qué no hacer una campaña de marketing y lavado de cerebro para que el modelo sean las chicas que Rubens pintaba?. Ahí tienen a las tres Gracias, orondas, voluptuosas y satisfechas, después de (seguro) haberse mandado una buena cuchipanda entre pecho y espalda. ¿Por qué si volverán las oscuras golondrinas de tu balcón los muros a colgar, por qué si han vuelto los pantalones de campana y los hombres a la Luna, por qué no van a ponerse otra vez de moda las lorzas y los michelines?
Rellenitos del mundo, no se lo piensen más: a comer bien dentro de un orden y ¡al poder!.

Gracias Isa...😘😘
ResponderEliminarPues si...a disfrutar de la comida...que todo está buenísimo....👍
Es que ¿cómo puedes decirle que no a una langosta que un amigo acaba de pescar en las aguas limpias de La Graciosa? ¿A un arroz negro que tu yerno ha hecho para que lo disfrutes? ¿A la pata que tu cuñado hace todos los años en horno de leña en día de Nochebuena? ¿Le dirías que no por estar a dieta? ¡Anda ya! Hay placeres en la vida que no se pueden rechazar.
EliminarGracias, mi escritora favorita.
ResponderEliminarSiempre he admirado mucho todas esas estatuas o figuras del bello arte.
Yo siempre he sido corpulenta " gordita" pero estamos aquí aún con 75 años.
Así que estar como se esté pero con salud y mente activa es una bendición de la que debemos dar gracias a Díos y a la vida.
Muchas gracias por poder participar y disfrutar de tus escritos.
Bendiciones.😘💞🙏🏻🦋🇨🇺🪻🌻🍀
De corpulenta y gordita, nada de nada. Yo creo que distorsionamos la visión de nosotras mismas, después de ver a tanta flacucha llena de huesos. Estás genial, guapa y estupenda. Y mientras estemos bien de salud, hay que aprovechar y disfrutar de los placeres que la vida nos va poniendo delante, las verdaderas bendiciones: la comida, los amigos, el amor, la familia, el arte, la belleza, el conocimiento... Como en la canción, gracias a la vida que nos ha dado tanto.
Eliminar🤣🤣🤣muy animosa te veo...
ResponderEliminarAdelante con la campaña!!!
Me has hecho sonreír leyendo lo tuyo y te lo agradezco.
Buena tarde
Un abrazo🥰🥰🥰🥰
Eso, vamos a hacer campaña para cambiar el chip. Y sin ir tan lejos a Rubens, cuando nuestros padres y abuelos eran jóvenes, nunca se decía "¡qué bonitos huesos!", sino "¡qué bonitas carnes!". Antes de Twiggy, a alguien como ella se le miraba con pena ("La pobre debe estar muerta de hambre").
EliminarAy, yo he decidido desde la pandemia que soy una modelo de Rubens y que vengan a hacerme una entrevista. Les contaría que mis tobillos retienen el líquido que olvido tomarme durante el día, que mi vientre no plano alberga muchas comiditas buenas en mejor compañía y que el mostrador me vino de fábrica ya inflado, sin necesidad de bisturí.
ResponderEliminarDe joven mis piernas lucían con minifalda y mi cuello no tenía papada, pero tampoco tenía las experiencias de vida que tengo hoy. Me acepto, me conozco y me quiero, porque me siento querida...Sobre todo por Rubens como su mejor musa jaja
Ese es el espíritu, Cande, quererse y aceptarse. Los que la vida les regaló un metabolismo (tengo un amigo que siempre le pide uno a los Reyes), que lo disfruten. Y los que no, que los miremos sin envidia y veamos las ventajas de tener el cuerpo que tenemos. Y si cambian las tornas, que tampoco nos envidien, jejeje.
EliminarSí, por favor.
ResponderEliminarJajaja, Sí, volver a los tiempos de Rubens. Supongo que en esos tiempos la hermosura era estar bien cebadita porque era síntoma de que tenías también buena posición social y ponías comer lo que te daba la gana, y no como los pobres. Al final vemos que hasta estar gordo o flaco se basa en la economía. No hay que olvidar que en España los planes para adelgazar mueven cantidades de más de 8000 millones de euros.
EliminarEres genial!!! 😍😍
ResponderEliminarGracias, Inés, por lo menos nos reímos. Un beso. :-D
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